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Ella no me hacía
caso, todo por culpa de su hermana. Había intentado besarla en
la oscuridad del portal de su casa y acabó por contárselo
a su hermana. Yo le decía que no era cierto, que le mentía,
pero ella y yo sabíamos que el motivo era otro. Ella había
notado el parecido con la chica de mi póster. Era como una obsesión.
Era ella, Jean Seberg. Con sus dedos señalando el número
de sus amantes. Una imagen robada del cine Goya unos años antes.
Estaba a mis espaldas cuando dormía y cada noche soñaba
con pelearme con ella en aquella cama.
La conocí en aquella
película, como todos, bajando Les Champs Elysées vendiendo
periódicos, con el pelo corto y una camiseta del New York Herald
Tribune. Era A bout de soufflé de Jean-Luc Godard.
Y me enamoré de ella.
Busqué y rebusqué,
le pregunté a todo el mundo, lo quisé saber todo sobre ella
y, al final, robé aquel póster y lo colgué en mi
habitación. Se llamaba Jean Seberg y era americana. Sí,
americana, no francesa. Hasta los diecisiete años fue una chica
normal de algún pueblecito normal del medio de los Estados Unidos.
Poco sé de ella hasta que Otto Preminger la escogió
para protagonizar su versión de Santa Juana de Arco.
Jean vive su vida
La vida de
Jean Seberg es un completo misterio, con hipótesis sobre
sus inclinaciones políticas, sexuales, sus adicciones y su propia
muerte. De ella se sabe que estudiaba en la universidad de Iowa hasta
que fue elegida para hacer el papel de Juana de Arco. No existen muchos
datos sobre su vida anterior. En ese momento, 1957, su vida da un giro
y se convierte en un personaje odiado por los más fundamentalistas
cristianos estadounidenses y admirado por los sectores más progresistas,
debido al talante que le inquiere al personaje de Juana de Arco. Al año
siguiente, Otto Preminger, que se ha quedado prendado del halo
interpretativo que desprende, la elige para protagonizar la versión
cinematográfica de la novela más de moda del momento, Bonjour
tristesse, de la escritora francesa Françoise Sagan.
El personaje de Cecille, pensado en principio para ser interpretado por
Audrey Herpburn, lo encarna con tal convicción que hasta
los franceses de la nouvelle vague piensan que la tal Jean Seberg
es en realidad de origen francés. Sería Jean-Luc Godard
quién, al año siguiente en 1959, la elige como protagonista
de su opera prima, la inolvidable A bout de souffle, el
nacimiento del cine moderno. Una película que cambiaría
la vida de toda una generación de adolescentes, y no tanto, interpretada
por un jovencisimo Jean Paul Belmondo y que también cambiará
una vez más la vida de nuestra Jean.

Es una estrella
ahora. Todos los chicos se enamoran de ella y todas las revistas de moda
quieren tenerla en su portada. Se convierte en el referente de todas las
chicas, con su pelo a lo garçon y sus hipsters de pata de gallo.
Inaugura lo que más tarde será explotado hasta la saciedad
por toda la escena mod y sixties, el pop-art le debe mucho a esta mujer.
A caballo
entre Europa y los EEUU, la carrera cinematográfica de Jean
Seberg tambalea con facilidad. Excepto su inclusión en
Saint Joan, Bonjour Tristesse y A bout de souffle, los otros
papeles que lleva a cabo son pequeños y en coproducciones de bajo
presupuesto. Hasta que en 1964 protagoniza al lado de otro sex-simbol,
Warren Beaty, la última película de Robert Rossen,
Lilith. Una historia bastante oscura y de trama psicológica
sobre un hospital de enfermos mentales. Su papel es bastante complicado
y la película es ahora una joya no sólo por su presencia
sino también por su fuerza visual y por las presiones políticas
que sobrevolaban el rodaje; no en vano, el director era uno de los perseguidos
por Mcarthy en su caza de brujas.
Godard
la vuelve a llamar ese mismo año para protagonizar un episodio
de Les plus belles escroqueries, pero el resultado no será
comparable al éxito de A bout de souffle. Jean siempre
será la chica que vendía periódicos en les champs
elysses.
