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La
música de este irrepetible quinteto permanece como un secreto que
las generaciones actuales parecen incapaces de desvelar.
Y
este desconocimiento probablemente se deba a que la revisión de
la música Pop y Rock del pasado se hace en función de ciertos
prejuicios. Ciertos artistas son indiscutibles y de dominio público
absoluto: incluso aquellos que compran sus (escasos) discos en obediencia
sumisa a las radio-fórmulas los recuperan al amparo de operaciones
de marketing cíclicas. El sector auténtico
dispone asimismo de sus imprescindibles, la mayoría de ellos formalmente
respetados por los críticos más avispados, aunque éstos
nunca escuchen sus mejores obras, por no coincidir con sus gustos estilísticos.
Esta inteligentsia, a su vez, maneja su propia lista de artistas
de culto. Dicha lista, curiosamente, también se encuentra
sometida a los vaivenes de los redescubrimientos cíclicos, coincidentes
con nuevos sonidos del underground más alternativo
e innovador, que rescatan y reivindican a artistas minoritarios
como una influencia.
Pese
a todas estas posibilidades de rescate, las mejores obras de The Band,
comparables a las cimas de cualquier indiscutible (Velvet, Beatles,
Stones, su amigo Bob Dylan, etc...) permanecen sepultadas,
como un tesoro perdido. Quizás lo más triste sea que en
estos momentos, con la flamante reedición de su catálogo
por Capitol, todo el mundo tiene el mapa para encontrarlas.
Y esta ignorancia absoluta se produce a pesar de que en escasísimas
ocasiones ha contado un grupo con personalidades tan profundas, intérpretes
tan sublimes, voces tan intensas e instrumentistas tan sabios al servicio
de un proyecto genuinamente común, de una idea de la música.
Conozcámoslos un poco.
LOS ARTESANOS QUE FUERON ARTISTAS.
The Band fue en su
etapa de esplendor una de las formaciones que a lo largo de la historia
del Rock han contado con un proceso creativo más plural y colectivo.
La aportación individual de cada miembro fue absolutamente relevante
e insustituible. Siempre fue un coro de voces solistas, pero creando
una fórmula que resultaba distinta a la suma de sus partes.
RICHARD
MANUEL: Un pianista conciso y un cantante emocionado y rotundo, capaz
de sostener un dueto con Van Morrison con mucho más que
dignidad. Una personalidad especial que representaba la segunda fuerza
compositora del grupo y que era capaz de asumir las baquetas si la ocasión
lo requería. Sin embargo un inexplicado deterioro personal supuso
una disminución gradual de su papel en el grupo, tanto como compositor
como en su faceta de cantante.
LEVON
HELM: El único estadounidense del grupo. Un batería
conocedor de la pulsión auténtica del Rock`n`Roll, artista
del contratiempo. Aporta la belleza de su mandolina en ocasiones y asume
la voz orgullosa y triste del Sur en The Night They Drove Old Dixie
Down. En sus aportaciones al micro se muestra como un vocalista total,
profundo, conmovedor, cantante de la lujuria, de la tristeza, o de la
nostalgia de todo un pueblo.
RICK
DANKO: Brillante bajista, de sonido muy personal y melódico;
además dotado de una voz capaz de alcanzar las más altas
cotas de emotividad y sensibilidad. Aportaba su maestría en el
fiddle, añadiendo sabor campestre y evocación nostálgica
a temas como Daniel And The Secret Harp, y era el espíritu
festivo del grupo, además del vocalista favorito de Dylan
de los tres en liza.
GARTH
HUDSON: Tanto por su formación académica, como por sus
introducciones experimentales a temas como Chest Fever o The
River Hymn, o por su elección de un órgano Lowry frente
al habitual Hammond, este teclista, saxofonista, y acordeoncista es una
rara avis y, posiblemente, el motivo oculto de la preocupación
de este colectivo por los arreglos, por dotar a cada canción de
entidad y sonido propios. O también del cuidado en la conjunción
perfecta de la banda, en la búsqueda de la excelencia en las interpretaciones
en vivo.
Se puede
decir que los demás extrajeron mucho del periodo en el que Hudson
ejerció de profesor musical (remunerado) de todos ellos.
