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De siempre mantengo una
relación incómoda con el pop británico. Bueno, de
siempre, de siempre no, sino más bien desde el advenimiento del
brit-pop, justo en el momento en que muchas de las vacas sagradas de mi
generación (STONE ROSES, JESUS AND MARY CHAIN, RIDE, PRIMAL SCREAM…)
empezaban a flojear, produciéndose un relevo generacional sensiblemente
a la baja. Y es que, pese al aprecio que uno le pueda tener a BLUR o OASIS
(que lo tengo), jamás los compararía con los grupos antes
citados, para mí astros mayores de una galaxia en la que las estrellas
del brit-pop (SUEDE aparte, desde luego, para quienes los incluyan en
el pack) no han logrado penetrar pese a, insisto, lo notables que sean
discos como “Definively Maybe” o “Parklife”. Y
si miramos las maravillas que había en la trastienda de todo aquel
escaparate de hits, dianas mods y adidas gazelle (hablamos de DISCO INFERNO,
STEREOLAB, PORTISHEAD o PJ HARVEY, por ejemplo), pues el rechazo subjetivo,
por el agravio comparativo, es todavía mayor.
Todo ese asumido prejuicio
ha arrastrado mi percepción de las cosas durante los doce últimos
años, donde el nivel medio de la pasarela principal del pop british
mucho me temo que ha descendido aún más. Lo asumo: cada
sensación británica que aterriza con rótulos de neón
(el que ahora llega por la vía revival post-punk) me ponen o bien
a la defensiva o en una postura de abierta indiferencia. Tarde o temprano,
sin embargo, siempre termino cediendo y echando un ojo, bien por que me
toca escribiendo para otros medios o bien por si acaso, no vaya a ser
que se repita la magia de finales de los 80 y principios de los 90 y aparezcan
otros JESUS AND MARY CHAIN o STONNE ROSES por ahí. Y, aunque muchas
veces constato a toro pasado que poco o nada me pierdo, en ocasiones surgen
formaciones capaces de hacer replantear la argumentación por unos
instantes de borrachera. Los sobrevalorados BLOC PARTY, por ejemplo, contenían
en su irregular debut 4 ó 5 cortes realmente excelentes que invitaban
al optimismo durante los tres minutos que duraban cada uno de ellos y
THE ARCTIC MONKEYS, pese a las exageraciones (sí, también),
trasmiten una explosividad digna de atención que sirve para ir
tirando. Ninguno son la penúltima maravilla, y dudo mucho que se
conviertan en el grupo favorito de alguien, pero cuando menos merecen
ser tenidos en cuenta más allá de un single afortunado.
Pero ahora va y ART BRUT, un grupo supuestamente menor en ese cráter
post-punk, llegado a la sombra de un buen single (“Formed
A Band”) y el arrinconamiento posterior (algo así
como, por ejemplo, SLEEPEER en la era brit) se convierte en uno de los
favoritos de este verano, al menos del mío. Y al contrario de lo
ocurrido con BLOC PARTY o THE ARCTIC MONKEYS, con ART BRUT
no hay medias tintas posibles: ¡mooooolan!.
ART BRUT,
señores y señoras, molan mucho. Su estupendo disco de debut,
”Bang Bang Rock & Roll”, engancha sin
que por ahora puedas hacer otra cosa que no sea escucharlo mil y una vez.
Lo hace desde el principio con su incisiva simpleza y, salvo a algún
pequeño bajón en el tramo medio (justo el protagonizado
con la flojera de “Bang Bang Rock & Roll”
y “Fight!”), logra mantener intacto
el nervio, la tensión y la seducción. Tema a tema descubrimos
una estupenda colección, donde podemos darnos de bruces con al
menos 5 singles tan buenos como la mejor canción de los ARCTIC
MONKEYS, al parecer el supuestos responsables con su éxito de la
escasa repercusión de ART BRUT. Además,
la incisiva simpleza de la banda se traslada a unas letras inmediatas,
inteligentes y fácilmente asumibles por el fan que adolezca de
los mismos “males”. A saber: obsesiones con las novias adolescentes,
puyitas a los que manejan los hilos, la tristeza de pájaros enjaulados
en sus habitaciones, inseguridades sacadas a flote con ironía y
pequeñas victorias privadas que se necesitan decir a gritos. Todo
ello necesariamente empapado por una malsana obsesión por la música
y la mitología rock dentro de ese punto de cuando lo arty se torna
sencillo. E importante: sin irritar, como suele suceder con estos nerds
de escuela de arte venidos a más con el éxito, sino despertando
complicidad, cuando no plena identificación con un personaje transparente
y cuasi naïf, en este caso el carismático e histriónico
Eddie Argos que comanda este quinteto londinense. Lo dicho: ART
BRUT, señores y señoras, molan. Y molan mucho.
