En 1960, año en que se rodó esta película, Michelangelo Antonioni gozaba de cierto prestigio, todavía, entre la crítica y el público más exigente europeo. No era Fellini , al que todo el mundo adoraba desde "La Strada" , pero no se trataba de un muchacho cualquiera que hacía películillas. Gracias a esta popularidad ganada a pulso ese mismo año en el festival de Cannes con su anterior película "L'avventura" , abucheada y vitoreada a partes iguales, y después respaldada mayoritariamente por los cineastas e intelectuales incluso con una carta abierta promovida por su maestro Roberto Rosellini que le sirvió para acabar llevándose el Premio Especial del Jurado y el prestigio suficiente para poder trabajar con las dos estrellas emergentes del cine europeo y a la postre, desde mi punto de vista siempre muy subjetivo y afectuoso, del cine mundial. Hablo de los protagonistas del filme "La Notte" , Marcello Mastroianni y Jeanne Moreau . Dos grandes mitos y actores superlativos, Marcello venía de protagonizar la obra maestra de Fellini “La Dolce Vita” y la Moreau acababa de ser la amante despechada en dos de las mejores obras de Louis Malle , “Ascenseur pour l'echafaud” y “Les Amants” .

El argumento de “La notte” se sustenta sobre una serie de temas fundamentales en el cine de Antonioni , la incomunicación de los seres humanos, el dominio de lo urbano, la fidelidad en la pareja, la deshumanización de los entornos, ...

A través de dos figuras contrapuestas, Lidia y Giovanni, la pareja casada pero sin hijos que se siente insatisfecha tanto en su matrimonio como en su vida laboral, aunque tanto ella como él, aparentemente, no lo demuestren y su vida transcurra de manera relajada, fluída e incluso plena de éxito. Así, la película comienza con el reconocimiento de Giovanni como escritor superventas. Un hombre de carácter débil, proclive a la tentación de la infidelidad e insconciente de la situación de crisis que asola su matrimonio. Un personaje interpretado por Mastroianni en un registro algo alejado de su habitual en otras películas italianas, pero sí con un punto muy importante de seducción, aunque con total ausencia de malicia, pero no por ello menos culpable de lo que le ocurre a su vida.

Antonioni en su atracción hacia el género femenino y su total identificación con ese sexo, dota a la mayoría de personajes masculinos de sus películas un carácter de secundarios en su paso por la vida, de ignorantes en manos del azar y de ciegos frente a las realidades y cuestiones básicas de la existencia. En un juego de contraposición a las mujeres, superconscientes, ultrasensibles a todos los avatares de la existencia hasta llegar al tema fundamental de la incomunicación. Incapacidad de comunicación. Dos personas, dos mundos, dos visiones. El hombre que sólo ve lo superficial y para el que una casa es una casa. Y la mujer omnisciente que observa todo, que ve como una casa se puede convertir en una opresión gigante.

Lidia, genialmente interpretada por Jeanne Moreau , es el prototipo de heroína del mundo de Antonioni. Una mujer fuerte, consciente desde el primer momento de la situación que atraviesa y profundamente dolida por el desarrollo de los acontecimientos. El director nos la muestra, ya al principio, en un plano agobiante casi aéreo, diminuta entre rascacielos, encerrada en un laberinto de cemento que son los edificios de una urbanización moderna, metáfora clara de su aislamiento y agobio existencial, en su vida tranquila de mujer casada sin hijos ni preocupaciones aparentes, pero también sin el apoyo de un marido casi siempre ausente y que por su trabajo, posición social o lo que sea, no es el marido que a ella le gustaría o soñara.

Pero, ¿qué es lo que hace importante a esta película? “La notte” pertenece a una trilogía formada por la anterior “L'avventura” y cerrada por la siguiente “L'eclisse”, llamada trilogía de la incomunicación, que con la posterior “Il deserto rosso” conforman el nucleo fuerte de la filmografía de Michelangelo Antonioni y están dedicadas sin discusión a la MUJER. Ya que ella, sus personajes femeninos tan bien interpretados por Jeanne Moreau o, casi siempre, por su musa Monica Vitti , son las observadoras de la realidad que interesa a Antonioni, son los ojos y la voz del propio director, y reflejan sus inquietudes y sus inclinaciones. Revelándose como personajes que contemplan el entorno, que la mayoría de las veces les es hostil. Fábricas, rascacielos, maquinas, la idea de deshumanización y de avance de la civilización que tanto atraía a Antonioni y que tanto rechazaba y le asustaba.

Así, Marcello puede caminar distraido por las calles laberínticas repletas de rascacielos e incluso comunicarse con ellos y los que allí habitan, ignorante como quien camina por un decorado. Y Jeanne , en el personaje de su mujer, no puede dejar de sentirse minimizada y casi pisoteada por ese entorno, que no puede dejar de contemplar. Incluso el director muchas veces nos muestra su visión del mundo desde las espaldas de Lidia, sin la expresión de su cara, sin ver claramente sus emociones, sólo los objetos que ella observa; que desde ese momento adquirirán los sentimientos que el director quiere expresarnos. En unos planos que ya, para algunos, se han hecho famosos y que se contraponen a los más míticos todavía planos de Ingmar Bergman de los rostros de sus actrices formando ángulos y ocupando en primer plano toda la pantalla. Algún crítico, en su momento, comentó a raíz de este tipo de planos de las espaldas de la protagonista algo así como: “¿Cómo vamos a entender lo que le ocurre al personaje de Lidia si en ningún momento podemos ver su rostro?”. Esto es, claramente, una exageración, pero sí es cierto que lo que interesaba reflejar a Antonioni o lo que buscaba era que las emociones, el aburrimiento o la ambigüedad fuesen lo único expresable físicamente por sus personajes o actores, a través de la expresión facial y sus gestos corporales. Y que chocase con la puesta en ecena, usando los dialogos para ocultar los verdaderos pensamientos, que nunca serían plenamente revelados, y que cada espectador tendría que rebuscar en sí mismo y decidir cuales serían. Quitando su propia conclusión de los acontecimientos vistos en la película. Sumado todo esto al hecho de que estos acontecimientos son expuestos en un orden aleatorio y con saltos temporales indefinidos entre ellos. Rasgo definitorio del estilo Antonioni. Toda la película se compone de escenas separadas temporalmente, y aunque transcurre todo en un sólo día y toda su noche, no tenemos constancia intencionadamente por parte del director, del tiempo transcurrido entre escena y escena. Además de carecer de aparentes nexos de unión entre ellas, a no ser de la presencia de los actores protagonistas. Vemos así, al principio de la película, al autor firmando libros en un acontecimiento social, luego una escena en una visita a un amigo enfermo a un hospital, a continuación un paseo largo y pesado de la mujer que transcurre de lo nuevo y urbano, a lo viejo y añorado del pasado. Para después entrar en una fiesta nocturna que actuará de catalizador de muchos de los sentimientos ocultos en los personajes y que nos llevará a un desenlace al amanecer de esa noche que nos conmoverá o nos dejará indiferentes, dependiendo de nuestro grado de implicación en las imágenes que el maestro Antonioni nos propone.

GUILLERMO ARIAS (septiembre 2004)