A estas alturas es evidente que RYAN ADAMS es uno de los triunfadores del año 2.001. El hype detrás de él comienza a resultar ya casi molesto: resulta más que obvio que su discográfica cree que su respetabilidad dentro de la crítica, atractivo aspecto físico, arrolladora personalidad y capacidad para componer emocionantes y adictivas canciones como churros, le van a catapultar sin remedio al estrellato. Incluso la casualidad de escoger la bandera americana para decorar la portada del disco o su canción "New York, New York" como primer vídeo clip y single ya antes del 11-S le va a beneficiar. Es "la gran esperanza blanca" del rock americano en estos momentos, y según un responsable de Lost Highway, su sello, está a "3:30 de lograrlo". Es decir, a un hit single de distancia de la gloria comercial, y por ahora están dispuestos a esperar. ¿Cuánto?. Tal vez esos mismos tres minutos y medio. Tal vez ya esos tres minutos y medio ya están aquí.

En realidad las razones de este interés por su figura se remontan al año 2.000, a su disco "Heartbreaker", primero en solitario después de la disolución de Whiskeytown, el grupo que le lanzó al reconocimiento de los circuitos del "country alternativo" y de sus apóstoles periodísticos. Y también es cierto que este estallido se estaba retrasando un poco, pues el último disco que grabaron WHISKEYTOWN, "Pneumonia" se había anticipado como el salto a la fama de esta formación, que ya por aquel entonces estaba casi en trámites de separación.

Sin embargo Outpost, la filial de Universal que se iba a encargar de publicarlo, después de haber forzado a Adams a pulir su sonido entregando las mezclas a Scot Litt (productor habitual de R.E.M hasta hace un par de discos), decidió paralizar la publicación del mismo hasta terminar su fusión con Geffen Records. Pero en una decisión difícil de entender con la perspectiva que da el paso del tiempo, los nuevos responsables del sello decidieron "cortar" a la banda y dejar inédito el disco.

Este fue el golpe de gracia para WHISKEYTOWN. Adams disuelve el grupo y emprende su carrera en solitario con "Heartbreaker" publicado a mediados del 2.000 por la independiente Bloodshot y grabado en catorce días. El disco, de enorme calidad y profunda carga emocional, se convirtió en uno de los fenómenos sorpresa del 2.000 y dio a Adams una notoriedad que lo ha devuelto a los brazos de las majors. En este caso la mencionada Lost Highway, una nueva filial de Island localizada en Nashville, especializada en roots music, country y rock tradicional americano y responsable del fenómeno discográfico de la banda sonora de la película de los Hermanos Coen "O Brother".


Después de la publicación por su nuevo sello del hermoso canto del cisne de WHISKEYTOWN, Adams ha presentado en octubre, "Gold", su nuevo disco, en una carrera frenética, consecuencia de su increíble capacidad para escribir nuevas canciones. El disco dura nada más y nada menos que 70 minutos repartidos en dieciséis canciones, pero además con las primeras copias regalaban un E.P con otras cinco canciones pertenecientes a sus sesiones de grabación, en las que se llegaron a registrar más de treinta temas nuevos. Y es que Adams es un tipo particular.

Sus raíces hay que buscarlas en North Carolina, donde comenzó a cultivar un gusto apasionado por la música rock y la mitología de las vidas al límite de sus héroes musicales y literarios (no en vano su madre es profesora de literatura). Sin embargo, sus preferencias por aquel entonces eran el punk y el metal, que aún sigue escuchando. Y en verdad algo conserva de la urgencia e inmediatez expresiva de estos géneros en sus canciones más recientes.

Abandona su casa siendo un adolescente empeñado en vivir su sueño de ser una estrella de rock ´n´roll a la escala que sea, y va poco a poco superando etapas hasta llegar a sus veintiséis años a la posición de pre-estrellato que disfruta hoy por hoy.

Es Adams un tipo vitalista y vehemente, famoso por su gusto por la juerga y la mala vida, que en sus entrevistas, pero sobre todo en sus canciones, deja entrever sus propias circunstancias sin ninguna clase de tapujos. Vive en un frenesí continuo de componer y grabar nuevas canciones, de colaborar con quien sea y de tratar a sus discos como si de su diario personal se tratara.

