|

¿Qué se puede
contar sobre los frikis que no se haya contado ya? Hombre, innovar lo
que se dice innovar se presenta complicado. Lo que si se puede hacer es
repasar brevemente lo que desde círculos académicos se ha
escrito sobre estos personajes.
El referente más
común que aparece seguido de la palabra freak es esa maravillosa
película que presenta Todd Browning en los años 30.
Película que no consigue un público hasta 30 años
más tarde, de la mano del interés beat por lo que se sale
de lo común.
Pasemos entonces a los
hechos. La parada de los monstruos está basada en una realidad
histórica de la Norteamérica a caballo entre los siglos
19 y 20. Se trata de las ferias de monstruos o espectáculos conocidos
como Freak Shows, Side Shows, Museum of Nature's Mistakes o Congress of
human Oddities. En principio cabe hacer una distinción entre el
Dime Museum y el Freak Show. Nacido a mediados del 19, el Dime Museum
resultó ser algo innovador en el mundo del entretenimiento. Ningún
espectáculo anterior había llamado la atención de
tanto y tan diverso público ni había incluido tantos y tan
diferentes números bajo un mismo techo. Los Freak Shows solían
estar inscritos dentro de los Dime Museums. Éstos responden a un
mestizaje entre los museos en su sentido tradicional (arte, historia,
antropología) y el mundo del espectáculo. Lo que convierte
a los Dime Museums en algo fuera de lo habitual son las actuaciones. Además
de mostrar melodramas, músicos y presentadores, muchos de estos
museos exhibían una serie de "monstruos" dispuestos en
diferentes escenarios o plataformas. Ambos espectáculos son exhibiciones
que, organizadas formalmente, mostraban a gente con supuestas anomalías
físicas, mentales o comportamentuales en circos, ferias, carnivals
y otros tipos de parques de entretenimiento.
En estos museos, tanto
ambulantes como fijos, se exhibían básicamente dos tipos
de atracciones. Por un lado encontramos ejemplos de "razas"
nuevas y desconocidas. Se trata de la explotación comercial del
colonialismo, en relación con la exploración del mundo no
occidental, entonces en progreso. Estas exhibiciones estimulaban la imaginación
popular mediante nuevas formas de gente con cola, enanos, gigantes o gente
con dos cabezas que recordaban a la antigua mitología. Por otro
lado encontramos lo que más adelante se denominarían freaks:
los monstruos, término médico para la gente nacida con "deformaciones
físicas palpables." Esta distinción se irá diluyendo
a lo largo de la evolución de estos espectáculos para acabar
siendo todos exhibidos bajo el genérico de freaks.
Robert Bogdan nos
brinda una clasificación interna al mundo de circos y ferias de
monstruos recogida por Gresham y Kelly a mediados del 18.
En ésta se diferencia entre cuatro tipos de freaks: los born freaks
(la gente "con anomalías físicas reales," tanto
los que nacieron "deformes" como aquellos cuyas "deformidades"
aparecieron más tarde), los made freaks (la gente que es exhibida
porque posee un atributo fuera de lo normal como mujeres barbudas o individuos
tatuados), los novelty acts (o gente que lleva a cabo acciones que se
salen de lo habitual en base a una habilidad concreta como tragar sables
o encantar serpientes) y gaffed freaks (o monstruos de mentira). Pero
parece que esta clasificación es demasiado simple como para abarcar
a todos los freaks. La mayor parte de éstos eran demasiado complejos
como para clasificarlos en alguna de las categorías descritas.
Además de las exhibiciones
hay que mencionar a los exhibidores, los lecturers. Podríamos afirmar
que la práctica totalidad del discurso del mundo del ocio televisivo
proviene de los mismos orígenes y es la evolución de estos
presentadores de monstruosidades. Gracias a los espectáculos de
medicina (otro elemento histórico que nos remite a los vendedores
de remedios milagrosos del viejo oeste americano) estos presentadores
pronto comprendieron que la forma era más importante que el fondo.
Antes del surgimiento de
los Dime Museums a mediados del siglo 19, la mayor parte de los human
oddities de Norteamérica eran actores itinerantes. Sus carreras
dependían de representantes que solían llevarlos a tabernas,
lugares públicos previamente alquilados o escenarios de locales
para actuaciones. Gracias a la aparición de estos Dime Museums,
los freaks más afortunados empezaron a estabilizarse dentro de
la industria popular del entretenimiento. Muchos se convirtieron al frikismo
para ganarse un puesto en dicha industria. Gente tatuada, traga sables
o encantadores de serpientes no escatimaban ocasiones para integrarse
en lo que a primera vista parecía un "negocio seguro."
De esta manera, el Dime Museum se convirtió en un espectáculo
atractivo para las masas y en un creador de beneficios sólidos,
lo que incentivó a los propietarios para tratar bien a sus estrellas:
los freaks.
