(Metak, 2004)

Más que interesante se presenta este, el primer trabajo de AMODIO enmarcado dentro de las Pil-Pil Sessions del sello Metak. Se trata del nuevo proyecto en el que se ha embarcado Javier Manterola (miembro de los excepcionales y ¿disueltos? LISABÖ) junto al desconocido músico francés Aurélien Rotureau, surgido de un fortuito encuentro durante la estancia de Javier en Bruselas el pasado invierno. Allí éste compuso el ramillete de 16 temas que conforman este disco y a los que, posteriormente, Aurélien les aplicó una meticulosa cobertura de arreglos que han dado lugar a parte de los 50 minutos más insólitos editados en este 2004.

En él podemos encontrar ecos fronterizos, retazos de post-folk, reminiscencias arrabaleras y microelectrónica a la MATMOS aplicada a una serie de pequeñas miniaturas cuasi esqueléticas, mayormente eléctricas, de aire urbano y nocturno fundidas en los sonidos de la naturaleza y la tecnología (loops con sonidos de insectos, interferencias de teléfonos móviles...), que pudieran recordar tangencialmente a lo que viene haciendo EL CORSAL DESATRE del simpar Carlos Desastre. Digamos que CAT POWER, Yann Tiersen, ChRis Brokan, NEIL YOUNG, Mikel Laboa, Ry Cooder o los citados matmos son algunos de los nombres que, en mayor o menor medida, llegan de mi registro mental mientras este disco va tejiendo su telaraña de voces e idiomas (euskera y francés) cruzados, de detalles sorprendentes y formulaciones inauditas en lo que, se supone, son los dos años de la relación del propio Javier Manterola y su pareja condensados en un disco que, por otra parte, se presenta desde su compañía como un alegato a la comunicación. Por aquí (lástima: al contrario que ocurría con LISABÖ no hay letras traducidas al castellano en el cd), no nos queda más remedio que quedarnos con su indudable atractivo sonoro, con esa íntima atmósfera que absorbe haciendo imprescindible la escucha con auriculares y, por supuesto, con ese listado de grandes canciones que destila una tierna y rara belleza que se te impregna en la piel, a la manera que los grandes trabajos logran. Sirvan como ejemplos el precioso desarrollo de “Amodio I”, el lirismo quebradizo de “Muerte con caballo” o la ensoñación folk de “Pascale” en el paso inicial de un proyecto al que el propio Javier se refiere así: “es algo sincero, como el amor, tan fácil de entender y difícil de vivir como el amor” . A la espera de que una futura página web del grupo nos permita escrutar lo que dicen los textos y completar la experiencia, sólo queda apelar al descubrimiento de un disco muy, muy recomendable.

JAVIER BECERRA (julio 2004)