No estoy viviendo como debiera,

Un poco de descanso me vendría bien.

Me estoy hundiendo en el lugar sobre el que antes me alzaba

No estoy viviendo como debiera.

¿No oyes esa manera de cantar? Suena como el oro

Tal vez tan sólo la escucho en mi cabeza.

Quince años atrás, esta carretera nos pertenecía.

Y ahora no está pasando por encima.

Richard Manuel está muerto.

(DRIVE-BY TRUCKERS: “Danko/Manuel)

Como supongo que para mucha gente en España, mi primer contacto con el mito y realidad de The Band fue la emisión a altas horas de la madrugada de “The Last Waltz”. El impacto de la música, las palabras y las imágenes, fue indeleble, como pocos en mi vida. La borrosa e inaudible cinta de VHS que la recogió, fue revisada una y otra vez. Y no es casualidad que el primer artículo que jamás escribiese sobre música en mi vida sea el consagrado a este peculiar grupo que se encuentra albergado en estas páginas virtuales.

Sin embargo, según el catálogo de The Band iba ocupando mayor espacio dentro de mi colección de discos, algunos ajustes se produjeron en mi visión del grupo. También colaboró la abundante bibliografía que circula en Internet y otros lares al respecto de su trayectoria. Y el principal ajuste fue un descubrimiento que cada vez resultaba más dramático e intenso: que Richard Manuel estaba muerto. Y que, en realidad, ya casi lo estaba en “The Last Waltz”.

Ve hacía allí, paz en el valle.

Llegas a la ciudad, y debes pelear en los callejones.

Vosotros no sabéis como estoy.

¿Hay alguien que haya visto a mi dama?.

El vivir solo me está volviendo loco.

Vosotros no sabéis como estoy”

(THE BAND: “The Shape I'm In”)

A estas alturas ya casi resulta fácil visualizar la escena. Alguien irrumpe en un cuarto de baño. A la altura de sus ojos se sitúan un par de piernas. Describen un extraño movimiento circular, un cierto balanceo, que casi parece un baile al son de una música inaudible. El intruso alza la vista y ve un rostro conocido, pero fatalmente desfigurado y amoratado. Alrededor del cuello una improvisada soga mantiene la cadencia. A pesar de todo el revuelo que viene a continuación, el intruso es secretamente consciente desde el primer momento de que ya no hay nada que hacer. Y tal vez reconozca que hacía mucho tiempo que presenciar esa escena era una mera cuestión de tiempo. Lo sabe sin dudarlo: Richard Manuel está muerto.

Wahington Post. 6 de marzo de 1986: Winter Park, Fla.- Richard Manuel, 42, el pianista del grupo de rock The Band, ha sido encontrado colgado en el cuarto de baño de un motel. La policía considera que la causa de la muerte es un aparente suicidio, pero que el motivo es desconocido.

El cuerpo fue encontrado por la mujer del Sr. Manuel, Arlie.

The Band, que era más conocida por su trabajo en los años sesenta con Bob Dylan, había tocado dos actuaciones el Lunes por la noche en el Cheek Lounge en el Restaurante Vila Nova, al lado del motel donde falleció el Sr. Manuel. La última semana había actuado en West Palm Beach, Miami y St. Petesburg.

El Sr. Manuel era nativo de Strattford, Ontario. Otros miembros de The Band eran sus compatriotas canadienses Jaime (Robbie) Robertson, Garth Hudson y Rick Danko y el nativo de Arkansas Levon Helm. Antes de asociarse con Dylan, que colaboró con ellos en discos como Music From Big Pink y The Basement Tapes, giraron como banda de acompañamiento de Ron Hawkins. El grupo comenzó en Toronto a finales de los años 50, y se separó en 1978 con un disco y una película de su último concierto, The Last Waltz. El grupo se reunió recientemente con el guitarrista Jim Wieder sustituyendo a Robertson, que actualmente trabaja en el cine.”

En los últimos momentos de metraje de “The Last Waltz”, el guitarrista Robbie Robertson habla de la necesidad ineludible de abandonar la vida en la carretera después de tantos años, de las víctimas (Jimi Hendrix, Janis, Elvis Presley, Buddy Holly...) que se habían quedado en el camino. De que aquél era “un modo de vida imposible”.

