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Recuerdo en aquella mítica
crítica de Jesús Llorente sobre “Una
semana en el motor de un autobús” de LOS PLANETAS
publicada en su día en Rockdelux que, refiriéndose a su
espíritu, decía algo así como que era un disco que
reflejaba ese momento en el que te das cuanta que las cosas que antes
hacías por narcisismo ahora las haces por aburrimiento. Cuando
se publicaron esas líneas yo apenas tenía 22 años
comiéndome la juventud a mordiscos día a día y por
esas fechas de locura e inconsciencia pasé, entre otros muchos,
dos memorables y lisérgicos días en el eje Vigo-Santiago
junto a Gonzalo (guitarrista y voz de NADADORA)
dignos de figurar en formato canción en un grandes éxitos
planetario entre a “La Caja del diablo”, “Rey
sombra”, “Toxicosmos”, etc... Recapitulando
y por comparación ( y aclaración), me doy cuenta de que
no, no fuimos nerds, ni calimeros sin solución posible como es
tan habitual entre quienes se mueven en el mundo pop y ansían despertar
instintos maternales con cada canción que componen o en cada línea
que escriben, ahora que ha empezado en plan “ La Revolución
de los Novatos”, ya de adultos, su verdadera adolescencia.
Más bien fuimos adolescentes exprimiendo la vida hasta la última
gota, inconscientemente subidos a lomos de esa montaña rusa que
te ofrece la vida cuando estás entre los diecialgo y los ventipocos
y aún no se terminaron los colores con los que pintar cada nueva
sensación que te da la vida.... Pero el tiempo pasa y el fin de
semana pasado, con la excusa del concierto del excepcional concierto de
los Tindersticks en A Coruña y más de cinco
años de por medio , volvimos a salir de copas toda la noche ya
de manera más moderada y “racional”. Retornando a casa
mientras amanecía, hablábamos de cómo les había
ido la vida a muchos amigos y conocidos comunes y lo raro que nos sentíamos
nosotros, conscientes de que ahí no encajábamos y, lo peor,
que tampoco queríamos encajar pese a la inercia que parece que
lo arrastra todo, ahora que incluso tenemos novia estable (¡y a
la que le somos fieles!). Algo así como ir sentando en el bus con
una chica que escucha en el discman a los Presuntos Implicados, pero lo
hace a tal altísimo volumen que al final no te queda más
remedio que escucharla para desgracia de tus oídos.
En estos momentos, con
28 pesados años cada uno a las espaldas y en circunstancias vitales
harto similares, tenemos nuestra particular burbuja en la que aislarnos
a tiempo parcial de toda esa gama de grises que nos ofrece la vida “adulta”,
la responsabilidad y las sonrisas serviles con el piloto automático.
La mía la están leyendo en estos momentos y la suya se llama
NADADORA, un quinteto de O Grove (Pontevedra) del que
ya se habló aquí de su primer demo y que hace nada acaba
de grabar este “En Cielo de antenas”, seis
canciones que me tocan cerquísima, tanto que, por momentos me atrevería
a decir que no hacen sino articular muchos de mis pensamientos y, como
siempre les digo a ellos, más que recordarme a este o aquel grupo,
más que encajar en este o este otro estilo, el lugar al que me
trasladan cada vez que las escucho son a esas conversaciones de 7 de la
mañana de complicidad bañada en whisky, fotogramas de una
loca adolescencia disparados a cámara lenta y el fantasma de la
inmadurez crónica envolviéndolo todo entre sonrisas y miradas
de resignación,... mientras de fondo parece escucharse una banda
sonora que diluye la excitación juvenil de LOS PLANETAS en la fina
melancolía de LA BUENA VIDA.
En efecto, Gonzalo , es otro de tantos que allá
a mediados de los 90 quedaron abducidos por los círculos concéntricos
de la portada del “Super 8” de los granadinos.
Él es quien compone las canciones de NADADORA
y, eventualmente, también las interpreta como un mate que encuentra
su aplastante brillo en Sara, complemento e interlocutora
idílica de ese amasijo de sensaciones antes mencionadas, acariciándolas
hacia los paisajes otoñales de LA BUENA VIDA con el delicado y
bellísimo tacto de su voz.

Dos ejes por los que planea
el pop detallista y de aspiraciones ensoñadoras de esta formación
que, ya de entrada toca la fibra sensible al acudir en el primer tema
a uno de los favoritos literarios personales de mi adolescencia. Sí,
“La Espuma de los Días” esa
fantástica novela romántica de Boris Vian
sobre dos parejas que habitan en un mundo surreal, truncado con la pérdida
de la inocencia y, que quienes la hayan leído, coincidirán
conmigo en que se trata de uno de esos libros que se quedan en el corazón
para siempre. La influencia no solamente se queda en el tema mencionado,
sino que bien podría ser el esqueleto argumental de los seis temas
que conforman esta demo: esa “burbuja” unas veces recia y
hasta rebelde, otras frágil y vulnerable en la que hay cosas que
importan mucho y cosas que no importan nada, prácticamente en proporción
inversa a lo que es “normal”, como dicen ellos en “El
final de la Fiesta”, entre aquellos que enseñan
qué deseos hemos de dominar.
