“Problemas, eso es todo lo que nosotros hemos tenido.

Y todo lo que se va,

vuelve en un lamento agridulce

Mi corazón ya se ha roto.

Buscando un sonido más dulce

Buscando un día más luminoso.”

“Trouble”. THE JAYHAWKS en SOUND OF LIES.

Disco ignorado por casi todos, incomprendido por muchos, y a la vista del desarrollo posterior de la trayectoria de los Jayhawks, probablemente odiado por algunos, “Sound of Lies” (American-Sony 1997) es, tal vez, el mayor legado de esta banda para el futuro. Quizá sea la obra, por encima del venerado “Tomorrow the Green Grass” o del seminal “Hollywood Town Hall”, por la que verdaderamente serán recordados, como poseedor una profundidad de la que, a mi entender, carecen sus dos sobresalientes predecesores y su notable sucesor, “Smile” (Sony 2000). Sin dejar de decir que todos los suyos son discos fundamentales para disfrutar de algo que escasea: calidad pura y dura en el contexto de la canción rock.

Éste es un momento tan bueno como cualquier otro para valorar este futuro clásico perdido del rock americano de los noventa en su justa medida. Cualquiera lo puede adquirir ahora mismo por menos de dos mil pesetas, así que es mejor hacerlo hoy que cuando lo descataloguen dentro de diez años, o lo reediten con inéditas y toda la fanfarria dentro de veinte. Como ocurre a menudo con este tipo de obras, sus circunstancias de gestación son determinantes de su tono y temática. Comparado a veces con el “Third / Sister Lovers” de Big Star, no es un producto tan descarnada y descontroladamente verista, sino un disco profundamente pensado, radicalmente inteligente y reflexivo; pero también, (y este es uno de sus méritos) completamente sentido y emocionante. Palabras del autor: “Hay mucha más emoción en este disco que en cualquier otro de los Jayhawks” . En cierto modo “Sound of Lies” es un reflejo del estado de ánimo consecuente de los dos divorcios que, de naturaleza diversa, sufrió por aquel entonces su principal compositor: Gary Louris. El primero, de su propia esposa. El segundo, de su compañero de fatigas y co-líder en los Jayhawks, de la persona que le invitó a ser parte de este grupo: Mark Olson.

Olson abandona su propio barco en 1996, para cuidar de su esposa la cantautora Victoria Williams afectada de Esclerosis Múltiple, y por fuertes desavenencias internas de la banda. Louris lo explica: “Sabíamos que algo iba a suceder, o yo lo dejaba, o él lo dejaba o lo dejaba Perlman. Incluso nos juntamos y comenzamos a trabajar en el disco, pero creo que todos lo sabíamos. Éramos como una vieja pareja de casados: habíamos adquirido una serie de hábitos difíciles de romper con la misma formación”.

Pero Olson también estaba harto y asqueado del negocio musical, de todo lo que rodea a este circo (PERLMAN EN REQUEST). Los Jayhawks fueron elegido en los tiempos de “Tomorrow The Green Grass” por la revista económica Worth como protagonistas de un reportaje, “Rock And A Hard Place” (“La espada y la pared”), que pretendía analizar el negocio de la industria discográfica, “en el que todo el mundo parece ganarse muy bien la vida, salvo los propios músicos”. Servían de ejemplo ilustrativo de cómo funciona una profesión en la que pese a que uno realice a la perfección su trabajo, se termina debiendo cada vez más dinero a tu sello discográfico en vez de ganarte la vida con dignidad.

