Con la aparición de "1965", uno de los discos-clave de 1998, los de Cincinatti consolidaron definitivamente su carrera y su status como una de las bandas más trascendentes del actual rock americano. Y Greg Dulli su papel de genio perverso del lado más oscuro del rock.

Una racha de obras consecutivas de la categoría de "Congregation", "Gentlemen", "Black Love" y esta última, no merecía menos que un reconocimiento masivo, algo más sustancioso que el beneplácito de la crítica especializada. Y el tono musical más abierto de su última grabación parecía aventurar esos tiempos mejores que finalmente nunca llegarán.

Los Afghan Whigs eran un caso especial dentro de una escena en la que encajaban a su manera. Habían crecido hasta convertirse en una banda con trayectoria, algo cada vez más escaso. Y lo hicieron como les dio la gana, a partir de su convicción en un sonido muy particular, forjándose una personalidad muy definida por medio de instrumentos aparentemente en desuso.

Cultivadores de un género decadente como es el rock, se decidieron a reciclar la música negra de los sesenta y setenta con valentía, integrándola plenamente en su sonido, más allá de efectismos y poses de cara a la galería, aprehendiendo la esencia de esos sonidos, como auténticos conocedores de las pulsiones que debe despertar en el oyente.

Toda la carga de pasión atormentada o perversamente sensual que contienen las grandes interpretaciones de una Aretha Franklin, un Otis Redding, o un Barry White, se encuentra dentro de su música. Si estos grandes popes del soul y del funk eran capaces de dotar de ese matiz a letras, en ocasiones, aparentemente insustanciales por medio de prodigiosas interpretaciones vocales, Dulli (consciente de sus limitaciones en este terreno) pone toda la carne en el asador con las suyas, sutilmente explícitas, casi pornografía emocional.

Todo esto lo desarrollaban en forma de excelentes canciones (otra rareza), y encabezados por un líder, Dulli, que abraza materiales no convencionales a la hora de construir su lugar en el rock. Cuando recibió las primeras atenciones por parte de los medios estaban dentro del sello Sub Pop, la cuna del grunge; pues bien, se decide a vestir con trajes, a leer novela negra, y a dejarse influir por el cine. Nunca ha alabado las virtudes del lo-fi, sino más bien ha defendido las ventajas de contar con los máximos medios posibles, y a la vez ha asumido siempre el papel de productor de sus discos, sin dejar que ningún estrellón de las mesas de mezclas distorsione su visionario intento.

Pero sin que uno pueda terminar de explicar las razones de su falta de éxito comercial, desde una posición tan privilegiada como la que parecía proporcionarles la publicación del mencionado último trabajo por medio de una major, sí que resulta atractivo explorar su trayectoria e intentar difundir las múltiples virtudes que contienen sus discos, que en definitiva será lo que permanezca.

La leyenda habla de un encuentro en un calabozo entre Dulli y el excelente guitarrista Rick McCollum, pero la realidad parece ser mucho más convencional. Dulli, criado en el seno de una familia católica de clase trabajadora de Cincinnati (Ohio), después de fallidos intentos de encajar en la escuela de cine local (de donde sería expulsado por la truculencia de sus cortometrajes) y en una escuela de interpretación en Los Ángeles, decide abandonar por el momento sus cinematográficos sueños y concentrarse en su otra gran pasión: la música.

Su educación musical resulta extrañamente mixta para la segregación racial que se produce en las emisoras de radio norteamericanas. Pero es que a Dulli de pequeño le encantaba jugar al baloncesto, así que cuando se aburrió darles palizas a sus vecinos blancos, se dejó caer por los barrios habitados por sus compañeros de catequesis, mayormente negros. Así recibió el influjo del soul y del funk simultáneamente al del rock clásico que poblaba las ondas.

Sus primeros escarceos se produjeron en los Black Republicans, pero rápidamente se unió a McCollum y al orondo bajista John Curley para formar una banda; cuyo nombre robaron de una banda de motoristas de los setenta, pacifistas, musulmanes y, por supuesto, negros: The Afghan Whigs.

