 
(Foehn, 2002)
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"Parece Winonna
Rider dentro de una nube de humo amarillo. Parece como si un foco de luz
la iluminase entre todas las demás. Parece que ante mis ojos se
mueve a cámara lenta. Parece que mis párpados se han paralizado.
Parece la criatura más bella que haya visto jamás"
1º. BOCA ABIERTA,
SORPRESA.
La formulación musical
de APEIRON, todo un compendio de programaciones, samplers y percusiones
caseras al servicio de una sugerente voz femenina, que se arropa por exiguas
líneas de bajo y dibujos guitarrísticos, supone una manera
de hacer pop inédita en estos lares, siendo los MUS de "Fai"
( mas que nada por el razonable parecido entre las voces de Belén
y Mónica Vacas) el referente nacional más próximo.
Sus nexos de unión había que buscarlos en al órbita
del sello Morr y una vez ahí, hacer una parada obligada en los
dos fascinantes disco de LALI PUNA. Pero aún así, las semejanzas
son casi tantas como las diferencias. Este pop tienen sello personal,
vocación de ser único y diferente y escasas filiaciones
estilísticas. Sorprende, estimula y, si tuviese que ser juzgado
por la primera impresión, enamora.
"No entiendo sus
silencios infinitos. No entiendo su brusquedad las pocas veces que habla.
No entiendo porque mira por la ventana continuamente. ¿Será
por aparentar más seguridad?. ¿Será por la indiferencia
que siente por mi?, ¿Será que, como dijo aquel poeta, que
el morbo una vez más murió al despertar?"
2º NERVISOSISMO,
INCOMODIDAD.
Tras la inmediata asimilación
de temas como "Crepitación" (sí,
la de "a-a-a-a-lu-ci-na-ción", lo que debería
ser su single-lanzadera) o "Ex" (posiblemente
su mejor tema, una perfecta radiografía de la sensación
que invade a uno durante ese periodo denominado de "post-relacción"),
la escucha global de "Todo sigue intacto", de entrada
aturde, incomoda y, más que nada, desborda. Sobre todo en la parte
central ("Zia", "Asiento incómodo,
cómodo", etc...) donde la monotonía del disco
aumenta aun más por ese minimalismo de baja fidelidad, umbrío,
sin apenas brillo y de escaso gancho melódico, con la mecánica
voz de Belén, fría y neutra, interpretando letras ininteligibles
como si se tratase de la lectura abstracta de una lección de física
en voz alta para toda la clase en EGB. Es, sin duda, un grupo duro, difícil
y con demasiadas barreras para su disfrute. Igual pasaba con Stereolab
y sus ladrillos de post-pop. Al final todos caímos rendidos a sus
pies. ¿Sucederá con APEIRON lo mismo?
"He descubierto
que el morbo no murió, si no que invernaba en su interior. He descubierto
la belleza de sus pies de cristal, la geometría perfecta de las
medio lunas de sus uñas, el extraño placer que siento al
bordear con mi dedo su espalda. He descubierto el estremecimiento eterno
y no quiero bajar jamás"
3º. FASCINACIÓN
Unas cuantas escuchas después,
un poco de paciencia, máxima atención y la recomendable
lectura simultanea de sus letras (lo del hachís es opcional) nos
lleva, capa a capa, a alas entrañas del disco. Entre ese suceder
de heterodoxas percusiones obsesivas late una auténtica maravilla,
llena de detalles impercepctibles a primera vista y soluciones sonoras
merecedoras de todo tipo de alabanzas. Sirva como ejemplo "Zia"
donde con un acople de guitarra, el volumen de ésta y una caja
de cartón crea una opertura ruidosa digna de la Velvet Underground
y, tras un silencio en seco, una cadena de arpegios y el pulso del piano
la hacen volar en un vaho de pureza pop increíble en su belleza.
O "Las palabras sin tejado", con esa percusión
minimalista e invariable que, en la parte central, inicia un sorprendente
crescendo capaz de erizar la piel. O "La ferozidad es felizmente",
con esa introducción etérea y experimental que deriva en
el momento más cálido del disco con una alucinante fusión
sampleados de blues y ritmos sincopados. Y claro, también hay que
hablar de esas letras..., esas letras que inicialmente parecían
no decir nada más que una bonita y sugerente secuencia de imágenes,
incluyen líneas tan atinadas e inspiradas como " despacio,
más despacio, quiero aterrizar sin hacerme daño / está
muy lejos tu corazón y muy cerca el espacio" ("Ex"),
" El corazón se empaña si desaparece / desea el
calor soleado del final de su mejilla" ("Asiento incómodo")
o " Y estrenar, al fin, mi gran habitación en las estrellas"
("Deneb") que vienen a invocar a un amor que de
nuevo hace de las suyas, como si fuera esa estación final a la
que dirigimos, consciente o inconscientemente, todos nuestros pasos, nuestros
actos e incluso discos tan preciosos, revitalizantes y decididos como
éste. Uno de los mejores discos de debut que se han oído
por aquí en tiempo que, me temo, pronto será el peor trabajo
de un grupo cuyo futuro no lo puedo ver más que con ese nerviosismo
y cosquilleo que precede a las cosas importantes. ¡Quiero ya su
camiseta!.
JAVIER BECERRA
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