(city slang, 2003)

Que Calexico es uno de los fenómenos musicales más extraordinarios con los que tenemos la fortuna de convivir, es un dato que supongo que, a estas alturas, no se le debe escapar a nadie. Lo que comenzó como una anecdótica aventura paralela de la sección rítmica de Giant Sand (Joey Burns y John Convertino), para así dar rienda suelta a la música que les sugería su hogar en el extraño desierto de Arizona, ha ido consolidándose disco a disco como uno de los grandes nombres del panorama actual. "Feast of Wire", su cuarto álbum, es ese disco en el que esta pareja se propone definitivamente y de una manera llena de seguridad en sí mismos y en sus enormes capacidades, realizar su gran obra, o al menos su primera gran obra. Y a fe mía que lo consiguen. Hay canciones y momentos absolutamente memorables en este fantástico álbum, nacido para resistir el paso del tiempo.
La de Calexico ha sido vista siempre como una música fronteriza, evocadora y cinematográfica.

Parecía haber en ese juicio un implícito reproche, como si fuera música nacida para el ornamento y la atmósfera, para un divagar esteticista, pero banal. Una banda sonora, un acompañamiento secundario de algo que no era realidad sino ficción. Pero si bien esto nunca fue realmente cierto, ahora menos que nunca. "Feast Of Wire" contiene música emocionante, que explora no sólo la difusa frontera existente entre la cultura anglosajona e hispanoamericana en el Sudeste estadounidense, sino todas esas otras delgadas líneas que diferencian con más o menos fortuna entre verdad y ficción, sueño y realidad, crimen y castigo. En falaces fronteras físicas como las que habitan estos dos magníficos músicos, ciertas líneas perfectamente trazadas en libros y mapas se diluyen bajo el abrasador y alucinante sol del desierto. Y la música de Calexico evoca no sólo todo esto, sino también la intensa vida de los habitantes de esas zonas indefinidas.

Si bien con "Sunken Waltz" el disco se abre con esa "Americana" de influencia tex mex tan peculiar, hay otros sabores diversos en este disco. Desde la insospechada sensibilidad pop de "Not Even Stevie Nicks", a las cuerdas y vientos evocadores de "Black Heart" y "Close Behind", de la electrónica alucinada de cachivache defectuoso de "Attack el Robot, Attack", al jazz de "Crumble", que rememora un álbum pionero: "Tijuana Moods" del profeta Charles Mingus, favorito personal de servidor.

Referencia que además nos hace recordar que Calexico no surge de la nada, sino de una tradición "outlaw" y alternativa de acercamiento del Norte al Sur, una búsqueda curiosa del misterio inasible que se contiene en la inexplicable música mexicana, y sobre todo en los híbridos tex-mex. Antes pueden haber sido Los Lobos recuperando sus raíces e intentando encontrarles un lugar en su propia identidad, o Ry Cooder en sus exploraciones de nuevos sonidos, o Willie Nelson descubriendo lo que en realidad significa ser tejano. Pero también lo fue una vez Bob Dylan, cuando quiso hablar de una zona de su mente tan trágica como indefinida en "Desolation Row" y sin remedio, recurrió a esta música mestiza. Es decir que esta música es un vehículo perfectamente idóneo para cualquier aspiración de grandeza.

Y así la de "Feast Of Wire" pertenece a la música verdaderamente independiente y alternativa. Independiente de la música sin raíces de ninguna clase (ni propias ni ajenas) que puebla castigadoramente el mainstream. Alternativa a los estériles discursos de pureza de cierta música étnica. Independiente de la negación que siempre ha querido hacer la Norteamérica oficial de la indeleble presencia hispana en su territorio y cultura, y que ahora repite con la tragedia de la inmigración ilegal (observa la letra de "Across the Wire") Alternativa a la mimética reiteración de esquemas que es mucha de la música llamada "americana". Y de hecho independiente también de la propia música que hasta ahora ha venido haciendo Calexico.

Pero sobre todo es música necesaria e imprescindible para todo aquél que se acerca a ella.

ENRIQUE MARTINEZ