Después de encontrar a un batería de su agrado, Steve Earle, comienzan a fabricar su sonido. Desde el principio, incluso antes de valer un duro musicalmente, se apartan de los tópicos. Tanto Rick como Greg se confiesan baterías frustrados, y esto se nota en su manera de componer y ejecutar las partes de guitarra: rápidas, obsesivas, casi frenéticas en ocasiones, con tendencia a apoyarse en el wah - wah para dibujarlas. A esto se añade su personalísima forma de incluir la influencia negra.
Pero al principio no aportaban gran cosa a la escena. En 1998 publican su primer largo: Big Top Halloween, por medio de Ultra Suede (realmente el sello del propio Curley, que posteriormente crearía su propio estudio de grabación del mismo nombre). La propia banda califica este inencontrable artefacto como bastante ignorable, y se embarcan en una cutre-gira por los U.S.A que provoca más de una pelea, incluso física, dentro del grupo.


Cuando son fichados por Sub Pop en 1990, graban su segundo álbum: Up In It, donde se puede encontrar algo de valor, sobre todo a la vista de la evolución posterior. En él incluyen lo mejor del primer L.P; de las cuatro canciones recatadas destacan la poppie "In My Town". El resto lo graban con Jack Endino, y la falta de arreglos y producción los acerca más de la cuenta a un rock bastante unidimensional, con un ramalazo punk muy poco logrado. Pero en las letras se empieza a vislumbrar claramente el talento y la personalidad de Greg; a estas alturas ya nos esta hablando de su obsesión con las mentiras que él cuenta y que le cuentan los demás, de las pequeñas y grandes traiciones que la gente utiliza para sobrevivir.

Aún con todos los condicionantes negativos y el inevitable precio de la novatada, el disco contiene aciertos. Su faceta AC/DC, que el propio Greg ha reconocido que existe, y que es importante, es más evidente que nunca, y en ocasiones funciona. La apertura con "Retarded" es enérgica y poderosa, la peculiar voz de Dulli (su mayor handicap comercial) es presentada desafinando dramáticamente, y la slide-guitar de McCollum nos advierte de la maestría que con el tiempo llegará a alcanzar en uno de los elementos más peculiares del sonido Whig. "Hated" y "Southpaw" son ya puro "Congregation", dramáticas y enrevesadas, con la emoción a flor de piel.

Tanto "You My Flower" como "I Know Your Little Secret" son dos medios tiempos que aventuran lo mejor de las obras posteriores. Y con la versión de "Amphetamines And Coffee" de PAUL K. AND THE WEATHERMAN completan un L.P que los sitúa en plena ola grunge, por entonces una de las atracciones principales del underground norteamericano.

Montados en dicha ola visitan Inglaterra en una gira de grupos de la cuadra Sub-Pop. Allí, y debido a la precariedad de sus alojamientos, Greg contrae una neumonía y se ven forzados a retornar. La larga convalecencia se transforma en un de los habituales periodos depresivos y agorafóbicos del cantante, que emplea para componer el grueso del siguiente trabajo: "Congregation"(1992). Este disco resulta uno de los mejores que el rock independiente americano del primer lustro de los noventa termina por ofrecer.

Con él inauguran algunas de las constantes que caracterizarán sus siguientes esfuerzos. El primer elemento que destacaba es el cuidado en todo lo relativo a la presentación visual de su música. Tanto la portada, como los vídeos empleados para promocionar este álbum (recordemos la original vocación cinematográfica de Dulli) son muy superiores a la media, y el máximo aprovechamiento de los escasos medios que Sub-Pop les dio. Y con respecto a las portadas de los dos siguientes largos, estas se alaban a sí mismas: la belleza (y una cierta maldad) de las fotografías seleccionadas y la presentación de las letras con un estilo muy de libro, suponen exquisitos ejercicios de diseño gráfico al servicio de la inmensa clase que estos energúmenos poseen.

