 
(COLUMBIA, 1963)
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Este disco es el comienzo
de todo. Después de un debut basado en las versiones de temas ajenos,
en su segundo álbum, Dylan da el salto cualitativo que supone
llenarlo prácticamente en su totalidad de canciones propias. ¡Y
que canciones!. Son el único soporte y atractivo del disco, pero
lo convierten en su primera obra maestra. Aquí sólo están
su voz, su armónica y su guitarra... y esas canciones.
Ya en 1963 la escritura
de Dylan no era tan monocorde y poco variada como la caricatura
que el tiempo ha congelado en el imaginario colectivo puede llevar a creer.
Pero es cierto que en ese momento, asumir la voz airada de la contracultura
y de su generación no le provocaba ningún problema, más
bien lo contrario: la absoluta seguridad en lo que dice que transmite
en las canciones de perfil contestatario y político se asemeja
a la de un profeta poseído por algo más importante que él
mismo. Y sus palabras tienen la brillantez de la mejor poesía,
cuando ésta es (en palabras de Gabriel Celaya) "una
arma cargada de futuro". La de Dylan era una genuina y
sutil arma, dirigida a la línea de flotación del "establishment".
De este modo "Blowin´ In The Wind" o "A
Hard Rain´s Is A-Gonna Fall" se convirtieron en himnos
generacionales que no envejecen, porque al contrario que "Oxford
Town" o "Talking World War III Blues"
no son crónicas comentadas de una anécdota, sino que poseen
la suficiente apertura y contenido metafórico, son lo suficientemente
difusas como para encontrar eco no sólo en el presente o en el
pasado, para estar de este modo "cargadas de futuro"
en su concepción, y por ello continuar vigentes en nuestro presente.
Pero Dylan se desmarcaba
ya entonces de los demás cantautores protesta en muchas cuestiones.
Por ejemplo en su falta de hipocresía. ¿Qué se puede
sentir por los que se enriquecen con las guerras?. Pues lo que dice Dylan
en "Masters Of War": "Y espero que os
muráis/ y sea pronto/ Y seguiré vuestro féretro/
en la pálida tarde/ y miraré mientras os depositan/ en vuestro
lecho de muerte/ Y permaneceré sobre vuestra tumba/ hasta que esté
seguro de que estáis muertos". Nada de pacifismo melifluo
o hipócrita de puro bienintencionado: la justificada y necesaria
mala leche.
También le diferenciaba su criminal y surrealista sentido del humor.
Por ejemplo, una canción titulada "I Shall Be Free",
no es lo que puedes pensar: "Mi teléfono no paraba de sonar/
es el Presidente Kennedy que me llamaba/ dijo: Bob, amigo mío ¿qué
podemos hacer para que el país crezca?/ Trae a mi amigo John, Brigitte
Bardot/ Anita Ekberg, Sofía Loren/ Ponlos a todos en una habitación
con Erenest Bornaigne!!".
Bob era (y por supuesto,
es) un ser humano, por lo tanto capaz de ser tan blando y sentimental
como duro y despiadado. Por eso hay aquí dos canciones hermosas
y nostálgicas: "Girl From The North Country"
(nostalgia de una amante) y "Bob Dylan´s Dream"
(nostalgia de unos amigos). Pero en "Don´t Think Twice,
It´s All Right" también puede ser un amante
algo resentido: "Pero "adiós" es una palabra
demasiado buena/ así que digo "hasta la vista"/ No estoy
diciendo que me tratases mal/ lo podrías haber hecho mejor pero
me da igual/ Tan sólo me hiciste perder mi valioso tiempo/ Pero
no le des más vueltas, así está bien".
Esto tal vez sea lo más
valioso de este disco: que Dylan no lleva una máscara, aunque
tal vez sí el disfraz de cantautor heredero de Woody Guthrie.
Hay una ingenua y algo candorosa sinceridad en todo este disco, comenzando
por el retratarse en la portada con Suzie Rotolo, su novia de por
aquel entonces. Más tarde, los estragos de la persecución
y escrutinio del público le llevaron a subir la guardia y a ocultarse
detrás de su expresión artística. Fue cada vez más
brillante, pero también cada vez más críptico. Y
tardaría largos años en volver a exponerse tanto como en
este comienzo. En este magnífico comienzo.
ENRIQUE MARTÍNEZ
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