 
(Blue Note - Emi, 2003)
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Durante una época
verdaderamente dorada, la conjunción de Al Green,
una de las grandes voces del Soul, el productor y compositor Willie
Mitchell y el sello Hi Records, produjo uno de los grandes legados
del soul. Una sucesión de sesiones de grabación prodigiosas,
tocadas por la inspiración, y recogidas en una sucesión
de álbumes y singles de categoría superior. Un sonido hermoso,
emocionante, único, justo en el límite de la exagerada sofisticación
que estaba por venir y la sobria pureza del southern soul. Es parte de
la mejor música americana de todos los tiempos, una de las fórmulas
más perfectas jamás concebidas. Sedosas cuerdas y teclados,
envolviendo la síncopa perfecta de bajo y batería con unos
vientos medidos al milímetro. Y redondeándolo todo, la milagrosa
voz de Green, que alternaba falsetes y exhibiciones de potencia con una
facilidad insultante y una sobriedad absoluta. Música nacida para
seducir y ser seducido por ella. Música eterna.
La fórmula se rompió
en un momento determinado, cuando Green abrazó la fe, documentó
su alma dividida en grabaciones asombrosas, y se consagró en cuerpo
y alma a la prédica de la palabra divina desde el púlpito.
Ha costado largos años, pero en una coyuntura perfecta, la esperada
reunión ha tenido lugar. Y tras emplearse con el modus operandi
que los hizo ricos y famosos, el tándem Green-Mitchell ha regalado
un nuevo tesoro para la posteridad. Este “I Can’t
Stop” se torna así en un disco perteneciente al
mismo ilustre linaje de “Don’t Give Up On Me”
de Solomon Burke, el de los reencuentros soñados
con maestros eternos. Una vez comprobada su calidad, todo parece lógico
y normal, casi inevitable, pero en realidad no son pocas las veces en
las que los mejores planes y las mejores intenciones nos llevan directos
al infierno. Así que en el seno de la Iglesia de Green entonemos
las preceptivas alabanzas al Señor que generosamente nos lo ha
prestado un rato.
En algunos momentos de
“I Can’t Stop” recuperamos el mismo
pulso que en canciones como “Here I Am (Come And Take
Me)”, “Love And Happiness” o “Let’s Stay
Together”, se tornaba en la más sensual y lúbrica
de las músicas. “You” o “One In A
Million” son la clase de material que hizo de Green
el Sex-Symbol del que perjuró con amargura. “I
Can’t Stop”, “Play To Win”, “I’ve
Been Wating for You” son por otro lado joyas del estilo
sureño como fueran “Tired Of Being Alone”,
plenas de vitalidad y energía. Hay también acercamientos
a formas más puras de blues, como “My Problem
Is You”. Pero el primor absoluto, las verdaderas lecciones
de maestría las ha reservado en esta ocasión Green para
un par de baladas memorables, clásicos instantáneos que
desde el mismo momentos de su creación ingresaron en lo más
selecto de su catálogo: “Rainin’ In My
Heart” y “Not Tonight”.
Obras maestras de interpretación, emocionantes exhibiciones de
recursos, transmiten la clase de emociones para las que el soul vino a
ser concebido.
Sin llegar al grado de
excelencia de las mejores obras de este dúo, “I Can’t
Stop” no desmerece en absoluto un legado mítico
como éste, y aporta algunas joyas selectas al mismo. Esto lo convierte
de manera inmediata en uno de los mejores discos de soul de los últimos
tiempos, sino el mejor. Ventajas de ser un maestro. Repitámoslo
entonces: ¡Aleluya!.
ENRIQUE MARTÍNEZ (Mayo 2004)
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