(Se cumplen 100 años del nacimiento de Robert Stevenson)

Como todo el mundo sabe, Mary Poppins ( Mary Poppins , 1964) es una película de Walt Disney. Para muchos, Disney es tan creador de Mary Poppins como de Blancanieves y los siete enanitos ( Snow White and the Seven Dwarfs , 1937) o Bambi ( Bambi , 1942). Solemos dar por hecho que Walt Disney “dirigió” sus películas animadas del mismo modo que John Ford realizó sus westerns o Hitchcock sus películas de misterio. Pero no es así. Walt Disney no “dirigió” sus famosos largometrajes de animación. Sólo los produjo. Se ha escrito mucho sobre el cine de autor y casi nada del “cine de productor”. Nadie como Disney llevó a cabo un “cine de productor” tan concienzuda y acertadamente (tan sólo el legendario David O´Selznick se le acercó). El mago de la animación supo plasmar un sello personalísimo en todas sus películas, algo que las hace inconfundibles e inimitables, pese a que fueron dirigidas por profesionales de lo más dispar, cuyos nombres han caído en el más absoluto de los olvidos. Hoy es el día que, a punto de cumplirse cuatro décadas de su desaparición, el público continúa, en cierto modo, atribuyendo a un muerto las creaciones que siguen manando de la emblemática factoría de sueños e ilusiones que fundó.

Pero los estudios Disney no sólo han creado películas de dibujos animados. Mucho menos populares, pero de gran aceptación, fueron los filmes que el estudio produjo protagonizados por personajes de carne y hueso, si bien no siempre de raza humana. Y aquí sí que se contó con un creador unitario, aunque supeditado, por descontado, a la alargada sombra de su productor. Robert Stevenson fue el director estrella con el que contó la casa para estas producciones y desde 1957 a 1976 se dedicó en exclusiva a rodar películas familiares de diverso pelaje y no demasiado destacadas en su conjunto. Para muchos, Stevenson se dejó comprar por el dinero fácil y claudicó a la comodidad de los films comerciales, y sin ningún tipo de aliciente creativo, que la Disney le ofrecía. Pero no hay que olvidar que a mediados de los años cincuenta era ya un director maldito en Hollywood, que no acababa de cuajar con el sistema y había sido relegado a la televisión, donde a lo más que había llegado era a rodar algún episodio de la famosa serie Alfred Hitchcock presenta . Ironías del destino, ya que Stevenson fue uno de los dos directores británicos que David O´Selznick llevó a Hollywood en 1939 prometiéndoles un brillante porvenir. El otro era Mr. Hitchcock, que captó de tal modo la atención del productor que hizo que se olvidase de su otro pupilo.

A mediados de los años treinta, este licenciado en psicología por la Universidad de Cambridge era un prometedor cineasta inglés. Suyas eran la versión británica de Las minas del rey salomón ( King Solomon Mines , 1937) y esa fascinante muestra de terror, al mas puro estilo Universal, titulada El hombre que trocó su mente ( The man who Changed His Mind , 1936), con un Boris Karloff en su mejor época. Era sin duda un buen director, pero se vio malogrado por su carácter sumiso y acomodaticio. Ese fue su enorme fallo y la causa de que los cinéfilos nos quedásemos sin un excelente realizador de melodramas, género en el que demostró de sobra su valía con dos grandes clásicos: Su vida íntima ( Back Street , 1941) y, sobre todo, Alma rebelde ( Jane Eyre , 1944), la mejor versión de la famosa novela de Charlotte Brontë. Este es su film más famoso, pero siempre pesó sobre él una más que razonable duda de autoría, al rumorearse que el protagonista, Orson Welles, llegó a entrometerse en la dirección bastante más de lo que cabría esperar. De nuevo salía a flote el complejo de títere de Stevens.

Tras rodar un muy estimable film negro titulado Opio ( To the Ends of the Earth , 1948), volvió a plegarse ante otro ser autoritario y castrador, el legendario Howard Hughes, que, tras adquirir la ruinosa RKO, le contrató en exclusiva como parte de sus delirios de grandeza. De las cuatro películas que llegó a rodar para él, tan solo resultaría destacable otro melodrama, esta vez sureño, Odio y orgullo ( My Forbidden Past , 1951), sobre todo por su sensual pareja protagonista: Robert Mitchum y Ava Gardner. Después, el temido destierro televisivo.

En 1956 Walt Disney era ya dueño de todo un imperio y había decidido crear un nuevo departamento dentro de sus estudios: el de películas convencionales. Serían films familiares y de corte tradicional. Pero lo más importante para Disney era que llevasen su sello tan marcado que nadie dudase que habían salido de su factoría. Quería un buen director, pero era vital que estuviese dispuesto a plegarse creativamente a las exigencias de la casa. Stevenson era el indicado. Se contrató también a un simpático galán en decadencia, pero que seguía contando con el favor del público, Fred MacMurray, y se apostó muy fuerte por una deliciosa niña inglesa, hija de un actor de prestigio, Hayley Mills. Sobre estos tres pilares básicos se forjó este nuevo sueño de Disney. Y así fue como Robert Stevenson hipotecó el resto de su carrera. Tuvo éxitos. Algunos de estos films contaron con el favor del público y, de hecho, su talento quedó patente en esa pequeña joya de la comedia adolescente que es Un gato del FBI ( The Darn Cat! , 1965). Llegó incluso a ser nominado como mejor director por Mary Poppins . Pero... ¿se premiaba su labor como autor o la de Disney como productor? Recién cumplido el glorioso cuarenta aniversario de la película, sigue siendo considerado un producto de Disney, no de Stevenson.

GUILLERMO BALMORI (Febrero, 2006)