Para nuestra
suerte Jean aceptará la oferta de Jean Becker de rodar en
España una película con Belmondo títulada
A escape libre y que a gusto de alguno de nosotros
muestra una imagen mucho más erótica y sofisticada de Jean.
El argumento es bastante malo pero la imagen ofrecida por nuestra admirada
es suficiente para que engrose en la lista de esas películas que
visionamos con frecuencia.
Une femme marieé
Jean estaba casada con
Romain Gary y aunque su vida de casada era más o menos buena
estaba frustrada por no tener hijos. Algo que la llevaba a mantener relaciones
esporádicas con multiples amantes, en su mayoria jovenes desconocidos
que conocía en rodajes y en sus escapadas nocturnas a fiestas llenas
de excesos alcohólicos y experimentacion con alucinógenos.
En alguna de estas fiestas comenzó a relacionarsela con un lider
de los terroristas Black Panthers comenzando uno de
los capitulos más turbios de la biografía de Jean. El hecho
es que Jean tenía unas ideas políticas cercanas a la ultra-izquierda
norteamericana, es decir, un peligro para la moral, política y
sociedad americana de la época. Entre esos sectores con los que
se la relacionaba estaban los Black Panthers, un supuesto grupo
terrorista que gozaba de mucho prestigio en Europa y sobre todo entre
los intelectuales franceses con los que Jean también estaba relacionada.
Motivo por el cual el FBI comenzó a investigar su vida llegando
a creer que se trataba de una espía que, a modo de mata-hari, portaba
información de una lado al otro del atlántico. Además,
en un momento dado se barajó la idea de que el hijo que iba a tener
era del lider de la banda. Un niño que nunca nació porque
con todo el revuelo que se armó y su adición a los barbituricos
provocó que naciese muerto. Hecho que al FBI le valió para
abrir otra investigación ya que temían que ella se hubiese
provocado el aborto.
Todos estos motivos la
llevaron de depresión en depresión durante el resto de su
vida, deteriorando si cabe aún más la relación que
mantenía con su marido.
Su carrera cinematográfica
no levantaba el vuelo aunque mantenía su popularidad. Desde su
papel en A escape libre solamente realizó otra serie
de películas de bajo presupuesto y poco recomendables, intercaladas
con pequeños papeles en dos películas de Claude Chabrol,
otro de aquellos jovenes turcos de la nouvelle vague.
Es en 1969 cuando realiza
otro de esos papeles a recordar. se trata de el western Paint your
wagon ( La leyenda de la ciudad sin nombre ) de
Joshua Logan, el director de la mítica película de
Marilyn, Bus Stop. Junto a Lee Marvin, Jean Seberg
se atreve incluso a cantar en la banda sonora, muy codiciada desde entonces.
Una bella balada que nos descubre un nuevo talento en nuestra admirada.
Y una oportunidad única, ya que nunca más se atrevería
a cantar.
Entre sus amigos más
cercanos se encontraba Nico, la cantante de la Velvet y
actriz, modelo y mujer de Philippe Garrel, director de cine que
la retratará en una película del año 74 titulada
Les Hautes Solitudes, por desgracia inédita para
nosotros, pero que por referencias sé que se trata de un filme
en blanco y negro protagonizado por ellas dos y que recoge la vida cotidiana
de una casa. Y además tiene como curiosidad que es muda. Pura vanguardia
de la segunda generación de la nouvelle vague, ya duedora de la
herencia del tan polémico mayo del 68, integrada por el propio
Garrel y por mi admirado Jean Eustache, director de la polémica
y fascinante La maman et la putain.
Dos años antes,
en 1972, Jean se embarcará en otro proyecto peleagudo, una película
de carácter político realizada en Francia por Ives Boisset,
El atentado. Película en la que Jean se involucrará bastante
y que le reportará algún premio por su interpretación
magistral. Aunque no se trate de una gran película, merece la pena
por su breve pero intensa actuación.
Ese mismo año es
reclamada desde España por un Juan Antonio Bardem en horas
bajas para interpretar a la madre de Marisol (sí habeis
leido bien) en uno de esos pastiches pseudoeróticos que se estilaban
por estos lares en los albores de la dictadura. La corrupción
de Chris Miller, que así se llama el engendro, es la historia
de una madre y una hija que se rifan e intercambian a los novios y mantienen
una relación semi-incestuosa, que dará lugar a escenas bastante
cutres y poco eróticas que llegaban hasta donde la, ya en horas
bajas, censura permitia; es decir, muy poca cosa y risible vista en la
actualidad.
