 
(V2/EVERLASTING RECORDS, 2001)
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Si
los Black Crowes siempre han estado un escalón por encima
del resto de bandas de revivalismo ha sido sobre todo por atesorar dos
virtudes: auténtico talento y verdadera necesidad. Para los hermanos
Robinson hacer discos es un asunto muy serio, es algo más
que intentar emular a tus ídolos de adolescencia y vivir el sueño
del "rock´n´roll lifestyle": es la única
manera que conocen de vivir.
A
esto se añade que su conocimiento de las fuentes originarias de
la música que les fascina es profundo, casi enciclopédico
y que desde pronto, ya en su segundo álbum (el excelente
"The Southern Harmony And Musical Companion") tuvieron
poco interés en la imitación pura y dura. Esta tendencia
cristalizó en "Amorica": el disco que con
el tiempo parece cobrar mayor dimensión, una obra a corazón
abierto, pero escasamente seductora en un contacto superficial. Los siguientes
esfuerzos parecieron más cansinos, menos inspirados, como si careciesen
de más motivos y recursos para efectuarlos que el propio oficio.
Pero precisamamente entonces se vio su facilidad natural para crear música,
pues no llegaron a ser realmente mediocres.
"Lions"
retoma el hilo donde "Amorica" lo dejó,
al intentar construir una "suite" de canciones entrelazadas
como movimientos de una sinfonía, sin terminar de considerar las
canciones como algo finalizado. Sin que parezca estar del todo a su altura
(aunque se antoje una obra de "largo plazo"), si es un
disco más denso, más enrevesado y más sentido que
el febril "By Your Side". Barroco y psicodélico,
bañado en una preciosista producción de Don Was,
descubre sus bazas poco a poco y confirma ciertos hechos que ya resultan
incontrovertibles: si los Crowes fueron acusados en un principio de meros
imitadores de los Rolling Stones y Faces, su sonido definitivo
ha derivado en un inopinado cruce entre Led Zeppelin, Free, los primeros
Little Feat y los últimos Small Faces. Y la experiencia que
se ha acumulado en los tres miembros originales que aún permanecen
en la formación resulta en algo más que el proverbialmente
único "grado": Chris canta excelentemente, Rich
es más versátil e imaginativo, y el batería Steve
Gorman parece definitivamente poseedor del secreto del auténtico
batería de rock duro: no tener prisa.
Para
disfrutar de "Lions" tienes que olvidarte de los
condicionantes externos a él mismo, de las cuestiones relativas
a qué aporta a las posibilidades de evolución formal del
Rock´n´Roll. Tienes que tomarlo como te lo dan. Como la obra
de unos artistas comprometidos con ella, y que no quieren hacerla de otra
manera. Entonces resulta francamente difícil resistirse al entusiasmo
gospel de "Soul Singing", al poderoso crescendo del estribillo
de "Losing My Mind", o a la altiva manera de reproducir
lo de siempre en "Lickin´" o "Come On".
Ellos
se lo creen del todo. Tú también puedes acabar por creértelo.
ENRIQUE MARTINEZ
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