En cierta ocasión JEFF TWEEDY, cantante, guitarrista, líder y principal compositor de los imprescindibles WILCO dijo: Cuando estábamos en UNCLE TUPELO yo era percibido como el chico feliz, y pop, mientras que Jay era el gran poeta oscuro. Pero qué importa, tan sólo es una cuestión de ego.

Desde luego, la compañía en los seminales UNCLE TUPELO de una voz como la de JAY FARRAR (un escritor difícil, inescrutable en la mayoría de las ocasiones, que parece aprehender la esencia de las cosas, al que no entiendes, pero comprendes) suponía para Tweedy una menor atención sobre sus letras, más vehementes y directas. La trayectoria de FARRAR en SON VOLT ha coincidido en temática y tono con su trabajo en los TUPELO: relatos sombríos en la tradición de las murder ballads, descripciones de una América eterna y oscura, un enfoque de los sentimientos que roza lo inefable.
Pero con el transcurrir de los discos publicados con WILCO, las letras de Tweedy revelan una calidad e interés inesperados y sorprendentes. Engañan en su aparente sencillez, pues están repletas de profundidad. Por extrañas que parezcan en ocasiones, siempre que termina una canción de WILCO, te da la sensación de haberla comprendido, de saber de qué trata. Pero esto no hace más liviano o trivial su contenido.

Su aportación más original es el desarrollo sostenido de una temática que no es otra que el propio rock´n´roll, contemplado desde diversas perspectivas, todas ellas sentimentales. Quizá sea el signo definitivo de la muerte del rock´n´roll que algunos nos negamos a creer: que se transforme en un género esotérico y auto-referencial, que hable de sí mismo y de su propia mitología. Y si la crisis del género puede ser más o menos evidente, la que es innegable es la del número, pues ¿cuántos discos de rock realmente transcendentes se han publicado en los últimos años?. Muchos menos de los que nos gustaría a algunos. Pero discos como los de WILCO sí que te reconcilian con la vitalidad del rock, al menos durante el tiempo que tardan en acabar.

Being There(1996) quizá sea el disco de más calado que haya publicado WILCO por ahora, más allá de que sea un disco doble sin excesiva grasa en estos tiempos de metrajes obesos y vacuamente desmesurados, engordados más con hormonas que con auténtico forraje. Es la emoción con la que trata su singular temática, con la que cualquier aficionado al rock se identifica de modo total, la que lo convierte en un disco de cabecera. Tweedy lo escribió antes, durante y después del nacimiento de su hijo Spencer, y en las canciones intentaba demostrarse a sí mismo que la música ya no era lo más importante de su vida, para terminar descubriendo con resignación, que lo continuaba siendo.

Hay otras declaraciones de Tweedy que me llaman la atención: Daría cualquier cosa por ser capaz de escuchar la música como lo hacía cuando tenía catorce años. Incluso dejaría de tocar a cambio de recuperar ese sentimiento, esa excitación del descubrimiento. Cuando las leí no pude por menos que sonreír al descubrir en Tweedy a un tipo muy especial precisamente por su sincera normalidad. Todos los que hemos construido nuestra educación sentimental con la argamasa de nuestra colección de discos, aquellos que localizábamos los confines del mundo dentro de una canción que indefectiblemente había sido escrita sobre y para nosotros, que creíamos ver en los discos la historia de nuestra vida, no podemos menos que reflejarnos en las canciones que sobre esta y otras patologías producidas por el mismo virus ha escrito Tweedy en los últimos años. Porque una vez superado, en parte, ese sarampión adolescente, empíricamente atribuible a un torrente de hormonas, resulta más difícil que la música te golpee de aquella manera. Pero ahí está el truco: si dicha música trata sobre aquel modo de sentir, sobre si misma y sus efectos sobre nosotros, es cuando te vuelve a enfermar sin remedio. Aunque, naturalmente, al traducir las letras nos perdamos toda la aliteración y rima que Tweedy maneja con soltura e inteligencia.

