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Con la aparición
de "1965", uno de los discos-clave de 1998, los
de Cincinatti consolidaron definitivamente su carrera y su status como
una de las bandas más trascendentes del actual rock americano.
Y Greg Dulli su papel de genio perverso del lado más oscuro
del rock.
Una racha de obras consecutivas
de la categoría de "Congregation", "Gentlemen",
"Black Love" y esta última, no merecía
menos que un reconocimiento masivo, algo más sustancioso que el
beneplácito de la crítica especializada. Y el tono musical
más abierto de su última grabación parecía
aventurar esos tiempos mejores que finalmente nunca llegarán.
Los Afghan Whigs
eran un caso especial dentro de una escena en la que encajaban a su manera.
Habían crecido hasta convertirse en una banda con trayectoria,
algo cada vez más escaso. Y lo hicieron como les dio la gana, a
partir de su convicción en un sonido muy particular, forjándose
una personalidad muy definida por medio de instrumentos aparentemente
en desuso.
Cultivadores de un género
decadente como es el rock, se decidieron a reciclar la música negra
de los sesenta y setenta con valentía, integrándola plenamente
en su sonido, más allá de efectismos y poses de cara a la
galería, aprehendiendo la esencia de esos sonidos, como auténticos
conocedores de las pulsiones que debe despertar en el oyente.
Toda la carga de pasión
atormentada o perversamente sensual que contienen las grandes interpretaciones
de una Aretha Franklin, un Otis Redding, o un Barry White,
se encuentra dentro de su música. Si estos grandes popes
del soul y del funk eran capaces de dotar de ese matiz a letras, en ocasiones,
aparentemente insustanciales por medio de prodigiosas interpretaciones
vocales, Dulli (consciente de sus limitaciones en este terreno)
pone toda la carne en el asador con las suyas, sutilmente explícitas,
casi pornografía emocional.
Todo esto lo desarrollaban
en forma de excelentes canciones (otra rareza), y encabezados por un líder,
Dulli, que abraza materiales no convencionales a la hora de construir
su lugar en el rock. Cuando recibió las primeras atenciones por
parte de los medios estaban dentro del sello Sub Pop, la cuna del
grunge; pues bien, se decide a vestir con trajes, a leer novela negra,
y a dejarse influir por el cine. Nunca ha alabado las virtudes del lo-fi,
sino más bien ha defendido las ventajas de contar con los máximos
medios posibles, y a la vez ha asumido siempre el papel de productor de
sus discos, sin dejar que ningún estrellón de las mesas
de mezclas distorsione su visionario intento.
Pero sin que uno pueda
terminar de explicar las razones de su falta de éxito comercial,
desde una posición tan privilegiada como la que parecía
proporcionarles la publicación del mencionado último trabajo
por medio de una major, sí que resulta atractivo explorar
su trayectoria e intentar difundir las múltiples virtudes que contienen
sus discos, que en definitiva será lo que permanezca.
La leyenda habla de un
encuentro en un calabozo entre Dulli y el excelente guitarrista
Rick McCollum, pero la realidad parece ser mucho más convencional.
Dulli, criado en el seno de una familia católica de clase
trabajadora de Cincinnati (Ohio), después de fallidos intentos
de encajar en la escuela de cine local (de donde sería expulsado
por la truculencia de sus cortometrajes) y en una escuela de interpretación
en Los Ángeles, decide abandonar por el momento sus cinematográficos
sueños y concentrarse en su otra gran pasión: la música.
Su educación
musical resulta extrañamente mixta para la segregación
racial que se produce en las emisoras de radio norteamericanas. Pero es
que a Dulli de pequeño le encantaba jugar al baloncesto,
así que cuando se aburrió darles palizas a sus vecinos blancos,
se dejó caer por los barrios habitados por sus compañeros
de catequesis, mayormente negros. Así recibió el influjo
del soul y del funk simultáneamente al del rock clásico
que poblaba las ondas.
Sus primeros escarceos
se produjeron en los Black Republicans, pero rápidamente
se unió a McCollum y al orondo bajista John Curley
para formar una banda; cuyo nombre robaron de una banda de motoristas
de los setenta, pacifistas, musulmanes y, por supuesto, negros: The
Afghan Whigs.
