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Hay cosas que son únicas.
Que no son como ninguna otra. Que no se encuadran dentro de una especie,
de un género. Y en mundo industrializado, uniforme y gris se tornan
cada vez más valiosas Más necesarias. Más esenciales.
Lo más probable
sea que estas entidades únicamente se encuentran en su medio natural
en aquellas latitudes que se alejan de la Realidad, o más bien
de esta realidad, para transitar otras regiones, que siempre y sin falla
se localizan dentro de nosotros.
"Astral Weeks"
de Van Morrison es un disco como ningún otro. Ni siquiera
se parece a nada que haya hecho el propio Morrison, ni antes ni después.
Nada sorprendente, pues de hecho pretendía que fuese una plasmación
de experiencias místicas, de contactos con lo inefable o con lo
sublime. Y ni siquiera los más materialistas de nosotros, los más
prosaicos y pétreos podemos dejar de sentirnos fascinados y hechizados
por su influjo. Del mismo modo que no podemos negar la experiencia, cierta
y vívida, de nuestros propios sueños. Es decir, su absoluta
realidad.
Y el hecho de que cada
sueño sea una experiencia única e irrepetible, irremediablemente
singular, no significa que no existan los sueños recurrentes. Del
mismo que resultan únicas, inmejorables e incomparables, (y para
mí fatalmente recurrentes) las primeras estrofas de "Astral
Weeks", las que inauguran la canción que da nombre al disco,
las que sea lo que sea que significan, siempre dicen, pero nunca te parece
que del mismo modo, aquello de:
"If I ventured
in the slipstream/ Between the viaducts of your dreams/ Where immobile
steel rims crack/ And the ditch of the back roads stop/ Could you find
me?/ Would you kiss-a my eyes?/ To lay me down/ In silence easy/ To be
born Again/ To be born again". ("Si me aventurase en el viento/
Entre los viaductos de tus sueños/ Donde los inmóviles bordes
de metal se resquebrajan/ Y el arroyo de los caminos ocultos se detiene/
¿Me encontrarás?/ ¿Me besarás en los ojos?/
Para dejarme caer/ En dulce silencio/ Para nacer otra vez/ Para nacer
otra vez")

Poesía. Misticismo.
Palabras que deben ser peligrosas para alguien hoy en día, porque
parece haber una campaña para disminuir su valor, una especie de
invasión de oferta para rebajar su precio y aprecio, su demanda.
Pero "Astral Weeks" contiene ingentes cantidades de ambas
cosas en su estado más valioso y puro. Y el propio autor no sabe
por qué:
"A veces sabes
de dónde vienen las ideas y veces no lo sabes. A veces puedes tener
una canción creciendo de la que no entiendes. Hay muchas cosas
subconscientes de las que puedes escribir. [...].
Es el espíritu que surge en una canción como Madame George,
es lo que el espíritu dice. Y tu tienes muy poco que ver ahí.
Eres como un instrumento para lo que va saliendo. Es lo mismo que cuando
los primitivos, africanos, indios, nómadas, quien sea, cuando se
alzan y hacen su ritual y bailan, es tan sólo lo que pasa a través
de ellos. Es el espíritu".
Y ante esto: ¿Yo
que puedo decir?. No sé. Pues por ejemplo que Van Morrison
estaba muy inspirado en este disco. Que los músicos que le acompañaron
en su grabación también. Que por un lado parece difícil
creer que se grabase en tan sólo 48 horas, pero que en cierto modo
sólo pudo haber sido de esa manera, porque sí parece que
los músicos y el cantante estén dejando que el "espíritu"
fluya, que estén en contacto con partes de ellos que sienten, pero
no piensan. Es imposible que unas sesiones producto de arreglos y repeticiones
infinitas, acontecidas durante un largo periodo de tiempo y reflexión,
bajo el firme mando de alguien que no sea un artista, sino un productor
(etimológicamente "creador de productos") acabasen
por acercarse a nosotros del modo en que lo hacen éstas. Que establezcan
contacto con zonas de nosotros que no piensan pero que, sin duda, son
las que sienten.
Van Morrison había abandonado THEM y había firmado
por Bang Records, la compañía de discos de Bert Berns. De
las sesiones de grabación que realizó bajo su supervisión
(publicadas a través de los años como "Blowin´Your
Mind", "The Bang Masters" o "T.B Sheets")
destacaba "Brown-Eyed Girl", que se convirtió
en su primer hit-single en solitario. Pero a Morrison le resulta incómodo
la rigidez de los arreglos que le impone Berns. Morrison busca un sonido
más expansivo, que se adapte mejor a las canciones que durante
1966 y 1967 va escribiendo, principalmente en su hogar natal de Belfast
del Este. Finalmente en 1968 consigue nuevos mánagers, Lewis Merenstein
y Rober Scwaid y un contrato con Warner Records.
