(One little indian,2001)

Si la obra de un artista es la metáfora de su vida, podríamos afirmar que el radical viraje acontecido en la carrera de Bjork con "Homogenic" no es más que el resultado de la resaca sufrida por la islandesa pizpireta tras los taquicárdicos sucesos personales acontecidos en su vida una vez editado "Post". Me refiero a su explosión de ira en Bankog contra una periodista que intentaba fotografíar a su hijo y, sobre todo, el intento de atentado y el posterior suicidio de su responsable, un desequilibrado fan nortemericano que no aprobaba su relación con Goldie (la pareja de Björk en aquellos días con la que rompió poco después). Desde aquel entonces su música se cubrió de una halo de tristeza y melancolía que chocaba frontalmente con la vitalidad y colorismo de todo su trabajo anterior. Su actuación como Selma en "Dancer in the dark" no hizo sino acrecentar el drama. Ella lo dijo, no interpretó a Selma, fue Selma. Quien haya visto la película sabrá por qué.

Por tanto que nadie se espere cambios bruscos respecto a su obra anterior, "Vespertine" es continuista del impresionante "Homogenic". En él se sigue buscando el calor desde la gelidez formal y la belleza pura exenta de la fantasía en technicolor de sus incios, debatiéndose a lo largo del disco entre la electrónica introspectiva, abrupta y geométrica y unos excelsos telones de cuerdas que dan vía libre al lirismo y al escapismo, pero de una manera aún mas extrema si cabe. El resultado: sobrecogedor. Sin embargo no faltarán quienes le achaquen estancamiento de ideas, repetición e inmovilismo, pero esos son los que siempre se quedan en la cubierta de los libros y a mayores examinan la calidad del papel. Lo más importante de "Vespertine" es que se observa a Björk llevando su libro de estilo a cotas impresionantes, más ajena a todo que nunca. Y más perfecta. Escuchen "It´s not up to you" y se darán cuenta de lo que digo. Que alguien me diga si existen mas de 5 canciones mejores a ésta editadas este año. Es justo a "Hidden place", su single de adelanto, la cara más amable de "Vespetine".

El resto del disco requiere su tiempo. Bjork ha cambiado su método definitivamente: ahora las emociones se miden en sentido inverso, ya no canta hacia el exterior sino que lo hace hacia dentro de si misma, en la reflexión, en la completa madurez artística, sin ese ansia de sobresalir. Semeja ahora como si "Debut" y "Post" fuesen ensayos en la búsqueda de su sonido definitivo. No deslumbran aquellos letreros de neón como "Violenty Happy" o " Venus as a boy", ya no existen esas curvas vocales que rompían cualquier escala en la que se midiesen por su heterodoxia, ya no flota en esos ritmos de baile que incitaban al hedonismo. No, temas como "Undo", "Aurora", "Sun in your mouth", "Harm of will" son focos de luz etérea entre nubarrones, diamantes esculpidos desde la tristeza y el desorden emocional, bañados en coros angelicales y que se convierten en piezas absolutamente sublimes. Al igual que los preciosos instrumentales , "Cocoon" y "Frosti" que parecen querer evocar esa infancia de cajas de música y paseos por la orilla del río y sirven de perfecto tránsito a un disco que busca la luz desde la oscuridad y, una vez encontrada, la lleva al infinito. Cegándonos, estremeciéndonos, haciendo que deseemos subir sobre una de esas canciones, para perdernos en el cielo y no volver ya nunca mas.

Presiento que este invierno, que ha empezado tan frío, será hermoso. Y, que duda cabe, "Vespertine" no dejará de sonar.

JAVIER BECERRA