En ese viaje a España
sucede otro de los capitulos extraños dentro de la vida de Jean
Seberg. Conoce a un joven meritorio, en aquellos entonces, Ricardo
Franco, futuro director de cine de joyas tales como El desencanto
de 1975. Comenzando una relación ocultada por ambos y secreta hasta
hace unos años. Una relación de amor-odio que muchos años
más tarde dará lugar al magistral guión y malograda
última película de Ricardo, titulada Lágrimas
negras y que protagonizó Ariadna Gil. Una película
intensa sobre la relación que mantuvo durante algún tiempo
con Jean. Una historia triste que habla de drogas, depresión, locura
y amour fou. Una relación que estaba desde su comienzo maldita
y que nunca ninguno de los dos quiso contar en primera persona. Aunque
si habeis visto la película que se hizo hace unos años sabreis
que fue muy dura y llena de inseguridades por las dos partes. Se trataba
de dos personas acomplejadas y de un universo interior muy rico que se
acercaron en un momento complicado en sus vidas, las cuales quedarán
marcadas desde entonces hasta la muerte trágica de ambos.
Cabe decir que el guión
de la película no deja de ser ficción. No se trata de una
trasposición literal de su vida juntos.

vivir rodando
Sí, también
dirigió.
En 1974, Jean se puso
por primera y última vez detrás de las camaras. Sería
para rodar como directora una película que también pertenece
inédita titulada The Ballad of the Kid y de la que
apenas tengo información. Es una más de esas películas
que se han quedado en el olvido como pueden serlo las películas
que rodó Philippe Garrel a principios de los setenta o las
de Eustache, Pialat, Rouch, Mekas, Anger, Zulueta o el propio Ricardo
Franco. Pequeñas películas que sólo son visibles
a veces en salas de las denominadas hace años, de arte y ensayo
o en cine-clubs de los pocos que quedan esparcidos por nuestras tierras.
mother´s little helper
La última etapa
de su vida transcurrió entre psiquiatricos y las casas de sus pocos
amigos ( Nico y Garrel ). Jean se vio sumida en una gran depresión
debida a los barbituricos y el alcohol. Algo demasiado típico para
alguien que se ha convertido en un mito, pero cierto como su propia vida.
Nunca repuesta de su persecución por el FBI se dedicó a
vagar por las calles de su llorado Paris, igual que una clochard cualquiera,
en busca de su dosis y en la huida de si misma.
Intentando olvidar el dolor
de no haber conseguido sus pequeños propósitos. Tan sencillos
como dificiles de conseguir para alguién como ella. Tener un hijo
y ser feliz tránquila y sola, rodeada de los suyos. Algo que no
consiguió, ya que una sobredosis se la llevó en otra de
sus escapadas hasta el último suspiro.
Después de varios
días desaparecida alguién encontró su cadaver, medio
descompuesto ya, cerca de un basurero en las afueras de Paris. Era el
7 de diciembre de 1979.
La foto que abajo veis
es igual al poster que hay pegado en mi habitación, ese poster
robado igual que los besos robados de Truffaut y
que nos devuelve la imagen que más nos gusta de Jean. La juventud
y casualidad de una mujer de vida triste que nos hace volar y sentir cuando
nos acercamos a ella en esos trozos de cinta magnética que conservamos
todavía y visionamos como adictos siempre que queremos recrearnos
en la mirada y en la expresión de nuestra querida Jean Seberg.
Un mito más a añadir
a la lista, pero no uno cualquiera, sino una mujer que simpre supo transmitir
con sus gestos y su mirada, la limpieza o la perversidad de las mujeres
que soñamos que nos quisieran.
Por cierto, aquella chica
que se parecía tanto a ella desapareció de mi vida en algún
momento, aunque a veces la veo entre las imágenes que se componen
entre mi video y mi cabeza.
Bienvenida, tristeza. Y
adios.
GUILLERMO ARIAS

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