 
(CBS, 1975)
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Si hay un disco que pueda
explicar lo mucho que representa Bruce Springsteen para la cultura
popular norteamericana, y para la vida de tanta gente, probablemente sea
éste. Marcó el final de su primera etapa, antes del forzoso
silencio de tres años que medió entre este disco y "Darkness
On The Edge Of Town" (1978). En "Born to Run"
todas las señas de identidad del primer Springsteen encontraron
una cristalización definitiva, mientras que su técnica de
escritura se depuraba poco a poco: los maratones líricos de sus
comienzos comenzaban a encontrar cierta mesura, su romanticismo exacerbado
y nostálgico más altas metas. Este ineludible álbum
finalmente lo convirtió en leyenda entre los rockers. También
le dio su primer éxito comercial, sobre el que cimentó la
primera fase de su carrera, mucho antes de que su salto a icono masivo
para todos los públicos con "Born In The USA"
(1984), hiciera que muchos de los antiguos fieles se sintieran vilmente
"traicionados" por tener que compartir a un artista de éxito
con más gente todavía.
En "Born to Run"
Springsteen cumple la misión que, de manera personal e intransferible,
le estaba encomendada. En otras facetas (cantautor protesta, baladista
romántico, orfebre pop) Springsteen ha contribuido con un gran
talento y de manera brillante, pero no ha dejado de ser un eslabón
más en cada cadena. En "Born To Run" crea (con
todo lo que de creación pura pueda haber) su propio género:
la épica urbana en su plenitud, ese registro en el que no hubo
ante ni ha habido después nadie como él. Era una promesa
implícita en el rock'n'roll desde su génesis, pero que tardó
largos años en llegar a cumplirse. Tras un tiempo de evolución
estilística y contaminación con otros géneros, tras
una etapa de diletantes búsquedas estéticas en los años
sesenta, en su condición de música popular y urbana el rock'n'roll
forzosamente debía reencontrarse en algún momento con su
público natural y ofrecerle, con franqueza y lirismo, el relato
mitológico de su experiencia y la formulación de sus esperanzas
secretas de redención.
Springsteen emplea
lo que tiene más a mano, lo que alivia cotidianamente una existencia
alienada entre el cemento y el asfalto, y lo transmuta en esa esperanza
sagrada de renacer, de comenzar de nuevo en otro sitio de una manera mejor.
Una Tierra Prometida construida con lo que otros consideran material de
derribo. En realidad, no es más que la idea fundacional de América
trasladada a su tiempo y circunstancias. Todavía queda luz y esperanza
para el joven desheredado: el coche, el rock'n'roll, tu chica y la carretera
te pueden liberar de "la ciudad de perdedores". Es un mundo
de tópicos que oculta algo más profundo de lo que parece
a primera vista.
"Thunder Road"
abre el álbum conteniendo esa misma promesa presente en la épica
"Born to Run". Es el tema del disco, pero aunque
explora otros aspectos de la misma trama, y parece casi un "grandes
éxitos" repleto de canciones excepcionales (ni "Tenth
Avenue Freeze-Out, "Night", "She's The One" o "Meeting
Across The River" son moco de pavo) finalmente queda en cierto
modo absorbido por la intensidad de cuatro piezas. Por un lado "Thunder
Road" y "Born To Run", las vías
de escape. Por el otro "Backstreets", historia de lealtades
y traiciones en un universo tan pequeño y grande como lo quieras
ver, y "Jungleland", una formulación difusa,
lírica y torrencial de ese universo retratado, de su vivísima
realidad. Con su particular "wall of sound", como un Bob
Dylan producido por Phil Spector, y la potencia de la E-Street
Band resonando detrás, con el saxo de Clarence Clemons mostrando
el camino, cada uno de los momentos álgidos del disco contiene
resonancias de mitología de andar por casa, de epopeya cotidiana
que lo hacen una eterna promesa de vida mejor.
Como todo disco de Springsteen
refleja de manera fiel su propio yo, y sus circunstancias. Observar su
progresivo desencanto desde el optimismo testarudo de "Born to
Run" (en el que parece negarse a la rendición pese a desconfiar
de la victoria) al desencanto de "Darkness..." o "Nebraska",
y aunque parezca mentira de "Born in The USA", es asistir
a toda un peripecia personal y generacional. Épico, romántico,
tratado de libro de cómo la promesa (siempre falsa) de redención
se oculta en todo aquello que te hace sentir vivo, sea lo que sea, "Born
To Run" se alimenta de tal manera de una experiencia íntima
pero universal, que sólo los cínicos, los escépticos
y los esnobs lo pueden despreciar sin respeto.
En un clarividente pasaje
de "Jungleland" lo formula todo, la falsa brevedad
de su universo y su secreta poesía: "Afuera, la calle arde/
en un verdadero vals de muerte/ entre lo que es carne y lo que es fantasía/
Y los poetas aquí/ no escriben nada en absoluto/ Tan sólo
se retiran y dejan las cosas estar/ Y en el click de una navaja/ intentan
alcanzar su momento/ E intentar mantener una postura digna/ Pero terminan
heridos/ Ni siquiera muertos/ Esta noche, en Jungleland".
Por eso, cuando Paddy
McAllon le cantaba a "Bruce" con Prefab Sprout que
"hay más cosas en la vida que sólo los coches y
las chicas", se engañaba. Porque confundía fondo
y forma. Este disco no habla sólo de coches y chicas. Habla de
la vida a propósito de los coches y las chicas. Y bueno, también
a propósito de Roy Orbinson. Y hay veces en las que, dependiendo
del coche, dependiendo de la chica y dependiendo de la vida (porque Orbison
y Springsteen son valores seguros), no hay nada más importante.
ENRIQUE MARTINEZ
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