 
(COLUMBIA/SONY, 2001)
|

Nuestros más esperanzados
presagios se han hecho realidad, la intuición no nos ha fallado:
el nuevo disco de Bob Dylan, publicado en el año de su sexagésimo
cumpleaños, es una hermosa, dolida, profunda y enigmática
obra maestra. Es decir, un disco de Dylan a la altura de su talento.
Otro misterio por resolver. Recojamos las pistas que él mismo ha
ido dejando en la escena del crimen e intentemos desvelar sus secretos.
Si nos acordamos de lo
que dijo hace unos años, que si nadie escribiese más canciones
no pasaría absolutamente nada porque en el mundo ya hay demasiadas,
mientras publicaba dos discos de canciones tradicionales de folk y blues
("Good As I´ve Been To You" y "World
Gone Wrong"), entonces este "Love And Theft"
es una tesis. La tesis de Dylan es que todo lo que había
que contar mediante canciones ya ha sido contado antes, y mejor, por otros.
Que seguir trabajando sobre esta forma de canción a la que nos
hemos acostumbrado, es innecesario, carece de razón de existir
y por eso nos asedia tanta música mediocre: porque ya no tiene
verdad en su interior. Este sería el motivo de que no sólo
las canciones de este disco estén escritas en las formas musicales
más tradicionales de América (Rockabilly, Folk, Country,
Ragtime, Jazz, Rock y sobre todo Blues), sino de que muchos de sus títulos
sean los de temas ya escritos antes por otros, mientras que sus letras
se llenen de paráfrasis y citas de canciones ya muy antiguas y
casi olvidadas. "High Water" era una tonada de
Charley Patton, (al que Dylan dedica su reescritura), en
la que incluye una cita de la tradicional "The Cucoo Song",
otra de "Dust My Broom" de Robert Jonson,
y algunas más. Y el disco está repleto de estas citas, en
"Tweedle Dee And Tweedle Dum": "Tengo
amor para ti/ Y es todo en vano" "Love In Vain"
de Jonson otra vez. Es decir, que este disco sería un funeral
en honor de la canción como vehículo de comunicación,
celebrando sus antiguas glorias utilizando sus más antiguos ritos
y hechizos.
Pero también este
disco podría ser una broma, un chiste, contener una visión
surrealista y absurdamente divertida del mundo. En "Po´
Boy" aparece esta línea digna de los Hermanos Marx
"Pobre chico en un hotel llamado Palace Of Gloom, llamó
al servicio de habitaciones y dijo: envíen una habitación".
En "Floater": "Romeo le dijo a Julieta:
tienes una mala complexión, que no le da a tu apariencia un toque
muy juvenil/ Julieta le contestó: te puedes perder si es que te
importa tanto". "Lonesome Day Blues":
"Mi capitán esta condecorado, está bien educado
y tiene talento/ No es un sentimental: no le importa un pito cuánto
de los suyos han muerto". En "Honest With Me"
intenta ligar cantando lo siguiente: "Dicen que mis ojos son bonitos
y mi sonrisa agradable/ Te los vendo a precio reducido". Así
que este disco podría ser un vodevil, una comedia negra y terriblemente
divertida..
Podría también
ser sólo música por el placer de hacerla: un intento de
demostrar lo importante que es tener una buena banda para grabar un disco.
Este álbum lo ha producido él mismo, grabando con la misma
banda que lo acompaña de gira, tal vez la mejor y más versátil
que ha tenido desde THE BAND, y la producción se centra en que
se oiga claramente lo que es capaz de hacer. Ejemplo: la interacción
de los guitarristas Charlie Sexton y Larry Campbell en la
tremenda "Honest With Me". O el peso de su fuerza
en "High Water". Además "Mississippi"
es un descarte de "Time Out Of Mind" que dejó
fuera porque no le convencían las decisiones de Daniel Lanois,
su anterior productor. Así que este disco es un tratado sobre cómo
debe sonar un disco de rock, o de lo que sea que sea este disco: fresco,
claro, variado y austero. Directo a la esencia.