Otra de las facetas que siempre sorprendía de sus discos era la sensación de unidad que transmiten. Dulli afirma que, más que conceptualidad pura y dura, lo que busca es coherencia, que considera una cualidad extra, que añade encanto a cualquier disco más allá de una mera colección de canciones. Para conseguirla cuida la atmósfera sonora del disco, que siempre cuenta con una introducción y un final intencionadamente llamativos; se fija mucho en el orden de aparición de las canciones; y también emplea un truco maestro (y clásico en los poemas narrativos): la reiteración de ciertas estrofas en canciones distintas. Estas estrofas resumen el leit motiv, el hilo argumental del disco.

En este aspecto "Congregation" es una primera intentona, no del todo exitosa. Su autor lo ha definido como una obra que trata los complejos de culpa que le producía su obsesión sexual (que nunca le ha abandonado), enfrentada a una estricta educación católica.

Musicalmente es una maduración del sonido de "Up In It", dotado de más matices gracias a la inclusión de nuevos instrumentos: guitarras acústicas y pianos. Pero esencialmente suena rabioso y acelerado, cabalgando sobre los grooves muy obsesivos de Earle y McCollum. Repleto de canciones atormentadas y poderosas, de letras confesionales y de títulos tan explícitos como "I´m Her Slave", "This Is My Confession", "Let Me Lie To You", es un disco fascinante y único en su especie.
Si hay que destacar algún tema, los singles seleccionados nos pueden valer: la hipnótica "Turn On The Water" o la truculenta "Conjure Me". Y, como no, la desgarrada "Miles Iz Dead" (con ese impresionante estribillo "Don´t forget the alcohol, uh baby, uh baby" repetido hasta la extenuación), que no aparece acreditada en el disco.

Apoyados en una obra de este calibre comienzan su avance hacia la cima del reconocimiento por parte de la crítica y del favoritismo por parte de las college stations. La gira de presentación les acerca a Europa. En aquellos conciertos todavía se puede apreciar un cierto amateurismo que irán abandonado con el transcurrir del tiempo.

Es en esta época cuando, tras unas declaraciones de Greg afirmando que son una banda de soul blanco y la publicación del E.P de versiones de clásicos de dicho género "Uptown Avondale" (más centrado en la escuela Motown que en la Stax), se les comienza a colgar esa etiqueta de la que confiesan estar un poco hartos. Pero, en cierto modo, es esta cuestión la que los aleja del saco del grunge, en el cual son automáticamente colados sin comerlo ni beberlo. Lo que no deja de resultar sorprendente, y sintomático de cómo andamos, es que parezca tan extraño que un grupo de rock reconozca tener influencias negras y haga versiones de temas soul. Dulli lo ha dejado claro, la intensidad emocional de la música negra siempre ha sido muy atractiva para los músicos blancos; y a fin de cuentas los propios Stones, grupo rockero fundacional por excelencia, se han hartado de hacer versiones de clásicos del soul y de escribir temas funky.

La explosión Nirvana todos sabemos que no deja títere con cabeza, y una algo despistada Elektra llega a un acuerdo con Sub-Pop para publicar los discos de los Whigs. Y a ellos no les duelen prendas en firmar, puesto que contar con más dinero para grabar es una bendición para un grupo tan ambicioso como ellos. Es más, consiguen incluir cláusulas privilegiadas, como la de que les permitan que Dulli produzca los discos, o el compromiso de la discográfica de financiar un posible proyecto cinematográfico dirigido también por Greg.