Después de encontrar
a un batería de su agrado, Steve Earle, comienzan a fabricar
su sonido. Desde el principio, incluso antes de valer un duro musicalmente,
se apartan de los tópicos. Tanto Rick como Greg se confiesan baterías
frustrados, y esto se nota en su manera de componer y ejecutar las partes
de guitarra: rápidas, obsesivas, casi frenéticas en ocasiones,
con tendencia a apoyarse en el wah - wah para dibujarlas. A esto
se añade su personalísima forma de incluir la influencia
negra.
Pero al principio no aportaban gran cosa a la escena. En 1998 publican
su primer largo: Big Top Halloween, por medio de Ultra
Suede (realmente el sello del propio Curley, que posteriormente crearía
su propio estudio de grabación del mismo nombre). La propia banda
califica este inencontrable artefacto como bastante ignorable,
y se embarcan en una cutre-gira por los U.S.A que provoca más de
una pelea, incluso física, dentro del grupo.

Cuando son fichados por
Sub Pop en 1990, graban su segundo álbum: Up In It,
donde se puede encontrar algo de valor, sobre todo a la vista de la evolución
posterior. En él incluyen lo mejor del primer L.P; de las cuatro
canciones recatadas destacan la poppie "In My Town".
El resto lo graban con Jack Endino, y la falta de arreglos y producción
los acerca más de la cuenta a un rock bastante unidimensional,
con un ramalazo punk muy poco logrado. Pero en las letras se empieza
a vislumbrar claramente el talento y la personalidad de Greg; a estas
alturas ya nos esta hablando de su obsesión con las mentiras que
él cuenta y que le cuentan los demás, de las pequeñas
y grandes traiciones que la gente utiliza para sobrevivir.
Aún con todos los
condicionantes negativos y el inevitable precio de la novatada, el disco
contiene aciertos. Su faceta AC/DC, que el propio Greg ha reconocido
que existe, y que es importante, es más evidente que nunca, y en
ocasiones funciona. La apertura con "Retarded" es enérgica
y poderosa, la peculiar voz de Dulli (su mayor handicap comercial) es
presentada desafinando dramáticamente, y la slide-guitar de
McCollum nos advierte de la maestría que con el tiempo llegará
a alcanzar en uno de los elementos más peculiares del sonido
Whig. "Hated" y "Southpaw" son ya puro
"Congregation", dramáticas y enrevesadas,
con la emoción a flor de piel.
Tanto "You My Flower"
como "I Know Your Little Secret" son dos medios tiempos
que aventuran lo mejor de las obras posteriores. Y con la versión
de "Amphetamines And Coffee" de PAUL K. AND THE WEATHERMAN
completan un L.P que los sitúa en plena ola grunge, por
entonces una de las atracciones principales del underground norteamericano.
Montados en dicha ola visitan
Inglaterra en una gira de grupos de la cuadra Sub-Pop. Allí,
y debido a la precariedad de sus alojamientos, Greg contrae una neumonía
y se ven forzados a retornar. La larga convalecencia se transforma en
un de los habituales periodos depresivos y agorafóbicos del cantante,
que emplea para componer el grueso del siguiente trabajo: "Congregation"(1992).
Este disco resulta uno de los mejores que el rock independiente americano
del primer lustro de los noventa termina por ofrecer.
Con él inauguran
algunas de las constantes que caracterizarán sus siguientes esfuerzos.
El primer elemento que destacaba es el cuidado en todo lo relativo a la
presentación visual de su música. Tanto la portada, como
los vídeos empleados para promocionar este álbum (recordemos
la original vocación cinematográfica de Dulli) son muy superiores
a la media, y el máximo aprovechamiento de los escasos medios que
Sub-Pop les dio. Y con respecto a las portadas de los dos siguientes
largos, estas se alaban a sí mismas: la belleza (y una cierta maldad)
de las fotografías seleccionadas y la presentación de las
letras con un estilo muy de libro, suponen exquisitos ejercicios de diseño
gráfico al servicio de la inmensa clase que estos energúmenos
poseen.
