( Epic , 1977)

En el mundo hay dos clases de personas: las que conocen la música de THE CLASH y las que no. Las gentes pertenecientes a uno u otro grupo pueden ser buenas o malas, pero las primeras se están perdiendo o se han perdido algo muy gordo. Dentro de los que conocen la música de THE CLASH están aquellos que son fans, aquellos a los que les gustan y aquellos a los que la escucha del insigne grupo londinense les deja indiferentes. Los miembros del tercer bloque deberían ser severamente castigados. Que fueran expuestos a la discografía entera de Lenny Kravitz durante una semana podría ser una medida apropiada. A los socios del segundo club simplemente les haría falta aprender algo de historia cláshica para convertirse.

La división más importante es la que se establece entre los fans de THE CLASH: están aquellos que tienen como disco de cabecera el “London Calling” y, en el otro lado, estamos los que decimos que su disco de debut es el más cojonudo (bueno, también los hay raritos que prefieren el siempre reivindicable “Sandinista¡”, pero esto es como en botica). Recogiendo el guante lanzado por Enrique Martinez con su repaso al “London calling” me dispongo pongo a redactar esta crítica de “The Clash”, el álbum. ¿Cómo se le puede llamar crítica?. Debería ser un tributo, un ejercicio de adoración a la piedra filosofal, una bendición a las verdades como puños. No se puede ser objetivo, ni con “The Clash”, ni con THE CLASH.

Adelanto una cosa: fueran impostores o no, fuera Joe Strummer de clase media o no (algo que parece que les importa mucho a los que no se creen la coartada política), este disco está de puta madre. Aquí, en Londres y en Murcia. Ahora y en 1977. Independientemente de las consignas, el spray o las Unión Jacks, se pueden escuchar las dieciséis canciones de este disco de un tirón, sabiendo que es uno de los mejores álbumes de rock´n´roll de todos los tiempos. Por mucho que no entiendas las letras. Y si las entiendes, pues mejor que mejor.

Con “White Riot” el primer single de la banda tendríamos ya para llenar páginas. Piedra de toque para el street-punk y el Oi¡, es tan himno como pueda serlo “Anarchy In The UK”. Una revuelta blanca, igual que la negra de Brixton. Porque sí, hay blancos que también pasan una vida jodida. Sólo que están muy seguros en su pequeño piso de alquiler. Igual que pasa con el resto del disco, con mencionar los títulos basta para hacer atractivos y actuales / atemporales los temas. “I´m So Bored With The U.S.A.”, “Career Opportunities”, “Police & Thieves”, “Garageland”… ¿A que dan ganas de oírlos?

“White Riot” aparece en dos versiones. La del single está en la edición norteamericana del disco, hasta hace poco la única disponible en CD. Tanto ésta como la británica tienen un tracklist impresionante. Los más puristas preferirán la original del 77, la británica, que empieza con la oda burra a “Janie Jones”, a guarrazo de batería limpio. Además se incluyen cuatro temas de los que se prescinde en la siguiente publicación. Se trata de la machacona “Cheat”, la furiosa “Deny”, similar en su temática a “Liar” de los Pistols, “48 Hours”, para mí la mejor del cuarteto de excluídas, y la más prescindible “Protex Blue”.

En la edición norteamericana se incluyen singles del 78 y el 79 como el impresionante reggae-rock de “White Man In Hammersmith Palais” (una de las canciones favoritas de Joe Strummer”, el enésimo robo a los Kinks y los Who de “Clash City Rockers”, que funciona como apertura en esta edición del álbum, la inmortal versión de “I Fought The Law”, un original de Sonny Curtis que luego harían Mano Negra y los Dead Kennedys y, por último, la chanza (permitida) a cuenta de la CBS que es “Complete Control”, una respuesta-bomba a la más floja “Remote Control”, quizás la canción menos imprescindible del disco.

El resto del vinilo original lo pueblan himnos incombustibles. La versión de Junior Murvin, “Police And Thieves”, con estupendas guitarras a cargo de Mick Jones, cuela perfectamente entre los pelotazos de pop escupido con rabia de “Garageland” o “Career Opportunities”, el rock´n´roll con mucho roll y mucha política de “I´m So Bored With The U.S.A”,etc,etc.

Resumen de esta apurada revisión al primero de Strummer, Simonon y Jones con Terry Chimes a la batería: es el mejor disco de los Clash y, por lo tanto, uno de los mejores de la historia del rock. Y al que se atreva discutírmelo le ostio con la nueva edición de 220 gramos en vinilo, ¿capisci?.

LUIS SOTO (septiembre 2004)