Pongamos la venda antes que la herida: apenas conozco a THE LIBERTINES. (Ooooooooooooh!).La verdad es que escuché una vez un tema suyo en un recopilatorio de RDL (calcadito a THE JAM según recuerdo) y poco más. Sabía que su líder, Pete Doherty las montó muy, pero que muy gordas, incluso pasando una tiempo entre rejas, y que su rol en el panorama británico venía a ser algo así como los OASIS de este momento (poniendo, claro, a FRANZ FERDINAND en la posición BLUR), es decir, que THE LIBERTINES en eran los “chicos malos” en la teleserie que tienen montada los medios ingleses. También supe poco después, obviamente, que el susodicho Pete es la pareja sentimental de la felina Kate Moss, enfant terrible de la moda, icono de las anoréxicas convencidas de medio mundo (miren cualquier página pro-mía y fliparán con la veneración que le tienen) y rockera por convicción (ahí están sus colaboraciones con PRIMAL SCREAM en “Evil Heat”).

Todo estalló con reciente affaire de Kate Moss y las cámaras ocultas. Gran paradoja. Al final va a resultar que la exhibición de hipocresía del periodismo rosa, respecto ese polémico vídeo donde ambos le dan al perico, no solo ha tenido efectos pendulares en su carrera como modelo (en principio varias firmas rompieron contratos por la mala imagen, para luego una vez “rehabilitada” aumentar considerablemente su remuneración), sino que han tenido efecto rebote-publicitario sobre la obra musical de su pareja, más famoso por sus idilios con las drogas o la justicia que por sus canciones lógicamente, pero todo ayuda a que su nombre trascienda allende de su público natural. Una carrera que ahora, tras la ruptura de los mencionados THE LIBERTINES, se ha visto prorrogada con BABYSHAMBLES , su nuevo banda que debutara el pasado año con este “Down In Albion” que llega ahora al mercado español vía Sinnamon y cuyo cd ha caído en mis manos por imperativo profesional, dándome una grata e inesperada sorpresa pese a su clamorosa irregularidad.

La historia de esos dos no es nada nueva y bien podrían ser el reverso salvaje de los apocados y modélicos Chris Martin (COLDPLAY) y Gwyneth Paltrow (buff, la Paltrow , otrora una de las mujeres más sexys del planeta ¿no parece ahora salida de un episodio de La Casa De La Pradera ?). Doherty y Moss van por la otra vía: la de los hermosos esqueletos, pálidos y desvaídos, alimentando la más clásica y autodestructiva (y estúpida) mitomanía de un rock, hoy más que nunca, falto de figuras carismáticas que proporcionen canciones, titulares y glamour a partes iguales. Y la discográfica, como quien no quiere la cosa, refiriéndose a ello continuamente de refilón. BABYSHAMBLES , en este disco de debut apuestan por ese romanticismo rockero en un trabajo que, de inicio a fin, flota frágil en una nube narcótica y raramente logra mantenerse firme en pie sin tambalearse. Espontaneidad, imperfección y desaliño que unas veces le sientan bien, otras no tanto, pero que tarde o temprano hace saltar la duda: ¿qué sucedería si este hombre se centrase y seleccionase y cuidase más su repertorio?. Pues me temo que tendríamos un disco redondo, redondo. O puede que todo se evaporase, quién sabe. ¿Cómo era aquella canción?, ¿drugs don´t work?. Pues eso.

Producido por Mick Jones (THE CLASH), “Down In Albion” es, en espíritu, el particular “Exile On Main Street” de Doherty pasado de rosca, un estado de ánimo donde hedonismo, creación y desorientación se comprimen en 16 temas que, en contra de lo que pudiera parecer a primera vista, merecen la pena ser escuchados. Así, como quien se adentra en una selva con un machete para abrirse camino entre este paisaje, nos podemos topar con excelentes cortes como ese arrebatador y enrabietado “Fuck Forever” (con una madera de himno equiparable, por ejemplo, al “Live Forever” de OASIS), “Pipedown” jugueteando con las guitarras reagges y la energía rock como hiciera la banda de su productor o “Up The Morning” prendiendo fuego épico de lo que en principio parece una broma y termina por ser una auténtica joya. En todas ellas, Doherty hace gala de esa cadencia perezosa que tanto recuerda a THE BUZZCOCKS (dice la hoja promo –y los periodistas de recorta y pega- que también a ¡Morrissey!, ¿ein?), le añade un vacilante toque “on drugs” y se envuelve en una imperfecta atmósfera de estar ante un ensayo registrado posteriormente en disco.

Merece la pena destacar ese inicial “ La Belle Et Le Bête” que tira de fusión entre rock n´roll clásico, aromas de music-hall y guitarrazos jamaicanos, amén de presentar la seductora voz de Kate Moss marcándose un morboso dueto con su mozo. También, ya por una vena garajera y sixties, convencen en “A Rebours” y la estupenda “The 32nd Of December”, magníficos singles de contar con una producción más pulida y en “Killamangiro” o “Back From Dead” vuelven a rendir pleitesía a la particular manera de entender el rock patentada por THE CLASH. Se pierden sin embargo, a mi juicio, en la indefinición fumeta cuando viajan a Jamaica y se evaporan en naderías como “Pentonville” o “What Katy Did Next” o ese interminable y completamente prescindible “Merry Go-Rorund” final construido sobre acústica y escobillas, que finiquita el disco evocando completamente pasados a los BEATLES y dejando constancia, por si alguien no se había dado cuenta, del “ciego que te cagas” que acompañó a su grabación. ¿Honestidad?, puede, pero no era necesaria, sobre todo cuando tienes 16 temas en los que cribar y hay brutos diamantes como “Loyalty Song” que con un par de vueltas y una meticulosa producción sería pura artesanía pop.

Y llegamos al final sin saber muy bien qué decir: ¿tomadura de pelo?, ¿simulacro de un disco enorme?, ¿un frustrante paso en falso en el que excesos y defectos han jugado una mala pasada?, ¿mostrar sin trampa ni cartón las cosas como son, incluso las prescindibles?, ¿independencia total al editar un disco como éste sabiendo que van a decepcionar a una buena parte de sus fans más remilgados?. Lo cierto es que uno no sabe muy bien qué decir y se siente manifestando su positivo juicio sobre “Down In Albion” más subjetivo que nunca, sabiendo de antemano que será un disco apaleado, incomprendido y que logrará tanto que algún fan le retire el saludo a su autor, como reforzar argumentos entre aquellos que vieron en THE LIBERTINES un grupo al que olvidar. Casi mejor lo dejo que estamos ante uno de los grandes discos irregulares del año, con desecho y calidad entremezclándose de continuo, que requiere complicidad con las circunstancias y que dependerá, más que nunca, de los requisitos de perfección que el oyente pida a la música. Entren aquí pensando más en BUZZCOCKS o SEX PISTOLS que en BEATLES o BEACH BOYS y escuchen en formato panorámico

Por mi parte, hoy mismo he pedido los dos discos de THE LIBERTINES, no vaya a ser que me estuviera perdiendo a una gran banda, así sin saberlo. “¿Cuando dejarás al lado tu tirria con los hypes británicos?” me dice ese angelito bueno de mi conciencia en estos momentos. “¿Y toda la bazofia que me he ahorrado?” , le contesto yo. “A mí lo que me van son los post-hypes” , concluyo.

En efecto, con esa sonrisa de autosuficiencia.

JAVIER BECERRA (Diciembre, 2005)