Otra de las facetas que
siempre sorprendía de sus discos era la sensación de unidad
que transmiten. Dulli afirma que, más que conceptualidad pura y
dura, lo que busca es coherencia, que considera una cualidad extra, que
añade encanto a cualquier disco más allá de una mera
colección de canciones. Para conseguirla cuida la atmósfera
sonora del disco, que siempre cuenta con una introducción y un
final intencionadamente llamativos; se fija mucho en el orden de aparición
de las canciones; y también emplea un truco maestro (y clásico
en los poemas narrativos): la reiteración de ciertas estrofas en
canciones distintas. Estas estrofas resumen el leit motiv, el hilo
argumental del disco.
En este aspecto "Congregation"
es una primera intentona, no del todo exitosa. Su autor lo ha definido
como una obra que trata los complejos de culpa que le producía
su obsesión sexual (que nunca le ha abandonado), enfrentada a una
estricta educación católica.
Musicalmente es una maduración
del sonido de "Up In It", dotado de más
matices gracias a la inclusión de nuevos instrumentos: guitarras
acústicas y pianos. Pero esencialmente suena rabioso y acelerado,
cabalgando sobre los grooves muy obsesivos de Earle y McCollum.
Repleto de canciones atormentadas y poderosas, de letras confesionales
y de títulos tan explícitos como "I´m Her
Slave", "This Is My Confession", "Let Me Lie To You",
es un disco fascinante y único en su especie.
Si hay que destacar algún tema, los singles seleccionados nos pueden
valer: la hipnótica "Turn On The Water" o la truculenta
"Conjure Me". Y, como no, la desgarrada "Miles Iz
Dead" (con ese impresionante estribillo "Don´t
forget the alcohol, uh baby, uh baby" repetido hasta la extenuación),
que no aparece acreditada en el disco.
Apoyados en una obra de
este calibre comienzan su avance hacia la cima del reconocimiento por
parte de la crítica y del favoritismo por parte de las college
stations. La gira de presentación les acerca a Europa. En aquellos
conciertos todavía se puede apreciar un cierto amateurismo que
irán abandonado con el transcurrir del tiempo.
Es en esta época
cuando, tras unas declaraciones de Greg afirmando que son una banda de
soul blanco y la publicación del E.P de versiones de clásicos
de dicho género "Uptown Avondale" (más
centrado en la escuela Motown que en la Stax), se les comienza
a colgar esa etiqueta de la que confiesan estar un poco hartos. Pero,
en cierto modo, es esta cuestión la que los aleja del saco del
grunge, en el cual son automáticamente colados sin comerlo
ni beberlo. Lo que no deja de resultar sorprendente, y sintomático
de cómo andamos, es que parezca tan extraño que un grupo
de rock reconozca tener influencias negras y haga versiones de temas soul.
Dulli lo ha dejado claro, la intensidad emocional de la música
negra siempre ha sido muy atractiva para los músicos blancos; y
a fin de cuentas los propios Stones, grupo rockero fundacional
por excelencia, se han hartado de hacer versiones de clásicos del
soul y de escribir temas funky.
La explosión
Nirvana todos sabemos que no deja títere con cabeza, y una
algo despistada Elektra llega a un acuerdo con Sub-Pop para
publicar los discos de los Whigs. Y a ellos no les duelen prendas
en firmar, puesto que contar con más dinero para grabar es una
bendición para un grupo tan ambicioso como ellos. Es más,
consiguen incluir cláusulas privilegiadas, como la de que les permitan
que Dulli produzca los discos, o el compromiso de la discográfica
de financiar un posible proyecto cinematográfico dirigido también
por Greg.
En los míticos estudios
Ardent de Memphis comienzan a grabar una obra maestra, en colaboración
con el, desde entonces inseparable, ingeniero de sonido Jeff Powell,
un auténtico maestro. Esta vez Greg nos va a relatar su propia
ruptura con una relación sentimental de excesiva duración.
Estamos hablando de "Gentlemen" (1993), un disco
realmente imprescindible, su trampolín al Olimpo.