Años antes, y publicada en el disco “Stage Fright” (1970), Robertson había escrito una canción. Y como siempre lo hacía, habían pensado en que cantante del grupo la tendría que hacer suya. Ésta siempre había sido una de los secretos de The Band: la capacidad de optar entre tres vocalistas extraordinarios. Richard Manuel, Rick Danko y Levon Helm, no sólo se hacían cargo de piano, bajo y batería respectivamente. Alternaban también las labores de cantantes solista, de canción en canción y a veces incluso dentro de la misma canción. Robertson podía así elegir el actor para el papel que estaba escribiendo. La canción en cuestión era “The Shape I'm In”. Y en algún momento determinado, y a pesar de que ese momento bien pudo haber sido recogido en una película, aquella canción dejó de ser un papel. Richard Manuel dejó de interpretar aquella canción y, en realidad, comenzó a vivirla. A fin de cuentas, hacía tiempo que había dejado de vivir, al menos de vivir como debiera, fuera de ella.

Como se ha dicho en el seno de The Band convivieron tres vocalistas de singular talento. Pero también es cierto, que dos de ellos, Rick Danko y Levon Helm siempre se refirieron al tercero, Richard Manuel, como “el cantante solista de The Band” . Alumno aventajado de la escuela de Ray Charles, genuino cantante de soul blanco, poseedor de un falsete capaz de estremecer espinas dorsales, su voz fue precisamente el primer contacto verdadero que el mundo tuvo con los secretos de The Band. Si bien durante 1966 habían sido la banda anónima (sin Levon Helm) que tocaba “jodídamente alto” detrás de Bob Dylan en la legendaria gira de la electrificación, unas largas vacaciones en Woodstock y las informales sesiones del sótano habían cambiado el sonido de The Band. Y el primer contacto del mundo con ese nuevo e insólito sonido fue la interpretación desgarrada de Manuel en “Tears Of Rage”. Emoción en estado puro para abrir “Music From Big Pink”, un disco cuya baja frecuencia provocó sutiles terremotos en todas las cancillerías musicales del mundo. Y Richard Manuel estaba allí en primera línea, no sólo cantando como nadie, sino componiendo temas melancólicos e inmortales como “Lonesome Suzie” o “In A Station”.

Sin embargo, poco a poco, su luz se fue apagando. En el segundo álbum fue incapaz de finalizar sus propias composiciones sin la ayuda de Robertson, regalando a pesar de ello cortes sublimes como “Whispering Pines”. En el tercero, las canciones debían ser escritas por Robbie para él. Para cuando llegamos a “The Last Waltz”, en el número y calidad de interpretaciones vocales, Manuel parecía haber sido relegado al tercer puesto del escalafón. En el film, su voz aparecía cada vez más rota e incapaz. Su presencia en las entrevistas, ebria e inconexa. Para entonces, “The Shape I'm In” ya no era una canción más. Era “su” canción. Una primera profecía del siempre frío pero agudo Robertson se había cumplido. La profecía que estaba en esa canción.

“De mis nueve vidas, me he gastado siete.

¿Cómo demonios se llega al cielo?

(THE BAND: “The Shape I'm In”)

En la interpretación de “The Shape I'm In” que hace Manuel en The Last Waltz, con el tiempo me he dado cuenta, se escucha una voz distinta a la del original de “Stage Fright”, o a la de la versión en directo contenida en “Rock Of Ages”. Esa voz es ronca y quebrada, a la que le cuesta arrancar. Pero en cada estrofa encuentra, del algún modo, una fuerza nueva para aferrarse a la canción, surgiendo de algún sitio que no es esa garganta destrozada, sino de más adentro. Hay algo casi maniaco y poseído en esa interpretación. Es una voz que parece creer en esa canción como en su única posibilidad de salvación. Y el tono bíblico de la letra, el fervor enérgico que contiene la propia música, se convierten en otra cosa. Se aparecen como una cuestión de vida y muerte.

Robertson, como el único talento articulado del grupo, el único ser cuya inteligencia parecía superior a su sensibilidad, el único que lo vio venir a tiempo y se quitó de en medio, lo escribió mucho tiempo antes. Tal vez intuyendo más que sabiendo, pero acertando finalmente. El potencial autodestructivo que percibió en su amigo Richard Manuel se manifestó con fatal plenitud 16 años más tarde, en ese verdadero último baile. Pero estuvo allí agazapado desde el principio. Y en la confusión de la carretera, nadie tuvo ni tiempo o interés en frustrarlo.

