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De unos años hacia
esta parte la referencia a FAMILY se ha convertido en un tópico
inevitable que acompaña a cualquier grupo que facture pop, cante
en castellano y emplee la electrónica en su laboratorio musical.
Personalmente, harto de esa sistemática vulgarización por
parte de los sellos, la prensa y el público hacia los autores de
"Un soplo en el corazón", viendo como se
asocia con total impunidad su nombre a alguno de los engendros más
deleznables de surgidos en el último pop nacional, suelo no tomarme
en serio la cita de los de Donosti en ningún artículo. Por
ello cuando leí la preciosa crítica de Juan Manuel Freire
en RDL sobre "El artísta adolescente" (Jabalina,
2001) de los compostelanos DAR FUL FUL no pude más que pensar
algo así como "Buff, qué bonito que esto fuese verdad".
Sin embargo una sola escucha de este precioso mini-cd me ha llevado a
la conclusión radicalmente contraria: DAR FUL FUL son sin
duda el primer grupo que sin llegar -ni tampoco pretender hacerlo- a los
niveles de FAMILY , pueden ver empleado el nombre de estos en una hoja
promocional con propiedad y fundamento sin que te den ganas de matar a
su responsable. Así se lo comentaba a Marco Maril, la mitad
del grupo que completa Xabi Font (ex-Loopside), en la última
conversación que tuve con él y en la que pude comprobar
que su devoción hacia al mítico grupo de Javier Aramburu
es casi reverencial. "Son un techo inalcanzable y me fastidia
que nos digan eso de los `nuevos family´ , por que yo lo veo como
una falta de respeto, no hacia nosotros sino a ellos". Y no,
mente maliciosa, no había aquí falsa modestia, era sinceridad.
Tres años han pasado
desde "a." (1998) su primer mini-cd editado por el efímero
sello Splat, cuando todavía pertenecían al excitante
colectivo de Santiago llamado La Familia Feliz (en el que militaban,
entre otros, HEMISFERIO IZQUIERDO el desaparecido grupo paralelo de Marco),
todavía sin Xabi en el grupo, y uno no puede evitar esbozar una
sonrisa cómplice ante aquellas filigranas lo-fi como "Dyane
6" o "Películas en el pelo".
Entre medias la preciosa maqueta "La belle âge"
(2000), de la que ahora rescatan dos temas: "La belle âge"
y "Artista dolescente", ya nos ponía en
alerta de que aquí podía encerrarse algo verdaderamente
emocionante, pero, ¡oh!, la edición de "El artista
adolescente" ha desbordado las previsiones más optimistas
y se ha convertido en ESE DISCO. El que llevamos años esperando
tras nuestro primer soplo en el corazón, el que entremezcla el
vitalismo y la melancolía sin concesiones kitch supuestamente irónicas,
el que refleja el amor como combustible de vida en todas sus inesperadas
formas, el que emociona desde la mesura pasional, el que aborda la adolescencia
desde la madurez y la reflexión y no desde ese fingido peterpantismo
tan usual y tan poco convincente. Todo ello lo han dibujado dentro de
un marco tecno-acústico cuyos puntos de referencia podrían
encontrase en los antes citados FAMILY, los primeros SILVANIA , la cara
menos frívola de los PET SHOP BOYS, los THE MAGNETIC FIELDS, la
saga más melancólica de Sarah Records (BLUEBOY, FIELD MICE,
THE WAKE...),LA BUENA VIDA, los TREMBLING BLUE STARS o CARLOS BERLANGA,
con tal brillantez y pegada sentimental, que si este disco no aparece
entre los más destacados del año de aquí y de allá
(trabajos como así exigen ya que no existan diferencias entre listas
nacionales e internacionales), es que la sensibilidad y el olfato de la
crítica ha desaparecido por completo.
Espero que Marco no se
enfade con estas palabras, pero nada más empezar a sonar "La
belle âge" no pude mas que trasladar la mente a mi
primera audición de "La noche inventada"
de FAMILY. En efecto, se cerraron las ventanas de la habitación
y en mi mente se empezó a rodar un video-clip donde fotografías
sepia de enamorados ("He de decir que no, por que tu eres mi salvación
/fotogramas del delirio entre tu y yo, mi amor"), singles de
Sarah Records ("dejando a Harvey Williams detrás /los fallos
pasan sin andar") y pensamientos de escapismo y romanticismo
("diría que es hora se sonreír/ dejarlo todo y a
atarme a tí") se sucedían bajo un dinamismo tecnopop
ligeramente bailable. Los elementos y las sensaciones son diferentes,
el tacto similar. Y si la referencia a FAMILY se hizo inevitable, la etérea
introducción de "Fin de la primera parte"
me traslada a aquellos injustamente olvidados SILVANIA de "En
cielo de océano" (disco, por cierto, conseguible por solo
500 míseras pesetas en el catálogo de Elefant). Sin embargo
lo que en los peruanos era vapor de agua y trazos difuminados, en DAR
FUL FUL pronto se muta en concreción y precisión casi
geométrica para un tema que habla de corazones que se abren y ya
no se cierran, promesas que quedan en el aire y relaciones destinadas
a un penoso fin. Aunque de las tinieblas siempre se pude sacar una lectura
de esperanza ("y dentro de unos años cuando cese el dolor
/ buscará otros ojos para no repetir el error") para encontrar
otro corazón en el que asentarse.
