(GEFFEN, 2002)

Puede que con su nuevo disco Beck Hansen consiga que cambie la idea que, hasta ahora, algunos teníamos formada de él. Poco a poco, con cada nuevo paso que daba, se iba configurando, cada vez más, como un esteta más o menos astuto, como un tipo con indudables recursos, con inteligencia y con una certera visión de la jugada. Pero también como un tipo un tanto indolente y cerebral, frío y distante. Tanto por sus cambios constantes de estilo, como por su peculiar manera de escribir sus letras parecía que no había por su parte un verdadero compromiso sentimental con el acto de crear música. Algo que resultaba un tanto incomprensible, dada su confesa predilección por formas de música primitivas, como el blues rural o el folk, cuya principal y más valiosa cualidad es una completa sobrecarga emocional. En su último trabajo "Midnite Vultures", todo aquello ya aparecía incluso como un problema y un serio lastre: demasiado control, demasiado concepto y muy poca sangre.

"Sea Change", sin embargo, parece residir en el polo opuesto. Aunque bien pudiera tratarse en realidad de otra incursión de las suyas (postmoderna y un tanto cínica) en otro de los tópicos eternos y más manidos del pop: el del disco de ruptura sentimental, triste, confesional, lloroso, predominantemente acústico, en sobrio registro country-pop o folk. Sin embargo, parece haber una dolida y genuina sinceridad en estas canciones. Musicalmente recogen el testigo del sonido de "Mutations", pero en las letras se aprecia una gran diferencia. Son menos ingeniosas, menos surrealistas, e incluso a veces contienen auténticos tópicos. Pero es verdad también que transmiten mucho más, que de verdad apelan a la fibra sensible, y que contienen algunos de los mayores hallazgos de la carrera de Beck. Y que también recuperan la idea del pop de autor como transmisor y reflejo de sentimientos y pasiones, terreno por cierto en el que aún permanece casi imbatido.

Parece ser que hay verdad de la buena (o más bien de la mala) detrás de este nuevo cambio de registro. Se dice que BECK ha roto con su novia de toda la vida, y que entonces tiene una historia verdadera que contar y un dolor real que paliar. De todos modos esto resulta más que secundario porque, haya verdad o mentira aquí, lo cierto es que las canciones conmueven y afectan al oyente. Parece que, aún no tratándose de un disco narrativo ni conceptual propiamente dicho, BECK comienza el relato por el final. "The Golden Age" se antoja como el reflejo de ese momento concreto en el que uno, vaciado ya del todo, cansado de sufrir, rendido, deja paso a una cierta desidia sentimental, a un vago discurrir mientras contempla distraído como pasa el tiempo. El narrador aquí coge carretera, manta, coche con radio incorporada y encara el camino con una absoluta indiferencia, que es con certeza el primer paso hacia la nunca completa recuperación emocional: "Estos días casi no puedo seguir adelante/ Ni siquiera lo intento". Cronológicamente parece ser un momento posterior al del tercer tema, "Guess I'm Doing Fine", donde parece estar aún en plena fase de auto-engaño: "Tan sólo son mentiras las que vivo/ Tan sólo son lágrimas las que lloro/ Tan sólo eres tú a quién estoy perdiendo/ Así que supongo que estoy bien". E incluso a la última canción, "Side Of The Road": "Algo mejor que esto/ Algún lugar la que me gustaría ir". En "The Golden Age" parece haber emprendido el camino hacia otros territorios, y así convierte a "Sea Change" en una suerte de triste "flash-back".

Para vestir estas canciones BECK ha vuelto a confiar en Nigel Godrich (el responsable del celebrado sonido de "Ok Computer" de RADIOHEAD) al igual que hizo, con excelentes resultados, en "Mutations". Y si bien en algunas ocasiones, me da la impresión de que los arreglos de cuerda resulta excesivamente pomposos e imponentes y pueden llegar a romper el tono recogido del disco, lo cierto es que la capa de sonidos sintetizados y orgánicos que acompañan a las consabidas guitarras acústicas, pedal steels y slides, consiguen que el disco gane una personalidad propia. Que, a su vez, complementa una nueva exhibición de cultura musical de un BECK muy sobrado en su manejo de formas arquetípicas de country, folk y pop de cantautor californiano de los años setenta. Y con un puñado largo de canciones verdaderamente brillantes ("The Golden Age", "Paper Tiger", "Guess I´m Doing Fine", "Lonesome Tears", "It's All In Your Mind", "Already Dead", "Side Of The Road"...) se confirma finalmente un excelente y verdaderamente emocionante disco. Mi favorito de entre los de Beck, junto al sólido "O-De-Lay" y "Mellow Gold", aún fresco en su condición de debut.

Tal vez con este "Sea Change" la verdadera dimensión de la figura de Beck quede definitivamente establecida. Partiendo de una misma materia prima, no ha sido capaz de hacer un disco tan magistral como un "Blood On The Tracks", lo que le descarta como genio absoluto a la altura de un Bob Dylan, condición que algunos se habían apresurado a darle. Pero lo cierto es que se ha confirmado que, además de ser un tipo listo y con buen gusto, por sus venas corren dos cosas, de las que se sospechaba que, tal vez, carecía. Una de ellas, en las cantidades habituales en todos nosotros: sangre. La otra, con mucha mayor generosidad de la habitual: el verdadero talento.

ENRIQUE MARTINEZ