Sería interesante para comprender todo esto tener en cuenta la colección de discos de Tweedy, de la que le encanta hablar en las entrevistas. Mucho más completa y variada de lo que podría parecer, no se compone exclusivamente de country y folk prehistóricos, o de rock de raíces. En los tiempos de UNCLE TUPELO todo el mundo destacaba la reivindicación y repaso del cancionero tradicional americano, principalmente country y folk, que realizaban, y se hablaba poco de la vena punk de casi la mitad de los temas que compusieron para sus visionarios primeros discos. Pero uno de los temas punkys compuestos por Tweedy para su segundo largo Still Feel Gone era todo un homenajee póstumo al líder de los MINUTEMEN, una de sus bandas favoritas. En D Boom dice cosas como estas: ¿Te acuerdas de D Boom?/ Parte de lo que él era, ahora es parte de mí […]Esto está escrito para cualquiera/ Trata sobre mí/ Esto no está escrito para nadie vivo/ Sólo las canciones que cantaba. Esta canción anticipa Being There, un disco del que Tweedy dijo que debía transmitir la sensación de representar a un grupo de músicos disfrutando al repasar su propia colección de discos. Muy inteligentemente esto le sirve para que su público entienda el mensaje, pues los referentes musicales de este disco se encuentran principalmente en los ROLLING STONES de su etapa dorada y otros apóstoles del rock clásico de finales de los sesenta y primeros setenta (DYLAN, FACES, VELVET, THE BAND…etc.), que lo más probable es que sean los discos con los que su público enfermó de música, por mucho que una parte importante de éste acabase transformándose en una especie de puritanos del country alternativo, después de haber descubierto con seguridad a HANK WILLIAMS y la CARTER FAMILY a través de los discos de UNCLE TUPELO.


Pero también juega con ventaja, porque de un modo sutil es un excelente cantante. Hasta que un amigo no me lo indicó no me di cuenta, pero Tweedy es un inteligente vocalista de rock, con un registro limitado y una textura ronca y pastosa, en las antípodas de los histriones al uso, de los THOM YORKE y JEFF BUCKLEY de este final de siglo. Él se encuadra más en la tradición que representan gente como el MICK JAGGER de la etapa del Exile On Main Street, NEIL YOUNG, JOHNNY CASH, el TOM PETTY más maduro, de STEVE EARLE, el propio JAY FARRAR: gente que sin unas condiciones innatas sobrenaturales, logran que seas incapaz de poner en duda ni una sola palabra de lo que te cuentan. Hasta tal punto llega la credibilidad de lo que canta Tweedy que algunas de las líneas incluidas en Summerteeth (1999), Ella me suplica que no la golpee ("She´s A Jar") o Soñé esta noche con matarte/ y me hizo sentir bien ("Via Chicago") han generado mucha preocupación entre algunos por la salud de la señora de Tweedy, obligando a éste a dar explicaciones y negar que maltrate a su esposa.

Being There comienza su repaso por la mitología rock en su primer corte, el complejo Misunderstood, en el que trata la figura del músico incomprendido: "Escaso de objetivos a largo plazo/ hay una fiesta a la que todos debemos ir/ ¿Amas todavía el rock´n´roll?". Para profundizar en esto cita unas estrofas muy ajustadas del Amphetamine de PERE UBU "Llévate al guitarrista a dar una vuelta/ nunca ha estado satisfecho/ piensa que tiene alguna clase de deuda/ pasarán años antes de que lo supere". Pero la apoteosis llega al final, con la tormenta generada por la banda como telón de fondo: "Tan incomprendido, tan incomprendido/ Os quiero dar las gracias por nada/ Por nada en absoluto". Y prosigue repitiéndolo durante un buen rato, transmitiendo los sentimientos del típico artista arrogante a la Roger Waters que odia y desprecia a su propio público.

La stoniana Monday es la primera que trata las desventuras de los músicos enfrentados a su vida diaria: "Chew-chew Charlie tenía una banda estupenda/ Pero no podía entender por qué nadie iba/ Los grandes éxitos de gira por Japón/ Charlie está reparando su furgoneta con el brazo quemado". Más triste resulta Red-eyed And Blue, donde la descripción de la rutina del estudio de grabación y de la escasez de medios, es empleada para resaltar su nostalgia por su mujer: "Tenemos tecnología sólida/ y cintas en el suelo/ algunas canciones que no nos podemos permitir tocar/ Cuando llegué hoy aquí, todo lo que quería contar/ era cuanto te echo de menos/ Alcohol…y bolas de algodón/ y algunas drogas que no nos podemos permitir en camino". Hotel Arizona continúa en esta línea costumbrista: "Un hotel…en Arizona/ nos hace sentir como estrellas".