“He estado 60 día en la cárcel, por el crimen de no tener un pavo.

Ahora estoy de nuevo en la calle, por el crimen de no tener a donde ir.

Salva tu pescuezo, o salva a tu hermano.

Me parece que es o uno o el otro”.

(THE BAND: “The Shape I'm In”)

Se puede hablar largo y tendido del evidente y conocido alcoholismo de Manuel. De como su carácter se fue venciendo, de como su musa lo fue abandonando. Pero en realidad, lo cierto es que aquél era (y es) un modo de vida imposible. Y por eso los inefables Drive-By Truckers, dignos sucesores de The Band en su capacidad para relatar leyendas norteamericanas en la forma de inolvidables canciones, han vuelto a ese punto. Y han construido con la pluma y voz de Jason Isbell una elegía inolvidable. Que, sin embargo, no puede evitar titularse “Danko/Manuel”.

“Primero, te hacen ser el único pirata en alta mar.

Después, te dicen que Danko hubiera sonado justo igual que yo.

¿Es ese el hombre que quieres ser?”

(DRIVE-BY TRUCKERS: “Danko/Manuel”)

Rolling Stone, 12/10/99- El miembro fundador de The Band, artista en solitario y miembro del Rock & Roll Hall Of Fame, Rick Danko, falleció el viernes por la mañana en su hogar de Woodstock, N.Y. Su esposa, Elizabeth, lo halló en su cama, donde al parecer murió pacíficamente durante el sueño. Tenía 56 años.

Aunque no se conocía la causa de la muerte el viernes por la tarde, la publicista de Dank, Carol Caffin, comentó que había hablado con él el jueves, y que se encontraba de buen humor.

[...]El último álbum de Danko, Live on Breeze Hill había sido publicado en Septiembre. Un álbum mayoritariamente en directo, con una canción de estudio, “Sip The Wine”, grabada veinte años antes. Un porcentaje de los beneficios iba destinado a Greenpeace. Danko no había publicado un álbum en solitario desde su debut autotitulado de 1977, si bien había grabado dos en los años noventa con los cantautores Eric Anderson y Jonas Fjeld: Danko/ Anderson/Djeld de 1993, y Riding on the Blinds en 1997. También había acompañado a sus compañeros Hudson y Levon Helm en los recientes discos de retorno de The Band, Jericó (1993), High on The Hog (1996) y el del último año Jubilation. (El guitarrista original Robbie Robertson había decidido no participar en los discos de reunión; el pianista Richard Manuel se había suicidado tras un concierto en 1986).

[...]En 1997 Danko fue declarado culpable de conspiración para introducir heroína en Japón. Declaró ante el juez que empleaba la droga (junto a morfina prescrita), para ayudarle a luchar contra un persistente dolor de espalda, producto de un accidente de coche sucedido en 1968”

En un momento del metraje de “The Last Waltz, Danko es acompañado por Martin Scorsese al interior de los estudios Shagri-La, en los que Danko está preparando su álbum en solitario. Le muestra las instalaciones, comentando divertido su anterior destino de mala nota, y reproduce en la mesa de mezclas un fragmento de lo que está grabando. La hermosa canción que suena de fondo es “Sip The Wine”. Danko comenta que su futuro tras El Último Vals es hacer música, porque estar ocupado es “saludable”. Mientras suena la música, su mirada se pierde en algún lugar indeterminado, y su mente vuela libre. A raíz de su fallecimiento, sus compañeros Garth Hudson y Levon Helm no han realizado más actuaciones bajo el nombre de The Band.

“Deja que el aire de la noche te enfríe.

Descansa tu cabeza e intenta toser.

No digas nada de las cosas que no has visto.

Deja que el aire de la noche te enfríe.”

