Recuerdo la primera vez que supe de la existencia de Performance, allá a mediados de los 80, cuando aquel director de RTVE llamado Calviño ( bastante patético, por cierto) había escandalizado a los moralistas de turno con aquellas históricas emisiones conocidas como "Cine de Medianoche"; algo tan publicitado que consiguió que muchos adolescentes pasáramos noches en vela para poder ver engendros del tipo de "Emmanuelle" combinados con (a veces sorprendentemente) cosas tan buenas como "Perros de Paja". Me llamó la atención un día ver, entre esas películas a las que alegremente se calificaban como porno, esa rareza protagonizada por Mick Jagger, un tipo que siempre me ha parecido particularmente insoportable.

Pues mira por dónde, que husmeando por una tienda de Londres en el año 98, me encuentro un titular en una revista de música que viene a decir: "Performance: Magia negra, sexo, sadismo y suicidio: la extraña verdad tras la más grande película británica de todos los tiempos", siguiendo la pomposidad y exageración de la prensa británica cuando quiere promocionar algo. En este caso, el reestreno de la película en su 30 aniversario. Y la fui a ver.

Entremos en la sala oscura y abramos el telón: estamos en 1968, la fascinación del Swinging London, Blow-up, La Naranja Mecánica, las pelis de los Beatles y la unión del Mayo Francés ( nada gratuita: Godard filmó a los Stones, el director Donald Cammell y algunos de los protagonistas de la peli vivían a caballo entre Chelsea y los círculos bohemios de París) e incluso la influencia del underground experimental que empezaba a surgir en USA con los films de la Factory de Warhol o la Escuela de N.York. Élites de artistas de lo más variado flirtean con proyectos de todo tipo.

En medio de todo este ambiente, un tipo polifacético llamado Donald Cammell decide hacer una película. El guión es enseñado a algunos de sus amigos más importantes ( entre ellos, Marlon Brando, los Stones y su círculo, el director Kenneth Anger -mas conocido como autor del libro Hollywood Babilonia- ) y un par de productores de la Warner. Este último y el manager de los Stones verán aquí una buena oportunidad para competir con las pelis de Richard Lester para los Beatles, aunque la idea de Cammell vaya por caminos muy diferentes.

Es entonces cuando, debido a su inexperiencia en el campo del cine, decide recurrir a Nicholas Roeg, un experimentado director de fotografía que por aquel entonces ya había trabajado con Truffaut (" Farenheit 451") , Schlesinger ( "Lejos del mundanal ruído" ) y el propio Lester ("Petulia") , para ayudarle a codirigir el proyecto.

"Performance" escandalizó en su época y automáticamente se convirtió en un film de culto, mucho más cercano al lado oscuro, violento y experimental de la Velvet Underground o "La Naranja mecánica" ( película un poco posterior a la que nos ocupa) que de la utopía hippy de la paz y del amor.

El argumento no es nada del otro mundo. El protagonista es un gangster encarnado por James Fox ( uno de los autores cool del momento) que se dedica a hacer de las suyas ( torturas, violencia macabra y esas cosas) y luego se esconde en una casa en la que viven un rockero ( Mick Jagger) , sus dos amantes ( la, por entonces novia de Keith Richards, Anita Pallenberg y la adolescente francesa Michelle Breton) y un niño bastante curioso. Todo ello entre decoraciones orientales, drogas y juegos de liberación sexual en los que terminan involucrando al tipo este.

Pero por encima de la historia, bastante provocativa por lo explícito en el sexo y la violencia ( de hecho se dice que con los descartes de las escenas sexuales entre Jagger y Pallenberg se hizo un corto que ganó un festival porno en Amsterdam), la verdadera transgresión surge en el aspecto narrativo, donde Cammell y Roeg experimentan con sonidos (no hay música propiamente dicha) , con planos y encadenados insólitos y otras movidas audaces como meter un fundido en negro tan largo que el público se piensa que se ha cortado la película. A mi, particularmente, hay un momento que me parece magistral: la Pallenberg, en la cama con Fox, empieza a hacer movidas con un espejo para hacerle ver al maromo su lado femenino. Otra escena genial es cuando Fox le dice a Jagger que dentro de 30 años parecerá un tipo muy gracioso con esa pinta ( ante lo que todos nos reímos mucho).

En gran parte de la composición de la película se empiezan a ver muchos de los detalles que harán posteriormente de Roeg uno de los directores británicos de culto por excelencia. Las yuxtaposiciones enfermizas de planos, su peculiar visión de los oscuro o su muy sugerente carnalidad a la hora de filmar escenas de sexo son sólo algunos de los elementos de estilo que luego repetirán en películas como "Don´t look now" ( Amenaza en la Sombra), "El hombre que vino del espacio" o "Bad timing". Aún así, Roeg siempre ha reconocido que en Performance se limitó a ayudar a plasmar en pantalla ideas de Cammell, a quien se le debe atribuir la verdadera autoría de la película. Cammel también continuó dirigiendo posteriormente pero con mucha menos fortuna , siendo solamente reseñable ese clásico de la ciencia ficción de los 70 que es Engendro Mecánico o su aparición encarnando a Osiris en una película de Kenneth Anger.

Pero lo que me temo es lo que realmente ha hecho a Performance una película tan reivindicada es su intensa leyenda negra: que si estuvo prohibida hasta el 71, que si había magia negra por detrás, que si la escena en que le hacen comer una seta alucinógena a Fox es real, que si Cammel se suicidó, Pallemberg se enganchó al caballo y Michelle Breton terminó en un psiquiátrico ( por desgracia, nada de esto le pasó a Jagger y hoy en día sigue dando la vara); y para los rockeritos de turno el encanto de la película ya sabeis dónde está: "Buaaaa, ¡los Stones!, ¡Aquello-si-que-era-rock-n'-roll!, ¡Aquello-sí-que-era-peligroso!, que si "Sympathy for the devil" se compuso durante el rodaje, que si Jagger se iba de satanita y hacía movidas raras, que si Keith Richards y Marianne Faithfull estaban todos celosos porque sus patenaires se tomaban muy en serio las escenas de cama, que si algunas estaban inspiradas en cosas que hacía Brian Jones y que los Stones vivían realmente así y otras pijadas similares que vienen a representar la decadencia y el final de los mitificados años 60.

Bueno, a pesar de mi odio hacia los Stones (que, por cierto, aquí siempre se ha dicho los Rolling, pero ahora se ve que queda muy julai), Performance me ha parecido una película muy interesante pero, por supuesto, no la mejor película británica jamás rodada. A ver para cuando una revisión en condiciones (con menos Emanuelles y mas Performances, por favor) del entrañable Cine de Medianoche.

DAVID SAAVEDRA
Nota : este artículo fue originalmente publicado en 1998 en el fanzine tingugi 60047.