"La noche te
descubrirá" ( ¿el momento pop más conmovedor
del año?) se dibuja con una delicadeza tal que cuando Xabi dice
"a veces, tus piruetas son tan solo lindos ojos para mí"
con esa dicción arrastrada y atropellada a uno le entran escalofríos
y la curva expresiva del disco roza el cielo mediante ese verso. Al instante
desemboca en un estribillo inmenso ("así son las cosas,
en mi nuevo mundo / en mi satélite emocional"), y los
arreglos orquestales de Arturo Vaquero (HUMANOID) y la trompeta
de Aitor Martínez (ambos bordándolo a lo largo de
todo el disco) lo convierten finalmente en algo completamente sublime.
En "Abril" letra y música se acomodan en
una fusión perfecta. El punto de partida es justo el momento después
de una riña de pareja ("Cuando todo empieza a suceder,
no puedo tan siquiera creer / que la niebla empieza a levantar y tantas
cosas a encajar, en torno a tu mirada") musicado de manera sobria
con un piano que marca el pulso de manera aún temblorosa. Poco
después, el ritmo se acelera y llegan los primeros gestos de complicidad
(" Si me permites acompañarte, viviré con solo mirarte/
y no, no habrá quien nos separe") hasta que desborda en
una nube de pop y amor eterno, de... "buff ¡cómo
te quiero!" ( "Y si la vida nos pone a prueba / tendremos
la persistencia de las olas del mar / y si el día nos da la espalda,
la noche de volver a cama para poder olvidar / para poder recordar un
te quiero en cada momento, un te comprendo sincero y volver a soñar
/ reír, pensando en que hubo un tiempo en que todo parecía
incierto y ahora es realidad").
(Un momento para contener
la respiración). ( ). ( Suspiro).

Permitidme que reproduzca
casi íntegra la letra de "Alma de tergal",
posiblemente la cumbre literaria de este disco: "Estoy aturdido,
no entiendo nada, ni siquiera lo que hago aquí / con mis peceras
seré feliz, con mis peceras detrás de mí", "Quiero
atraparme, huir de todo y desnudarme / ser vulnerable, sin orgullos ni
vanidades/ un, dos, tres, voy a empezar / un, dos, tres, quiero empezar
a tirar de mi", "Siempre estamos a punto de ahogarnos / siempre
estamos al borde del fin /interpretando un drama imperfecto / manteneros
a mi lado, hasta que llegue el final". (Otro suspiro). Sí,
la llegada de la madurez, cuando todas las emociones parecen estar bajo
control y uno, más confundido aún que en la adolescencia,
desea poderse quitar la careta y sentir como las cosas afectan de verdad.
El tenso telón musical que la cobija y que en su estribillo apunta
al modelo melódico más rutilante, la hace todavía
más grande.
Los dos temas finales del
disco entran ya de lleno en el terreno del puro deleite sentimental. El
sonido de vinilo y esa agarrotada parsimonia tecno típica en algunos
momentos de los TREMBLING BLUE STARS abre "En soledad"
y enmarca perfectamente una historia de angustias, silencios y, valga
la redundancia, soledades. Tras el grave recitado de Xabi ("cuando
se dispuso a regresar / no encontró la imagen de quien pacientemente
esperaba por el"), la voz de Irantzu Valencia (LA BUENA
VIDA) se adueña del tema y de sus labios salen palabras impregnadas
de tristeza ("No me habías hablado de este profundo pesar
/ no te imaginaba cansado de tu vida circular") y líneas
escritas con esa frágil y sentida caligrafía que se adueña
de la pluma tras haber llorado y sentir cierto alivio (" Es demasiado
tarde, ya sólo podemos hablar / a través de nuestros recuerdos
y la sinfonía del mar"). Imaginad estas letras visualizadas
por el ojo de Julio Médem, imaginad...!Ummm!."
Artista adolescente" ya era la canción más
bonita de su maqueta previa y, ahora, limadas algunas imperfecciones vocales,
superponiendo el violonchelo sobre los arreglos tecno y conservando su
atmósfera nocturna, se convierte en un tema más ensoñador
si cabe. Sus imágenes impactantes ("ya verás, podemos
funcionar como hombres de cristal/ ya veras, tendrás que enmudecer
y arroparte con tu piel") se encargan del resto, hacen volar
la imaginación y cierran el disco con tal embrujo que piensas que
durante 30 minutos has estado en otro mundo, completamente ajeno a todo.
Un mundo al que, por cierto, se parte desde (¡¡sí,
sí, sí!!) Galicia. Increíble pero cierto.
Discos así dan la
razón a uno cuando insiste en su obsesión adolescente por
el pop, como una inagotable, satisfactoria y necesaria fuente de introspección
y un alimento, que para aquellos que padecemos esa dulce enfermedad, se
vuelve vital. Escuchando cosas como "La noche te descubrirá",
"Artista adolescente" o "En soledad"
sientes que sus autores son personas especiales con el don mágico
de convertir las sensaciones más cotidianas en una pieza de museo.
Y hacen que tu al oírlas también te sientas especial. Con
sinceridad, con cariño, tocando esos resortes que todos sabemos
donde están, pero que solo unos pocos saben encontrar. DAR FUL
FUL han creado un disco precioso, una joya de belleza suprema donde
incluso todo lo extramusical ( el formato de mini-cd sin nada que sobre
o que falte, la cita interior de James Joyce de uno de cuyos libros
se sirven para titular el disco, el detalle de no usar sus apellidos,
un inmaculado diseño de Javier Aramburu que refleja a la
perfección su interior y hasta su precio, 1200 ptas) está
en perfecta armonía. Debería terminar estas líneas
con alguna frase lapidaria que incitase a la inmediata adquisición
de "El artista adolescente", pero al lado de una audición
todo quedaría superfluo. Xabi, Marco: gracias. Mi
corazoncito pop nunca lo olvidará.
JAVIER BECERRA
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