Poco a poco los Dime Museums
fueron perdiendo fuerza en el mundo del espectáculo popular. Desde
1840 hasta 1940 se vivió la culminación y decadencia de
los Freak Shows. Existen notables ejemplos de empresarios que se dedicaron
en cuerpo y alma a estos espectáculos. Nombres como el de Clyde
Ignalls o Charles Willson Peale resonaron con fuerza y aun hoy en
día permanecen en el imaginario popular de los estadounidenses.
Pero no cabe la menor duda de que el puesto de honor ha de ser adjudicado
a P.T. Barnum, importante figura en el negocio del entretenimiento
del siglo 19, que tomó las riendas del American Museum de Nueva
York a principios de la década de 1840.
La decadencia de los Dime
Museums forzó a la masa de freaks a convertirse en actores itinerantes.
Los seres anómalos que todavía querían ser exhibidos
a cambio de dinero podían encontrar trabajo en ferias, parques
de entretenimiento, circos... Pero, a medida que las décadas pasaban,
se hacía más y más difícil encontrar trabajos
dignos. Incluso cuando los freaks eran capaces de encontrar trabajos,
los salarios no tenían punto de comparación a los del momento
de esplendor.
En el siglo 20 la explotación
de los freaks comenzó a estancarse. Alrededor de 1940, las crisis
económicas, los cambios tecnológicos y geográficos,
la competición de otras formas de entretenimiento, la medicalización
de la diferencia humana y los cambios en la opinión pública
se combinaron para resultar en una espectacular caída en el número
y popularidad de los Freak Shows. Quizá en parte debido a las guerras
mundiales y a sus devastadores efectos sobre los cuerpos de los supervivientes,
la sociedad americana comenzó a despertar de un prolongado letargo
respecto a la "gente con discapacidades." La aparición
de prótesis para aquellos a los que les faltaba algún miembro,
la desmitificación de muchas de las mutaciones de la naturaleza
y la terapia hormonal administrada a la gente con problemas de crecimiento
contribuyeron a esta decadencia.
Sin embargo, los Freak
Shows no desaparecieron sin dejar rastro. Podríamos afirmar que
fueron asimilados por otras formas de entretenimiento como la televisión
o el cine. En la actualidad existen muchas versiones de este tipo de espectáculos,
reconfigurados para la sociedad americana contemporánea y, por
extensión, mundial. Sin embargo, en estos nuevos formatos la posición
del born freak ha sido suplantada por los novelty acts o por los self-made
freaks.
La forma actual más
obvia de Freak Show son los programas televisivos conocidos como Talk
Shows (o derivaciones más modernas), en un ambiente en el que seres
humanos con problemas se confiesan ante un público. Si la atención
en los Freak Shows se centraba en la rareza física, aquí
lo hace en la psicológica. Su máxima atracción es
el voyeurismo. En la cabeza de los espectadores aparecería la afirmación
"pobrecito, pero menos mal que no soy yo." En estos programas
nos son presentados diversos individuos en situaciones más o menos
extrañas, tanto físicas como psicológicas, y más
o menos bajo su control, y se someten a la opinión pública.
Estos programas utilizan muchas convenciones y técnicas empleadas
en los Freak Shows. Para demostrar esto sólo cabe comparar la figura
del presentador con la del lecturer. Ambos desempeñan un rol de
maestro de ceremonias. Durante su actuación, el lecturer, a menudo
ostentando pretensiones de doctor o professor, mantenía la atención
del público describiendo a los freaks que verían a continuación.
Éste debía de ser una persona carismática y con una
personalidad magnética y elocuente. Su discurso siempre rebosaba
de hipérbolas, metáforas y alusiones clásicas y bíblicas.
Los presentadores de los
Talk Shows también mantienen la atención de su público
explicando los dramas humanos de cada uno de los invitados. Lo que percibimos
es una línea de tres hasta diez personas con problemas igualmente
extraños. Este formato recuerda enormemente a la disposición
de los freaks en el Dime Museum. Un presentador ha de tener buena presencia
y dar buen rollo no sólo a los invitados y al público del
estudio, sino también al público al otro lado del televisor.
Por otro lado, los Talk
Shows tienden a ocultar los aspectos sensacionalistas y poner de manifiesto
los educacionales. A veces aparecen enanos o individuos "discapacitados"
como invitados, pero se trata de apariciones de tono informativo, no suelen
llevar a cabo trucos ni números prodigiosos. De modo similar a
los comentarios de los doctors o professors en los Freak Shows, muchas
veces nos encontramos con los testimonios e psicólogos y otros
"expertos" en el comportamiento humano que ayudan al público
a entender aspectos particulares y a validar el punto de vista del programa.
De algún modo, no
deja de ser cierto que la diferencia nos atrae hasta el extremo. No es
mi intención aquí desacreditar este tipo de espectáculo,
más bien al contrario. Lo que si quiero dejar bien claro es que
este interés se debe a que la forma en que vemos a la gente que
es diferente tiene más que ver con quiénes somos culturalmente
que con lo que ellos son fisiológicamente.
m)(m
|