"Y en las ondas de radio/ ya voló mi diario/ y yo ya lleno estadios con mi voz/ Y ya quemé mi pasado/ y me he volatilizado/ ya no soy mi pasado, sólo yo/ Y los discos quedaron/ ahí, latiendo callados/ y aún hacen su trabajo de demolición" CHUCHO: "Abrid todas las ventanas"

En su momento cerré mi crítica del anterior disco de WILCO, "Summerteeth" afirmando que aquella maravilla hacía "del futuro de WILCO algo más que una brillante promesa. Es una cegadora certeza de placeres insospechados". Sin duda, no existe absolutamente nada más pedante que citarse a uno mismo, pero en este caso lo hago con la intención de aclarar eventuales malentendidos: pese a lo que dije entonces, el nuevo disco de WILCO no me lo esperaba, no me puedo apuntar el tanto de haberme anticipado a su esquiva y peculiar excelencia. Jamás podía haber previsto un disco tan gloriosamente extraño como "Yankee Hotel Foxtrot". "Extraño" en este caso quiere decir extravagante, bizarro y excéntrico. Pero también diferente y distinto. Extraordinario, en definitiva.Tan extraordinario que su génesis no ha podido ser más accidentada. Ya se sabe que cuando la, por entonces nueva formación de WILCO (con el cambio en las percusiones de Ken Coomer por Glenn Kotche) presentó las mezclas definitivas del disco a Reprise, su anterior sello, este lo vetó por anti - comercial, y finalmente han tardado casi un año en poderle dar salida, después de comprar el master y venderlo a uno de los treinta sellos que aparecieron a su caza y captura. Por el camino se ha quedado también Jay Bennet, el teclista y multiinstrumentista, clave en el sonido de los últimos trabajos y que ha sido sustituido por Leroy Bach.

Previamente a la llegada a las tiendas del disco, lo habían difundido a sus fans a través de su web, donde el que quisiera lo podía bajar en mp3 directamente y gratis. Finalmente y casi un año después de su grabación ha salido a través de Nonesuch Recortds, irónicamente otra filial de AOL - Time Warner a la que también pertenece Reprise. Algo que es completamente normal dentro de la absurda lógica con la que funciona esta industria.

Cuando por fin he tenido acceso a él, este disco se ha manifestado como algo muy especial. La elección del prestigioso Jim O´Rourke para hacerse cargo de las mezclas no puede ser más acertada y sintomática. Un tipo que navega con absoluta naturalidad entre el "Avant Garde" y el pop más clásico es la persona ideal para encargarse de una obra de una naturaleza tan mutante y extravagante de ésta. Definitivamente con ella, Jeff Tweedy se ha desmarcado del nicho del country rock, y se ha embarcado sin miedos en la aventura hacia lo desconocido. Aquí no se puede seguir hablando de "riesgo dentro de sus propios términos" o de "innovaciones dentro del género". "Yankee Hotel Foxtrot" es uno de los discos más interesantes y diferentes de pop o rock de los últimos años, sin etiquetas que valgan.

Un consejo: la primera vez que lo escuches, a ser posible hazlo tumbado en la cama, con los cascos puestos, poca luz y mucha atención. Es un disco para abstraerse del mundo exterior. De esos que construyen un mundo paralelo regido por sus propias reglas, y que si quieres jugar en él, debes adaptarte a ellas. En la primera escucha que le di, realmente no terminé de encontrarle sentido, aunque sí atractivo, pues inmediatamente lo escuche de un tirón otra vez. Y entonces sí que comenzó a encajar. Me dio la impresión de que Tweedy y sus compañeros te sirven un puzzle desordenado, las piezas y el marco, y tú libremente lo debías ordenar a tu gusto. No es así, desde luego, pero sí es verdad que en todo momento las canciones no parecen haber sido domesticadas o domeñadas, no semeja que se les haya impuesto la tiranía de la armonía más rígida, sino que se les ha dejado moverse a sus anchas. O tal vez haya sido a la inversa: que los músicos no han dejado que el hecho de trabajar canciones pop les impusiese arreglos cuadriculados y tópicos. Sea del modo que haya sido, lo cierto que el disco engancha por su gran originalidad, aunque sobre todo (y es que estamos hablando de un disco de WILCO, no de cualquier cosa) por su capacidad de emocionar.