(DIRVE-BY TRUCKERS: “Danko/Manuel”)

Durante años, Levon Helm ha mantenido un amargo y público enfrentamiento con Robbie Robertson. En su autobiografía, “This Wheel's On Fire” acusa a Robertson de apropiarse en exclusiva de los royalties de las canciones del grupo, en detrimento del trabajo, supuestamente colectivo, de composición del grupo, más allá de los ocasionales créditos compartidos en algunos cortes. Cierto es también que desde la separación de la formación original, los tres discos de estudio publicados bajo el nombre de The Band han sido básicamente conformados por excelentes revisiones de temas ajenos. Otro de los motivos de enfrentamiento entre ambos ha sido la persistente negativa de Robbie Robertson a realizar actuaciones con el resto de miembros de The Band, firme en su proposición de hacer de “The Last Waltz” el testamento del grupo. Según Helm, esta decisión de Robertson fue adoptada sin consulta ni aviso.

“Albany Times Union.- 16 de Enero de 2000.- Levon Helm estaba haciendo lo que mejor hace, dirigir a la banda desde lo que él llama el mejor asiento del local, el taburete del batería, cantando canción tras canción. Pero algo no iba bien. El carismático hijo de Arknansas no sonaba como él mismo.

Helm, conocido por su música con el seminal grupo de Woodstock de los años 60 y 70, conocido simplemente como The Band, sintió su voz haciéndose más y más ronca. De esto hace dos años y medio.

Cuando participó un par de días más tarde, en un concierto benéfico de blues en Tunica, Miss, un ronquido hubiera sido una mejora. Nada surgió. Ni una palabra, tan solo un carraspeo.

“Yo creo que existe un lugar secreto en tu cabeza donde sabes cuando algo no va bien, pero tú no quieres admitirlo” dijo Helm, “Lo desactivas, ya sabes. Pero mi familia y amigos me hicieron ir al médico, y entonces es cuando comienzas a hacerte cargo”

El diagnóstico era grave, pero no fatal. Se le localizó cáncer, un quiste maligno en sus cuerdas vocales, que requirió una serie de 25 sesiones de radioterapia en el Hospital Memorial Sloan Keettering. La última sesión tuvo lugar a finales de verano de 1998.

Dieciocho meses más tarde, la voz llena de soul que entonó “The Night They Drove Old Dixie Down” y otros clásicos para The Band (que fueron introducidos en el Rock & Roll may of Fame en 1994) es una áspera, tenue versión de lo que una vez fue.

Pero Helm se encuentra revitalizado como músico. Su última banda, Levon Helm & The Barn Burners, que cuenta con su hija Amy de 29, y el nativo de Schenectady Chris O'Leary, disfrutó el año pasado de una residencia de 5 meses en Nueva Orleáns y en Diciembre comenzaron actuaciones semanales los miércoles en Joyous Lake en Woodstock. El sábado por la noche estarán en The Egg en Albany.

Cuando se le diagnosticó cáncer, Amy volvió de Manhattan para estar a su lado. [...] Ahora hacen música juntos, Levon dirigiendo la banda desde el mejor sitio del local, Amy cantando el blues.[...]

Sin embargo Helm, por ahora, y probablemente para siempre, no canta. No puede. Su voz no le deja.

“Da igual”, comenta Helm, que posee un estudio de grabación en un granero de su propiedad en Woodstock. “De todos modos nunca quise ser un cantante. Todo lo que quería ser era un batería”

Durante todo el metraje de “The Last Waltz” la presencia de Levon Helm es abrumadora. A pesar de la tendencia de Scorsese a centrar los focos en su amigo Robbie Robertson, cada aparición de Helm, cada anécdota que desgrana con su característico acento, cada lección que imparte en su condición de auténtico heredero, como único sureño del grupo, de una tradición folclórica que vino en llamarse rock'n'roll, suya por nacimiento y vocación, lo convierten a los ojos del espectador en lo que una vez fue: la piedra angular de The Band. Más de veinte años después, es lo que es: la última de sus voces en apagarse.

“¿No escuchas esa manera de cantar?. Suena como el oro.

Tal vez escucho al pobre Richard desde la tumba,

Cantando sobre dónde se siembra y dónde se recoge.

Cuando has encontrado otro hogar, te debes marchar”.

(DRIVE-BY TRUCKERS: “Danko/Manuel”)

 

ENRIQUE MARTÍNEZ (Septiembre 2005)

(Hemeroteca extraída de la web http://theband.hiof.no)