 
(Chewaka- Virgin, 2001)
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Recién editado "Los
Diarios del patroleo" me llegó un e-mail de David Tingugi
en el que me decía que éste era el mejor disco del pop
español desde (¡Sí, otra vez!) "Un soplo en
el corazón". Y me entró cosquilleo. Hacía
poco que acaba de alcanzar mi máximo nivel de complicidad con Fernando
Alfaro. Me refiero a ese momento -mágico, embaucador, casi
al borde del delirio sentimental- en que "Tejido de Felicidad"
pasó de ser un disco bonito a convertirse en la uña de la
carne de mi disc-man. En aquel, Alfaro exorcitaba todos sus fantasmas,
dejaba a un lado su impresionismo visual y sus textos crípticos
(mi principal obstáculo para disfrutar su obra al 100%) y se dejaba
arrastrar por la marea del amor con vitalidad, luminosidad y completa
nitidez. Recuerdo que era de noche, que era primavera y yo flotaba en
la música, que lo entendí todo perfectamente, que quería
que llegase el viernes, meterme en un autobús y...tener el mundo
en un segundo. La simple fantasía que "Los Diarios del
petroleo" pudiese superarlo, no podía ser más atractiva
.
Concebido como un diario
personal del propio Alfaro y completado con tres ep´s ordenados
de manera cronológica (la intención inicial era editar todo
el material como disco doble), los temas de este disco parecen ser compuestos
tras la resaca vital y emocional de su anterior obra. Desde las noches
en su gasolinera (de ahí el título) echa una mirada atrás
y se topa casado, con dos hijas, responsabilidades que asumir e inseguridades
con las que va aprendiendo a convivir. De ahí que nos hable de
las noches en la carretera de concierto en concierto en condiciones extremas
("Carreteras de sueño"), del suicidio ("Abre
todas las ventanas"), de la finiquitiud y la relatividad
de las cosas con el paso del tiempo ("Aire"),
de envejecer y no saber lo que vendrá después ("Visión
Rayos X", en mi opinión uno de los mejores temas de
toda su carrera), las broncas de pareja y su posterior búsqueda
de redención (" Y rompe la tormena") ,
de la paternidad ("Chapoteosis de chiquillos en la bañera")
y hasta un sentido homenaje a su propio padre ("Mi padre")
a través de una serie de extraordinarias canciones que entremezclan
la calidez y la ternura de interiores, con la fuerza y la épica
de quien escupe demonios con las heridas ya cicatrizadas y la serenidad
de la madurez. Y lo hace con suma maestría, imprimiendo un sello
personal que no cede ante comparaciones y lo corona, de nuevo, como uno
de los mayores talentos del pop actual.
"Los Diarios del
petroleo", pese a algún agujero negro como "El
rey del error", es un disco estupendo, intuyo que necesario
para su autor y que confirma lo anunciado en "Tejido de Felicidad":
Alfaro está en estado de gracia y para celebrarlo le ha quitado
el velo negro a sus palabras. Congratulémonos.
JAVIER BECERRA
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