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La última vez habíamos
dejado a Radiohead en la duda (suya y nuestra) sobre qué
camino seguirían, sobre qué decisiones tomarían una
vez habían conseguido triunfar de nuevo y jugando con sus reglas.
En aquella peculiar disyuntiva entre asumir su papel de "liderazgo"
generacional o satisfacer su curiosidad como músicos, el siguiente
paso era delicado, pero esta vez estaba por completo en sus manos. "Kid
A" y "Amnesiac" no habían sido ni mucho
menos dos fracasos comerciales, y su nivel de máxima atracción
mundial en directo era indiscutible. Radiohead eran una banda aún
más importante después de haber hecho lo que les había
dado la gana. Ahora su autonomía para elegir, desde la distancia,
parecía absoluta.
Además, en dichos
conciertos, que sabiamente dosificaron, habían conseguido trazar
una continuidad aparentemente natural e inesperada entre los hallazgos
y tanteos de los extraños discos gemelos y la fórmula que
los hizo grandes. De hecho el pirata de su actuación en el FIB
2.002 se convirtió en mi disco favorito durante semanas. No sólo
demostraban sobrada capacidad para mezclar lo mejor de su repertorio y
cambiar de registro varia veces sobre la marcha, sino que además
adelantaban algo del material que conformaría su siguiente trabajo,
sobre el que corrían insistentes rumores sobre un nuevo viraje
de sonido.

Según todas las
informaciones filtradas esta vez iban a ir a saco. Se hablaba de un retorno
al rock de guitarras. Esto sumado a la faceta política que parecía
que tendría el álbum, anunciaba un cambio de actitud en
Yorke y sus muchachos. Si su última maniobra había sido
de ocultamiento en plena luz del día, de camuflaje detrás
de su propia música para esconder su dimensión de fenómeno
social (creando en el camino un clásico como "Kid A"),
esta vez la cosa sería muy diferente. Viendo el título del
álbum (una referencia a las elecciones turbiamente ganadas por
George W. Bush) y su nueva insistencia en tratar cuestiones políticas
en las entrevistas y explicar sus propias letras, parecía que con
"Hail To The Thief" Radiohead y Thon Yorke optaban
por la vía directa, por ponerse ese traje de "líderes
espirituales" que hasta tiempos recientes tanto parecía apretarle
la nuez al rey de la voz angustiosa.
Por supuesto así
comenzaban las incoherencias. El álbum apareció en Internet
en rigurosa e ilegal primicia allá por marzo. Las quejas de la
banda no se hicieron esperar, alegaciones sobre lo imperfecto de la versión
colgada, que al parecer no estaba masterizada, si bien escuchándola
nadie encontraba el problema. La publicación oficial de "Hail
to The Thief" en edición limitada con un engorroso diseño
"deluxe", el regalo del single de "There There"
con dos "caras B" insignificantes, el no por habitual menos
abusivo precio del disco, con o sin regalos: la faceta "socialista"
de Radiohead comenzaba a sufrir. La vieja historia de destruir
el Sistema desde dentro o que el Sistema te destruye a ti, o eres un farsante
que no quiere destruir el Sistema, etc.
Pulsemos "play"
en el aparato. Como suele suceder, los informes sobre el carácter
musical del disco eran falsos. No es un retorno a "The Bends"
ni siquiera a "OK Computer". Mantiene de hecho prácticamente
las mismas proporciones en la mezcla de sonido clásico de Radiohead
y experimentos con la electrónica que "Amnesiac",
y probablemente la misma irregularidad en su calidad. "Hail to
The Thief" se abre con "2 + 2 = 5", el
sonido de una guitarra eléctrica enchufándose, un tema que
en su primer ruptura encuentra un poderío rockero que Radiohead
no mostraban desde hacía años. La primera estrofa vuelve
a mostrar esa conciencia despierta pero resignada "marca de la casa":
"¿Eres tan soñador? / ¿Para arreglar el mundo?
/ Yo me quedaré en casa para siempre / Donde dos y dos siempre
dan cinco". Sin embargo en "Sit Down. Stand Up"
vuelven las atmósferas electrónicas de "Kid A",
con lo que se rompe (para bien) esa idea anticipada de "retorno al
origen". "Sail To The Moon", el tercer corte,
es la típica "balada Radiohead", que remite de manera
directa a joyas como "Pyramid Song", "How To Disappear
Completely" o "The Tourist". La letra está
dedicada a Noah, el hijo de Thom, en el que éste parece depositar
sus esperanzas de salvación ante el próximo apocalipsis:
"Tal vez algún día seas presidente / pero sepas
distinguir el bien del mal / o construyas un arca / y nos dirijas a la
luna".