A sus mánagers les
informa que para su nuevo proyecto busca "un sentimiento de jazz".
Sea lo que sea que eso significa. Éstos reclutan a algunos de los
mejores músicos de sesión de la escena jazz de Nueva York,
donde se dirige Morrison a grabar el disco en menos de dos días.
A los músicos les da unas ligeras nociones de cómo son las
canciones y libertad absoluta para dejarse llevar por las mismas. Es obvio
que busca unas interpretaciones que en cierto modo sean consecuentes con
la naturaleza intuitiva, onírica y libre de las letras: una real
adecuación entre sonido y sentido.
Los músicos incluyen, entre otros, al propio Morrison a la guitarra,
a Jay Berliner a la guitarra clásica, a Richard Davis al contrabajo,
Connie Kay a la batería, John Payne a la flauta y al saxo y Warren
Smith a la percusión y el vibráfono. Posteriormente se añadieron
los arreglos de cuerda, que trabajan a niveles diversos: de orquestaciones
que recuerdan a la música clásica a toques más cercanos
al country, como los rasgueos de violín de "Madame George".
Todos están sublimes
en el sentido más profundo del término. Por ejemplo para
Greil Marcus, Richard Davis contribuye con la mejor interpretación
al bajo que jamás haya aparecido en un disco de rock. Y yo no voy
a discutir con él: el contrabajo me parece no sólo el fundamento
y el anclaje del disco, el elemento que impide que tanta libertad y exploración
derive en el caos, sino que de un modo más milagroso aún
parece capaz de simpatizar y responder, de dialogar con la voz del cantante.
Y es que hay algo inexplicablemente natural, casi necesario de puro obvio
e indiscutible en esta inédita mezcla de pop, soul, folk y jazz.
Estas canciones están tratadas de un modo que nadie había
realizado antes y sin embargo parecen ofrecer el único modo posible
de realizarlas, de expresar aquello que nos quieren contar.
La interpretación
vocal de Van Morrison participa de esta originalidad, de este carácter
extravagante y explorador de nuevos terrenos. Por ejemplo, es habitual
que un cantante repita algunas frases un par de veces consecutivamente
en una canción. Lo hacen todos. Pero a Van parece írsele
la cabeza cuando comienza a repetir pequeñas frases, incluso palabras
cortas, más de diez veces. Si transcribes esas partes al papel
carecen de sentido, no aportan información adicional. Si escuchas
el disco casi resultan las más importantes, las que más
dicen. Repite las palabras, pero no todos sus sonidos, porque juega con
las sílabas, las alarga, las recorta, se acelera, se frena. Se
va y vuelve. Parece que intente crear una especie de mantra, de transmitir
una cierta sensación. Lo hace en todas las canciones del disco,
aunque el algunos momentos el paroxismo que alcanza resulta difícil
de creer.

Puede que la sensación
que intente transmitir sea un éxtasis místico como el "inspiras
y expiras" de "Beside You". O tal vez
un abrumador sentimiento de impotencia por la belleza de algo o alguien
en "Cyprus Avenue": un hombre "capturado
una vez más en Cyprus Avenue", "conquistado en el asiento
trasero", al que se le traba la lengua cada vez que intenta hablar,
que se puede estar volviendo loco "delante de aquella mansión
en la colina". Y ¿qué es lo que ha visto?: a "su
dama". Y ¿quién es ella?: una adolescente de catorce
años a la salida del colegio, con "cintas amarillas en
su pelo". Un amor incorrecto y frustrado que nadie conocerá
porque nadie debe conocerlo.
"En el comienzo" son cuatro canciones, las de la Cara
A. "Después" son otras cuatro, las de la Cara
B. Cual es el "hecho" que divide este disco no lo ha
aclarado nadie, pero esta división en dos partes del disco y la
continuidad de todo él, el que parezca que sea una única
canción o tal vez dos divididas por la febril "The Way
Young Lovers Do", es a lo que el propio Morrison se ha referido
en desafortunada expresión como "enfoque operístico".
Lo que quería decir es algo que todo el que ha escuchado este disco
ha podido descubrir por sí mismo: que hay algo que lo unifica,
una corriente subterránea bajo todos los accidentes en su geografía
que son las pausas entre canciones.
La geografía real de la mayoría de ellas es Belfast del
Este, poco antes de que se incendie con los enfrentamientos entre católicos
y protestantes, entre unionistas e independentistas, poco antes del "Domingo
Sangriento". Es un telón de fondo que se desvanece, en
el que ha crecido Van Morrison y en el que localiza mucha de la
acción de este disco: Cyprus Avenue está casi al lado de
Hyndford Street, donde se encuentra la casa de sus padres. Pero también
América está presente. Los versos sueltos de "Ballerina"
que parecen en la portada y que no canta en el disco localizan la canción
en Boston. Pero aún más importante para el disco es la distancia
que América representa. No en vano Janet Planet, la compañera
sentimental de Morrison en aquella época y madre de su hijo permanecía
en Estados Unidos.
