(El Europeo Música, 2002)

Desde la primera canción "Off screen", el nuevo álbum de Christina Rosenvinge no engaña: Nueva York, la ciudad donde ha vivido durante estos últimos años, se ha colado por todos y cada uno de los poros de su piel. Esa hermosísima pieza de folk-pop (o post-folk si se prefiere) con los mismos susurros blanco y negro de las películas de Andy Warhol, un piano reverencial y unos desoladores arreglos de cuerda, recuerda a la Nico de "Chelsea Girl" por los cuatro costados. La letra ("estúpida de mi/ pensé que te conocía mejor / dejo caer mi impermeable/ palabras que no decimos") también lo deja claro. El desencanto, la madurez, la inmensa soledad de las grandes ciudades fluye a través de un disco inquietantemente precioso, heterodoxamente clásico, definitivamente embelecador y de inédita presentación: formato libro-cd con un amplio muestrario de fotografías ilustrando su contenido.

Y es que si existen discos que solo necesitan de que se cruce un oyente en su camino para que descubramos la fragilidad que hay dentro de sí ( la del oyente y del disco), "Foreing land" es uno de esos que cierran el círculo de interacción de la misma manera que si se tratara de una burbuja de cristal que puede romper en cualquier momento. Tan cálido, familiar y cercano como en "King Size", genuflexión ante la Velvet Underground que musica con infecta dulzura a esa bombilla del amor que hoy no alumbra como antaño ("el amor fluye casi todo el tiempo/ pero hay algo retorcido dentro"), o "Submision", una preciosa canción sobre el sexo aséptico de somieres y corazones oxidados a golpe de violín quebradizo ("úsame/ haz de mi algo bonito /perdón por esta confesión desnuda" ) que te dejan en un estado intermedio entre la conmoción, la complicidad y un vacío que no se puede llenar. El mismo vacío que hace que a cierta edad ("los inviernos parecen cada vez más cortos/ mientras cuento hasta 36") uno se pregunte ciertas cosas ( "¿quien lo tiene?/ ¿quién lo ha perdido?/ ¿quién esta todavía enamorado?") como en "36", esa preciosista nana escrita con la necesidad de dirigirse a alguien, para no terminar hablando sola en una habitación donde parece vivir el halo folk de Lisa Germano.

(Un inciso). No se si sabré describirlo bien. He mirado los mis numerosos subrayados de mis libros y no encuentro en las palabras de ningún autor detallada la sensación que me trasmite este disco. Me refiero a lo que estéticamente se entiende por melancolía y que, hace poco, oí a Carla Bruni denominarla como la felicidad de estar triste. El punto más o menos medio entre lo plano y lo arrebatado, el punto más o menos cerca de las ganas de llorar o la necesidad de secar las lágrimas ya derramadas. "Foreing land" parece caminar por todos esos bucles y pliegos de los sentimientos agridulces. (Cierro el inciso)

Y esa melancolía suele ser un introspectivo viaje que nos sorprende con ribetes inesperados. "Dream Room", por ejemplo despierta, en tono angustiado y cuasi medieval, los adormecidos temores infantiles que acechaban tras llegar apagar las luces y recibir el beso de buenas noches (" mi padre deja la habitación / sin decir nada / olvida un pequeño demonio / bajo mi cama" ) y que, de adulta, son la mejor metáfora poética con la que hablar de los miedos presentes. "Lost in d", por otra parte, se aposenta en uno de esos momentos en el, que aún vagando en el suave vals de la felicidad del amor, se sabe un estado demasiado efímero como para no pensar en su final incluso cuando flotamos en el ( "Chico pálido/ este vals es para ti/ mi juguete gemelo/ es demasiado tarde demasiado pronto"). Por último "German Heart", una tensa y obsesiva pieza interpretada en puntillosos susurros, como si de una Björk contenida se tratara, sobre la desesperación de la ausencia ( "Desde que te has ido / parece que el teléfono / es la única cosa que respira en esta casa / tu foto está en la pared / y aquí está la muñeca viviente" )

Finalmente, y no se si motivada por su regreso a España, "As the stranger talks" cierra el disco en castellano con una ambigua letra que no acierto a descifrar áun. Quizá como todas las anteriores, dadas un punto de vista necesariamente personal y seguramente equivocado como suele suceder cuando hilas con sentimientos ajenos. Lo cual no interfiere en un hecho objetivamente afirmable: "Foreing land" es un disco sobresaliente que no permite ninguno de los reproches que otrora, con o sin razón, planteo la crítica ante Christina Rosenvinge. Aquella pizpireta diva del pop naïf responsable de " Hago chas y aparezco a tu lado", "Silvia comentió un error", "Mil cambios de color" y otras ( nunca bien ponderadas) joyas del pop ochentero al frente de Alex y Christina, que luego se enfundó en cuero negro como Christina y los Subterráneos ( una etapa a descubrir ) y volando a Nueva York de la mano de sus amigos de Sonic Youth ,Lee Ranaldo y Steve Shelley ( ambos participan en el disco), tanto con el lp reseñado, como el estupendo ( y todavía inédito en España) "Frozen Pool", retorna a nuestro país como una de las mejores cantautoras del actual pop independiente. Esperamos con ilusión sus nuevas obras y la posibilidad de que algún día pueda contestar nuestras preguntas. ¿Por qué su discográfica no tendrá un correo de contacto?. Christina, si algún día lees esto y no te importa concedernos una entrevista, nuestro e-mail es: contacto@feedback-zine.com

JAVIER BECERRA