En marzo del año pasado (2004) volvían TREMBLING BLUE STARS a nuestro país dentro de la segunda edición del Soft Pop Festival. La anterior edición del mismo festival (la primera de este evento organizado por la productora del Playa Club de A Coruña y que va ya por su tercer año –N del A-) contó con la presencia de Bob Wratten junto a Beth Arzy repasando una especie de greatest hits de TREMBLING BLUE STARS en formato acústico, y posibilitando que su reducido pero fiel público español pudiera escuchar, por primera, vez ese repertorio aunque fuera con las limitaciones que un concierto con esos nimios presupuestos pueda ofrecer. Era por tanto en esa segunda oportunidad (en la que, en teoría, venían a presentar su recopilatorio “A Certain Evening Light”) el concierto esperado por todos… hasta que, pasados ya cinco temas, nos dábamos cuenta de que no, de que no iba a ser lo que, ilusos, presumíamos. Caprichosos, salvo un par de rácanas concesiones a su pasado (“Made of each other”, “Never loved you more), toda su comparecencia gravitó sobre un repertorio totalmente inédito hasta entonces. Se trataba del material que luego nutriría los tres discos sobre los que girará este artículo, ese que tan agridulce sensación nos dejó en aquel frustrado (pero aún así interesante) concierto y que ahora hace las delicias del fan una vez editados y disfrutados sin la urgencia de un bis a bis a traición.

El primero de ellos fue el estupendo “Southern Skies Appear Brighter” (Elefant, 2004) , un extended play editado en lustroso digi-pack que veía la luz poco después de aquella actuación y que, adelantando el inminente nuevo elepé, inauguraba su relación editorial en exclusiva con Elefant Records tras la turbia ruptura con Skinhansen. Se incluyen en él cinco canciones que, en algunos casos, alertan de importantes variaciones dentro del característico sonido del grupo. De este modo, la inicial “Helen reddy” es un todo un sorprendente hit de indie-pop directo entre THE PASTELS y YO LA TENGO , que pasa por ser posiblemente lo más accesible que hayan grabado nunca. Por otra parte “Hurry home trough the crows” cuenta con cierto aroma country y el corte final, “One wish granted”, un bonito instrumental atmosférico como los que no se recordaban en el grupo desde su segundo trabajo, “Lips That Taste Of Tears”. Haciendo contrapunto a tanta “desviación” las acompañaban “A begining of a kind” y “Open skies”, perfectamente adecuadas dentro del canon característico del grupo.

Pasado el verano llegaría “The Seven Autumn Flowers” (Elefant, 2004) , el ya quinto disco del grupo. Registrado con la misma banda con la que lo presentó en directo (la ex-ABERDEEN Beth Arzy haciendo coros, el bajista Keris Howard de HARPER LEE al bajo y Johnatan Akerman a la batería), lejos de las variantes apuntadas en el ep precedente, éste es otro álbum en el que se expande el característico sonido de TBS en toda su extensión. Perfectamente secuenciado, se trata de un viaje que arranca en el saludo space-pop de citada “Hellen reddy” para sucederle la inmersión en la clásica melancolía Sarah, luego repuntar hacia el after-punk en su mitad, dejarse caer por territorios folkies poco después y, finalmente, despedirse dentro de una placidez acústica que es ya marca de la casa. Todo un recorrido por una melancolía cuya variedad tonal, como pueden ver, no es escasa, pero que siempre será pintada en un mismo color: el del alma taciturna de un Bob Wratten que no hace concesiones de ningún tipo.

Analizando tema por tema se debería hacer incapié, por un lado, en un gran interés en los aspectos rítmicos, tanto al nivel microscópico (¿indietrónico?) de “Moonlight on snow” o empapándolo de sensibilidad dub en la sorprendente “The rhythm of your breathing”. Por otro, es obligatorio mencionar una inédita inclinación hacia NICK DRAKE, más que obvia en cortes como “One prayer answered” o la preciosa “Futher to fall” (por mucha voz femenina que lo pudiese despistar), y la enésima muestra de devoción hacia THE CURE en “All eternal things” y “The sea is so quiet”, ésta última ya por la vía PET SHOP BOYS, erigiéndose el segundo single del disco y una formidable canción a sumar a joyas del repertorio del grupo como “To leave it now” o “It´s easier to smile”. Cabe señalar por último tanto a “Last port of call”, como la acústica “Kensington gardens”, que cierran un disco de placer creciente escucha a escucha, pero recibido con esas tibias críticas que los fans nunca hemos entendido y que, a estas alturas, ya damos por normales. Definitivamente ellos ven la música de un modo diferente a nosotros.

Para completar esta última etapa de la producción del grupo, recientemente ha visto la luz “Bathed In Blue Extended Play” (Elefant, 2005). Como mencionábamos antes, se trata del refugio del segundo single del disco (“The sea is so quiet”) y se presenta aquí como todo un mini-lp de indudable atractivo, puesto que incluye auténticas joyas (en mi opinión lo mejor de la producción del grupo en estos dos últimos años). En primer lugar, cabe destacar la versión larga de “The Sea is so quiet”, una estupenda segunda vuelta idílica para quienes aprecien el lado más dream-pop del grupo, ya que parece directamente extraída del “Lips That Taste Of Tears”. También obliga al gesto de admiración “Thought the silence and games”, interpretada por Beth Arzy dentro de ese indie-pop que mantiene línea directa con los sesenta, mientras que la mueca de complicidad la propicia “Wounded Light”, hermana carnal en su sangre afther-punk de “All the eternal things” incluida en el disco grande. Sin embargo lo mejor llega al final, ya que tras la inquietante cortina instrumental de “Branches”, surgen los seis impresionantes minutos de “This is bliss” combinando ruidismo, nervio y tensión de un modo que jamás había hecho el grupo con anterioridad y que, ¡ojalá!, sea el primer paso de un camino para explorar en un futuro no muy lejano.

Ayer a la noche un coleguita se me acercó y me espetó sin más miramientos “oye tío déjalo esto no es lo tuyo” . Todo ello venía por un artículo que publiqué en una revista local sobre COLDPLAY donde salía bastante mal parado el insulso “X&Y”. Me decía que “se me veía el plumero” por machacar a grupos así y luego elevar a otros que no los conoce ni su padre y que no son ni la mitad de buenos, aludiendo a una positiva crítica que hice de los gallegos NADADORA en la misma publicación. Cuando le dije que el disco de NADADORA, aún con sus fallos, me parece bastante mejor que el pestiño publicado por COLDPLAY, se echó a reír con cara sincera de “¿me estás puteando?” . Fue un contacto con el mundo real, ése en el que importan lo que hagan JET, MUSE o DELUXE y en que solamente uno entra por imperativo “profesional”. Por tanto, no sería de extrañar, que alguien dijera que es por snobismo, “irse de guay ” y toda la historia que llevo escuchando toda mi vida (sí, ayer también me cayó la del “músico frustrado”) pero generalmente lo mejor del pop hay que rebuscarlo bajo las toneladas de basura que, en versión mainstream o indie, nos ponen ante los ojos a diario. Una vez encontrada, sigan buscando porque, ya ven, ese trastero que suelen ser las caras b de los formatos pequeños siguen en algunos casos especiales albergando auténticas perlas de los mejores grupos del pop de la actualidad. Esta secuencia nos vuelve a confirmar que sí, el mundo es exactamente al revés de cómo nos los contaron. Aunque, a veces, haya que fingir lo contrario con una sonrisa en los labios.

JAVIER BECERRA (Agosto 2005)