ROBBIE
ROBERTSON: Excepcional guitarrista, dotado de técnica sobresaliente,
pero consciente de la importancia de la concisión y de la sobriedad,
del protagonismo justo y necesario, de la necesidad de construir un sonido
propio antes que apabullar con pirotecnia inútil.
Es además el principal compositor del grupo, capaz de relatar con
igual destreza relatos de amor desenfrenado que fábulas religiosas
de inspiración buñueliana.

LA ESENCIA QUE PERMANECE AL CAMBIAR.
Este colectivo
(que durante un largo periodo estuvo al servicio de uno de los autores
definitivos del S.XX, Dylan, lo que les proporcionó rentas
en forma de más canciones memorables para su repertorio), funcionaba
como una máquina, precisa pero humana, en la producción
de unos directos incendiarios y de unos L.P´s de contenido preciosista
y enorme; obras eternas, intemporales, clásicas.
Esos discos esenciales supusieron una revitalización de todos los
elementos de la música norteamericana, tanto de las raíces
europeas como de las africanas. Esta densa sustancia fue manipulada por
unos clasicistas innovadores (por ejemplo nunca nadie había abierto
un álbum con un tema tan lento como Tears Of Rage), que
se dedicaron hasta el paroxismo al logro de la perfección hecha
canción, a la vez que fueron conscientes de la dimensión
unitaria y englobadora que suponía el formato del L.P.
Su música
era la culminación de unas obsesiones particulares: una concepción
distinta del tratamiento vocal (rechazando la armonía uniformadora,
y optando por la más dinámica opción del Gospel o
el Soul de respetar la personalidad de cada vocalista incluso en los coros);
la búsqueda de una producción que diese calidez al sonido,
realce al detalle, protagonismo a las bases rítmicas; o también
el ofrecer la originalidad de la pareja de teclistas frente a la soledad
de un único (y minimalista) guitarra.
Del mismo
modo fueron pioneros en la recuperación para el Rock de los instrumentos
tradicionales (mandolinas, acordeones, fiddles...) y de las sonoridades
acústicas.
En los arreglos para sus temas buscaron la creación de ambientes,
y con una rarísima sutileza y sabiduría, la adecuación
entre letra y música.
Tuvieron
la habilidad de buscar los apoyos externos inteligentemente, como los
arreglos de viento de Allen Toussiant en directo y estudio, que
les acercaban a la tradición del Dixieland, creando, otra
vez, armonías complejas y ricas, al respetar el papel de cada instrumento.
También habría que destacar la estrecha colaboración
en los dos primeros discos con John Simon, algo más que
un productor. O las apariciones de talentos como Byron Berline,
Van Morrison y toda la constelación que ilumina The
Last Waltz.
En medio
del vendaval psicodélico y contracultural ellos ofrecían
música eterna y cultura profunda.
Crearon un sonido que parecía enfrentarse a su tiempo, pero que
realmente solo era concebible en aquel preciso momento, cuando el melting
pot al que se refiere Levon Helm en The Last Waltz había
alcanzado ese punto de ebullición absoluta; cuando el Soul asumió
su forma definitiva, el Country y el R`n`B se abrieron a una mayor variedad
melódica, la lírica Rock se dotó de mayor profundidad,
y al intérprete se le exigió una habilidad superior.
Contemporáneamente
desde el Reino Unido retornaba la convicción de que el Blues era
el sustrato elemental de todo esto; y en Nueva Orleans surgía su
penúltima aportación al folklore norteamericano: el Funk
daba sus primeros pasos.
En este
periodo se consolidó el Rock clásico, y toda una serie de
fórmulas a las que cíclicamente se retorna, tomando un referente
u otro, pero viendo en ellas, tal vez, la rotundidad de la forma definitiva.
Y como estandarte
del eclecticismo, de la sabiduría y de la variedad (en la que está
el buen gusto), permanece la música de THE BAND, que desde
sus primeras grabaciones ofreció una obra de madurez total, debida
sin duda a los largos años de actuaciones, acompañando a
Ronnie Hawkins como The Hawks, y de Dylan como The
Band, que precedieron a la obra maestra que es su debut, Music
From Big Pink.
LA GÉNESIS DE LOS MITOS.
Ser un americano (no
como ser un inglés o un francés) es precisamente imaginar
un destino en vez de heredarlo; al haber sido siempre, si es que realmente
somos americanos, habitantes del mito más que de la historia.
