(COLUMBIA/SONY, 1975)

Este parece un disco de un Bob Dylan distinto. Aquí no nos enfrentamos al dueño de ese intelecto descomunal, a esa inteligencia desbordante y hábil, casi malévola en su capacidad para el sarcasmo y la crítica. Ni al profeta moral, que nos mostraba el camino a través del desierto. Contemplamos en realidad al dueño de un corazón desnudo y roto, al ser humano de carne y hueso, capaz de demostrar sentimientos, dolor, vulnerabilidad. Este es un completo tratado sobre el (des)amor, como pocos ha producido la historia del rock. Claro que afirmar todo esto sería partir de una premisa falsa: ignorar todo el inmenso y valioso legado de canciones de amor que hasta entonces había ofrecido Dylan, que ya había escrito algunas de las más bellas y clarividentes baladas de todos los tiempos. Y es que esa inteligencia, ese sentido crítico, le permite comprender y expresar sus circunstancias de un modo mucho más articulado, reflexivo y realista de lo que los demás se pueden permitir. "Blood On The Tracks" es un firme candidato a mejor álbum de la carrera de Dylan. Y ya sabemos donde coloca esta condición a un disco dentro del escalafón de la historia del rock.

Obra musicalmente precisa y coherente con su temática, en la que Dylan se reencuentra con el blues más puro, pero en el que también aparecen algunas de las melodías y arreglos más excitantes de su repertorio, parece construida sobre una interpretación tan llena de dolor, que el propio Dylan ha afirmado que no entiende cómo se puede disfrutar de un disco así.

La leyenda (negada en vano por el interesado) habla de éste como el disco del divorcio de Dylan de su esposa. Lo que es obvio es que salvo por (y menos de lo que parece) el cuento Western que es la "Lily, Rosemary and The Jack Of Hearts" todos los temas versan sobre las desgracias del amor roto. "Tangled Up In Blue" nos relata de manera no lineal una historia de amor que se enfrentó a las dificultades y fracasó, o tal vez son varios fracasos mezclados, dejando una huella en él que aún perdura. "Simple Twist Of Fate" es el final (incomprensible para uno de los amantes) de un romance. El amante desorientado parece haber encontrado la respuesta en "You´re A Big Girl Now": ella ha crecido, ha madurado y lo ha dejado atrás, pero él no se resigna y jura "que puedo cambiar".

"Idiot Wind" es la expresión de su rabia hacia su esposa, esta vez de un modo evidente. Sin embargo termina finalmente por asumir él mismo parte de la culpa, del "viento idiota" que los arrastra y los separa. Pasamos de la profunda resignación de "You´re Gonna Make Me Lonesome When You Go" al dolor inconsolable de "Meet Me In The Morning". Y de ahí a la inconclusa, insuperable nostalgia de "If You See Her Say Hello": "Nunca me acostumbré a ello, tan sólo he aprendido a desconectarlo. O soy demasiado sensible, o me estoy volviendo blando. En el anochecer, a plena luna, reproduzco el pasado. Me sé todas las escenas de memoria, sucedieron tan deprisa. Si ella pasa por aquí, yo no soy tan difícil de encontrar. Decidle que me puede visitar, si es que tiene tiempo".

Es decir: estamos como al principio, pues en "Shelter From The Storm" el autor es lo que es: un hombre que comprende que su deuda de gratitud hacia aquella mujer es cierta, pues le dio el abrigo que necesitaba de la tormenta, cuando esta arreciaba en su exterior e interior. Pero esto también convierte a la deuda en impagable, en eterna. La que lo deja colgado para siempre de un recuerdo en "Buckets Of Rain".

A la pregunta de si todo este dolor ajeno se puede (o se debe) disfrutar, debo contestar citando a otro poeta, Álvaro Mutis: "Los hombres cambian tan poco, siguen siendo tan ellos mismos, que sólo existe una historia de amor desde el principio de los tiempos, repetida al infinito sin perder su terrible sencillez, su irremediable desventura".

Entonces, ¿por qué seguimos escuchando esta única historia?. Tal vez, porque es nuestra propia y única historia, pero necesitamos que alguien nos la cuente (mucho) mejor de como nos la contamos a nosotros mismos todos los días. Ese alguien fue una vez Bob Dylan. Y esa vez está grabada. Lo fue incluso dos veces, y esas dos veces están grabadas: escucha las tomas alternativas de este disco en "The Bootleg Series" (grabadas en Nueva York y posteriormente rechazadas por Dylan). Y puede que incluso lo fuese tres veces: prueba con "Time Out Of Mind" y seguirás escuchando esa única historia.

No lo puedes evitar. Pues como Bob en "Shelter From The Storm", tú también sabes que "la belleza camina por el filo de la navaja". Pero, como él, también crees que "algún día la haré mía". Y entonces te cortarás, y dejarás sangre en los surcos.

ENRIQUE MARTÍNEZ