"Heartbreaker" se componía de las canciones que escribió raíz de su ruptura amorosa con su novia de largo tiempo, que le llevó a una depresión de gigantescas proporciones (llego a perder quince kilos de peso) y el disco dejaba más que patente el estado de ánimo que lo motivaba. Tan claramente se transmitía su tristeza, que la madre de Adams le ha dicho que no lo puede escuchar porque "no aguante oírlo tan triste". De un modo menos sofisticado y literario era un "Blood On The Tracks" para nuestro tiempo y conmovió a aquellos que lo escucharon.

Para grabarlo se ayudó de Ethan Johns, hijo de Glyn Johns, el mítico ingeniero de sonido de, entre otros, los mejores ROLLING STONES. Ethan, a su vez, es un ingeniero de sonido solvente, que figura como productor en estos tres últimos discos de Adams. Pero además es un multiinstrumentista sorprendente: en "Gold" y "Heartbreaker" toca batería, guitarras y teclados. E incluso ayuda en la composición de algunas canciones, lo que deja claro tanto la compenetración que han alcanzado los dos, como el motivo de que Adams no haya ido a buscar un productor de relumbrón cuando ha vuelto a contar con dinero en abundancia para grabar.

"Heartbreaker" es triste a rabiar, muy sincero y completamente transparente, tanto en letras como en músicas. En estas últimas a Adams no le da vergüenza mostrar las cartas marcadas de sus influencias: el primer corte, el lúcido "To Be Young (It´s to Be Sad, It´s To Be High") es puro DYLAN del "Bringing It All Back Home". Influencia que reaparece en su versión del "Freewheelin¨...." en canciones como "Damn Sam, I Love a Woman That Rains", "Don´t Ask For The Water" o "To Be The One".

En otros momentos aparece la sombra del Alex Chilon de "Sister Lovers" ("Sweet Little Gal"), o de Fred Neil ("Amy"). Y por supuesto los ROLLING STONES más country.
Y también creo, que de todos los Country Rockers de su generación, Adams es el que más parecido guarda con el precursor en los años ochenta de todos ellos: el inconmensurable STEVE EARLE. No sólo en su indómito carácter, sino que "Oh My Sweet Carolina", en el que se deja acompañar por Emmylou Harris, si bien puede ser un intento de emular a su ídolo Gram Parsons, su "Hickory Wind" particular, en realidad suena a puro Earle de sus comienzos, tanto por su impagable acento sureño, como por su tono autobiográfico y su estructura musical. Es una canción muy emocionante, marcada por una infinita nostalgia por un hogar originario, del cual ha huido por un irrefrenable e instintivo impulso de viajar sin rumbo prefijado, pero que no puede dejar de añorar cuando se siente solo.

Y tan emocionante como esta maravilla resulta el resto del disco, que es progresivamente más triste, y que en algún momento resulta casi violento en su desnudez emocional y en su sinceridad, pues es tan capaz de mostrar tanto desamparo como rabia o deseos de venganza. Y es que Adams no cuida tanto como algunos de sus ídolos las letras de sus canciones: es en esto en lo que pervive su vena punky. Escribe sus canciones para decir lo que tiene que decir, les pega dos repasos, las graba y a por otra vivencia. Y a por otra canción, que parece el único modo que tiene de encarar dichas vivencias y tribulaciones.

Después de su éxito de crítica y, relativamente, de público, Adams comienza a alcanzar notoriedad y prestigio, su disco aparece en todas las listas de "lo mejor del año" y hasta Elton John comienza a hablar de él en sus entrevistas. Incluso es requerido por Alanis Morrisette para que le ayude a escribir canciones, a lo que un desacomplejado e hiperactivo Adams accede encantado.
Y este "Higher Profile" le lleva a una situación inaudita hasta hace un par de años: su relación sentimental con nada menos que con la actriz Winnona Ryder, lo que aumenta aún más el interés por su figura. Sin embargo esta relación se rompe al poco de comenzar y Adams vuelve a caer en un estado de angustia sentimental. Y entonces en compañía de Bucky Baxter graba una veintena de demos para el siguiente álbum en el espacio de 48 horas. Según él mismo, es un material tan triste como el de "Heartbreaker", pero decide no convertirlo en su nuevo disco, prefiere reservarlas para una publicación (parcial) posterior, ya que no quiere hacer, en sus palabras, otro disco "llorón obsesionado conmigo mismo, diurético, de contarlo todo"