Editado en 2005 dentro
del modesto sello indie Fierce Panda, “Bang Bang Rock &
Roll” encierra todo lo que tiene que se le pide a un prototípico
debut de pop. Sonido consistente, gancho inmediato, fondo posterior, aguante
más allá de la tercera escucha y un puñado de himnos
para cantar a voz en grito que no se desgastan con el uso. Por ejemplo,
cuando discurre el primer corte del disco, el single “Formed
A Band”, aparece un disparo así: “hemos
formado una banda, míranos, hemos formando una banda / vamos a
componer la canción con la que Israel y Palestina se llevarán
bien / vamos a componer una canción tan universal como el cumpleaños
feliz / para que todo el mundo sepa que todo va a ir bien / vamos a coger
esa canción y la vamos a tocar ocho semanas seguidas en el Top
Of The Pops”. Lo cierto es uno haya la misma arrebatadora mezcla
de arrogancia y adrenalina del “aquí estoy yo” con
el que OASIS o THE STONE ROSES saludaron al mundo con sus primeros trabajos,
eso sí convenientemente salpimentado de ironía. Sería
su particular “Rock n´roll Star” o “I Wanna Be
Adored” pero, por supuesto, el espíritu se adapta a sus formas
y ART BRUT lo moldean tirando de ese canal intermedio donde el rudimentario
sonido de los BUZZCOCKS se da la mano con la sofisticación de THE
WIRE, mientras Eddie Argos comanda la situación con su voz poderosa
(muy a lo Mark E. Smith de THE FALL) y una autoridad que rememora a los
hoy olvidados THE GODFATHERS. Poco menos de tres minutos dura el corte…
y ART BRUT ya han hecho en ti la suficiente mella como
para que no puedas dejar de seguir buceando en su disco.
Háganlo sin miedo,
si es que todavía permanece inédito a sus oídos,
porque la sucesión de temazos es altamente sugestiva. Canciones
en las que merece la pena rascar para observar como, bajo el armazón
de vigoroso punk-pop, nos hallamos ante un confesional narrador de lo
cotidiano tan agudo como eficaz. Así la excelente “My
Little Brother”, con esas cortantes guitarras tan
coyunturales con el revival post-punk del momento (algo así como
“venga, aceleremos el riff de London Calling y exprimamos todo su
jugo mientras se pueda”), retrata las convulsiones rockeras de su
hermano (“Mi hermano pequeño ha descubierto el rock and
roll / hay ruido en su cabeza y está fuera de control / y sí
frustra, dejémosle que cometa sus propios errores”),
mientras que en la autobiográfica “Emily Kane”
le dedica un emotivo mensaje a su novia de los quince años (“Fui
tu novio a los quince / fue la mejor época de mi vida”
arranca en los primeros versos para terminar diciendo en el último
“Todavía estoy enamorado de ti, Emily Kane”).
Vamos, ¿no es esto ponerle un micro a toda cuanta pop-star se esconde
en esa habitación donde se fermentan las frustraciones con posters
en las paredes y música saliendo de la mini-cadena?.
En “Good
Weekend” se empapa de la orgullosa celebración
(¿post-?)adolescente del estar emparejado. Sí, Eddie tiene
novia y, así como no quiere la cosa, te espeta que tiene “tantos
mensajes por enviar” y que “vamos al cine/ y vamos a casa
tras el cine”, para al final, indiscreto y bocazas, nos relata
en un sobreexcitada hoja de ruta sexual como “fuimos a través
de la puerta/ por las escaleras de la puerta de su habitación /
al suelo de su habitación/ la vi desnuda !dos veces! / ¡DOS
VECES!”. Poco después, en el reverso resacoso de “Bad
Weekend” sostiene, hilarante, sobre un arrollador
torbellino su picada a lo voluble de la prensa británica:
“no hemos leído el NME durante mucho tiempo / ya no sabemos
que estilo hacemos”. En todas ellas más que estrofas
y estribillos al uso, lo que semeja es que Eddie escupe proclamas de modo
obsesivo-percusivo, como arengando en su mitin particular avasallador
sobre un oyente que, en este caso, se muestra encantado.
