Hace
casi treinta años Neil Young se adentró en un lugar
en el que todos hemos estado alguna vez, y del que algunos nunca retornan.
No es un espacio físico sino más bien un estado mental.
Entre 1972 y 1975, cuando el mundo parecía abrírsele de
piernas, se tuvo que enfrentar a la oscuridad, y plasmó su itinerario
por el lado más siniestro de su existencia en una trilogía
de L.Ps que han cimentado su leyenda de artista sin compromisos ajenos
a su necesidad expresiva.
Otros
artistas de renombre han explorado este lado de su naturaleza. Algunos
no han querido volver allí (como Van Morrison, que ha
confesado que jamás hará otro Astral Weeks); otros
sólo han podido habitar esas regiones de su alma, y sus biografías
han quedado definitivamente marcadas por la tragedia. Pero pocos han
logrado articular estas circunstancias en un discurso musical coherente
de maneras tan divergentes y complementarias, sosteniéndolo por
el periodo de tres obras consecutivas ( Time Fades Away
(1973), On The Beach (1974) y Tonight´s The
Night (1975) ), y resultando tan sincero y esclarecedor en su
expresión.
El
propio Young se ha encontrado con otros periodos difíciles,
y su obra se ha manifestado en este sentido. Los años ochenta
los vivió atravesando inmensas dificultades, que decidió
afrontar por medio de la anestesia emocional, rebajando su producción
a obras de baja calidad y a impostados ejercicios de estilo. En los
noventa Sleeps With Angels (1994) no resulta una estancia
tan prolongada por estos derroteros; más bien es un empático
homenaje a un viajero que no retornó y que citó a Young
en su carta de despedida: Kurt Cobain. Toda la carrera de Young
está repleta de canciones de profunda tristeza. Pero el trip
que supone esta trilogía no se ha repetido.
En
este caso el propio artista parece renegar de dos de las tres obras
de este periodo: ni Time..., ni On The Beach han sido reeditadas
en C.D de modo oficial. Preguntado al respecto, Young se ha mostrado
elusivo, sin aclarar si es que le resulta demasiado doloroso enfrentarse
a una nueva audición, o si le parecen obras de bajo nivel (algo
que fue percibido así por la crítica en su momento). Puede
ser que no ocupen el lugar de indiscutibles obras maestras que nadie
le niega a Tonight´s
Pero atesoran muchos
más méritos de lo que siempre se ha considerado.
Naturalmente
el poder de fascinación de la producción discográfica
de Young en este periodo tiene que ver con una de las perversiones
más ruines que tenemos los más apasionados aficionados
al rock: si al gran público le chiflan los cadáveres exquisitos,
los mártires, al buen gourmet le ponen los moribundos
catatónicos, el artista al borde del abismo. Para nuestro disfrute
de escasas horas de bizarra belleza, para encontrar solaz y acompañamiento
en nuestras pequeñas crisis emocionales, nos valemos de sufrimiento
real, y a ser posible permanente, de seres humanos de carne y hueso.
No hay compasión con el auténtico doliente, ni tolerancia
con el que percibimos como farsante. Señores, estamos de psiquiátrico.
Lo
cierto es que existe un discurrir de acontecimientos que provocaron
las emociones que inundan los discos de los que estamos hablando. En
1972 la vida de Neil Young irradiaba un brillo de color rosa
que era terriblemente engañoso: su disco Harvest
(1972), apoyado en el single más vendido de toda su carrera "Heart
Of Gold", lo situaban como el artista de mayor éxito
de los U.S.A, una figura para todos los públicos. A Young esta
posición no le interesa: no quiere pagar el precio que sabe que
se cobra un éxito de esta naturaleza. Esta resuelto a ponerse
él mismo piedras en su camino al estrellato.
Tampoco
la grabación de Harvest ha estado libre de dificultades:
aquejado de una parálisis muscular parcial que le impide sostener
una guitarra eléctrica, graba un disco con un sonido más
blando de lo que pretendía. Finalmente se recupera de cara al
final de la elaboración del L.P, por lo que incluye "Words"
y "Alabama", dos cortes de mayor contenido eléctrico.
Pero
una sombra, que posteriormente se tornaría inmensa, comienza
a amenazar el entorno de Young: la adicción a la heroína
de Danny Whitten, guitarrista original de los Crazy Horse.