La salida de Olson parece herir de muerte a los Jayhawks. Olson es el cofundador del grupo junto con el bajista Marc Perlman y esto parece terminar con su trayectoria. Pero después de un corto periodo de reflexión, Louris decide asumir el mando en solitario y continuar con el mismo nombre. A esas alturas era obvio que tanto en su faceta de compositor como en la de vocalista su papel en la banda es tan destacado como el de Olson, sino más. Claramente el talento de Louris es más que suficiente para liderar una banda en solitario, rompiendo esas armonías a dos voces al estilo Everly Brothers que se habían convertido en el sello de los Jayhawks y alterando la, por entonces rígida, dinámica interna del grupo: “Perdimos un cantautor y ganamos una banda. Sound of Lies es un auténtico esfuerzo de la banda, mientras que antes era más Mark y yo [...]” (Louris).

Después de los fallidos intentos de trabajar sus nuevas canciones con el antiguo estilo y formato incluso después de la espantada de Olson, Gary realiza un viaje de esparcimiento en su coche en compañía de las cintas que contienen las maquetas de las nuevas canciones. A su regreso se reúnen todos en su casa y ante la ausencia de un kit de batería las ensayan de modo acústico a la guitarra y el piano, y así surge el nuevo modo de construir las partes vocales del grupo. Posteriormente, ante la insistencia de Perlman comienzan a introducir arreglos más complejos, mientras que la interacción de una banda que disfruta oyéndose tocar, que anima y potencia las participaciones de todos va añadiendo fuerza al sonido, y ese perfil casi épico de algunas composiciones termina por surgir de un modo espontáneo y sorprendente.

Los Jayhawks están mudando su plumaje a una velocidad vertiginosa. Se han abierto a influencias a las que se habían cerrado conscientemente. Para ellos, en su momento, adoptar el estilo de Country-rock que les definía en sus comienzos fue un acto de rebeldía y distinción en la escena del Medio Oeste de los USA en plenos años ochenta, rodeados de tótems del rock independiente de influencia punk y hardcore como Hüsker Dü, Replacements y Soul Asylum. Pero su abanico de intereses, al menos el de Louris y Perlman no se agotaba en Gram Parsons, del que tampoco reniegan.

En verdad el esfuerzo se palpa más plural. Desde la apertura con la inconmensurable “The Man Who Loved Life”, en la que el protagonismo comienza siendo de la teclista Karen Goteberg al piano, y poco después de la primera intervención de la siempre emocionante voz de Louris, el bajo de Marc Perlman aparece a un volumen desconocido en la discografía de los Jayhawks, para dibujar una deliciosa línea melódica subterránea que colorea toda la canción. Y el portentoso estribillo “in crescendo”, cabalgando sobre la electricidad de la guitarra de Louris pero también de unas gloriosas armonías vocales, cantadas por todos los antaño “actores secundarios” y las nuevas incorporaciones al unísono, es el “punch” definitivo, cuando tan sólo llevamos escasos segundos inmersos en el disco. En los grandes L.P´s de los últimos años, quizá he escuchado comienzos tan buenos como éste. Sin ir más lejos los propios Jayhawks con “Blue” en “Tomorrow The Green Grass”, o con “Smile” abriendo su penúltimo lanzamiento. Pero no me he encontrado con ninguno mejor, con una invitación tan irresistible a seguir. El espacio que ha sido otorgado a los antiguos miembros de la banda es aprovechado por éstos sin ningún error o desperdicio. El propio Perlman colabora en la composición de varios de los mejores temas.

Pero los Jayhawks también habían salido reforzadísimos con la incorporación de Tim O´Reagan, sobrio batería, pero sobre todo excepcional cantante y notable compositor a la vista de “Bottomless Cup”, su aportación como compositor y voz solista. Y si esto sumamos la presencia constante y acertada en todo el disco de la ex – violinista de los Geraldine Fibbers Jessy Green y la de la guitarra de Kraig Johnson, líder de Run Westy Run y colega en Golden Smog, el impulso al nuevo sonido es definitivo.

