 
(Astro, 2002)
|

Para ser bueno en cualquier
juego debes conocer sus reglas. Debes tener la técnica y la habilidad,
descubrir todos los entresijos, diseccionar y manipular todos los mecanismos.
Después tener cierto talento innato también es más
que conveniente para distinguirte. Y una vez llegado a este punto ya puedes
comenzar a ganar. Y ahora, muchos años después de "Chup-Chup",
AUSTRALIAN BLONDE han comenzado a ganar de verdad. Porque ahora
sí que conocen el juego como la palma de su propia mano.
"Lay
On The Line" es un muy buen disco, que si bien juega según
el libro, lo hace con todas las páginas del mismo, con todas las
reglas del juego. AUSTRALIAN BLONDE han descubierto muchas de las
reglas que casi nadie recuerda y que ellos no sabían manejar tan
bien anteriormente. Su nueva entrega en consecuencia recuerda a aquellos
discos dobles que hemos conocido antaño: 16 canciones (y ocho más,
asequibles a través de Vitaminic.com), con un sonido heterogéneo
y variado, con cierta sensación de desconexión y confusión,
pero también de celebración de su música favorita,
de reverencia sana por sus influencias y de buen gusto.
Una de esas
reglas básicas que han comprendido es que si tu juego es el de
practicar pop-rock clásico conviene arreglar cada canción
en función de sus características, que cada canción
sea diferente de la anterior, y trabajar cada tema hasta pulirlo. Así
en esta ocasión no se mueven tan sólo entre el indie y el
Power-Pop ("Thanks For A Ride", "1,
2, 3, 4") Sino que también hay country rock y folk
rock de escuela Byrds y Dylan ("I Want You Stay",
"Old Borke Dude"), pop de guitarras que recuerda
a los últimos Beatles y Big Star ("Lay It On The Line")
o a Neil Young ("This Road Will Never End"), New
Wave a lo Blondie ("I Try So Hard"), armonías
a lo Beach Boys ("A Brief Honeymoon With Julia"),
...etc. Todas estas influencias sanamente digeridas y exploradas en solventes,
en algunos casos excelentes canciones.
Con nuevos
elementos en su paleta de sonidos, como la voz solista de Tito Valdés,
las instrumentaciones acústicas, los arreglos algo aventurados
dentro de unos límites (el vocoder de "Valis",
el violín de "Mary", la extraña
estructura de "Alonzo Mourning") los gijoneses,
con la colaboración estrecha de Paco Loco, que realiza un trabajo
sensacional en la producción, han facturado un fantástico
disco de género, en el que sólo se les puede reprochar que,
en ocasiones, dan una cierta sensación de distancia con respecto
a lo que están cantando.
Por eso ahora,
y una vez presentadas definitivamente sus credenciales como, tal vez,
la mejor banda de pop clásica de España, deberían
dar el siguiente paso. Todos sabemos que el juego se pone realmente interesante
cuando se cogen las normas y comienza uno a reírse de ellas, se
marcan y se barajan las cartas y se comienza a hacer trampas. De esas
trampas que sólo pueden hacer los que, como ellos, conocen de verdad
las reglas. Y por eso también deberían romper esa distancia.
Ya dijo Dylan que si quieres vivir fuera de la Ley, tienes que ser honesto.
ENRIQUE MARTÍNEZ
|