Ya entonces son evidentes los estragos que la droga está produciendo
en su amigo, y Young los plasma en "The Needle And The
Damage Done", incluida en una desnuda toma en directo en Harvest.
El desarrollo de la gira de promoción del superventas resulta
la antítesis de lo que cabría esperarse. Pese a que la
audiencia responde llenando inmensos recintos hasta la bandera, la reacción
anti-éxito del artista desconcierta al público: cantidades
ingentes de nuevas y desconocidas canciones, conciertos repletos de
electricidad salvaje, una plasmación musical de la tormenta interna
que se sucede dentro del staff de la gira. La discográfica
ha editado la banda sonora de la película Journey Thru
The Past: es una errática recopilación de material
de toda la carrera precedente de Young para acompañar
un extraño film biográfico. Young no considera
el disco apto para la publicación, pero Reprise desoye su opinión:
tanto la película como el disco son destrozados por la crítica.
Además
la banda se rebela ante el éxito de Harvest: pretenden
más ingresos al estar acompañando a la máxima estrella
del momento. Esto no es comprendido por Young, sorprendido por
la codicia de sus músicos. Pero el acontecimiento que más
impacto tiene en Young ya ha tenido lugar antes del comienzo
de la gira. Después de un intento de incluir a Whitten
en los Sray Gators (la banda de acompañamiento para la
gira), y ante la imposibilidad de extraer nada de valor del guitarrista
por su deplorable estado físico y mental, es enviado de vuelta
a Los Angeles con cincuenta dólares, que emplea en comprar la
dosis de heroína que acaba con su vida. Por supuesto la noticia
despierta en Young un fuerte sentimiento de culpabilidad.
Los
conciertos, para espanto de una audiencia que espera asistir a una amable
sucesión de grandes éxitos, bellos e impolutos, se convierten
en una catarsis para un cada vez más deprimido Young.
De hecho, su estado emocional resulta tan preocupante, que sus amigos
Graham Nash y David Crosby deciden acudir al rescate,
acompañándolo en las últimas fechas de la gira.
En una decisión comercialmente suicida Young decide publicar
un disco en directo representativo del tour, consistente exclusivamente
de inéditas en su versión más cruda. Sin ningún
retoque de estudio, sin alterar las deficiencias de ecualización
o de interpretación, Time Fades Away, es un disco
árido y sin concesiones, incomprendido en su momento. Young
lo defiende en una entrevista de 1975:
"Yo pensé que era válido. Time Fades Away
fue un álbum muy nervioso. Y así era exactamente como
estaba en aquella gira. Si alguna vez te sientas y escuchas todos mis
discos, habrá un lugar para él. No cada vez que quieras
disfrutar de música, pero si estás en un trip, es importante.
Cada uno de mis discos es para mí como una autobiografía
en curso. No puedo escribir el mismo libro cada vez. Algunos artistas
pueden, pueden publicar tres, cuatro discos al año que suenan
todos jodidamente igual. Eso es estupendo, alguien está intentando
comunicarse con un montón de gente y darles el tipo de música
que saben que quieren escuchar. No es mi rollo, mi rollo es expresar
lo que está en mi mente. No espero que la gente escuche mi música
todo el tiempo, a veces es demasiado intensa [
]"
"[
] Nadie esperaba Time
y no me arrepiento de haberlo
publicado. No necesitaba el dinero, no necesitaba la fama[
]
Si
bien como unidad Time... se sostiene muy precariamente,
como repertorio es esencialmente brillante y sincero, consecuente con
el momento vital de su autor. Hay varios discos de Young con
peores canciones y que parecen enmascarar más al hombre responsable
de ellas.
Se
abre con la homónima "Time Fades Away" que,
tan urgente como indica su nombre, es un rock´n´roll acelerado
al estilo del "Highway 61 Revisited" de Dylan,
con una letra muy sombría ("Catorce yonkis demasiado
débiles para trabajar/ uno vende diamantes por lo que valen/
en la calle del dolor el desengaño acecha./ Hijo no llegues tarde
a casa/ intenta volver a las ocho/ no esperes al anochecer/ porque sabes
como se esfuma el tiempo"; en la última estrofa toda
la letra coincide, a excepción del número de yonkis, que
sintomáticamente se reduce a trece). Además la mezcla
entierra a voces y guitarras por debajo del piano: un presagio de la
crudeza del resto del disco.
