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Resulta difícil
de encontrar, no ya en el Cine actual, sino en toda la historia del mismo,
una película con mayor profundidad, simbolismo y carga filosófica
que "Blade Runner", de cuyo estreno se cumplen ya veinte
años. Clásico absoluto del género de la Ciencia -
Ficción (el elegido por el cine y literatura norteamericanas para
estudiar las cuestiones más existenciales y trascendentes) su dimensión
real alcanza mucho más allá de los confines de lo que aparenta.
Es uno de los más profundos y complejos estudios sobre la condición
humana que jamás se hayan volcado en celuloide. Un clarividente
análisis de la esencia de la Humanidad, de aquellos elementos que
configuran lo distintivo del simio sin pelo frente al resto de seres vivos.
En los últimos años sólo "Gattaca"
(A. Niccols) e "Inteligencia Artificial" (S. Spielberg)
han apuntado tan alto. Personalmente, y pese a sus enormes méritos,
no creo que hayan alcanzado las cotas de lirismo y profundidad de la obra
maestra de Ridley Scott.
El guión original
de Harold Fancher y David Peoples (autor éste de
otra obra maestra del calado de "Sin Perdón" de
Clint Eastwood), filtra y depura la muy sugerente novela original
de Phillip K. Dick, uno de los escritores de Ciencia - Ficción
más visionarios y profundos de todos los tiempos. De "¿Sueñan
los androides con ovejas mecánicas?" (cuyo título
describe la esencia de "Blade Runner" incluso más que
la del propio libro) se quedan por el camino los temas de la religiosidad
humana posmoderna y otras cuestiones de igual interés, para (asumiendo
la distinta naturaleza del lenguaje cinematográfico) centrarse
en la cuestión principal de la dialéctica humanos / Replicantes,
los dilemas morales de la vida creada artificialmente y los límites
de la Humanidad, la inteligencia, la emotividad y la barbarie.
Acertadamente y de un
modo pionero, los Replicantes resultan ser creaciones genéticas
y no mecánicas como cabría esperar en 1.982, año
de factura de la película. La caza de los esclavos rebeldes por
las calles de unos Los Ángeles orientalizado y apocalíptico
adquiere así matices que terminan por configurar el sentido real
de la película. Así la depuradísima factura visual
de Ridley Scott y su equipo permanece aún hoy como un lugar
común imitado hasta la saciedad. Renunciando al realismo a cambio
de la atmósfera, algunos de sus diseños y de sus ideas de
ambientación e iluminación (o ausencia de ella) son ya parte
indeleble del lenguaje cinematográfico. Y que no sólo han
definido las visiones apocalípticas sobre el futuro que nos ha
ofrecido después casi toda la Ciencia - Ficción (desde la
ciudad de Coruscant en "El Ataque de Los Clones" (G.
Lucas), el mundo enfermo de "Inteligencia Artificial"
(S. Spielberg), hasta cualquier serie B protagonizada por Cristopher Lambert),
sino también la serie negra y el thriller de final de siglo: por
ejemplo "Seven" (D. Fincher), con la lluvia perenne y
la ausencia casi total de luz solar.
Entregando la banda sonora
a Vangelis, Scott tuvo un acierto insospechado. Es un trabajo finísimo,
una partitura que sorprende por su inteligencia y maleabilidad, además
de una carga emotiva innegable. La versatilidad queda reflejada en la
diferencia entre el evocador tema de fondo que suena en los momentos de
soledad de Deckard (también en los de soledad compartida con Rachel),
que remite al jazz más cercano a la serie negra una vez más,
y la pompa y circunstancia del tema principal: futurista, intenso y con
una velada amenaza latiendo en su pulso.
También cabe hablar
del reparto. Destacan un muy ajustado Harrison Ford (cuya vulnerabilidad
va haciéndose más evidente a medida que la película
avanza y sus dudas emergen) y un irrepetible Rutger Hauer, al parecer
autor improvisado del monólogo final, y cuya presencia casi escultural
no oculta una carga de sentimientos extremos e inicialmente inarticulados,
que son la trama secreta de "Blade Runner".
Pero, por una vez en espectáculos
de esta grandiosidad y brillantez, es el texto, la poética de la
historia, lo más importante de "Blade Runner".
La trama cuenta la historia de Deckard, ex - miembro de una brigada especial
de la policía, los Blade Runner, que es obligado a reengancharse
en una nueva misión. Se trata de dar cazar y eliminar a un grupo
de Replicantes Nexus 6, que pese a la prohibición, han llegado
a la Tierra desde sus trabajos forzados en las colonias del espacio exterior.
Los Replicantes son creaciones genéticas de la Tyrell Corporation,
seres concebidos en laboratorio con cualidades de fuerza sobrehumana,
adaptados a las situaciones más extremas, y que trabajan como esclavos
sin derechos civiles ni políticos en las colonias del espacio exterior.
Para evitar mayores problemas, su vida queda prefijada a unos escasos
cuatro años desde su creación, condenados a una muerte prematura.