Su estancia en Los Ángeles le provoca un periodo de febril actividad compositiva, no sólo de las canciones de ruptura, sino también de canciones de reafirmación vital. Así comienza unas sesiones de grabación maratonianas para preparar un disco en el que quiere expresar un estado de ánimo más positivo. Compone canciones en ocasiones en el mismo estudio y pretende ampliar los estilos a explorar en su escritura. En principio piensa en publicar un álbum doble, pero finalmente edita y recorta el material y así ve la luz "Gold", un álbum más producido y arreglado que "Heartbreaker", pero lejos del pulido detallismo de "Pneumonia".

"Gold" es un disco obra de un roquero de raza. De uno de esos tipos que viven a tumba y corazón abiertos, sin reparar en los frenos que la gente corriente pisa a menudo. Él es de esa otra gente: de la que no espera al sábado por la noche para montar una fiesta en cualquier lado, preferentemente en la casa de otro. De la que fuma, bebe, se droga y escribe canciones como si cada día fuese el último. Y de la que debajo de su pinta y maneras de duro, esconde un corazón que se rompe a la mínima sacudida.

En "Gold" hay un momento, en "Tina Toledo´s Street Walking Blues" en el que Adams elimina la música para cantar unas líneas a solas con la corista. Es en ese momento, cuando entonan juntos "Silver and gold" varias veces consecutivas con una falta tan completa de pudor y vergüenza, de cuidado para que suene "correcto", en el que te das cuenta de que éste es un disco de rock´n´roll y no de cualquier otra cosa. Porque esta ausencia de sobriedad, esta ausencia de miedo a la caída sin red en la vulgaridad en pos de ser sincero, es lo que lo siempre ha definido al rock´n´roll.

Por eso "Gold" explora tantos registros. Por eso es triste por momentos, tan triste como "Heartbreaker". Pero también es jovial, sensual, orgulloso y confuso Como es la vida misma cuando se vive intensamente y se abraza como viene, pero también como tú la provocas. Y es así porque Adams no se oculta nunca, ya que escribe, toca y canta sus canciones a calzón quitado.

En este álbum hay toques de soul ("Touch, Feel & Loose"), baladas country terriblemente tristes ("Harder Now That It´s Over"), tonadas al pino dignas de Neil Young ("Sylvia Plath") o Tom Waits ("Goodbye Hollywood Boulevard"). Y una influencia obvia del rock´n´roll británico, tanto de los WHO ("Gonna Make You Love Me More"), como de los FACES ("Rescue Blues" parece escrita por Ronnie Lane), o FREE (el intenso coda final de "Nobody Girl").

Y sobre todo los inevitables STONES de cuando grababan con el padre de Ethan Johns a los mandos, en aquellos "Let It Bleed", "Sticky Fingers" o "Exile On Main Street". Por ejemplo "Tina Toledo´s Street Walking Blues" tiene un riff que es puro "Live With Me", una letra propia de "Honky Town Women" y una tormenta final de guitarras y coros negros que parece un out-take de "Gimme Shelter".

Sin embargo, todo este cóctel de influencias añejas conforma uno de los discos más frescos, vitales, sinceros y excitantes del año pasado. Por eso, antes de que Adams salte a un eventual estrellato y la gente deje de confundirlo con el lamentable Bryan Adams, convenía aclarar estas cosas.

Así que un consejo: ve a comprarte sus discos antes que los demás. Gástalos de tanto escucharlos y cuélgate esa medalla. Después algunos cambiarán de idea y tal vez te harán sentir culpable por escuchar algo tan "retro" y directo, tan "comercial" y "carente de imaginación".
Date prisa, hazme caso y no te arrepentirás. Por ahora.

ENRIQUE MARTINEZ