Puede parecer que "Yankee Hotel Foxtrot" es bipolar y se divide sin concierto en dos bloques: las canciones más pop y convencionales ("Kamera", War On War", Jesus, etc", "Heavy Metal Drummer", "I´m The Man Who Loves You", "Pot Kettle Back") y los experimentos Pero si desde el principio el disco desconcierta y descoloca, con las atonalidades y el carácter fragmentado de la melodía de voz de "I Am Trying To Break Your Heart", todas las canciones, incluso aquellas que se adaptan con más fidelidad a los cánones del pop clásico, contienen elementos desconcertantes y extemporáneos, sonidos que te llaman la atención y te distraen de lo "importante" de una manera impropia. En definitiva, de "interferencias".

De este modo llegamos al punto delicado. Nuevamente, como sucedió con los dos discos anteriores, el nuevo álbum de WILCO es un disco con "tesis", con "tema". Tweedy lleva un par de años definitivamente obsesionado con la radiodifusión de baja frecuencia, con las radios de onda corta, y el código Morse (recordemos que el primer disco de WILCO se titulaba "A.M"). Esta vez el disco toma su título del nombre de una emisora de radio del Mossad en territorio americano. Una de tantas de las empleadas por los servicios de inteligencia para comunicar mensajes en clave, algunas de ellas auténticos fósiles radioeléctricos de la Segunda Guerra Mundial. En dichas emisoras los mensajes se transmiten en clave. Pero además, y dada su escasa potencia, repletos de interferencias, contaminados, y en muchas ocasiones deformados.

Esto le ha servido a Tweedy como punto de partida y metáfora para explorar las dificultades de la comunicación entre las personas. Una observación de cómo los malentendidos se convierten en el pan nuestro de cada día si partimos de nuestro torpe manejo de un instrumento tan impreciso como el lenguaje, una trampa en sí mismo, la primera "interferencia" en realidad. Un estudio de los estragos en nuestras relaciones que producen las alteraciones accidentales del sentido de nuestras intenciones. O de cómo el contexto puede cambiar el sentido de muchas cosas. De cómo cada vez que intentamos decir algo estamos en realidad realizando una arriesgada apuesta contra la fatalidad de un error o de una mala interpretación. Y también una observación sobre el poder subversivo de la radio, una vez que nadie asegura su efectividad comunicativa, y de su eventual poder curativo, cuando es capaz de cruzar soledades al azar.

Por eso en este disco todo es interrumpido o acelerado, deformado o escondido, camuflado o contrastado. Por eso saltamos del árido ruidismo del final de la primera canción "I´m Trying To..." a la limpieza de "Kamera". Y también por el mismo motivo, tanto la melodía del tema inaugural (un perfecto umbral para esta cubista construcción) como la de "Radio Cure", son escondidas hasta el final por una instrumentación que no trabaja a favor de resaltarlas, sino a la inversa. Y la misma frase ("Soy el hombre que te quiere") cambia de sentido según suena deformada y casi amenazante al final de "I´m Trying...." o como jovial estribillo de "I´m The Man Who Loves You". Y así descubrimos que el cuando, el cómo y el dónde de lo que dices se convierte casi en todo lo que dices, pues tampoco "nuestra distancia tiene ninguna manera de hacer el amor comprensible" ("Radio Cure").En el disco la irrupción de Kotche significa la aparición de un concepto complejo e imaginativo de lo que puede ser un percusionista de rock. Su surtidor de ideas parece inagotable, golpeando cualquier objeto imaginable, aparentemente al azar, pero siempre con un intención expresiva. Además, Bennet antes de marcharse, finalmente de forma poco amistosa, volvió a pintar con toda una paleta de insospechados colores el disco más intuitivo y libre del grupo hasta la fecha.