En los míticos estudios Ardent de Memphis comienzan a grabar una obra maestra, en colaboración con el, desde entonces inseparable, ingeniero de sonido Jeff Powell, un auténtico maestro. Esta vez Greg nos va a relatar su propia ruptura con una relación sentimental de excesiva duración. Estamos hablando de "Gentlemen" (1993), un disco realmente imprescindible, su trampolín al Olimpo.
Con un sonido más abierto, más variado, repleto de arreglos perfectamente ajustados, el disco supone otro paso adelante. La calidad de la labor de Powell permite apreciar en todo su esplendor las aportaciones de los diversos componentes. El trabajo de McCollum es sencillamente brillante y el de Earle no le va a la zaga (su aparición fulgurante en el segundo corte es vital para establecer el clima del disco). Además, aparecen por vez primera dos colaboradores fijos desde entonces: la violonchelista Barb Hunter y el teclista y cantante de los HOWLIN´ MAGGIE, Harold Chichester, que se convertirá en un apoyo constante en todas sus giras.

Se abre con "If I Were Going": una guitarra limpia y el sonido del viento acompañan al monólogo interior de Dulli, que presenta el argumento del disco con la estrofa (repetida en el cuarto corte): "and it don´t bleed, and it don´t breathe; it´s locked its jaws, and now it´s swallowing. I´s in our heart, it´s in our bed. It´s in our love, baby, it´s in our bed". El monstruo que representa una relación que está muerta, pero con la que no se atreve a acabar.

A continuación "Gentlemen", la canción, nos muestra a Dulli buscando refugio en otras mujeres, con una actitud chulesca que abandona en el tercer corte, "Be Sweet", en el que les relata a dichas mujeres sus pecados y faltas, solicitando consuelo y compresión. Para cuando llega "Debonair" (el corte que más recuerda al sonido de sus anteriores discos), comienza la confrontación con su amante, a la que advierte que ha llegado el momento de aclarar las cosas, ahora que él se siente fuerte.
En "When We Two Parted" (una preciosa balada construida sobre las capas de slide de Rick), comienza a sentirse culpable, ofreciéndose a remediar el dolor que ella siente. Pero viene "Fountain and Fairfaix": son sus recuerdos de cómo ella le manipuló hasta cambiarle su manera de ser ("Angel, I´m sober. I´ve got off that stuff, just like you asked me. Angel, come closer. So the stink of your lies, sinks into my memory"). Y en "What Jail Is Like", Dulli ya está comparando la relación con una cárcel de la que necesita escapar.

En un giro genial, también se nos ofrece la versión de la otra parte, al llamar a Marcy Mays de SCRAWL, para que cante "My Curse", una balada acústica maravillosamente adornada por un emocionante solo de McCollum y escrita desde el punto de vista femenino. Para cuando llegamos a "Now You Now", él cree que la despedida es para siempre; pero la versión del clásico de Tyrone Davies "I Keep Coming Back" es reveladora al respecto: le va costar más de lo que creía, no puede evitar echarla de menos.

El tenso instrumental "Brother Woodrow/Closing Prayer" cierra el exorcismo de Dulli, celebrado por medio de una auténtica obra maestra, de un futuro disco de culto.

El álbum es saludado por la crítica como excepcional, y termina por ser la obra de la que consiguen vender más copias. Y durante el transcurso de la gira de promoción, el más que pendenciero carácter de Greg provoca algún que otro altercado.

Para distinguirse del rebaño grunge, los Whigs comienzan su particular campaña de imagen: la adopción de sus distintivos trajes sastre, mayormente de color negro y, a ser posible, italianos. Es una manera de reivindicar su diferencia, pero también la recuperación de algo que se estaba perdiendo debido al influjo del rock independiente: la tradición del showmanship, la reafirmación del artista como alguien que ofrece al público un todo completo, conformado por una música diferente, pero también por una imagen distintiva y reconocible.

Después de una extenuante gira mundial, las relaciones con Earle se deterioran (al parecer debido a su ausencia de profesionalidad y a un problema grave con la bebida), hasta el punto de que éste abandona el grupo. Ante esto, deciden tomarse un descanso, que dedican a actividades diversas. John Curley abre su estudio de grabación, Ultrasuede; en Cincinnati. Mientras Greg intenta concretar sin éxito su proyectada película; y también encuentra tiempo para producir a una banda local de Cincinnati: THRONEBERRY, mientras John hace lo propio con los ASS PONYS.