Es un comienzo de disco
espectacular, excelente y que mantiene lo mejor de Radiohead. Sin
embargo, después la cosa decae un tanto. Si bien "Backdrifts"
mantiene el tono, un corte que remite a cosas como "Idioteque"
sin alcanzar su nivel, a continuación asistimos a una racha de
material, que si bien gana con las escuchas, es claramente "menor".
Con riffs de folk zeppeliano como el de "Go To Sleep"
a estas alturas he escuchado cosas bastante mejores, incluso de Radiohead:
conserva cierto parecido razonable con "Paranoid Android",
pero desmereciendo un tanto. "Where I End And You Begin"
o "We Suck Young Blood" (por fin las palmas de "Freedom"
de Charles Mingus aparecen en un disco de Radiohead) parten
de buenas ideas, pero al igual que bastante material de este disco parecen
a medio cocinar.
A mi entender, ésta
es la clave. Da la impresión de que Radiohead ha dejado
de lado, desde "Ok Computer", su conciencia sobre la
verdadera importancia del trabajo artesanal para construir una canción.
Las ideas aparecen en el local o en casa y se desarrollan en el estudio,
sin que la meticulosa labor de orfebre que antes les caracterizaba nos
haya traído de nuevo estructuras de canción tan trabajadas
como "Karma Police" u otras ilustres predecesoras.
Ahora lo que nació bendecido así queda, y lo que no tanto,
también. Parecen ignorar una realidad que ellos mismo comprobaron
y mostraron en el pasado: que en muchas ocasiones varias ideas no tan
geniales dan como resultado una gran canción si son unidas con
inteligencia y oficio. En "Kid A" esta sensación
de "work in progress", de "disculpen las molestias estamos
de reformas" resultaba un enigma que enganchaba (¿qué
estarán haciendo detrás de la valla? te preguntabas intrigado)
Pero por algún motivo, ahora se echa de menos solidez en la estructura
más que pulimentado en la decoración.
Afortunadamente con "The
Gloaming" (título alternativo del disco) remontamos
el vuelo hasta grandes alturas. Que tampoco decaen ni con la hipnótica
"There There" (primer single del álbum),
ni con la hermosa "I Will". Sin embargo el tramo
final vuelve a una triste irregularidad y a esa sensación de poca
cocción. El "Blues Rock" obsesivo de "A Punchup
At A Wedding", el groove enfermizo de "Myxomatosis"
y el lirismo de "Scatterbrain" parecen echar de
menos ese "algo" que les haría dar el salto de calidad
definitivo. Lo que, por cierto, no le sucede en absoluto a "A
Wolf At The Door", una de esas joyas que históricamente
Radiohead siempre se reservan para el final, con un recitado de
las incongruencias que nos gobiernan la vida que recuerdan el papel que
cumple Radiohead en este momento.

Ese papel lo definió
de maravilla, como tantas cosas, Nick Hornby, autor de la impagable
novela "Alta Fidelidad". Al realizar su crítica de "Kid
A" para New Yorker, Hornby confesó que probablemente su
escaso entusiasmo por el disco venía del hecho de que no tenía
dieciséis años. Que para disfrutarlo de verdad uno tenía
que "sentarse en casa noche tras noche, rendirte a la paranoica
atmósfera de final de milenio, mientras intentas descifrar fragmentos
ocultos de las letras y averiguar como los títulos se corresponden
con las canciones". Detrás de ese divertido sarcasmo y
de esa distancia generacional se esconde el misterio de Radiohead.
Esa faceta, el hecho de que Radiohead sean hoy por hoy una síntesis
de Pink Floyd (por sus aires de grandeza), R.E.M (por su
preocupación política), U2 (por su papel mesiánico)
y Talking Heads (por ser puente entre vanguardia y mainstream),
está más que presente en el disco, una de banda rock total
en un mundo en el que las bandas rock ocupan cada vez menos cuota de mercado.
Tenemos por supuesto esas
frases que parecen de vez en cuando, adagios a los que el adolescente
se aferra como a clavo ardiendo ("Asesinos, asesinos / nosotros
no somos como vosotros" en "The Gloaming",
"Somos un accidente / a punto de suceder" en "There
There", "Hipócrita oportunista / no me infectes
con tu veneno" en "A Punchup A A Wedding"),
al tono de voz de Yorke (refrescante verlo abandonar el falsetto en "A
Wolf At The Door") toda esa angustia existencial adolescente
y toda esa rabia, insatisfacción e inconformismo con el estado
del mundo y con la propia vida, vuelve a encontrar su lugar de privilegio,
con un Yorke que esta vez no elude las "grandes cuestiones".
Como me suele suceder,
el problema para mí llega hoy de otro sitio. De que por primera
vez desde "Pablo Honey", tengo dudas. De que yo también
he encontrado "mi frase", pero que yo la conecto a la verdadera
calidad de este disco. De que a veces, y como canta Yorke en mi momento
favorito del disco hasta nuevo aviso: "Sólo porque la sientas
/ No significa que esté allí".
¿Está o no está?. Señores, tenemos de nuevo
un dilema.
ENRIQUE MARTINEZ
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