 
(grabaciones en el mar, 2003)
|

Exquisito y sorprendente
debut de esta formación zaragozana, liderada por el vocalista,
multinstrumentista y compositor Javier Vicente. Acompañado
de Francho Pérez a la batería, Hugo Lasala
a la guitarra y Miguel Yrureta al bajo, y grabado prácticamente
de manera casera, "A Spring Of Summers" es una obra de
solidez más que suficiente para comenzar a apostar por Big City
como un nombre prometedor de nuestra escena. Su música es una exuberante
mezcla de referencias añejas, de pop melódico, psicodelia
y country-rock de diversas escuelas, que dibujan un sonido luminoso y
clásico, con querencia por los desarrollos expansivos y los requiebros
con sorpresa. Esa clase de pop artesanal, construido por melómanos
entusiastas y con fondo de discoteca, y que a día de hoy parece
nacido con vocación de permanencia.
"Five Elks"
abra el disco de manera introspectiva y pausada, con una atmósfera
algo oscura que rápidamente se transforma en una entusiasmada revisión
del sonido country rock de los Flying Burrito Brothers vía
Beachwood Sparks con "How The West Was Lost",
o en un pop profundamente Beatle con "A Picture Masterly Made".
La compleja arquitectura de "She's A Gem", cuyo
ruidista final remite a referencias del indie rock más contemporáneas
ofrece una nueva faceta de esta banda poliédrica. Tras ella, otras
delicadezas pop, de espíritu simultáneamente juvenil y melancólico
("Grashopping", "Recipe For A Dream", "Dorothy
By The Beach") nos llevan hasta la maratoniana "New
Handbook For A Successful Rider", tema psicodélico
de quince minutos y auténtica exhibición de recursos. Es
el cierre con la febril "The Ballad Of Cow & Chicken"
cuando se descubre una faceta más enérgica de Big City,
a la que no deberían renunciar si pretenden solventar una cierta
sensación de empacho que transmite al principio "A Spring
Of Summers".
Sorprende en un disco debut
como éste la profusa producción, de un detallismo casi barroco.
Los elementos diversos (banjos, lap steel, teclados de lo más diverso)
colorean las melodías, sólidas y hermosas, hasta casi distraer
de las mismas. Todo el disco está impregnado de un espíritu
desacomplejado, lúdico y juguetón que alegra el ánimo.
Tan primaveral como su título, escuchándolo en su naturalidad
y ausencia de pretensiones (que no de ambición) resulta difícil
pensar en que por estos pagos, discos tan buenos como éste no hace
tanto eran sorpresa celebrada por todos. Sinceramente recomendado.
ENRIQUE MARTINEZ
|