Pero tampoco así su existencia ha resultado pacífica: han
protagonizado violentas rebeliones que han sido sangrientamente sofocadas,
y su presencia en la Tierra es proscrita. Este grupo en particular ha
eliminado a un Blade Runner, cuya misión era su vez ponerlos fuera
de circulación, en una política que no era llamada ejecución
sino "retiro".
Deckard debe darles caza,
mientras el grupo de Replicantes investiga su origen e intenta encontrarse
con su creador, Tyrell. Ambas búsquedas van dejando dos regueros
paralelos de muertes por el camino, uno de humanos (los creadores de los
diversos componentes) el otro de Replicantes. A través de J.F.
Sebastian, uno de sus creadores (que sufre un proceso de envejecimiento
prematuro similar al suyo), finalmente el líder de los Replicantes
encuentra a su creador supremo, Tyrrel y ante su ausencia de respuestas
satisfactorias en él, lo elimina, mata a "Dios". Mientras,
contemplamos la absoluta soledad de Deckard, que comienza a interactuar
sentimentalmente con una Replicante, Rachel, que ignora al principio su
propia condición de tal.
Por el camino hemos descubierto
los tics que descubren a los Replicantes. Y también que éstos
carecen de recuerdos de sus familiares y de su infancia, cuestión
que los atormenta. Llegamos a la confrontación final entre Decakrd
y el líder, y todas las claves comienzan a desvelarse, aunque tal
vez no tanto. La superflua y redundante voz en "off" de Deckard,
que fue impuesta por los productores del film, ha producido ya efectos
perversos, provocando que la trama haya ganado terreno sobre la sub-trama
y haya distraído de su condición anecdótica. Al igual
que, años después, el montaje del director quiso forzar
las cosas más allá, y hacer entender a cualquier despistado
claves ocultas sobre la ambigua condición de Deckard.
Pero ya había quedado
todo absolutamente claro cuando la vida de éste pende de la mano
del último Replicante, que lo salva y entona su propia despedida.
Aquel monólogo debe ser reproducido.
"Es toda una experiencia
vivir con miedo, ¿verdad?.
Eso es lo que significa
ser esclavo.
Yo he visto cosas que
vosotros no creeríais.
Atacar naves en llamas
en el cielo de Orión.
Brillar Rayos C en la oscuridad,
cerca de la Puerta de Van
Hauser.
Todos esos instantes
se perderán en el tiempo,
como lágrimas en
la lluvia.
Es hora de morir"
La progresiva deshumanización
de quién es un ser humano (o cree serlo) ha sido patente a lo largo
de la trama, según se ve obligado a rebajarse involuntariamente
a la barbarie para cumplir con su deber. Si finalmente resultase ser otro
Replicante (algo sugerido por la pista de unas fotos sepia que adornan
su piano, y que no pueden ser de una familia o seres queridos que no aparecen
nunca), no haría más que reafirmar lo que ya debemos saber
entonces. Que, de hecho, la cruenta cacería sí que ha sido
ordenada por seres humanos; y que en ella no tienen la misma piedad por
el "otro" que el Replicante sí manifiesta al final.
Porque lo que queda al
final es la cuestión de esas lágrimas en la lluvia. Para
entonces el Replicante ya sabe porqué no quiere morir, y porqué
no hay que matar. Porque cada vida es algo único, un tesoro de
incalculable valor. Porque un hombre muerto se lleva con él toda
la belleza de sus recuerdos. Ese monólogo es poesía, sin
necesidad de describir detalladamente lo que vio entonces y quedó
grabado en su memoria hasta su hora final, convirtiéndose en el
sentido último de su vida, en la materia misma de su ser. Lo escuchamos
hablar y descubrimos como esos fugaces momentos conmovieron y cincelaron
su alma, hasta hacerlo un hombre, un Ser Humano. Un hombre que en su rebeldía
contra su cruel destino y su esfuerzo por sobrevivir ha cometido crímenes,
pero no mayores que los que cometen aquellos que lo crearon, esclavizaron
y ahora lo cazan. Pero que, en última instancia, ha comprendido
mejor que éstos el sentido de la Humanidad, su cualidad esencial,
su infinita valía.
La capacidad para captar
belleza en lo que debería serle indiferente. El deseo de permanecer
vivo con sus recuerdos, consciente de que éstos morirán
con él, y que él mismo en realidad no es más ni menos
que esos recuerdos. El ansia de libertad. La rebeldía inútil
frente al destino que lleva a los crímenes más crueles y
a las obras más hermosas. La belleza y la crueldad de una vida
cualquiera. La espesa trama de relaciones que estableció con otros
semejantes. Todos los momentos y experiencias de esa vida que se le hizo
cruelmente corta. Como espero que me parezca la mía cuando me llegue
la hora.

FICHA TECNICA
Título original: "Blade runner"
Director: Ridley Scott
Año: 1982
Interpretes: Harrison Ford ( Rick Deckard ), Rugter Hauer (
Roy Batty ), Daryl Hannah ( Pris ), Sean Young ( Rachael
), Edward James Olmos ( Gaff )
ENRIQUE MARTÍNEZ
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