Con un sonido más abierto, más variado, repleto de arreglos
perfectamente ajustados, el disco supone otro paso adelante. La calidad
de la labor de Powell permite apreciar en todo su esplendor las
aportaciones de los diversos componentes. El trabajo de McCollum
es sencillamente brillante y el de Earle no le va a la zaga (su
aparición fulgurante en el segundo corte es vital para establecer
el clima del disco). Además, aparecen por vez primera dos colaboradores
fijos desde entonces: la violonchelista Barb Hunter y el teclista
y cantante de los HOWLIN´ MAGGIE, Harold Chichester,
que se convertirá en un apoyo constante en todas sus giras.
Se abre con "If
I Were Going": una guitarra limpia y el sonido del viento acompañan
al monólogo interior de Dulli, que presenta el argumento del disco
con la estrofa (repetida en el cuarto corte): "and it don´t
bleed, and it don´t breathe; it´s locked its jaws, and now
it´s swallowing. I´s in our heart, it´s in our bed.
It´s in our love, baby, it´s in our bed". El monstruo
que representa una relación que está muerta, pero con la
que no se atreve a acabar.
A continuación
"Gentlemen", la canción, nos muestra a Dulli buscando
refugio en otras mujeres, con una actitud chulesca que abandona en el
tercer corte, "Be Sweet", en el que les relata a dichas
mujeres sus pecados y faltas, solicitando consuelo y compresión.
Para cuando llega "Debonair" (el corte que más
recuerda al sonido de sus anteriores discos), comienza la confrontación
con su amante, a la que advierte que ha llegado el momento de aclarar
las cosas, ahora que él se siente fuerte.
En "When We Two Parted" (una preciosa balada construida
sobre las capas de slide de Rick), comienza a sentirse culpable,
ofreciéndose a remediar el dolor que ella siente. Pero viene "Fountain
and Fairfaix": son sus recuerdos de cómo ella le manipuló
hasta cambiarle su manera de ser ("Angel, I´m sober. I´ve
got off that stuff, just like you asked me. Angel, come closer. So the
stink of your lies, sinks into my memory"). Y en "What
Jail Is Like", Dulli ya está comparando la relación
con una cárcel de la que necesita escapar.
En un giro genial, también
se nos ofrece la versión de la otra parte, al llamar a Marcy
Mays de SCRAWL, para que cante "My Curse",
una balada acústica maravillosamente adornada por un emocionante
solo de McCollum y escrita desde el punto de vista femenino. Para
cuando llegamos a "Now You Now", él cree que la
despedida es para siempre; pero la versión del clásico de
Tyrone Davies "I Keep Coming Back" es reveladora
al respecto: le va costar más de lo que creía, no puede
evitar echarla de menos.
El tenso instrumental
"Brother Woodrow/Closing Prayer" cierra el exorcismo de
Dulli, celebrado por medio de una auténtica obra maestra, de
un futuro disco de culto.
El álbum es saludado
por la crítica como excepcional, y termina por ser la obra de la
que consiguen vender más copias. Y durante el transcurso de la
gira de promoción, el más que pendenciero carácter
de Greg provoca algún que otro altercado.
Para distinguirse del rebaño
grunge, los Whigs comienzan su particular campaña
de imagen: la adopción de sus distintivos trajes sastre, mayormente
de color negro y, a ser posible, italianos. Es una manera de reivindicar
su diferencia, pero también la recuperación de algo que
se estaba perdiendo debido al influjo del rock independiente: la tradición
del showmanship, la reafirmación del artista como alguien
que ofrece al público un todo completo, conformado por una música
diferente, pero también por una imagen distintiva y reconocible.
Después de una extenuante
gira mundial, las relaciones con Earle se deterioran (al parecer debido
a su ausencia de profesionalidad y a un problema grave con la bebida),
hasta el punto de que éste abandona el grupo. Ante esto, deciden
tomarse un descanso, que dedican a actividades diversas. John Curley
abre su estudio de grabación, Ultrasuede; en Cincinnati.
Mientras Greg intenta concretar sin éxito su proyectada película;
y también encuentra tiempo para producir a una banda local de Cincinnati:
THRONEBERRY, mientras John hace lo propio con los ASS PONYS.