(Leslie A. Fiedler).
Esta cita figura en el
libro de Greil Marcus Mistery Train, que dedica un capítulo
entero a The Band, los cuales grabaron la canción del mismo
título en diversas ocasiones (así como otras propias sobre
trenes).
Tren Fantasma. Sólo
en América un tren es lo suficientemente atávico como para
figurar en los cuentos de terror. Por que cuando Robbie admitió
que su intención era crear la mitología de la tierra que
le fascinaba, era eso lo que estaba forzado a hacer, ante un país
que una vez abandonada la herencia indígena (curiosamente a la
que pertenece un mestizo canadiense como él), tan sólo tiene
trescientos años de historia.
Más que los mitos,
lo que debía crear eran las leyendas que envuelven y perpetúan
dichos mitos, que generan y son generados por los valores de una sociedad.
Y son estos mitos y valores los que pueblan las canciones que Robertson
escribió. Valores tradicionales americanos como el del honesto
hombre de campo que es reflejado en temas como King Harvest, que
también nos habla de la Gran Depresión, otro de los temas
recurrentes del folk americano. No en vano su segundo álbum iba
a titularse América.
En The Night They Drove
Old Dixie Down nos relata la Guerra de Secesión desde la perspectiva
del abuelo del protagonista de King..., un pobre granjero
sureño, que no posee esclavos y debe ver morir a su hermano, y
sufrir la miseria moral y material de la guerra. En este enfoque de la
Guerra Civil americana se enfrenta a los tópicos que la contracultura
del momento mantenía, y se adelanta en treinta años a la
novela de C. Frazier Monte Frío, alabada por la crítica,
y en la que se nota la influencia de la visión de América
de Robertson y G. Marcus.
Cuando en The Weight
nos cuenta un relato surrealista de connotaciones bíblicas,
con una confesa influencia de Luis Buñuel, se aprovecha
de la profusión de nombres y topónimos sacados del Viejo
Testamento que llenan la geografía de los Estados Unidos, y de
la inclasificable naturaleza de la música (¿Soul con arreglos
Country?, ¿Country cantado como un espiritual negro?), para hacernos
ver la historia como imposible de concebir en otras latitudes.
Siempre que pretendió hacer composiciones narrativas se apoyó
en la ventaja de contar con una profusión de voces solistas disponibles,
para así repartir los papeles de personajes y narrador entre ellas.
Charlatanes vendedores
de tónicos milagrosos, marineros que abandonan su vida errante,
pillos de la vida en carretera, pobres pueblerinos que pactan con el diablo,
la desaparición de las actividades ilícitas del barrio chino...
todo contado como si de leyendas eternas se tratase.
Finalmente, en Acadian
Driftwood tiende el puente definitivo entre su origen canadiense y
su obsesión por el Sur, al darle la dimensión de epopeya
a la génesis de la cultura criolla. Una obsesión que según
sus propias palabras culminó en Storyville, un disco consagrado
a Nueva Orleans, un lugar en donde la ciudad que construyeron los españoles
se llama barrio francés, su nombre oficial es producto de
adjetivar en inglés el topónimo más francés
que pueda haber, y el vudú africano está en todas partes.
A fin de cuentas, otro de los tópicos americanos más manidos:
el crisol de razas, culturas y religiones.
Sin duda esta curiosa concepción
de lo que debían tratar las letras de una canción Rock fue
lo que los convirtió en favoritos de la crítica. Aunque
los argumentos definitivos para su elevación a los altares todavía
no han sido expuestos. Y no pueden esperar más.

LA DISCOGRAFÍA CLÁSICA.
MUSIC
FROM BIG PINK (Capitol 1968): Enigmática colección
de canciones que conmocionó a la crítica. Su sonido queda
claramente presentado, pese a que la contribución como escritor
de Robertson se limita a tres excelsos temas: "Chest
Fever" , "To Kingdom Come", "Caledonia
Mission", y a un clásico absoluto: "The Weight".
Manuel ofrece
tres estupendas canciones propias y una composición compartida
con Dylan, "Tears Of Rage", igualmente portentosa.
Se nos muestra así como un hombre absolutamente capaz de articular
en canciones el discurso de su, en ocasiones, torturada alma.