Tanto
la delicada pieza de piano "Journey Through The Past" como
el eléctrico medio tiempo "Don´t Be Denied"
son piezas autobiográficas, que frente a "Helpless"
(incluida en el Deja Vu de CSN&Y) transmiten
más amargura que nostalgia.
vLas otras dos baladas del disco tienen cargas de profundidad
en sus letras. En "Love In Mind" no termina de encontrar
su lugar dentro de las normas sociales. En "The Bridge",
intenta reconstruir el puente que le une a su amante, derruido por demasiadas
mentiras, aunque es consciente de que la reconstrucción puede
tardar mucho.
Los
otros tres cortes eléctricos son progresivamente apocalípticos,
pues si en "Yonder Stands The Sinner" y "L.A"
("Cuando las autopistas se atasquen/ y las montañas entren
en erupción, y el valle sea tragado por las grietas del suelo/
¿Seré finalmente escuchado por ti?.") Young
suena como un poseso, en "Last Dance" su intensidad
resulta tan brutal que sus acompañantes parecen por momentos
incapaces de seguirlo. Es una canción que niega la posibilidad
de alcanzar la felicidad llevando una vida convencional, pero sin transmitir
en ningún momento la sensación de que la otra opción
lleve a ninguna parte. El estallido final de Young, la tormenta
eléctrica que desata, acompañada de una maníaca
interpretación vocal, asusta. Su salud mental está claramente
paseándose por el alambre, sin red.

Para
paliar sus problemas se sumerge en un baño de tequila, acompañada
de cantidades ingentes de hierba. De él emerge para recibir otra
trágica noticia: Bruce Berry, roadie habitual de
Stephen Stills y Young, y muy apreciado por todos, también
ha fallecido a causa de una sobredosis.
Estos
problemas hacen que se sienta incapaz de participar en la reunión
con Crosby, Stills & Nash que se está fraguando. Decide
abortarla y reclutar a los dos miembros supervivientes de los Crazy
Horse; el bajista Billy Talbott y el batería Ralph
Molina. También llama a Ben Keith para que se encargue
de la steel guitar y a otro habitual, Nils Lofgren a la
guitarra. Se encierran en un local de ensayo de los LA Studio Rentals,
propiedad del hermano de Bruce Berry, y en un estado de ebriedad
absoluta conjuran los fantasmas que atormentan a Neil, pero también
a ellos: la pérdida de sus amigos Whitten y Berry.
En palabras de Young:
Tonight´s
Is The Night es una carta de sobredosis. Todo trata de vida,
droga y muerte. Cuando nosotros tocamos esa música estábamos
todos pensando en Danny Whitten y Bruce Berry, dos miembros
de nuestra unidad perdidos por sobredosis de caballo. Las sesiones fueron
la primera vez que los restos de Crazy Horse se juntaban desde
la muerte de Danny. Teníamos que conseguir entre todos
la fuerza para llenar el vacío que él dejó. El
otro fallecido, Bruce Berry, fue roadie de CSNY por mucho
tiempo. Su hermano Ken lleva Studio Instrumental Rentals, donde
grabamos el disco. Así que había un montón de vibraciones
entre nosotros. Había mucho espíritu en la música
que grabábamos. Es divertido, recuerdo toda la experiencia en
blanco y negro. Íbamos a los estudios a las cinco de la tarde
y empezábamos a colocarnos, bebiendo tequila y jugando al billar.
A medianoche, empezábamos a tocar. Y tocábamos por Bruce
y Danny en su camino a través de la noche. No soy un yonki,
y ni siquiera voy a intentar comprobar como es
pero nos colocábamos,
justo en el límite donde nos sentíamos los suficientemente
abiertos al ambiente. Era espectral. Probablemente sienta más
este álbum más que cualquier cosa que haya hecho nunca.
En
tan sólo dos noches registran en directo nueve de las canciones
de Tonight´s the Night. El concepto vuelve a ser
el mismo que en Time
registrar en crudo la emoción
del momento, sin pulir las aristas. El disco no sólo es un relato
personal sobre las experiencias fatales de sus dos amigos con las drogas,
sino también una reflexión más genérica
sobre la cultura de la droga que los confusos años sesenta habían
terminado por producir. El tránsito de la hierba y el ácido
a la heroína se estaba cobrando víctimas, y Young
(que debido a sus problemas de epilepsia se había mostrado muy
cauteloso con respecto a las drogas duras) está asistiendo al
deterioro de amigos como David Crosby, e incluso a la muerte
de otros.
