( Houstonparty , 2004)

Para aquellos que no se enteran, conviene volverlo a decir. Los géneros son cáscaras vacías, guantes, útiles instrumentos sin autonomía, puestos al servicio del artista. Pese a que no son pocos los melómanos que se niegan a asumir esa verdad, en definitiva es lo que quieres hacer con los patrones y tu propia capacidad individual o colectiva para manipularlos lo único que cuenta. La realidad es que prácticamente cualquier género es susceptible de anidar grandes obras. Por ejemplo, durante años algunos tuvimos que observar como el country era considerado por estos pagos como un chiste, como otra lamentable excrecencia más del imposible y botarate espíritu norteamericano, observada desde algunas gentes con un rictus entre condescendiente, severo y burlón. Ahora, sin embargo, llevamos casi un lustro de práctica saturación de country, inmersos todos en un vasto mar de “americana” que parece no tener fin. Las cosas siempre son así.

Ned Oldham, hermano de uno de los mayores autores vivos de la música americana, Don Will Oldham, tiene un grupo de Country Rock. No se asusten, no se rindan. Esperen un poco. Merece la pena. Su último disco, “Joji”, es un pedazo de disco, trenzado con guitarras sólidas como rocas, con una contundencia instrumental en la mayoría de los casos a prueba de bombas, pero tampoco exento de esa característica melancolía tan querida en estos casos. Sean inteligentes y no lo abandonen. “Joji” no merece morir ahogado en ese mar de Americana.

Odham y los suyos comienzan sin preámbulos. “Down and Brown” te ataca con guitarras pesadas y un ritmo ralentizado pero contundente, en pleno trip hacia esos territorios por los que galopan los Crazy Horse de Neil Young. Sin caer en la emulación estéril, esa mezcla de guitarras que se dejan ir sin mirar el reloj, armónica y crescendos instrumentales intensos esboza en nuestro rostro la sonrisa de la familiaridad. Ver crecer el estribillo del segundo corte, “Leap Alone” ya nos tiene a carcajada batiente. Sí, ha llegado la venganza absoluta: el rock sureño ahora es “cool”. Qué temazos éste y el siguiente “Mr. Train”, cuyas guitarras harían a John Fogerty orgulloso. ¿Colega, dónde está el Jack Daniel's?. Hay que celebrar que los “auténticos” les han metido otro gol al despotismo ilustrado.

Venga, seamos buenos. Seamos justos y benéficos. Y, sobre todo, fieles a la música. Ignoremos estas rencillas y el hecho de que The Onamoanon a veces parece un Caballo de Troya de clasicismo propio de finales de los años sesenta y primeros setenta que se ha introducido en las confiadas fortalezas que otrora lo hubieran rechazado. Cuando un disco tan excelente hace aparición, deberíamos dejarlo vivir en paz su propia gloria. Incluso si tiene la bendita osadía de citar a los Led Zeppelin más bucólicos del tercer disco en “After Than Before”. O a pesar de que el minutaje del disco es cubierto con tan sólo ocho temas, algunos expansivos, pero siempre intensos. Porque “Joji” es “esa” clase de disco. El disco que transciende sus claves estéticas, por trilladas que estén, a base de pura categoría e intensidad emocional.

Cuando se cierra “Bird Child”, y con ella “Joji”, tras esos gritos maniacos de “Rock'n'roll, Rock'n'roll” se tiene la inconfundible sensación de que estos discos, los discos que son ambiciosos pero no presumen de ello, los discos como “It Stills Moves” de My Morning Jacket, “Funeral” de The Arcade Fire, “The Dirty South” de Drive-By-Truckers y algunos otros, son los que verdaderamente merecen la pena. Son esos discos paridos con el corazón en la mano, y sin atender a nada más. Y si Uds. son inteligentes, los recibirán de igual manera.

ENRIQUE MARTÍNEZ (Mayo 2005)