Completan
este fantástico trabajo la inspirada colaboración de Danko
con Dylan, "This Wheel´s On Fire", la revisión
del tradicionalista "Long Black Veil", y una aportación
individual de Dylan: la excepcional "I Shall Be released".
Baste decir
que la música contenida en este trabajo fue la que llevó
a Clapton a abandonar Cream, al considerar que el tremendismo
instrumentista que desarrollaban carecía de razón de ser
ante el sonido puro y sutil que aquí se presentaba.
THE
BAND (Capitol 1969): Quizás su obra definitiva, la culminación
del proyecto musical. Contando con todos los medios que necesitaban,
apoyados incondicionalmente por la prensa, en estado de gracia como intérpretes
y compositores, construyeron el que ha sido definido como el mejor
álbum de R´n´R del S.XIX. Una recreación
artística de la América eterna e imaginaria. Tan sugerente
y fascinante como cualquier película de John Ford. Tan hermosa
y clarividente como cualquier novela de Steinbeck.
En ella
exploran todo su registro de estilos; y un Robertson inspiradísimo
asume su papel de principal escritor, mientras los demás colaboran
en este apartado esporádica, pero acertadamente. Hudson
realiza un increíble trabajo subterráneo, de pequeñas
pinceladas. Mientras, la labor de los tres vocalistas alternativos brilla
con más fuerza que nunca, y dan, de la misma manera, una lección
como multi-instrumentistas.
El resultado
es una obra auténticamente maestra, pletórica en todos los
apartados, una delicia por descubrir.
STAGE
FRIGHT (Capitol 1970): Siempre muy infravalorado por la crítica,
no resulta un L.P tan perfecto como los dos anteriores, pues habían
decidido conscientemente disminuir la carga de su obra, otorgar más
inmediatez al resultado (grabando en principio el álbum en directo,
pero sin público); y el disco se resintió. Además
el orden elegido para programar las canciones no fue el más correcto.
Pero mantiene un nivel altísimo, es un disco magistral, cuyo único
defecto es haber aparecido después de dos obras de la importancia
de las anteriores. Está repleto de canciones redondas como "The
shape I`m In", "Daniel And The Sacred Harp", la homónima
"Stage Fright", "The W.S.Walcott Medicine Show",
"Sleeping", "The Rumor"...
CAHOOTS
(Capitol 1971): Probablemente una de las obras menores de su discografía,
a la que no le beneficia en absoluto el tipo de sonido elegido. También
es el peor momento de Robbie como letrista, y de Garth como
arreglista. Se trata de la obra típica de él que es consciente
de su fórmula para el éxito, y se ve forzado a realizar
un ejercicio de estilo. En ocasiones resulta demasiado obvio frente a
la sutileza de las anteriores entregas, pero contiene suficiente material
de primera clase para hacerlo un disco muy recomendable.
Está
la vigorosa "4% Pantomime", compuesta e interpretada
a medias con un portentoso Van Morrison; la emocionante "The
River Hymn"; la funky "Life Is A Carnival" (apoyada
en los exquisitos arreglos de Toussiant); la primera y definitiva versión
del delicioso tema de Dylan "When I Paint My Masterpiece"...
ROCK
OF AGES (Capitol 1972): El documento de lo que este excepcional
combo podía ofrecer sobre un escenario: una gloriosa exposición
de sus propios temas, y de canciones ajenas, con el inestimable apoyo
de una inconmensurable sección de viento.
Su escucha
nos revela uno de los mejores directos jamás grabados, y demuestra
la capacidad de La Banda para reinterpretar de una manera fresca el material
que han plasmado en estudio sin tener que recurrir a la improvisación
ostentosa en forma de jam-session, sino utilizando la sutileza,
una cualidad que siempre les acompañó.
MOONDOG
MATINEE (Capitol 1973): Colección de covers de estudio,
que pone de manifiesto el eclecticismo y el buen gusto de estos músicos.
Las versiones están ejecutadas con vigor, inteligencia y cierta
dosis de imaginación; y van desde clásicos más o
menos tópicos ("Mistery Train"), a canciones más
desconocidas (como "I Ain´t Got No Home" de Clarence
"Frogman" Henry); centrándose en el R´n´B
de origen sureño.
NORTHERN
LIGHTS-SOUTHERN CROSS (Capitol 1975): Después de un largo
paréntesis sin ofrecer una colección de nuevas composiciones,
aparece el que quizá sea su álbum más completo desde
el segundo.