Cuando
Reprise recibe el disco, tal y como lo había programado Young
(conteniendo incluso las incongruentes charlas de los músicos
entre canción y canción), se niega publicarlo. Pero éste
se decide a presentarlo en directo, en una serie de conciertos, que
son recordados por la gente que asistió a ellos como los más
extraños que jamás hayan visto. Un Young ataviado
de blanco, con el pelo largo y grasiento, barbado, portando unas inescrutables
gafas de sol, aparecía sobre un escenario decorado con una palmera
de plástico y una bombilla que se encendía una vez Neil
se presentaba pronunciando la críptica frase "sean bienvenidos
a Miami Beach, aquí todo es más barato de lo que parece"
y solicitaba un poco de "sol", informando después
que esa noche "no van a reparar en gastos". Y ante
una estupefacta congregación los músicos interpretaban
entero y sin descanso el disco pendiente de publicación. Sólo
en el encore la audiencia recibía una pequeña dosis
de material conocido, eso sí, interpretado por un Neil
ebriamente desafinado.
Al
retornar de la polémica gira Young comienza la grabación
de un nuevo disco de estudio, más convencional y elaborado que
el frustrado Tonight´s
, aunque rescate dos
temas de las sesiones de los Studio Rentals ("Walk On"
y "For The Turnstiles"). El no grabar el disco con
los paralizados Crazy Horse y la aparición de inhabituales
colaboradores (Rusty Kershaw, Joe Yankee, George Whitsell,
los productores Mark Harman y Al Schmitt) hacen de On
The Beach una de las obras menos características de la
carrera de Young en lo relativo al sonido. No aparece ninguno
de los típicos registros de Young: ni la electricidad
desbocada de los Crazy Horse, ni las tonadas al piano (la canción
que más se aproxima a este registro, "See The Sky About
To Rain" es subvertida al ser interpretada con un piano eléctrico),
ni los cortes acústicos se acercan a su faceta country (en "For
The Turnstiles" figuran en un sorprendente primer plano el
dobro y el banjo en contraposición a la ausencia de la guitarra
acústica). El propio Young canta algunos temas con un
registro más grave de lo habitual.
Pero
esto también aumenta la personalidad del disco. El inconfundible
palpitar de la sección rítmica de The Band (Rick
Danko al bajo y Levon Helm a la batería) hace de "Revolution
Blues" uno de las canciones más dinámicas del
repertorio de Young. La hiriente belleza del fiddle de
Kershaw en "Ambulance Blues" recalca las cualidades
evocadoras de la melodía. Y la utilización de las estructuras
más ortodoxas del blues en varios cortes es una rareza muy ajustada
al contenido lírico del L.P.
Para Young este es el disco más deprimente de su carrera,
pero a uno no se le antoja tan desolado como Tonight´s The
Night. La portada nos muestra la ambivalencia de una obra cargada
con humor sardónico y mala leche. Young está en
una playa, al borde del mar, vestido pero descalzo y de espaldas a la
cámara. Pero no es el típico día de playa: el cielo
está muy nublado, resulta muy evidente el fuerte viento que hace
y la playa está adornada con objetos sin sentido (un fragmento
de uno de esos estrafalarios pero clásicos coches americanos,
un periódico y un árbol en una maceta).
En este disco Young se ríe mucho, pero con una risa nerviosa,
con el sarcasmo del que utiliza la estupidez de los demás para
reforzar su autoestima. On The Beach está repleto
de observaciones y críticas a diversos colectivos y personajes,
que Young emplea para darse cuenta de que, aunque su vida sea
un desastre absoluto, la de los demás tampoco le convence para
nada, lo cual le está ayudando a abandonar el agujero en el que
se encuentra. Se puede decir más alto, pero no más claro:
"Toda esa gente, se cree que lo ha conseguido/ Pero yo no compraría,
vendería prestaría o cambiaría/ nada de lo que
tengo para ser como uno de ellos/ Prefiero comenzar de nuevo"
("Motion Pictures").