Llegado a este punto hay
dos formas de mirar este ramillete canciones que conforman “El
cielo de Antenas”. Una sería enclavándolos
en una suerte de híbrido entre LOS PLANETAS del “Pop”,
LA BUENA VIDA del “Panorama” y un intermitente
tick RADIOHEAD circa “Ok Computer”, sin parecerse
en exceso a ninguno de ellos y optando por un camino tan reconocible y
familiar como decididamente personal, basado siempre en medios tiempos
de inclinación psicodélica que arrullan textos crecidos
al amparo de esa difusa y conflictiva etapa comprendida entre el ser joven
y el hacerse adulto. Decir también que ese sonido abrigando la
voz diamantina de Sara, presenta algunas disfunciones
de grupo primerizo que no logra sacar todo el partido a sus posibilidades
épicas, que por momentos abusan de la suavidad cristalina en unas
canciones que a veces piden mucha más contundencia, (otras –me
permito sugerir- les sentaría a las mil maravillas un nebuloso
baño shoegazer que acentuara más su lado dream-pop) y, finalmente,
que uno tiene la sensación de que la mezcla final han quedado reflejadas
todas las dudas de su inexperiencia. Se debe señalar también
un diseño de portada muy logrado (accidentalmente parecido al “Frecuencias
de un Rojo Devastador” de EMAK BAKIA) y, ya verán,
una super atractiva imagen de grupo (esto es pop, señores) que
romperá más de un corazón (de fans, de periodistas,
de fotógrafos...) en mil pedazos. Ya verán.
Pero también podemos
arrancar la primera hoja del libro de “Crítico Musical”
como en aquella conmovedora escena inicial de “El Club de
los Poetas Muertos” y dejarnos de calificaciones medias
y notas globales, siempre tan frías, siempre tan racionablemente
adultas como un estudio de rendimiento de tu puesto trabajo en tal o cual
empresa para saber si eres rentable. (Crashhhh!!!!). Y darse cuenta como
este grupo logra aprehender, entre armonía, melodías y chiribitas
espaciales, “eso” que merodea en la mente de muchos de nosotros.
Líneas como “ Nos esforzaremos en no aprender / Nos esforzaremos
en no saber / Nos encerraremos de nuevo para ser / los cientos y cientos
de cosas que no podremos ser ” ( “Cientos
de Cosas” ) o “Ahora que llega el final
de la fiesta / ahora que parece que ya es hora de terminar / volveremos
a empezar ” ( “El final de la fiesta”)
no son más que sublimaciones en clave pop de las imágenes
que nos asaltan de continuo en esa esquina de la habitación de
la que, muertos de miedo, nos negamos a salir, de cómo hacer de
nuestras tonterías una coraza para poder hablar nuestro lenguaje
sin interferencias y así preservar eso que nos hace diferentes,
a ratos brillantes, a ratos perdedores. Canciones entre la reafirmación
y la tristeza contenida, que en su abstracción subliminalmente
hablan de por qué antes fumábamos porque nos hacía
volar y ahora no lo hacemos porque nos hace pensar en espiral sobre cosas,
que mejor no pensar, del daño que te hace en el alma cada vez que
llega la invitación de boda de un amigo o de inquisidoras miradas
familiares que dicen mil veces más que cualquier palabra y que
pesan como una losa en nuestras conciencias.
Por ello, más que
decir sentenciando si NADADORA son o no un buen grupo
o si su trayectoria trascenderá más allá de las conversaciones
de fanzineros y cazatalentos de turno o se disolverán dentro de
cuatro días, prefiero decir -ególatra que es uno- que aquí
se está hablando de “mí y de mi vida”,
posiblemente también de la tuya. Y eso, cuando veo lo que veo a
mi alrededor, me hace sentir esa cómplice felicidad de estar triste
en la que muchos aficionados al pop parece que viviremos en perpetuidad.
Y sí, que esas cosas que un día hicimos por narcisismo,
puede que ahora se hagan por aburrimiento ( ahora sí, no me queda
más remedio que entenderlo) , pero también consciente o
inconscientemente para impedir que esa cadena, que nos mantiene atados
a los días de vino y rosas mantenga la firmeza necesaria como para
que no se rompa definitivamente y nos sumerja en un mundo tan gris como
el de aquellos que nos miran de esa manera. Unas veces con lástima
y compasión, otras con desprecio y altanería. Y -por qué
no decirlo- también en ocasiones con cierta envidia.
mp3 de NADADORA "El cielo de antenas":
- Sería
estupendo
- Cientos
de cosas
- El
final de la fiesta
JAVIER BECERRA
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