El sonido
de The Band sufre una metamorfosis: Garth acoge con pasión
la aparición de nuevos sintetizadores, que maneja con tal maestría,
inteligencia y clase, que su profusión queda muy lejos de parecer
anacrónica. Por primera vez abandonan la concisión instrumental:
los temas se alargan y Robbie se explaya con una serie de excepcionales
solos, de entre los que destaca el magistral y emocionante de "It
Makes No Difference", una de las canciones cumbres de su discografía.
La colección
de temas es magnífica, completísima. Destaca "Acadian
Driftwood", el relato del exilio "Cajun" desde
Canadá a Louisiana, relatado en una mágica canción,
que supone la síntesis del sonido de The Band: voces solistas
alternativas, elección de unos arreglos ajustadísimos que
conectan perfectamente letra y música (el violín y el acordeón
dando el necesario aire Cajun), y una interpretación emocionada
y entregada. Un tesoro olvidado de incalculable valor.
ISLANDS
(Capitol 1977): El finiquito del contrato con Capitol consistió
en una colección de rarezas e inéditas, que en consecuencia
adolece de cohesión y regularidad.
Pese a esto
incluye aciertos evidentes como "Christmas Must Be Tonight",
"The Saga Of Pepote Rouge" o "Knockin´ Lost John".
THE
LAST WALTZ (Warner 1978): Cuando el contrato discográfico
con Warner parecía el comienzo de una nueva etapa, deciden despedirse
(en principio de la carretera, y finalmente de la actividad musical conjunta)
con un concierto excepcional en el Winterland de San Francisco.
El acontecimiento,
gloriosamente filmado por Martin Scorsese, casi simboliza el epitafio
de una época dorada de la música Rock: rodeados de invitados
de renombre, su despedida resulta a la altura de una trayectoria única.
Tanto la
actuación de la propia The Band, como la de personajes como
Muddy Waters, Van Morrison, Joni Mitchell, Neil
Young, Mike Bloomfield, Dr John, Eric Clapton,
Emmylou Harris, The Staple Singers, Ronnie Hawkins,
etc., resulta prodigiosa. El cierre con todos sobre el escenario, junto
al imprescindible Dylan entonando "I Shall Be Released",
supone un emotivo broche de oro a un momento irrepetible.
El catálogo
de Capitol se encuentra en estos momentos recibiendo el tratamiento de
reedición al que por largo tiempo ha sido acreedor: presentaciones
lujosas, reamasterizaciones en condiciones e inclusión de inéditas.
En el caso de Rock Of Ages un disco entero de inéditas.
Hay que
indicar que sus recopilaciones, tanto el simple The Best Of...,
como las más extensas To Kingdom Come o Across
The Great Divide, contienen inéditas y rarezas de lo más
interesantes.
Recientemente se ha publicado Live At Watkins Glen que recoge
su actuación en el festival del mismo nombre de 1973 (en el que
también figuraban en cartel Grateful Dead y Allman Brothers
Band). Muestra un registro en vivo muy distinto del ofrecido por Rock
Of Ages o The Last Waltz: The Band aparece
sin acompañamiento, ejecutando con enorme intensidad un repertorio
atípico, en el que figuran versiones excepcionales de los Four
Tops o Chuck Berry. Desde luego resulta absolutamente imprescindible
para cualquier seguidor de su música.

EL FACTOR DYLAN Y LA MÚSICA SUBTERRÁNEA.
Cuando el
cantautor más importante de todos los tiempos los vio sobre un
escenario con el nombre de The Hawks, quedó tan impresionado
por la energía que proyectaban, que decidió que serían
ellos los que lo acompañasen en la polémica electrificación
de su sonido que cambió el devenir de la música Rock. Esa
polémica gira puede ser disfrutada en todo su esplendor en Live
1966. The Royal Albert Hall Concert (Sony 1998), aunque sin la
aportación de Helm, que había abandonado la gira,
ante el rechazo del público al nuevo y atronador sonido de Dylan.
En su relación
hubo una vampirización mutua, enormemente beneficiosa para ambos:
como admitió Robertson, Dylan supuso un impulso gigantesco
para su escritura; Dylan extrajo del contacto con ellos un mayor
cuidado en el aspecto musical de sus canciones, que hasta aquel momento
se centraban demasiado en la letra, lo que deterioraba el resultado.