Cuando las cosas parecían
rodar hacia el estrellato (por ejemplo, Greg participa, cantando las partes
de Lennon, en la banda sonora de "Backbeat",
que reunió a una especie de All-Star alternativo), la preparación
del siguiente L.P, en el que aparentemente tiene Elektra depositadas
todas sus esperanzas, se convierte en un infierno. A Curley se le diagnostica
un tumor benigno en el cuello, del que debe ser operado. Prácticamente
a la vez, la madre de Dulli cae enferma de gravedad y uno de los incidentes
producidos durante la gira reaparece, en la forma de una demanda judicial
de una fan, que resultó herida en un concierto en Texas.
La compensación que deben pagar para evitar ir a juicio conlleva
su ruina económica: es como si todo lo ganado en estos años
desapareciese.
Enfrentado con todo esto, unido a un nuevo fracaso sentimental, Greg vuelve
a caer en una depresión y se vuelve a recluir. Sus compañeras
durante este oscuro periodo son las novelas de género negro de
Jim Thompson y James Ellroy; y la revisión continua
del debut de los hermanos Coen: "Sangre Fácil".
Todo esto le sugiere la dirección que debe tomar el siguiente proyecto
de los Whigs: van a crear una narración musical, el guión
de su imposible película. Contar una historia, inspirándose
en estas referencias cinematográficas y literarias, que trate sobre
el fascinante poder que tienen las mentiras y los secretos, y sobre el
dolor de las relaciones frustradas. De una manera más oculta y
sutil que la utilizada en la anterior ocasión, Greg va a descargar
sus frustraciones por medio de otra catarsis musical.
Para llevarlo a cabo los
Whigs consiguen a un nuevo batería en la figura de Paul Buchignani.
En agosto de 1995 comienzan la grabación de "Black Love"
(1996). Les vuelven a acompañar los habituales Powell,
Chichester y Hunter. Pero además aparece Doug Falsetti en
los coros y su amigo Shawn Smith (de los injustamente ignorados
BRAD y SATCHEL), también acompañando en las voces.
Es su disco musicalmente
más complejo. Las canciones son más largas y barrocas que
nunca, repletas de cambios de ritmo y de melodías difíciles.
Las guitarras suenan más saturadas, pero encuentran su contrapunto
en la aparición de unas cuerdas que, en ocasiones, parecen extraídas
de un disco de John Cale y en otras, de un single de Barry White.
El clavinet refuerza el tono funky de algunos temas; mientras que
en otros un dulcimer y un tímpano, en colaboración con las
pistas múltiples de chelo producen una sensación de gran
orquestación. Dulli realiza otro excelente trabajo en la producción.
Es sin duda el menos comercial
de sus L.P´s. También el más oscuro. Pero con el paso
de las audiciones, termina por fascinar con su intensidad dramática
y su nervio interno. Es como un viaje liberador, que parece dejar en el
oyente la misma sensación de desahogo que debió sentir su
autor.
Se abre con el sonido de un tren acompañando a un órgano
muy gospel. Una guitarra solitaria acompaña a un susurrante
Dulli: "Tonight, tonight I say goodbye. To everyone who loves
me".
Mientras, los demás
se van incorporando y aparece la estrofa mágica: "A lie,
the truth, which one shall I use". Y después, la explosión:
las guitarras rugen mientras Dulli brama "Do you think I am beautiful?
Or do you think I´m evil?, Would you take me to a ride, the ride
that never ends". El narrador comienza su flashback. Es
"Crime Scene Part One", un comienzo estremecedor, que advierte
de lo que viene después.
