( One Little Indian-Universal , 2004)

La vida de BJORK había cambiado radicalmente al final de la década de los 90. "Vespertine"(2001), su cuarto álbum propiamente dicho, lo había confirmado. Las características curvas vocales imposibles de la islandesa se suavizaron ahí tornándose, por momentos, epidérmicas; las emociones, congeladas en la misma belleza glaciar en la que volaron Sigur Ros, se debatían entre la regresión a la infancia y el escapismo definitivo; por último, un minucioso envoltorio de cuerdas, cajas de música y electrónica microscópica hallaron, dentro de la introspección total, un nuevo emplazamiento para su música, ajeno a aquellas vitalistas y altisonantes fantasías de dibujos animados reflejas en "Debut" (1993) y "Post" (1995), emblemas inexcusables del mejor y más trascendente pop del pasado decenio. El acoso de los paparazzis, un intento de atentado por un fan desiquilibrado y su posterior sumersión en los resbaladizos terrenos de Lars Von Trier protagonizando Dancer In the Dark la habían colocadoal borde del precipicio. Ese precipicio donde han salido obras maestras como "Closer" (Joy Division), "Astral Weeks" (Van Morrison) o "Pink Moon" ( Nick Drake) y que en el caso de BJORK derivó en el mayestático "Vespertine", la cima artística de su trayectoria y un disco obligado para cualquier fan del pop. Afortunadamente, al contrario que algunos de los citados, ella volvió con vida de "allí".

"Muéstrame perdón por haber perdido la fé en mi misma / y haber dado mi interior a fuerzas inferiores / la culpa es interminable / pero si el perdón comienza pronto puede que la chica viva" ("Show me forgiveness"). Así, interpretado a capella dentro de una atmósfera redentora, Bjork se dirige a si misma en el segundo corte de su nuevo trabajo, "Medúlla" (One Little Indian-Universal, 2004), para liberar el lastre de aquella experiencia cinematográfica y vital: la voz como única protagonista y el mensaje nítido como el cristal. Sirva como la más desnuda de las muestras de un disco caracterizado precisamente por el preponderante papel del instrumento más humano de todos y la espontaneidad de unas letras que igual hablan de salidas interiores como la mencionada, de sentimientos maternales aflorados durante su elaboración (coincidente en el tiempo con la gestación y primer año de vida de su hija Isadora a quien dirige líneas como "El placer es todo mío / de ser la más generosa" ) o ¡sorpresa! dentro de surrealistas invocaciones al musical, colar pequeños latiguillos políticos como "necesito un refugio/ para construir un altar alejado / de todos los osamas y bushes" ("Mouth´s Cradle") inéditos en su carrera.

Como en ella es habitual, para este trabajo recurrió a un sinfín de colaboradores entre lo que se incluyen nombres de relumbrón como Robert Wyatt (Soft Machine) o Mike Patton (Faith No Moore, Mr Bungle) que aportan su coros o samplers de voz. Junto a ellos beatboxers (creadores de música, efectos y sonidos que únicamente emplean el cuerpo humano) del más inquieto underground como Rahzel, Dokaka o Shlomo, cantantes guturales como Tanya Tagaq o los coros Iceland Choir y London Choir aropan a BJÖRK dentro de este último capitulo en anómala trayectoria. Un disco en el que se combinan piezas de música tradicional islandesa como "Vökurü" con improvisaciones vocales como "Ancesto", "Miövikudags" y "Oll birtain", pasajes nocturnos regados con su chorro vocal ("Dessired constellatrion") y bizarras composiciones de cortinas operísticas y agresivo drum m´bass ("Where is the line?") , todo ello sin dejar a un lado su vena más pop con la excelentes "Oceanía", "The triumph of the heart" y "Who is it".

Se podría decir, por tanto, que es "Medulla" un disco insólito, arriesgado y basculado entre el reto formal de su autora y la búsqueda de salidas en una trayectoria que iba camino de la depuración absoluta del libro de estilo apuntado en "Homogenic" y "Vespertine", dando ahora un golpe de efecto que no se sabe muy bien a donde nos llevará. Su próximo trabajo despejará dudas. Mientras tanto disfrutemos quienes podamos de un disco que ha descolocado a más de uno que ya ha colocado a su autora en la lista de las grandes decepciones del año. ¿Significará eso la ruptura entre BJORK y el público de tendencias que la tenía hace poco por su musa?

JAVIER BECERRA (diciembre, 2004)