No es sólo en la utilización continuada del sarcasmo como
medio expresivo, sino que este Young generacionalmente desconectado,
sentimentalmente herido y anímicamente hundido está más
en sintonía que nunca con Bob Dylan, con el de Blood
On The Tracks (1975). Tal vez haya sido éste el momento
de mayor convergencia de sus carreras.
Uno
de los motores del descontento de Young es la industria discográfica
de la que se encuentra muy harto después de los últimos
acontecimiento. De este modo las letras se inundan de referencias a
la industria y sus protagonistas. En "See The Sky About To Rain"
("Estaba en Dixie Land, tocando un violín plateado/ lo
tocaba ruidosamente y entonces el hombre lo partió por la mitad")
y en "For The Turnstiles" ("Todos los marineros
con sus novias mareadas/ escuchan las sirenas en la orilla/ cantando
canciones para chulos con traje/ que cobran diez dólares en la
puerta") son los mercaderes discográficos los que reciben
las andanadas. Pero hay para todos los eslabones de la cadena: "Vosotros
los críticos os podéis sentar/ no sois mejores que yo
por lo que habéis demostrado" ("Ambulance Blues");
"Fui a la entrevista en la radio y terminé sólo
ante el micrófono" ("On The Beach").
El
álbum se abre con un ajuste de cuentas generacional, "Walk
On", en le que denuncia la inmadurez de sus colegas ante las
sombras (como las muertes de Whitten y Berry) que sus
modos de vida comienzan a proyectar: "Nena es difícil
cambiar/ no les puedo decir como deben sentir/ Algunos se colocan, otros
se vuelven extraños/ pero más pronto o más tarde
todo se vuelve real/ Sigue caminando, sigue caminando".
"See The Sky About To Rain" nos habla de lo impredecible
e inevitable del destino ("Algunos están destinados a
la felicidad, otros a la gloria/ Algunos están destinados a vivir
con menos, ¿quién puede saber tu historia?").
"Revolution Blues" se ríe de las violentas y
fanáticas sectas contraculturales como la de Charles Manson,
aunque por momentos no sabes hasta que punto simpatiza con alguno de
sus planes ("He oído que Laurel Canyon está repleto
de estrellas famosas/ pero las odio más que a los leprosos y
las mataré en sus coches"). Y es que en "For
The Turnstiles" aparece realmente amargado con los juegos de
la fama ("De verdad que puedes aprender mucho de ese modo/ te
cambiará en mitad del día/ aunque tu confianza se resquebraje/
no importa."). Y en "Vampire Blues" transmite
auténtico odio hacia los ricos petroleros ("Soy un vampiro,
chupando vida de la tierra (bis)/ soy un vampiro y te vendo veinte barriles").
No parece que la perspectiva de asesinar a algunos ricos y famosos resulte
tan extravagante para el amargado Young de esta etapa.
No
va a ser ésta la primera vez que se diga que lo mejor de On
The Beach se encuentra en su espléndida y sentida segunda
cara, la tripleta formada por la intensa "On The Beach",
la delicada "Motion Pictures" y la titánica
"Ambulance Blues". "On The Beach" es
un blues de académico y largo desarrollo, de marcado acento confesional,
quizá la canción más introspectiva del disco: frases
como "El mundo gira, espero que no descarrile (bis)/ todas las
fotografías se caen de la pared en la que las puse ayer [
]/
Necesito una multitud, pero no la puedo enfrentar todos los días
(bis)/ Aunque mis problemas sean insignificantes, eso no los hace desaparecer"
o "Seguiré la carretera aunque no sé adonde lleva",
suenan terriblemente sinceras.
"Motion
Pictures" está dedicada a su novia, la actriz Carrie
Snodgrass. En ella reconoce su aislamiento, su ensimismamiento,
pero de un modo parecido a en "The Bridge", se compromete
a restablecer el contacto: " Todos esos titulares, ya tan sólo
me aburren/ Estoy muy dentro de mí mismo, pero saldré
de algún modo/ Y estaré delante de ti, y traeré
una sonrisa a tus ojos".
"Ambulance
Blues" se prolonga por espacio de casi nueve minutos. Es una
confusa narración en desnudo formato acústico que remite
a "The Last Trip To Tulsa", de su primer disco en solitario.
En ella, y a modo de destilación de las esencias del álbum,
reparte a diestro y siniestro, a la vez que se deja invadir por la nostalgia.