En "Astral Weeks"
(la canción) parece hablar de un amante que mediante un viaje astral,
pretende atravesar el vasto océano para poder encontrarse con su
amante: "Desde el lejano lado del océano/ pongo en marcha
mis ruedas/ y con los brazos detrás de mi espalda/ estoy empujando
tu puerta/ ¿Me podrás encontrar?/ ¿Me besarás
en los ojos?/ Para dejarme caer/ en un dulce silencio/ Para nacer otra
vez/ Para nacer otra vez."
A la vista de "Beside
You" y de "Sweet Thing" parece que
ha tenido éxito, que gracias a la compañía de su
amor, nunca más "Recordaré que sentí el dolor".
Y ¿por qué esta certeza de felicidad?: "Porque juntos
caminaremos y charlaremos/ en jardines brumosos y empapados por la lluvia/
y nunca, nunca, nunca/ envejeceré tanto otra vez".
Pero como dijo en su momento
el enorme Lester Bangs: "Sonaba como si el hombre que había
hecho Astral Weeks tuviese un enorme dolor, pero como en los últmos
discos de la Velvet Underground, había un elemento de redención
en la oscuridad, una definitiva compasión por el sufrimiento de
los demás, y un manto de pura belleza y místico asombro
que atraviesa el corazón de este trabajo". Es decir, que
no todo este contacto con lo místico y lo sublime transmite una
sensación de placidez o de embelesada felicidad. Hay dolor real
en este disco, por ejemplo en la canción final "Slim
Slow Slider": "Te has ido por algún motivo/
y sé que no volverás/ Sé que te estás muriendo,
nena/ y sé que tú también lo sabes/ Cada vez que
te veo/ No sé que hacer".

Quizá es ese enamoramiento
de una adolescente en "Cyprus Avenue" lo que comienza
a establecer una distancia sentimental, esta sí que parece insalvable,
entre los dos amantes. "The Way Young Lovers Do"
está escrita en pasado, no deja de ser un recuerdo y es la canción
que abre la segunda parte del disco, la cara de "Después".
"Madame George"
es tal vez el clásico de este disco, que según el propio
Van Morrison es todo él un clásico (en un ejercicio
de sinceridad y falta de falsa modestia más que justificado). Es
según Bangs: "Una de las piezas de música más
compasivas jamás escritas", y aunque el autor lo niega,
parece tratar el encuentro de él mismo con un travestido de unos
cincuenta años, patético en su conducta, decadente y asustado
de la policía. Pero patético quiere decir aquí merecedor
de piedad y de compasión en su debilidad. El problema de esta canción
es que cuesta encontrarle acomodo narrativo dentro de la historia de amor
y desamor con ribetes místicos que parece ser "Astral
Weeks". Pero tal vez la debilidad en la que Morrison se ha
sorprendido a sí mismo en Cyprus Avenue le lleve a comprender y
compadecerse mucho de la que Madame George demuestra, exactamente en el
mismo emplazamiento. Esta puede ser la conexión que Morrison encuentra
entre los dos, en ese lugar que de algún modo consigue debilitar
caracteres, abrir abismos.
"Ballerina"
parece una oferta de reconciliación a su amante, de retorno a los
jardines y las colinas "húmedas por la lluvia"
de "Sweet Thing" y "The Way Young Lovers
Do". Van le pide que deje de bailar para otros, que "despliegue
sus alas y vuele directamente a mis brazos". Pero en "Slim
Slow Slider" ella tiene "un chico nuevo y un Cadillac".
No parece que vayan a volver a encontrarse en ese plano astral privado
que parecía pertenecerles en exclusividad.
Lo que hace de "Astral
Weeks" un disco tan inescrutable (tanto que todo esto que acabo
de sostener puede fácilmente ser la mayor tontería que hayas
leído en tu vida) y a la vez tan expresivo y atractivo, es que
todos estos sentimientos aparecen casi sin articular, completamente sin
analizar. Expresados como un torbellino, como un confuso torrente de sentimientos
y sensaciones, de ensoñaciones y perplejidades, de profundos asombros
e intuitivas certezas. Como todos nos hemos sentido alguna vez. Atropellados
por la vida en toda su inmensidad, en toda su belleza y en toda su crueldad.
Perplejos y paralizados, atravesados por ella. Abrumados, y eufóricos.
Como un "extraño
en este mundo" ("Astral Weeks").
Completamente vivos.
Sea lo que sea lo que eso
significa.
ENRIQUE MARTINEZ
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