Acaban de cumplirse, ahora mismo en noviembre de 2004, los 20 años de la muerte del cineasta francés François Truffaut , una fecha y un dato que me incitan a escribir unas líneas sobre este autor tan famoso, regenerador del cine francés de los años 50 con sus amigos críticos de "los cuadernos de cine" . El amante de las mujeres e impulsor de la ola de juventud que arrolló al cine de sus padres, al cine acartonado heredero del relato clásico, comenzó su carrera cinematográfica en el formato largometraje con su obra más conocida y más premiada, "Les 400 Coups" , allá por el año 1959, compartiendo el privilegio de instaurar la Nouvelle Vague con otras operas primas como "Hiroshima, mon amour" de Alain Resnais y "A bout de souffle" de Jean-Luc Godard, la otra punta de lanza de este movimiento e igual de famosa y mítica que "Les 400 Coups".

La biografía de François Truffaut es un dato que conviene tener en cuenta al abordar su cine, ya que el autor de “Les Mistons” pertenece a una familia de directores para los que lo vivido y lo sentido resulta indisociable de lo narrado, representado o, de una forma u otra, expresado. Entre Truffaut y sus películas suele existir una intimidad que no esixte entre muchos cineastas actuales y sus películas. Por eso su cine asume con frecuencia el punto de vista de sus personajes y parte de una visión subjetiva de la realidad que le rodea o que, en los momentos de introspección, sorprende en su interior, si bien es cierto que, al progresar paralelamente su obra y su vida, todo altibajo emocional o todo progreso hacia la madurez y la serenidad se vieron reflejados en sus películas, de forma que es posible a estas alturas de la película, trazar un aproximativo cardiograma. Un camino vital recorrido dentro del cine, su máximo sueño.

“Les 400 coups”, el primer largometraje de Truffaut supone, como ya hemos dicho el nacimiento oficial de la Nouvelle Vague. Sobre el significado que para el cine mundial y la industria francesa tuvo el nacimiento de este movimiento se ha hablado mucho ya y es historia muy conocida. Solamente me interesan señalar que con estos films cristalizaría en hechos concretos toda una corriente de opinión que, expresada por la crítica (en la famosa revista “Cahiers du Cinema” y articulos como “Sur la politique des auteurs” ), reclamaba una mayor agilidad en la producción de su país, ahogada por el peso de la burocracia, la literatura y una aburrida retórica llamada “qualité” ; la posibilidad de acceso a la realización de los jovenes interesados en ello; la producción a bajo costo como medio para conseguir un alto grado de libertad expresiva y posibilidades de experimentación; la utilización de una temática cercana al hombre medio francés de la época; el decorado natural y la anécdota cotidiana para hacer posible este reconocimiento; la transformación de los films en caja de resonancia de la tradición cultural que suponía la obra cinematográfica de los grandes autores (Jean Renoir, Roberto Rosellini , ...), y en especial, de los numerosos y generalmente menospreciados (hasta la fecha) maestros americanos como John Ford , Alfred Hitchcock o Howard Hawks ; la lucha contra una censura intransigente y la realización inmediata de films, muchos y en oleadas, como único camino para lograr la sensibilización del público.

En esta película, de marcado carácter biográfico, asistimos al proceso de endurecimiento y soledad de un adolescente, Antoine Doinel – magistralmente interpretado por Jean-Pierre Léaud y desde ese preciso instante, mito del cine mundial y rostro emblema para toda una generación de adolescentes que desembocarán en los universitarios revolucionarios que quemarán las calles de Paris en mayo del año 68- marginado por la intransigente sociedad que le rodea, en un retrato exacto de esta y sus efectos sobre el chico protagonista.

La característica mas evidente de este retrato será precisamente la fidelidad; la pequeña burguesía francesa nos será expuesta en su más radical mediocridad; familia, colegio, instituciones, policia, relaciones, moral, todo estará encaminado hacia la perpetuación de la mezquindad como forma de existencia; cuando alguien ponga en cuestión este sistema de vida, será marginado y despreciado. Pero si ese alguien llega a asumir sus inmorales características, entonces, al verse reflejado en su ejemplo, será reprimido sin contemplaciones, ya sea con el abandono de sus propios familiares, el despecio de sus compañeros y profesores o la ignorancia por parte de las instituciones acogedoras del estado.

Este es el tortuoso camino que Antoine Doinel se verá obligado a recorrer en los cuatrocientos golpes. Un camino durante el cual será marginado y perseguido. Un camino que le hará huir hacia el mar en un largo travelling que le acompañará como su único amigo hacía ese final incierto que concluye con la imagen fija de Doinel mirando hacia el futuro, hacia nosotros, hacia el objetivo de la cámara en una o miles posibilidades, en un final abierto que nos interroga sobre su futura integración social o su rebeldía definitiva. Algo que los posteriores films pertenecientes a la saga de Antoine Doinel “L'Amour a Vingt Ans”, “Baisers Volés”, “Domicile Conjugal” y “L'Amour en Fuite” nos facilitaron dando respuesta y sentido a esa mirada espontánea y sincera que cierra la película.

LES 400 COUPS (Francia, 1959)

Director y Argumento: François Truffaut; Fotografía: Henri Decae; Interpretes: Jean-Pierre Leaud, Claire Maurier, Albert Rémy, Guy Decomble, Georges Flamant, Patrick Auffay, Jeanne Moreau, Jean Claude Brialy, ...

GUILLERMO ARIAS (noviembre 2004)