Pero la pieza central del doble L.P es Sunken Treasure. En ella comienza realizando una comparación entre las relaciones personales y la música ("desafino tanto contigo"). Pero es en disonante caos del final cuando la naturaleza del disco se manifiesta, pues mientras los músicos improvisan una muralla de sonido, completamente compenetrados con un Tweedy al que (del mismo modo que el potencial oyente) comprenden perfectamente, éste recita emocionado las frases más intensas del disco: "La música es mi salvadora…/ Y fui mutilado por el rock and roll/ y fui mutilado por el rock and roll/ y fui domesticado por el rock and roll/ obtuve mi nombre del rock and roll". En las letras oficiales aparece otra frase, que Tweedy no entona en la versión recogida en el disco pero que sí canta en directo, y que es una síntesis, pero también una obviedad a estas alturas: "No es lo mismo sin el rock´n´roll".

Lo sensacional es que todo este fragmento fue improvisado, escritura automática, producto de la intensidad del momento y de la interacción con la banda. Pero una vez que lo escucharon pasmados, se dieron cuenta que el disco convencional de cuarenta minutos que habían planeado estaba incompleto, que esta canción abría un filón temático en el que debían picar concienzudamente. (Teníamos el estudio preparado para otra canción y todo el mundo se tomó un descanso y yo entré y comencé a tocarla, porque pensaba que todavía no nos habíamos hecho con ella. Entonces nos sentamos y la tocamos dos veces consecutivas y nos metimos tanto dentro de ella que el sentimiento nos llevó hasta el final en el segundo pase. Lo que escuchas es simplemente la toma de la segunda vez que hicimos esa canción entera. Nunca pretendí que tuviese esa parte ruidosa al final y fue totalmente improvisada, como la letra de esa segunda parte. De hecho yo estaba moviendo los brazos intentando que parasen, pero no lo hicieron.).


Mientras, Someone Else´s Song nos remite a aquella Borrowed Tune ("Tonight´s The Night") de NEIL YOUNG, otro de los indiscutibles referentes sonoros de Being There. El sentido de la letra es simétrico y el desarrollo, brillante: "No te puedo contar nada que no sepas ya/ lo sigo intentando, debería dejarlo correr/Yo sigo cantado, y tus ojos tan sólo pasan/ Suena como la canción de otro/ de hace mucho tiempo. /Ya conoces la historia/ y los acordes son los mismos/ Tu ya sabes que te quiero/ y yo sueno como…aquel tipo…/ Pero no me puedes parar/ Quiero que lo sepas/ Y ya sé que suena como la canción de otro/ de hace mucho tiempo.". Es el miedo al bloqueo creativo, la dificultad de escribir algo original a estas alturas, enfrentado a la invencible necesidad de hacer música para expresarse.

Pero el hilo argumental de Being There resulta difuso, tenue, como en Summerteeth, casi intangible, ya que no todas las canciones tratan aparentemente de estas cuestiones, pero las que sí lo hacen están situadas estratégicamente.

Así, The Lonely 1 sorprende por el modo en el que un músico profesional todavía es capaz de describir lo que siente un fan de un modo tan preciso. Y es que Tweedy transmite la sensación de que pese a su actual status, él sigue siendo un fan, reverente y mitómano. En sus propias palabras: "A mucha gente no le importa quién es Ian Hunter, pero si estuviese en la misma habitación que él, no sería capaz de hablar". La mención a IAN HUNTER no puede ser más significativa, pues se trata de un claro antecedente en esta labor de utilizar al rock´n´roll para desentrañar su propia mitología, para regodearse en el disfrute que supone su existencia, pero también para descubrir sus miserias internas, y así destruir amablemente sus mitos y leyendas. En sus canciones para MOTT THE HOOPLE como One Of The Boys, All The Way From Memphis, The Golden Age Of Rock´nRoll, Honaloochie Boogie o Saturday Gigs HUNTER glorificaba el mismo Rock´n´Roll descrito en la reveladora The Ballad Of Mott como Un juego de perdedores.