Pero tampoco nos engañemos. Si bien se trata de un disco extraño y un nuevo golpe de timón, "Yankee Hotel Foxtrot" es, y en realidad, sólo puede ser un disco de WILCO. Un disco escrito por Jeff Tweedy. De ahí, que como viene siendo una afortunada constante en su carrera con WILCO el fondo y la forma son relacionadas de manera magistral. Tweedy canta "soy el hombre que está intentando romperte el corazón", justo en el momento en el que la canción en sí se rompe también, se desmorona y se resquebraja. Como también le sucede a esa voz que canta mejor cuanto menos lo intenta. Estremece toda esa desolación de "Ashes Of American Flags", que parece una auténtica "zona cero" musical, un desolado paisaje en el que puedes mascar el aire denso y cargado, la insoportable gravedad de la pérdida de algo de lo que desconocías su existencia.

Recuperamos también ese detalle inconfundible de utilizar también el rock como metalenguaje, el estudio de sus cualidades sentimentales, aunque en esta ocasión parece abrir más distancia, menos autobiografía que en "Being There". Y así vemos a Tweedy expresar desde una casi paródica nostalgia por tiempos dudosamente mejores de "Heavy Metal Drummer" ("Todavía echo de menos esas bandas de heavy metal/ que ella iba a ver en el bosque en el verano/ ella se enamoró del batería, se enamoró del batería [...]/ pantalones brillantes y pelo rubio lejía/ batería de doble bombo al lado del río en el verano/ [...]/ Añoro aquella inocencia que conocí/ tocando versiones de KISS/ hermosos y colocados"); a los efectos pretendidamente terapéuticos de una canción ("Radio Cure": "Mi mente está llena de medicina de la radio/ Palabras electrónicas y quirúrgicas"); o a la distancia real o virtual entre artista y fan en "Poor Places" ("Hay bourbon en la respiración del cantante que amas tanto/ De cualquier modo, él saca todos sus versos de libros que tú no lees")

Y, como no puede ser de otro modo, volvemos a escuchar fascinados a una banda con influencias afortunadamente reconocibles. Aunque los ROLLING STONES y el country cada vez tenga menos que ver con ellos, al menos en apariencia. La fragilidad disonante de estas canciones recuerda a GIANT SAND, a "Third/Sister Lovers" de BIG STAR o a "Oar" de SKIP SPENCE. La valentía de emplear arreglos y letras incómodos en melodías nacidas para acunar las más bellas intenciones, remite a la VELVET UNDERGROUND. La creación de exuberancias sonoras con cualquier elemento a tu alcance, a PHIL SPECTOR. Y todas esas canciones tan hermosas, que aunque siempre te acaban sorprendiendo, en el fondo sabes que son las mismas que podrían haber escrito los BEATLES hoy por hoy. Pero esta vez WILCO es ya, sin ninguna duda, una entidad tan autónoma de sus influencias cómo estos grandes originales lo fueron a su vez de las suyas.

Y por último esta aquello que convierte a esta banda en lo que es, lo que los ha alejado (por arriba) del nicho del country alternativo que han ayudado a crear. Que no es sólo el fascinante cruce entre melodías luminosas y sentimientos oscuros, expresados en unas letras repletas de insospechados hallazgos poéticos (En "Pot Kettle Back": "He encontrado auténtica gravilla en mi alma") Sino que es, sobre todo, la confirmación de su papel como últimos guardianes del moribundo fuego sagrado del rcok'n'roll, de aquel Santo Grial que era la banal pero reconfortante fe, tozudamente irredenta, en una canción pop. En esas "voces asustadas/ cantando canciones tristes/ con dos acordes" ("Poor Places"), como las últimas redentoras posibles de una vida cuando se va por el desagüe.

A fin de cuentas el propio Tweedy se ha dado cuenta de una hermosa verdad, con la que justificaba en su momento el difundir gratis este disco en su web, para que así sus fans fuesen a los conciertos con conocimiento de causa). Que WILCO, como toda banda auténticamente grande "ya es parte del tejido emocional de mucha gente. La música es amor, ellos me dan amor y yo se lo quiero dar a ellos"

Por eso, si algún pobre despistado de la generación de la Play Station 2 está buscando una banda que haga por él / ella lo que R.E.M hizo en su momento por tantos de nosotros, que vaya a la letra W de la sección de pop-rock de su tienda de discos. De nada.

ENRIQUE MARTINEZ