Cuando las cosas parecían rodar hacia el estrellato (por ejemplo, Greg participa, cantando las partes de Lennon, en la banda sonora de "Backbeat", que reunió a una especie de All-Star alternativo), la preparación del siguiente L.P, en el que aparentemente tiene Elektra depositadas todas sus esperanzas, se convierte en un infierno. A Curley se le diagnostica un tumor benigno en el cuello, del que debe ser operado. Prácticamente a la vez, la madre de Dulli cae enferma de gravedad y uno de los incidentes producidos durante la gira reaparece, en la forma de una demanda judicial de una fan, que resultó herida en un concierto en Texas. La compensación que deben pagar para evitar ir a juicio conlleva su ruina económica: es como si todo lo ganado en estos años desapareciese.
Enfrentado con todo esto, unido a un nuevo fracaso sentimental, Greg vuelve a caer en una depresión y se vuelve a recluir. Sus compañeras durante este oscuro periodo son las novelas de género negro de Jim Thompson y James Ellroy; y la revisión continua del debut de los hermanos Coen: "Sangre Fácil". Todo esto le sugiere la dirección que debe tomar el siguiente proyecto de los Whigs: van a crear una narración musical, el guión de su imposible película. Contar una historia, inspirándose en estas referencias cinematográficas y literarias, que trate sobre el fascinante poder que tienen las mentiras y los secretos, y sobre el dolor de las relaciones frustradas. De una manera más oculta y sutil que la utilizada en la anterior ocasión, Greg va a descargar sus frustraciones por medio de otra catarsis musical.

Para llevarlo a cabo los Whigs consiguen a un nuevo batería en la figura de Paul Buchignani. En agosto de 1995 comienzan la grabación de "Black Love" (1996). Les vuelven a acompañar los habituales Powell, Chichester y Hunter. Pero además aparece Doug Falsetti en los coros y su amigo Shawn Smith (de los injustamente ignorados BRAD y SATCHEL), también acompañando en las voces.

Es su disco musicalmente más complejo. Las canciones son más largas y barrocas que nunca, repletas de cambios de ritmo y de melodías difíciles. Las guitarras suenan más saturadas, pero encuentran su contrapunto en la aparición de unas cuerdas que, en ocasiones, parecen extraídas de un disco de John Cale y en otras, de un single de Barry White. El clavinet refuerza el tono funky de algunos temas; mientras que en otros un dulcimer y un tímpano, en colaboración con las pistas múltiples de chelo producen una sensación de gran orquestación. Dulli realiza otro excelente trabajo en la producción.

Es sin duda el menos comercial de sus L.P´s. También el más oscuro. Pero con el paso de las audiciones, termina por fascinar con su intensidad dramática y su nervio interno. Es como un viaje liberador, que parece dejar en el oyente la misma sensación de desahogo que debió sentir su autor.
Se abre con el sonido de un tren acompañando a un órgano muy gospel. Una guitarra solitaria acompaña a un susurrante Dulli: "Tonight, tonight I say goodbye. To everyone who loves me".

Mientras, los demás se van incorporando y aparece la estrofa mágica: "A lie, the truth, which one shall I use". Y después, la explosión: las guitarras rugen mientras Dulli brama "Do you think I am beautiful? Or do you think I´m evil?, Would you take me to a ride, the ride that never ends". El narrador comienza su flashback. Es "Crime Scene Part One", un comienzo estremecedor, que advierte de lo que viene después.

Con "My Enemy" retornamos a una fiereza desconocida desde "Congregation", en una letra que relata la paranoia de una persona víctima de los rumores que los demás propagan. A partir de ahí el desarrollo argumental nos lleva (con la impagable colaboración de las fotografías que acompañan a cada canción) por los vericuetos de una truculenta historia, que algunos pensaron que era la de O.J. Simpson, demostrando que la realidad siempre supera a la ficción más retorcida. Sin altibajos, tanto cuando este relato se desarrolla en forma de rabiosos temas de rock duro ("Going To Town", la amenazadora "Honky´s Ladder"); de enrevesados desarrollos funky ("Blame, Etc"); delicadas baladas (las hermosas "Step Into The Light" y "Night By Candlelight"); o de épicos medios tiempos ("Bulletproof", "Summer´s Kiss"); la tensión no decrece en ninguno de los cincuenta y tantos minutos de duración del disco.