Con "My Enemy"
retornamos a una fiereza desconocida desde "Congregation",
en una letra que relata la paranoia de una persona víctima de los
rumores que los demás propagan. A partir de ahí el desarrollo
argumental nos lleva (con la impagable colaboración de las fotografías
que acompañan a cada canción) por los vericuetos de una
truculenta historia, que algunos pensaron que era la de O.J. Simpson,
demostrando que la realidad siempre supera a la ficción más
retorcida. Sin altibajos, tanto cuando este relato se desarrolla en forma
de rabiosos temas de rock duro ("Going To Town", la amenazadora
"Honky´s Ladder"); de enrevesados desarrollos funky
("Blame, Etc"); delicadas baladas (las hermosas "Step
Into The Light" y "Night By Candlelight"); o
de épicos medios tiempos ("Bulletproof", "Summer´s
Kiss"); la tensión no decrece en ninguno de los cincuenta
y tantos minutos de duración del disco.
Abandonamos la escena con
"Faded", una balada de más de ocho minutos preñada
de emoción, una última plegaria para salvar el alma del
pecador, pidiéndoselo por igual a Dios o a su propia amante. Toda
la violencia y las intrigas a las que ha asistido, le han destruido, y
sólo el amor que ha demostrado a lo largo del relato por su amante
puede redimirle. De nuevo suena el tren, que al principio arribaba, y
ahora nos deja. Hemos asistido al drama, y resulta imposible no sentirse
conmovido por esta exploración del lado oscuro de todos nosotros.
Para apoyar la carrera
comercial del disco, Dulli es requerido para producir la banda sonora
de la comedia dirigida por su amigo Ted Demme "Beautiful
Girls". Al margen de las canciones que le son impuestas,
Greg selecciona una serie de temas de soul y de sus amigos WEEN, HOWLIN´
MAGGIE y SATCHEL (su fantástico "Sufferin´").
Los propios Whigs incluyen inéditas: dos nuevas versiones de clásicos
soul: "Be For Real" de Frederick Knight, y
"Can´t Get Enough Of Your Love, Baby" de Barry
White. Probablemente Elektra confiaba más en la posibilidad
de que éste último fuese un hit, que en ninguno de
los singles extraídos de "Black Love"
Sea como fuera, las ventas
de "Black Love" llegan a menos de la mitad de
las de "Gentlemen", y cuando finalizan la gira,
los Whigs están resueltos a romper como sea el contrato con su
discográfica. Les parece que no se ha peleado por su álbum
como Capitol lucha por otro disco difícil como es el "O.K
Computer" de RADIOHEAD, hasta convertirlo en un éxito
comercial de nivel mundial.
En el interludio Dulli
se dirige a Nueva Orleans, acompañado de Shawn Smith y
Chichester para grabar un L.P conjunto bajo el nombre de TWILIGHT
SINGERS, que queda pendiente de publicación. Pero sus problemas
emocionales se están cobrando un precio en la forma de alcoholismo
galopante y fortísimas crisis estomacales, que finalmente lo llevan
a ser hospitalizado. De esta manera es diagnosticado como maníaco
depresivo y comienza a recibir medicación. Así evita los
altibajos emocionales, pero se le plantea la duda de si podrá escribir,
una vez eliminada su aparente fuente de inspiración.
Cuando consigue terminar
un puñado de canciones, toman la valiente decisión de financiarse
ellos mismos la grabación del nuevo disco "1965"
(año de nacimiento de Greg y John), publicado a finales de 1998.
Dulli ha quedado prendado de Nueva Orleans, así que deciden hacerlo
allí. En compañía de su nuevo batería, Michael
Horrigan (Ex -Throneberry), durante unos meses viven intensamente
la vida nocturna de Crescent City (menos el siempre muy formal McCollum),
y las nuevas canciones se van empapando del ambiente. De nuevo cuentan
con Powell a los mandos, pero dejan las mezclas a los solicitados
Dave Bianco (ingeniero fijo en las grabaciones del sello American
y productor del "Northren Songs" de TEENAGE
FANCLUB) y George Drakoulias (BLACK CROWES, JAYHAWKS, PRIMAL
SCREAM, etc.).
Chichester no repite,
pero sí Barb Hunter, esta vez acompañada de la violinista
de los GERALDINE FIBBERS, Jessy Green. La lista de colaboradores
es interminable: vuelve Falsetti, aparecen Steve Ferrone, Alex
Chilton, etc. Pero destacan sobre todo una amplísima sección
de vientos y la poderosa voz de Susan Marshall (ex-MOTHER STATION).