Por ejemplo Richard Nixon sale mal parado: "Nunca supe
que un hombre pudiese contar tantas mentiras/ Tenía una historia
distinta para cada par de ojos". Pero el que más recibe
es él mismo. "Es difícil saber el sentido de esta
canción/[
] Es fácil quedar enterrado en el pasado/
cuando intentas hacer durar algo bueno", y la línea
definitiva del disco: "No hay nada como un amigo/ para decirte
cuando estás meando contra el viento".
Por
extraño que parezca, una vez publicado On The Beach
en 1974, se embarca en el barco de los sospechosos marineros de "For
The Turnstiles": una nueva gira de Crosby, Stills &
Nash. Pero la convivencia es tan mala que Young viaja de
un concierto a otro separado de la faraónica corte que acompañaba
a sus colegas. Cuando la gira termina, Young parece haberse olvidado
que tiene algo pendiente, pero no tardaría en darse cuenta de
que una cierta tarea que había iniciado permanece incompleta.
Es
la publicación final de Tonight´s
,
que se fragua después de que Young invite a unos amigos
a oír las mezclas finales de un nuevo (y definitivamente inédito)
L.P, Homegrown. Cuando finaliza la cinta en la que éste
está contenido, se puede escuchar una nueva versión del
álbum proscrito, con un orden distinto en las canciones y con
el añadido de tres temas nuevos, seleccionados por su proximidad
al tono de las sesiones. Todos los músicos presentes, que desconocían
Tonight´s
, le indican a Young que es
mucho mejor disco que el nuevo, y Rick Danko le reta a conseguir
que Reprise se lo publique. El periodista Allen Jones ha apuntado
que es probable que Young se viese obligado por su conciencia
a hacer público el contenido del disco como respuesta al asco
que sintió durante la gira con Crosby, Stills y Nash,
por los excesos típicos de los años setenta y propios
de las decadentes rock-stars en que se habían convertido
sus antiguamente idealistas amigos (ridículos lujos, drogas duras,
groupies, servilismo generalizado hacia ellos, etc.). Lo cierto es que
planta sus galones en Reprise y consigue por fin la aparición
del disco. Puede ser que ayudase el hecho de que ese mismo año
Young entrega Zuma, un L.P de contenido mucho más
heterogéneo y vitalista, aunque también colocado entre
lo más selecto de su producción.
Cuando
Tonight´s The Night llega a manos del público,
todo está preparado para que no se lleve a engaño: la
carpeta, en un lúgubre blanco y negro, contiene una foto del
grupo tocando, con los nombres de cada músico impresos a sus
pies. El nombre de Whitten aparece, pero no su imagen: es su
fantasma el que puebla el disco. Dentro figura una dedicatoria a Whitten
y Berry, "que murieron por el espíritu del rock´n´nroll".
El
contenido resulta tan oscuro, o más, que el envoltorio. Denso
y claustrofóbico, la sensación que transmite es la de
tristeza y desesperanza sin remedio. Este disco no plantea las soluciones,
tan sólo muestra la magnitud del problema. En contexto con los
otros dos discos de la trilogía, y a la vista del desarrollo
posterior de la vida de Young, sabemos que lo relatado en este
álbum es una fase de la vida de Neil Young. Al contacto
único con Tonight´s The Night, cuesta creer
que el autor de este peligroso artefacto, capaz de arrastrarte en un
mal día al agujero en el que fue creado, haya sido capaz de continuar
con su vida de modo normal.
El
tono del disco se construye sobre tres elementos: el primero es la voz
de Young, que desafina y se rompe continuamente, pero que permanece
embargada por la emoción a lo largo del disco. También
destacan las típicas armonías vocales, más imperfectas
que en ninguna de sus obras, pero que revelan el compromiso absoluto
de los músicos con las canciones de Neil, que a fin de
cuentas hablan de los que también eran amigos suyos. Y por último,
la Steel Guitar, ese peculiar instrumento de origen hawaiano,
que sorprendentemente ha unido su destino al de la música country,
y que en unas manos expertas como las de Ben Keith, resuena envolvente
y quejumbroso como un lamento surgido de lo más profundo, a lo
largo de todo el álbum.