Para producirlo abandonan al siempre brillante, pero también caro y exigente George Drakoulias por su amigo Brian Paulson, con el que obtiene una mayor libertad creativa. Y esto se concreta en la forma de las canciones, “progresivas: más largas, eléctricas y complejas; repletas de “puentes” (o “middle eights” como le llamaban los Beatles), de fragmentos instrumentales o vocales añadidos a los proverbiales estrofa y estribillo, que complican las canciones en un principio, pero que las hacen más capaces de perdurar en tu interés en el largo plazo. Hoy Louris piensa que las canciones de Sound of Lies son demasiado largas. A mí no me sobra un minuto de este disco.

Lo que resulta evidente desde la primera escucha es que éste es un disco de pop y rock en un sentido amplio y ambicioso, no un ejercicio de estilo constreñido a las coordenadas de un subgénero. Las tonalidades country no dejan de ser un color más de la inmensa paleta que emplean en este álbum, repleto de detalles sorprendentes si tenemos en cuenta los precedentes. Una obra menos pulida hasta la perfección que “Tomorrow The Green Grass”, pero también más infecciosa, menos aséptica.

El disco no engaña, afirma desde el principio, en “The Man Who Loved Life” ser el lamento agridulce del que habla otra de sus canciones: “Trouble”. Nos advierte de que en el viaje al que nos invitan vamos a disfrutar, pero también vamos a sufrir: “¿Cogerás mi mano?/¿Serás mi amigo?/¿Seguirás mi consejo/ y te marcharás?/ Cuando los días se hagan más cortos/ y vengan mal dadas/ ¿Estarás allí?/ ¿Aguantarás?” . Después de lo sublime de estos momentos, está claro que nos quedamos. Que vamos a aguantar con ellos hasta el final.

Los lamentos de Louris comienzan desde el principio, las penurias de la banda nos son relatadas de modo crudo y sincero: “Tanto como entregues/ te engañarán/ Esta banda errante no fue bien recibida/ Nada de brazos abiertos, o líneas de bienvenida/ Tan sólo manillas, con estrellas de cinco puntas” . Las dos traumáticas rupturas que sobrevuelan el disco se manifiestan esencialmente en dos canciones, aunque impregnen el tono general de todo el disco. “Trouble” se dirige directamente a Olson: “Estoy con la vista en suelo/ ponte a un lado, contempla la luz, cierra los ojos/ y déjanos vivir nuestras vidas/ Mientras ellos se reúnen alrededor del barco que se hunde/ buscando un mejor camino/ Parecías tan por encima de todos nosotros/ Tan sólo era un ciego guiando a otros”. “Stick In The Mud”, claramente a la ex – esposa de Louris, sin aparente rencor: “He estado saliendo adelante/ no llevo ninguna cruz/ pero aún estoy intentándolo/ Me tienes de rodillas/ rogándote por favor que no te vayas/ Déjame ser amable contigo/ Todavía eres mi mejor amiga/ ¿Quién dice que esto es el fin?/ ¿Por qué las buenas cosas nos separan?/¿Por qué todos tenían que tomar partido?/ El último en salir gana la carrera/ Tienes los ojos más dulces/ simplemente no sabes ser mezquina”.

En la delicada “It´s Up To You” no sale tan bien parada, aunque quizá no sea la misma persona; o tal vez sea esa otra cara que todos tenemos: “No eres una princesa/ eres una prima donna/ no puedes entender por qué no te dieron el mundo en una bandeja/ Ya sabes, depende de ti/ Cuando estás en lo profundo de tu cabeza/ justificas la culpa”.