Heredando este enfoque agridulce, la descripción que en The Lonely 1, realiza Tweedy de la figura del fanático seguidor de músicos transmutados en héroes, resulta muy compasiva, pues aunque los fans quedemos retratados en nuestra ingenua vehemencia, la canción invita a la ternura. (Después del concierto pasaste justo al lado/ los brazos buscaban tu autógrafo/ y mientras enseñabas tu pase de backstage/ capturé tu mirada con mi cámara/ Cuando la banda apareció permanecieron detrás de ti/ los timbales explotaron, las luces se hicieron azules/ Tú sólo en el halo de niebla/ guitarra brillante colgada de lamé dorado/ Y tú eras el solitario/ Eras el solitario./ Cuando tú actúas, es tan intenso/ cuando los críticos te ponen mal escribo para defenderte/ Ya sé que soy sólo un fan, sólo soy un fan/ Cuando llego a casa apago la alarma/ compruebo el teléfono, no hay mensajes/ Me pongo las de ayer/ Pongo tu canción sólo para escucharte decir que…/ Tú eres el solitario/ Que tú eres el solitario…).

Pero el estudio de Tweedy sobre su relación sentimental con la música y los músicos no se agota en Being There. En los dos álbums del super-grupo del country alternativo GOLDEN SMOG introdujo canciones que, temática y musicalmente, tenía un hueco en su disco-tesis. Coescribió con Gary Louris (JAYHAWKS) Radio King para Down By The Old Mainstream, una descripción de la hermosa experiencia que supone enfrentar un largo trayecto en carretera con los sonidos que más aprecias (Tu música llena mi coche/ tu voz se rompe cada vez/ Todavía me pregunto/ si sé quién eres/ Yo me cuelgo de cada línea.). Curiosamente esta sensación también encontró eco en un tema de Farrar para SON VOLT, la exquisita Windfall (Sintonizando una emisora nocturna/ en algún lugar de Lousiana/ Suena a 1965/ pero ahora mismo suena a gloria).

Y para Weird Tales dibuja otro delicioso retrato de un fan, quizá más divertido y sarcástico que el de The Lonely 1, en la estupenda I Can´t Keep From Talking, porque habla de un tipo de fan más obsesivo, más adolescente, más patético: "Oye, ¿no es estupendo que estemos vivos?/ He estado tumbado esperando/a que tú salieras/ Sé que no me conoces/ pero yo sé mucho sobre ti/ Tú eres el que me conoce mejor que yo mismo/ Cuando vuelva a casa/ voy a poner tus discos/ a toda leche/ Y cantaré con ellos/ Me sé todas las letras/ de todas las canciones/ y no es que me importe/ pero esta noche cantaste una mal/ Quería contarle al mundo un poco sobre mí/ Darme cuenta de mis sentimientos/ y ponerlos en un estante/ Después saltar por la ventana/ y así todos sabréis de que iba la cosa/ porque no puedo estar ahí para ayudarte/ a que lo descubras./ No puedo parar de hablar sobre ti/ Y sólo quiero darte las gracias/ por hacer lo que haces".

Una vez llegado a este punto, parece que Tweedy ha terminado de comprender la naturaleza obsesiva de su relación con la música, reconoce la imposibilidad de desengancharse, e intenta encontrarle un acomodo dentro de su condición de adulto. Las canciones que ha escrito le han servido de reflexión y decide aparcar el tema. Así, en Summerteeth, su disco de 1999, abandona estos derroteros para construir las canciones en las que tal vez dentro de unos años alguien piense a la hora de escribir otro The Loney 1. Canciones tan sentimentalmente transparentes como How To Fight Loneliness: "Cómo combates la soledad/ Sonríes todo el rato/ Abrillantas tus dientes hasta el absurdo/ Los afilas con mentiras/ Y cualquier cosa que suceda/ Te va a perseguir/ Así es como combates la soledad/ Te ríes de cualquier chiste/ Arrastras tu manto ciegamente/ Llenas tu corazón de humo/ Y lo primero que querrás/ Será lo último que necesites/ Así la combates./ Tan sólo sonríes todo el rato/ Tan sólo sonríes todo el rato".

De este modo resulta evidente que Tweedy puede tener tranquilo su ego, pues una cosa es ser directo, y otra muy distinta es ser simple e irrelevante. En sus discos, en sus prodigiosas canciones, hay alimento para el espíritu. Y del más nutritivo.

ENRIQUE MARTINEZ