Abandonamos la escena con "Faded", una balada de más de ocho minutos preñada de emoción, una última plegaria para salvar el alma del pecador, pidiéndoselo por igual a Dios o a su propia amante. Toda la violencia y las intrigas a las que ha asistido, le han destruido, y sólo el amor que ha demostrado a lo largo del relato por su amante puede redimirle. De nuevo suena el tren, que al principio arribaba, y ahora nos deja. Hemos asistido al drama, y resulta imposible no sentirse conmovido por esta exploración del lado oscuro de todos nosotros.

Para apoyar la carrera comercial del disco, Dulli es requerido para producir la banda sonora de la comedia dirigida por su amigo Ted Demme "Beautiful Girls". Al margen de las canciones que le son impuestas, Greg selecciona una serie de temas de soul y de sus amigos WEEN, HOWLIN´ MAGGIE y SATCHEL (su fantástico "Sufferin´"). Los propios Whigs incluyen inéditas: dos nuevas versiones de clásicos soul: "Be For Real" de Frederick Knight, y "Can´t Get Enough Of Your Love, Baby" de Barry White. Probablemente Elektra confiaba más en la posibilidad de que éste último fuese un hit, que en ninguno de los singles extraídos de "Black Love"

Sea como fuera, las ventas de "Black Love" llegan a menos de la mitad de las de "Gentlemen", y cuando finalizan la gira, los Whigs están resueltos a romper como sea el contrato con su discográfica. Les parece que no se ha peleado por su álbum como Capitol lucha por otro disco difícil como es el "O.K Computer" de RADIOHEAD, hasta convertirlo en un éxito comercial de nivel mundial.

En el interludio Dulli se dirige a Nueva Orleans, acompañado de Shawn Smith y Chichester para grabar un L.P conjunto bajo el nombre de TWILIGHT SINGERS, que queda pendiente de publicación. Pero sus problemas emocionales se están cobrando un precio en la forma de alcoholismo galopante y fortísimas crisis estomacales, que finalmente lo llevan a ser hospitalizado. De esta manera es diagnosticado como maníaco depresivo y comienza a recibir medicación. Así evita los altibajos emocionales, pero se le plantea la duda de si podrá escribir, una vez eliminada su aparente fuente de inspiración.

Cuando consigue terminar un puñado de canciones, toman la valiente decisión de financiarse ellos mismos la grabación del nuevo disco "1965" (año de nacimiento de Greg y John), publicado a finales de 1998. Dulli ha quedado prendado de Nueva Orleans, así que deciden hacerlo allí. En compañía de su nuevo batería, Michael Horrigan (Ex -Throneberry), durante unos meses viven intensamente la vida nocturna de Crescent City (menos el siempre muy formal McCollum), y las nuevas canciones se van empapando del ambiente. De nuevo cuentan con Powell a los mandos, pero dejan las mezclas a los solicitados Dave Bianco (ingeniero fijo en las grabaciones del sello American y productor del "Northren Songs" de TEENAGE FANCLUB) y George Drakoulias (BLACK CROWES, JAYHAWKS, PRIMAL SCREAM, etc.).

Chichester no repite, pero sí Barb Hunter, esta vez acompañada de la violinista de los GERALDINE FIBBERS, Jessy Green. La lista de colaboradores es interminable: vuelve Falsetti, aparecen Steve Ferrone, Alex Chilton, etc. Pero destacan sobre todo una amplísima sección de vientos y la poderosa voz de Susan Marshall (ex-MOTHER STATION). Todo el L.P posee un sonido que indica claramente donde fue grabado, y por quien.