Tal vez sea un intento
de quitarle la razón a los que dice que no sabe cantar. En todo
"Love And Theft" Dylan juega con su voz con una
maleabilidad increíble. Por ejemplo: en "Lonesome Day
Blues" su voz rasca como una lija, su rugido parece el de
Howilin´ Wolf, se quiebra pero no se rompe. En "Po´
Boy" cuando llega a las líneas de diálogo cambia
su tono como si interpretase a cada interlocutor con una voz distinta.
Cuando en "High Water" se pone en la piel del
juez que le dice al Sheriff que "los quiero vivos o muertos/ de
una de las dos maneras, me da igual", ese "me da igual"
asusta en su maldad absoluta. Así que esta sería una lección
de como cantar canciones que cuentan historias, de como cantar como si
hablases y hablar como si cantases.
Aunque tal vez este disco
trate de lo mismo que "Time Out Of Mind", de lo triste
que es el amor, lo duro que resulta su ausencia y lo peligroso que es
su presencia."Sugar Baby": "No hay límite
para la cantidad de problemas que traen las mujeres/ el amor da placer,
el amor engaña, no ames algo malvado". "Po´Boy":
"Sólo sé que me estremezco con tu beso/ no sé
nada más que eso". "Bye And Bye":
"El futuro para mí es una cosa del pasado/ fuiste mi primer
amor y serás el último". Así que de este
modo tendríamos otro disco que habla del amor y del desamor, sólo
que en este caso el tópico está tratado con maestría
por un mujeriego de sesenta años que escribe como nadie.
Pero me parece que esta
visión del amor no es más que parte de una visión
más amplia, cínica y desesperada de la existencia, de la
futilidad de una vida cualquiera. En "Honest With Me"
canta: "No me arrepiento de nada/ me alegro de que hayamos luchado/
tan sólo deseo que hubiésemos ganado". En "Sugar
Baby": "Cada momento de la existencia es como un
truco sucio/ La felicidad puede venir de repente e irse igual de rápido/
En cualquier momento del día la burbuja puede estallar/ Intentando
hacer las cosas mejor para alguien las puede hacer mil veces peor".
Sin embargo yo localizo
la clave definitiva en "Mississippi", cuando canta:
"no tengo nada para ti, no tuve nada antes/ ni siquiera tengo
nada para mí nunca más". Pero sobre todo: "Mi
barco está hecho trizas y se hunde rápidamente/ me ahogo
en el veneno, no tengo futuro, no tengo pasado/ Pero mi corazón
no está apesadumbrado, es ligero y libre/ No tengo más que
afecto por aquellos que han navegado conmigo".
Porque cabe la posibilidad
de que lo que está haciendo Dylan con este disco es quitarse
de en medio, quitarse importancia al relativizar su figura, colocándose
al lado de sus antiguos maestros en el arte de escribir canciones, a los
que a estas alturas percibe como iguales o superiores en calidad e importancia,
pero injustamente olvidados por un público que no ve más
allá de sus narices, entre otras cosas por el excesivo culto a
su personalidad, a su propia nariz de judío universal. Y consciente
de su segura mortalidad (otra vez en "Mississippi": "Tus
días contados como lo están los míos") intenta
que los demás dejemos de darle tanta importancia y asumamos que
su eventual marcha no significa el final de la música popular de
alto nivel porque existe una larga e irrompible cuerda desde tiempo inmemorial.
Pero con discos así es difícil que consiga convencernos
de su insignificancia
Pero seamos serios, seguro
que todo este análisis de texto y subtexto es una manía
de aspirante a crítico. Vamos a tomárnoslo con calma. Porque
seguro que "Love And Theft" no es más que un simple
disco. Un disco más de Bob Dylan. Ni más, ni menos.
Eso sí, un disco
a la altura de su talento. Es decir, una hermosa, dolida, profunda y enigmática
obra maestra. Un misterio por resolver. Así que vamos a seguir
las pistas...
ENRIQUE MARTÍNEZ
|