Al margen de las influencias
mentadas, existe un intermitente y agradecido tic en ART BRUT
que remite a los totems del indie-rock americano. No es difícil,
por ejemplo, dar con el rastro de los PIXIES más primitivos en
las líneas de bajo que serpentean esas patéticas súplicas
de guardar el secreto de un inoportuno gatillazo (“No se lo
digas a tus amigos / prometo que nunca más volverá a pasar”)
de “Rusted Guns Of Milan”, pero
menos es detectar el rastro alocado del Black Francis en los grandilocuentes
aspavientos de “Modern Art” (¿no
es acaso el espíritu del “Rock Music” de los célebres
bostonianos lo que pulula por ahí?) o en la final “18.000
Lira”. Y, por supuesto, no pasemos por alto ese acopio
en toda regla de la perezosa ligereza de PAVEMENT en un “Moving
To L.A.” con obvia ascendencia a lo Beach Boys que
se regodea del way of life de las estrellas californianas (citas para
Axl Rose o Morrissey incluidas)
Como mencionábamos
antes, “Bang Bang Rock & Roll”, no llegó
a nuestro país hasta este 2006, tras el contrato de distribución
que el grupo firmó con Virgin. Aprovechando la circunstancia, la
reedición que circula cuenta con un jugoso cd extra compuesto de
caras b y tomas en directo de canciones del álbum. En los seis
cortes de estudio (por lo general inferiores “material a”
lógicamente), encontramos aún así alguna valiosa
muestra alejada del canon de sonido planteado en el disco. Desde el lado
más calmo y acústico de “Every Other Weekend”
al de las preciosistas filigranas lo-fi por el que planea la sentida “It´s
About Time” (“creo que es el momento de
que olvides a tus padres” le dice Eddie a un amigo que no soportaba
a Morrissey porque tenía una vida aún más dura que
la suya), pasando por esa suerte de pasodoble eléctrico titulado
“Really Bad Week End” o la estupenda
“These Animal Menswe&r” (un
certero retrato de la agresividad adolescente -¿con puyita a los
britpoperos olvidados THESE ANIMAL MAN y MENSWEAR incluida?-que podría
ser otro gran single/himno) depararán alguna sorpresa en los nuevos
ángulos ofertados por el grupo. En cuanto al directo, se incluyen
desfasadas y electrizantes tomas de “Rusted Guns Of
Milan”, “Modern Art”,
“Moving to LA” y “My
Little Brother” que completan una estupenda reedición
para un disco que, de verdad, se lo merece.
Ya ven, uno pese a su desconfianza
patológica a los hypes británicos cayó rendido a
sus pies en cuanto sonaron. Sin esfuerzos, sin necesidad de segundas ni
terceras escuchas, sino directo a la yugular, como esa música desenfada
que desearías que sonase todos los fines de semana allá
a donde vayas de copas, la que te enchufas por las mañanas en los
auriculares para ir sobre seguro y la que al pasar los treinta y pico
minutos que dura este disco, se te ha hecho tan, tan corta que no queda
más remedio que volver a pulsar el play. ART BRUT
molan, insisto. Y molan mucho. Ahora queda aguardar cómo será
su evolución y constatar que son más allá de un puñado
de afortunadas hormonas colocadas de la manera adecuada, para mañana
estar completamente desordenadas cuando lleguen los dos terribles fantasmas
amenazantes del pop: el éxito y la madurez. Pero bueno, ahora a
disfrutar, que es de lo que se trata.
P.D. Dos días después
de terminado este artículo me confirman fuentes fiables que ART
BRUT han sido la gran revelación del FIB, con un directo
donde Eddie Argos se crece como un personaje total. El nuevo Jarvis se
dice por ahí… ¿habrá nacido una estrella?.
JAVIER BECERRA(Julio 2006)
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