Ante esta nueva etapa Greg decide escribir un disco completamente distinto. Por un lado, no nos va a ofrecer otra colección de temas oscuros y dolientes, pues no es así como se siente: él no es uno de esos depresivos profesionales que abundan entre los cantautores de los noventa. Por el otro, quiere recuperar el aroma de los clásicos L.P´s de rock´n´roll: cuarenta minutos, nueve canciones y un instrumental. Temas sencillos y variados, que enganchen, pero que no sean vulgares.

Lo consiguen plenamente, en un disco que es sensual como pocos, que se antoja como el canto del cisne de una manera de entender el rock, una última obra maestra indiscutible. Se abre con el sonido del encendido de una cerilla, "Somethin´ Hot", y el grado de excitación no decrece. Los Whigs suenan simultáneamente más funkys y rockeros, a la par que más melódicos. La sección rítmica, especialmente Curley, tiene más protagonismo, Greg canta mejor que nunca y las canciones se te van pegando de esa manera contagiosa que sólo tienen los grandes discos de rock. Se abre con las canciones más concisas, pegadizas y directas ("Somethin´ Hot" "Crazy", "Uptown Again", la deliciosa "66"), para dejar que el groove vaya aumentando y haciéndose cada vez más fluido (apoyándose sobre todo en los vientos); finalizando con "Omerta" (cuyo riff de bajo parece extraído del "I Walk On Gilded Splinters" de Dr JOHN), empalmada al instrumental "The Vampire Lanois".

"1965" desprende vapor, humedad: calor, en definitiva. Es exuberante y algo barroco: la complejidad de las aportaciones de las cuerdas y, sobre todo, de los vientos (que no sólo acompañan, sino que se dejan ir en ocasiones, en ejercicios de improvisación exquisitos y sugerentes); las capas superpuestas de percusiones; el latir de las hipnóticas líneas de bajo; la potente sencillez de las guitarras; en otras ocasiones su expansivo discurrir; los teclados de aroma tradicional ( jazzys o tabernarios, según se tercie)...etc. Todo conjurado como un hechizo de vudú para calentar al personal.
En lo referente a las letras, es un disco de reafirmación vital, de reencuentro con la sexualidad no culpable o acomplejada: un vuelo libre hacia el disfrute. Si en este disco Dulli expresa dolor o pena, es por los demás: aquí no hay sitio para la auto-compasión. Es un disco de sábado a la noche (febril, por supuesto).

Nunca habían ofrecido un L.P tan potencialmente exitoso en ventas. Por eso consiguen el contrato con Sony, que también compra el inédito de los Twilight Singers (que finalmente se publica en el 2000, bajo el título de "Twilight" y después de una intensa post-producción en colaboración con FILA BRAZILIA). La crítica mundial se vuelve a rendir frente a este nuevo cambio de orientación. Todo apunta a que, esta vez sí, íbamos a tenerlos en lo más alto.

Pero no se terminó de concretar el salto: los dos primeros singles no penetran las impermeables listas yankees. Y aunque este es un disco del cual se pueden extraer canciones y probar suerte hasta cansarse, los signos eran inequívocos: los Whigs habían vuelto (como otros muchos) a quedar perdidos dentro de la inmensidad de una multinacional, que a estas alturas habrá apostado por otros para conseguir las ventas que ellos no han sido capaces de alcanzar.

Y así en febrero del año 2001 toman la determinación de terminar su andadura como conjunto. La distancia geográfica que había establecido entre ellos y sin duda el hartazgo por la imposibilidad manifiesta de triunfar a su modo pone fin a su inmejorable trayectoria. Y ahora todas las esperanzas se centran en la incipiente carrera de Dulli en solitario, en la que quizá tenga una mayor fortuna. Porque, definitivamente, los Afghan Whigs, sin duda uno de los mejores grupos de los noventa, estaban gafados.

ENRIQUE MARTINEZ