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Cabe preguntarse si la primera versión
que se estrenó de "Apocalypse Now" era en realidad
una película "sobre" la guerra de Vietnam. La nueva versión
"Redux", con casi un hora larga de nuevo metraje, resulta
finalmente un film que habla más sobre Vietnam que la primera,
y aún así queda claro que su principal tema y motivo no
es el propio Vietnam, sino que la acción sucede "en"
Vietnam, pero bien pudiera ser casi cualquier otra guerra. Y para también
posible que incluso tampoco sea en realidad una película bélica,
"de" guerra, sino que más bien sucede "en"
una guerra. Lo cual, en el fondo, tiene mucho sentido, pues "El
Corazón de las Tinieblas", el relato semi-autobiográfico
de Joseph Conrad que sirvió de base para aquel imposible guión,
sucedía en el siglo XIX en el corazón del Congo Belga, actual
Zaire. Y no trataba de ninguna guerra abierta, sino de una pequeña
e insignificante anécdota dentro de la colonización belga
de África, reputada como una de las más crueles y genocidas
campañas de todas las perpetradas en el continente negro en el
siglo XIX. Lo que trataba la novela y lo que trata la película,
tal y como no se cansa de repetir Kurtz y de resonar en la mente de Willard
al final, es "el Horror".
¿Qué
Horror, así con mayúsculas?¿Qué monstruo tan
terrible? Pues el Horror que puede llegar a representar la propia alma
humana y sus abismos. Aquel era un relato, una tesis contrastada con hechos
(Conrad los escribió como terapia, ante los recuerdos de la pesadilla
que fueron sus vivencias en el Congo) sobre hasta donde puede llegar la
maldad humana cuando sus actos dejan de tener consecuencias punitivas,
cuando los crímenes permanecen sin castigo y los líderes
pierden la autoridad moral ante sus subordinados. Cuando las normas y
la ética desaparecen casi por completo, hasta que tan sólo
queda la hipocresía como última y lamentable barrera. A
Willard le ordenan que remonte el río en la procura del Coronel
Kurtz para que lo elimine, porque éste supuestamente ha cruzado
el límite de lo permisible. Sin embargo a lo largo de su travesía
fluvial sólo conocemos gente que ha cruzado el límite de
lo permisible. Esta es una Odisea, un viaje, que tan sólo parece
transcurrir a través del Hades por el río Éfeso,
en el propio Infierno. Poco a poco, según Willard se va adentrando
en la Jungla, se va adentrando también en la zona oscura de sí
mismo hasta enfrentarse finalmente a Kurtz, el hombre que definitivamente
ha decidido eliminar la mentira y la hipocresía de sus métodos,
pues la moral la dejó hace tiempo atrás al comenzar esa
guerra absurda y despiadada. Kurtz ha sucumbido al Horror, pero con plena
conciencia de haberlo hecho, sin engañarse a sí mismo ni
pretender engañar a los demás, como sí hacen sus
mandos. Vietnam, su guerra y su jungla se convierten así en una
terrible metáfora sobre el ser humano ante su propio y libre albedrío.
La
leyenda del rodaje de esta obra, que duró tres años, ya
es de sobra conocida, y supone una epopeya similar a la relatada. Francis
Ford Coppola es el último de los grandes megalómanos de
la historia del cine, en la estela de Orson Welles, Eisestein, Griffith
o David Lean. E intentó convertir un espectáculo de grandiosidad
imposible en un relato moral, en una fábula. Incluso estuvo a punto
de rodar el relato de Conrad "a tiempo real": algunos de sus
primeros montajes duraban seis horas, probablemente lo que a un buen ritmo
se puede tardar en leer "El Corazón de las Tinieblas".
Los imperativos comerciales (se estaba jugando su propio patrimonio personal
hipotecado para acabar el rodaje) le obligaron a ceder. Más de
veinte años después ha podido recuperar algunas de sus ideas
originales.
Los
añadidos de esta nueva versión anclan más la película
en la guerra de Vietnam y la hacen menos abstracta, sin que por ello pierda
su enorme simbolismo. Este nuevo arraigo se manifiesta sobre todo en la
larga escena de la plantación francesa, casi autoconclusiva y encerrada
en sí misma, y que en cierto modo cambia a Conrad como referente
por Graham Greene ("El Americano Impasible"). En ella
aparece la verdadera exploración de la presencia norteamericana
en Vietnam, la verdadera declaración política de una película
que no lo era tanto como parecía. Curiosamente no sólo centra
más la película en el conflicto de Vietnam, sino que a la
vez la hace más contemporánea y actual. Así igual
que hizo en "El Padrino II" con la Revolución
Cubana, Coppola parece ser capaz de resumir cuestiones históricas
muy complejas en escaso tiempo cinematográfico. Nos muestra la
miopía estadounidense confrontada a la vieja visión colonial,
sus errores de análisis por ignorancia e incapacidad de entender
otras culturas, su ausencia de proyecto real. Impagable aquella frase
que le espeta a Willard el jefe ya irreversiblemente franco-vietnamita
de la plantación: "Nosotros luchamos por lo que es nuestro.
Los americanos lucháis por la nada más grande de la historia".
Terribles y proféticas palabras pronunciadas por un hombre que,
al igual que los suyos, surge como un espectro, como una aparición
fantasmagórica de la bruma. Fantasmas de otro tiempo, de un mundo
que se acaba pese a su romántica resistencia. Esta nueva escena
supone una ruptura de la película, tanto de su ritmo como de su
atmósfera. Pero sin embargo funciona, convertida en una especia
de aventura de las sirenas (con el añadido de la seducción
por la viuda de Willard) en esta Odisea moderna.
Otro
de los añadidos, la lectura por Kurtz a Willard de noticias de
prensa americana, propaganda en realidad, sobre la guerra, nuevamente
ancla la película al conflicto concreto. Pero también vuelve
a plantear cuestiones de actualidad sobre el control gubernamental sobre
los medios de comunicación y la pérdida de la verdad como
valor superior en tiempos de guerra. El anterior episodio adicional de
las Playmates, no resulta ni superfluo ni tampoco imprescindible, sino
que muestra otra cara más de la pérdida de la Humanidad
en la guerra. O tal vez de la pérdida de los limites necesarios
y habituales a la verdadera Humanidad, al Horror interior.
"Apocalypse
Now Redux" resulta así mejor película de lo que
fue la original. Nada de la que añade sobra, y no elimina casi
nada de lo esencial. Tan sólo se echan de menos aquellos títulos
de crédito originales, con la ciudad de Kurtz sometida al bombardeo
mientras sonaba "Machine Gun" de Hendrix. A Coppola nunca
le convenció ese final, y ha optado por la elipsis. Pero por lo
demás todo lo mejor de la película se conserva. El increíble
trabajo de Vittorio Storaro en la fotografía. La filmación
de la escena del bombardeo del poblado por la "Caballería".
Las interpretaciones de Duvall y Sheen. La presencia (casi ni interpretación)
de Brando, tan imponente que roza la abstracción, en un personaje
que en realidad no es una persona sino un símbolo. Y por último
el empleo magistral de música ajena, mezclando pop con música
clásica y "score" cinematográfico creado con sintetizadores.
No
sé si es uno de los múltiples y extraños talentos
de Coppola, pero el reestreno de "Apocalypse Now" en
estos momentos tiene resonancias proféticas. Así nos aparece
como una película cada vez más imprescindible y actual.
Con todo lo que eso significa.
ENRIQUE MARTÍNEZ

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