Es
la homónima "Tonight´s
" la canción
que abre y cierra el L.P, en dos versiones diferentes. Es un estremecido
homenaje a la figura de Bruce Berry un hombre trabajador
que "tarde en la noche/ cuando la gente se había ido/
cogía mi guitarra/ y cantaba una canción con su voz temblorosa/
que era tan real como largo es el día". Es por eso que "[
]
sentí un escalofrío por mi espalda/ cuando cogí
el teléfono/ y oí que había muerto/ de un pinchazo
en la vena". Hasta Dave Marsh, habitualmente el crítico
más duro con Neil Young, reconoce que estos fragmentos
le estremecen aún veinte años después de su primera
audición.
El
substrato elemental del disco se compone de una extraña mutación
del blues y de una minimalista recreación del sonido habitual
de los discos de Young. La intensidad es progresiva, tanto de
la música como de las letras. El Neil de "Speakin´
Out", el segundo corte, intenta reírse y no puede. Para
el cuarto tema ("Borrowed Tune"), se ve forzado a robarle
a los Rolling Stones la melodía de "Lady Jane"
para escribir una canción que duda que le importe a alguien.
La
inclusión de "Come On Baby, Let´s Go Downtown",
un corte cantado por Whitten en una toma en directo, se debe
a lo premonitorio de su letra ("Seguro que estarán vendiendo
mierda cuando la luna comienza a levantarse/ Es chungo cuando trapicheas
con el tipo/ y la luz brilla en tus ojos"). Después
de solicitar el alivio de su amante en una de las mejores baladas de
su carrera ("Mellow My Mind") decide utilizar la carretera
como escape ("Roll Another Number", en la cual afirma
su definitiva desconexión del hippismo de altostanding:
"No creo que vuelva a Woodstock en una temporada"),
para, partiendo de "Alburquerque" dirigirse a México,
donde los rockeros de fama (como Dylan) se refugiaban en anonimato
y tequila ("[
] y he estado muriéndome de ganas
de estar sólo").
Después
de considerar en "New Mama" ficticia su felicidad de
padre en un mundo cuya virulenta realidad garantiza sufrimiento a su
recién nacido hijo, y de afirmar en "Lookout Joe"
(junto con "Borrowed...", la otra canción de
estudio no perteneciente a las etílicas sesiones) que los buenos
tiempos son aquellos que ya pasaron, en la definitiva "Tired
Eyes" relata un asesinato múltiple producido durante
un negocio de drogas, y continuamente le solicita a aquellos deseosos
de prejuzgar a sus amigos con severidad y desprecio que "por
favor, escuchad mi consejo/ abrid los ojos cansados". El retorno
de "Tonight´s
", en una toma aún
más cruda y emocionante, sirve de cierre a cuarenticinco minutos
de una intensidad brutal y desoladora.
Cuando
público y crítica acceden por fin a esta extraña
obra maestra y a un Young más comunicativo, que ofrece
entrevistas en las que explica el proceso creativo de este disco y las
circunstancias de los últimos años, se muestran mayoritariamente
satisfechos, y comienza la rehabilitación, a partir de un mejor
entendimiento de su naturaleza, de los dos anteriores L.Ps. Pero el
impacto de "Tonight´s
" y sus hermanos
es aún mayor a largo plazo: poco a poco el grado de comprensión
de esta trilogía se multiplica. Un análisis desde la perspectiva
que da el tiempo transcurrido aumenta las posibilidades de encuadrarlo
de modo ajustado dentro de la discografía de Neil Young.
También se puede comprobar que el fenómeno de su progresivo
crecimiento en el aprecio de la crítica es paralelo al que se
produce en el oyente individual, pues estos tres discos son lo que se
conoce en inglés por grower, discos que crecen con las
escuchas, que se te adhieren poco a poco, que se van abriendo camino
paulatinamente a través de ti, hasta encontrar su hueco, anidar
en tu interior, y así transformarse en un recurso infalible para
acompañar ciertos momentos.
Obras
extrañas en su concepción y resultados, marcadas indeleblemente
por las circunstancias en que fueron creadas, hoy por hoy resultan esenciales.
No sólo para reconstruir y comprender la trayectoria del autor,
sino para disfrutar de algo terriblemente escaso: música realmente
sincera, prácticamente inalterada en el siempre largo trayecto
que va desde sus motivos de inspiración al contacto con el oyente.
No es fácil encontrar discos de esta naturaleza. Es por ello
que conviene atesorar y conocer aquellos a los que nos es permitido
el acceso.
ENRIQUE MARTINEZ