Todo el L.P posee un sonido que indica claramente donde fue grabado, y
por quien.
Ante esta nueva etapa Greg
decide escribir un disco completamente distinto. Por un lado, no nos va
a ofrecer otra colección de temas oscuros y dolientes, pues no
es así como se siente: él no es uno de esos depresivos
profesionales que abundan entre los cantautores de los noventa. Por
el otro, quiere recuperar el aroma de los clásicos L.P´s
de rock´n´roll: cuarenta minutos, nueve canciones y un instrumental.
Temas sencillos y variados, que enganchen, pero que no sean vulgares.
Lo consiguen plenamente,
en un disco que es sensual como pocos, que se antoja como el canto del
cisne de una manera de entender el rock, una última obra maestra
indiscutible. Se abre con el sonido del encendido de una cerilla, "Somethin´
Hot", y el grado de excitación no decrece. Los Whigs suenan
simultáneamente más funkys y rockeros, a la par que
más melódicos. La sección rítmica, especialmente
Curley, tiene más protagonismo, Greg canta mejor que nunca y las
canciones se te van pegando de esa manera contagiosa que sólo tienen
los grandes discos de rock. Se abre con las canciones más concisas,
pegadizas y directas ("Somethin´ Hot" "Crazy",
"Uptown Again", la deliciosa "66"), para dejar
que el groove vaya aumentando y haciéndose cada vez más
fluido (apoyándose sobre todo en los vientos); finalizando con
"Omerta" (cuyo riff de bajo parece extraído del "I
Walk On Gilded Splinters" de Dr JOHN), empalmada al instrumental
"The Vampire Lanois".
"1965"
desprende vapor, humedad: calor, en definitiva. Es exuberante y algo barroco:
la complejidad de las aportaciones de las cuerdas y, sobre todo, de los
vientos (que no sólo acompañan, sino que se dejan ir en
ocasiones, en ejercicios de improvisación exquisitos y sugerentes);
las capas superpuestas de percusiones; el latir de las hipnóticas
líneas de bajo; la potente sencillez de las guitarras; en otras
ocasiones su expansivo discurrir; los teclados de aroma tradicional (
jazzys o tabernarios, según se tercie)...etc. Todo conjurado
como un hechizo de vudú para calentar al personal.
En lo referente a las letras, es un disco de reafirmación vital,
de reencuentro con la sexualidad no culpable o acomplejada: un vuelo libre
hacia el disfrute. Si en este disco Dulli expresa dolor o pena, es por
los demás: aquí no hay sitio para la auto-compasión.
Es un disco de sábado a la noche (febril, por supuesto).
Nunca habían ofrecido
un L.P tan potencialmente exitoso en ventas. Por eso consiguen el contrato
con Sony, que también compra el inédito de los
Twilight Singers (que finalmente se publica en el 2000, bajo el título
de "Twilight" y después de una intensa
post-producción en colaboración con FILA BRAZILIA).
La crítica mundial se vuelve a rendir frente a este nuevo cambio
de orientación. Todo apunta a que, esta vez sí, íbamos
a tenerlos en lo más alto.
Pero no se terminó
de concretar el salto: los dos primeros singles no penetran las impermeables
listas yankees. Y aunque este es un disco del cual se pueden extraer
canciones y probar suerte hasta cansarse, los signos eran inequívocos:
los Whigs habían vuelto (como otros muchos) a quedar perdidos dentro
de la inmensidad de una multinacional, que a estas alturas habrá
apostado por otros para conseguir las ventas que ellos no han sido capaces
de alcanzar.
Y así en febrero
del año 2001 toman la determinación de terminar su andadura
como conjunto. La distancia geográfica que había establecido
entre ellos y sin duda el hartazgo por la imposibilidad manifiesta de
triunfar a su modo pone fin a su inmejorable trayectoria. Y ahora todas
las esperanzas se centran en la incipiente carrera de Dulli en solitario,
en la que quizá tenga una mayor fortuna. Porque, definitivamente,
los Afghan Whigs, sin duda uno de los mejores grupos de los noventa,
estaban gafados.
ENRIQUE MARTINEZ
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