De todos modos, no estamos ante un disco conceptual o narrativo, sino más bien una obra unida por una tonalidad oscura que se proyecta sobre su globalidad, por una melancolía generalizada. Así tanto “Sixteen Down” (en un relato al estilo de las “murder ballads” góticas) o “Think About It” exploran una temática diferente a las relaciones sentimentales frustradas: la muerte. Aunque la última no deja clara la razón del suicidio que nos cuenta, o tal vez sí: “El esfuerzo del amor los había puesto de rodillas”. Mientras “Big Star” demuestra la inteligente ambivalencia del disco, la madurez de un autor lejos ya de ser un adolescente cabezota y soñador, en una canción en la que al principio cuesta encontrar el punto de vista que defiende, si el irónico o el literal: describe el modo de vida de las estrellas de rock con sorna, pero también como un deseo; retrata al autor como “Una vieja gloria a los escasos treinta y cinco” pero que se reafirma en que “no soy de los que abandona” . Pero finalmente procede a definirse: después de un delicado interludio en el que el cantante (y la banda con su instrumentación) se lamenta que sea “tan duro seguir adelante” , el contundente estallido de un golpe en la caja de la batería y la irrupción del torbellino que es la banda a pleno rendimiento termina de acompañar a ese estribillo ( “Algún día seré una gran estrella” ), que definitivamente resulta optimista respecto al futuro, pero también producto de un reflexivo y realista reconocimiento de la situación actual.

Pese a todo esto, es obvio que las relaciones torcidas, los malentendidos, los errores a la hora de afrontar las propias emociones son el “leit motiv” principal del disco. “Poor Little Fish” según Louris “trata sobre alguien atrapado en la trampa de culpar a alguno de su pasado de lo que es ahora”. El protagonista de “Haywire” le está diciendo a alguien “Mi vida se ha vuelto loca/ Tan sólo soy una brizna de hierba meciéndose a tu sombra” . Incluso la canción de O´Reagan parece encajar en este estado de cosas: “Creo que te decepcioné”.

Así es como “Dying In The Vine” se convierte en la pieza central, en el gran logro de “Sound of Lies”, y la llave a las puertas que han seguido abriendo posteriormente, tanto en “Smile” como en el sublime “Weird Tales” de Golden Smog. La difícil estructura de la canción, su cíclico desarrollo, sus frecuentes cambios de ritmo acompañan a un relato aparentemente tan personal y anecdótico que resulta difícil de seguir, pero en absoluto de entender su simbolismo. Porque frases como “Cariño, he tenido bastante/ alzo la bandera, me rindo/ Estoy cansado y asqueado de vivir mi día en un sueño/ Quiero ser el primero que lo diga: o blanco o negro, nunca gris/ Hoy no me apetece ser yo mismo/ Me muero en las sombras/ Deprisa, deprisa, se hace tarde/ Tengo la lengua trabada, pero ahora voy a alguna parte” y la de ese devastador estribillo: “Nena, asustado de ti, asustado de ti” , las entiende cualquiera. Al menos yo creo entenderlas perfectamente.

Pero queda la duda del porqué del título, de la razón para dejar de cierre esa canción en concreto. Esa canción que asevera eso de “El sonido de las mentiras suena extraño frente a la verdad” , cuando en “Trouble” nos había dicho que “Hay un poco de verdad en cada mentira”. La explicación de Louris es más que satisfactoria: “Era una de las canciones que tenía una de mis favoritas. Parecía resumir algo del periodo oscuro por el que pasaba mi vida, que impregnaba las letras. Realmente trata de la sensación física, el sonido de las mentiras para mí es como si tu cuerpo fuese una caja de resonancia. Y cuando mientes es ese tintineo en tu cuerpo que te come por dentro. Como cuando intentas ocultar tu vida a la persona que amas, cuando eres infiel y no lo descubren. Pero al final eso te alcanza. Es básicamente una celebración de la verdad. Aprender a decir la verdad. La verdad siempre es lo mejor. Era un tema recurrente en varias canciones, así que me pareció un buen título”.

Me están dando ganas de dejar de ser tan cínico, de darle la razón a Louris, de creer que decir la verdad siempre es mejor. Porque cuando Louris nos habló del sonido de las mentiras, no se escondió en ningún momento: nos estaba contando la verdad, su verdad. Y nada puede ser mejor que estas doce canciones, estas doces verdades que forman el sonido de las mentiras.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Marzo 2001/Noviembre 2005)