La verdad
es que la participación en las obras de Dylan supone uno
de los mayores proveedores de prestigio de este colectivo. Colaboraron
decisivamente en los L.P´s de estudio Self Portrait (Columbia
1970) y Planet Waves (Asylum 1973); y en el espectacular
live Before the Flood (Asylum 1974) en el que disponían
de una cara entera para sus propios temas.
Pero donde
su aportación alcanza tales cuotas que se puede hablar de una auténtica
obra mixta es en The Basement Tapes (Columbia 1975). Originalmente
estas maquetas grabadas en la Casa Rosa de Woodstock aparecieron en piratas
como The Great White Wonder, pero su enorme demanda llevó
a su publicación oficial. Antecedentes de Music from...,
suponen un punto álgido en las trayectorias de Dylan y de
La Banda.
Cinco temas
firmados por los distintos miembros en compañía de Robbie,
sin la colaboración del iracundo judío; más una versión
del tradicional "Ain´t No More Cane"; y dos borrones
de trabajo de "Tears Of Rage" y "This Wheel´s
On Fire" suponen, en apariencia, la exquisita contribución
de The Band a este atípico disco.
vPero como intérpretes regalan la obra de una magia
de la que parecen los únicos poseedores, y que en esta ocasión
aparece más desnuda que nunca, dado el carácter informal
y técnicamente limitado de las sesiones; pero que, en su aparente
indefensión, nos muestra su auténtica y enorme fuerza, sustentada
en unos cimientos de solidez absoluta, enraizados en una tradición
musical que ellos son capaces de transformar sin corromper su pureza.
Y EL FINAL QUE NO FUE EL PRINCIPIO DE NADA.
Tras la
publicación de The Last Waltz se disuelven y las
trayectorias en solitario de cada uno de ellos pierden la importancia
de la obra conjunta.
Rick
publica en 1977 un L.P. homónimo a través de Arista más
que notable. Levon realiza diversos trabajos discográficos
y participa como actor en algunos films de escasa proyección.
Garth se esfuma, para reaparecer como músico de sesión.
Más
trágico es el destino del enigmático Richard, que
en el año 1986 terminó por suicidarse.
Un desorientado Robbie tarda casi diez años en publicar
el fallido álbum de su mismo nombre en Geffen. En el interludio
colabora en bandas sonoras de las películas de su amigo Scorsese
. Hasta 1991 no publica una obra a la altura de su talento, el magnífico
Storyville (Geffen). En la actualidad lleva publicados dos
discos de recreación de la música de las tribus indias norteamericanas,
en un más que interesante acercamiento a sus propias raíces
mohawks.
Durante
los años noventas, los supervivientes, a excepción de
Robbie, publicaron nuevos discos bajo el nombre de The Band,
pero hay momentos totalmente irrepetibles y la magistral música
de sus grandes obras es, sin duda, uno de esos momentos. Esto nos hace
juzgar muy severamente, quizás demasiado, obras de la calidad de
Jericho (Pyramid), High on the Hog (Pyramid),
Jubilation (River North Records).
Simultáneamente
una cierta recuperación por parte de sectores muy conocedores de
la historia del rock se estaba produciendo pues, por ejemplo, Garth
y Levon aparecieron en el magistral Deserter´s Songs
(título también del capítulo de Mistery
Train dedicado a ellos) de Mercury Rev.
Sin embargo el fallecimiento de Danko en noviembre de 1999 redujo
la presencia de miembros originales a dos, y en consecuencia hacía
muy difícil la continuidad de La Banda, y abortaba por completo
la muy interesante carrera en solitario que paralelamente estaba desarrollando
Rick, y también su colaboración con Eric Andersen
y el músico de folk noruego Jonas Fjeld, que ya contaba
con un L.P publicado.
Y los problemas
continuaron al descubrírsele a Levon un tumor de garganta,
sin consecuencias fatales, pero que parece haber apagado para siempre
su espléndida voz.
La maldición de la vida en la carretera, de la que afirmó
Robertson que pretendía abandonar en aquel último vals,
ha hecho desaparecer de un modo u otro a las tres voces que convirtieron
a The Band en algo tan especial, tan genuino y tan irrepetible.
Pero en sus obras perviven del modo más hermoso posible.
ENRIQUE MARTINEZ
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