 
(matador, 2003)
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Lo de gastar 16,80 euros
en un disco es algo que sólo reservas para artistas como Chan
Marshall, quien fiel a su conciencia ecológica ha editado
este “You are free” en cartón y papel
reciclado, encareciendo unos costes que se resienten en el bolsillo del
pobre fan que desatiende los consejos de su creadora. No es mi único
reproche a la autora de “Moon Pix”, ya que
el pasado año en pleno Primavera Sound el despropósito en
el que convirtió su errática actuación hizo que me
perdiera la - me cuentan- soberbia comparecencia de los Tindersticks
y, de no haber rectificado a tiempo, y largarme de allí al cuatro
simulacro de canción, también se hubiera llevado por delante
la posibilidad de asistir al recital de Echo and the Bunnymen.
Pero en fin, ese día, viendo la reacción de sus seguidores
más encendidos, que no dejaban de aplaudir todos y cada uno de
sus errores con una reverencia irracional ( hasta el punto de que la propia
Chan parecía avergonzarse), uno pudo comprobar que eso del “aura”
es, en algunos artistas, algo completamente cierto e, imagino que muchos
llegarían a ver en aquella sucesión de infortunios el lado
humano de una artista, cuyas conexiones sentimentales con sus seguidores
me hacen pensar en una especia de Morrisey femenina viviendo
en el underground americano.
En fin, uno no llega todavía
a esos límites de entrega. Si me gusta Cat Power
es por sus aciertos, no por sus errores, y este “You are
free”, su sexto disco de estudio, es uno de los disparos
más atinados de su carrera y, según ella, pretende trasmitir
la idea de que cada persona es una, que es libre y debe luchar por sus
ideas y sus convicciones. Para ello y, en pleno ejercicio de facultades,
Cat Power nos coloca a nosotros, los hombres, en la pared
para ejercer de diana de sus dardos, como en la lúcida y feminista
“He war" donde entre guitarras secas
(me viene a la mente un hipotético cruce entre Pj Harvey
y Liz Phair) diserta sobre la dominación masculina
y la extensión de su agresividad a todos los ámbitos de
la vida, incluido, cómo no, el de la política internacional,
tema éste que Cat Power, se lo pregunten o no,
saca sobre la mesa en todas y cada una de sus entrevistas. Y es que los
hombres como género somos de continuo, en su universo lírico,
sinónimo de destrucción, no sólo de pueblos, sino
también de corazones. Ahí está la preciosa ”God
woman” o todos los esfuerzos inútiles de amar
a alguien que no te devuelve tu entrega, hasta que llega el momento de
aceptarlo y, de paso, construir una de esas canciones con ese alma de
blues ( que nada tiene que ver ciertos impresentables del pop-rock español)
que ponen la piel de gallina. Es el problema de quien abre su corazón
y no encuentra quien lo llene por completo resumido a la perfección
en líneas como “ Cuando tú me das la mitad de
ti/ yo lo quiero todo”, versos de esa hermosísima cantinela
folk, interpretada con toda la dulce calidez del country , titulada “Half
of you”, que, de tener que elegir, sería mi
tema preferido del álbum.
Es “You are
free”, como decía antes, un cántico a la
libertad, o más bien a los caminos y los lastres que ha que superar
para llegar a ella. Como ya sugiere todo el artwork de la carpeta, Chan
Marshal sigue mirando atrás a la infancia como esa época
en la que aún somos libres y en la que paralelamente empezamos
a enlazar (o enlazan por nosotros) inconscientemente nudos de ataduras
futuras. En ese sentido sobresale “Names”,
triste y sentido retrato a golpe de piano sobre esos chicos que caminan
de colegio en colegio, con su silencio y su último lugar en aulas
donde no se dejan de críar marginados e inadaptados sociales. Ante
ellos, Chan Marshall, quien deja constantemente entrever
el haber tenido una infancia traumática que la marcaría
de por vida, muestra tierna complicidad, poniendo en esos personajes mucho
de su vida e incluso ofreciéndoles un lugar donde habitar, aunque
sólo sea en la región de los sueños. Ahí está
“Maybe not”, una suerte de refugio
espiritual (“Nosotros podemos ser libres/ quizá no con
palabras/ quizá no con miradas/ pero sí con la mente”)
interpretada con lírica y sentida belleza. Y es que este disco
parece estar diciendo de continuo “yo te entiendo, no te preocupes,
conmigo puedes hablar” que es la única explicación
razonable que encuentro para la reverencia cuasi irracional de la que
hacía mención en las primeras líneas de esta crítica.
Ahora con su trabajo más versátil -posiblemente el más
accesible e indicado para que el profano se aventure en su obra-, vuelve
a enamorar a sus fans de siempre y se presenta idóneo ampliar su
radio de acción. Incluso capturar a algún curioso seguidor
de Pearl Jam, ya que Eddie Vedder pone
las sombras vocales en “Evolution”,
el tema que cierra un trabajo, que, ( lo decía la propia Chan hace
poco en una entrevista) no debería ser comprado, invirtiendo su
coste en imprimir cartas de protesta, enviarlas y colapsar de papel la
Casa Blanca. Así que ya sabeis, tirad de soulseek y los euros que
os puede costar este disco, destínenlos en exabruptos al señor
Bush.
JAVIER BECERRA
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