(CBS, 1979)

Una de las muchas satisfacciones de escribir para el Feedback es que uno lo hace no sólo de lo que quiere, sino también cuando le apetece. Pero por eso mismo a veces ocurre algo inesperado y en estas páginas virtuales se manifiesta una laguna histórica. Es decir: muere Joe Strummer, y nuestro archivo no tiene una condenada crítica de un ningún disco The Clash. Ni siquiera de "London Calling". Si esto fuera algo serio, rodarían cabezas. Es decir la mía, por la que hace mucho le rondaba la idea de dedicarle unas líneas a reivindicar (innecesariamente como casi siempre) uno de los mejores y más simbólicos discos de rock de todos los tiempos.

Porque este disco es un verdadero tótem generacional para algunos, en general unos veinte años mayores que yo, que pasaron ese accidentado tránsito de adolescencia a juventud en la ruidosa bisagra de los años setenta a los ochenta. Este país comenzaba a abrirse un poco al exterior, y el marginal circuito rockero español comenzaba a recibir con relativa sincronía lo que ocurría más allá. Si el primer punk británico en pleno año 77 aún llegó un tanto a trompicones, cuando "London Calling" llegó en 1980 a las tiendas, su exuberante y enérgica actitud se marcó a fuego en los oyentes, que encontraron un referente indiscutible para aquella generación. Y la verdad es que sus nostálgicos relatos le hacen a uno sentir una cierta envidia.

Pero esa fascinación absoluta por este disco es algo que sucedió también en todas partes. Existe esa entrañable anécdota de un Jeff Tweedy casi niño, que ante la presencia de una pegatina de "letras ofensivas" en este disco, cada vez que se acercaba a los grandes almacenes locales le iba quitando un pedacito al adhesivo, hasta que una vez limpio, le pudo pedir a su madre que se lo comprase. Ignorante de cualquier otra circunstancia al respecto, Tweedy había caído bajo el hechizo de aquella impactante portada, que le susurraba que todos los secretos del rock'n'roll se escondían en los surcos de ese disco doble. Curiosamente, por una vez era cierto. "London Calling" es uno de los mejores discos de rock'n'roll que jamás se hayan grabado, creador de una escuela de mestizaje y cosmopolitismo musical asociado al compromiso político, que aún hoy es un género en sí mismo.

Con su debut homónimo en 1977 The Clash había grabado uno de los mejores, sino el mejor, disco de punk-rock. Con "London Calling" y de la mano de la producción genialmente tosca y espontánea de un chalado Guy Stevens, The Clash se convirtieron por un momento en la mejor banda de rock del mundo. Construyeron su "Exile On Main Street" particular, su propia mezcolanza de géneros y estilos, su propio híbrido que lo mismo introducía el ska y el reggae en el rock para quedarse, que recordaba toda la genealogía del género, recuperando el aroma del primer rock'n'roll de los años cincuenta, del que en cierto modo el punk era descendiente directo y hermano espiritual.

Inspirados como nunca, irrefrenables en sus ansias de crecer, terminaron por necesitar dos discos para explayarse, aunque forzaran mediante un recorte de sus propios royalties un precio de disco sencillo, el típico gesto que dotaba a The Clash de una dimensión ética adicional que ha reforzado siempre su aura de banda comprometida. Y ese compromiso político que se les suponía no lo abandonaban en esta ocasión, pero las temáticas se ampliaban, en beneficio de una mayor frescura que aumentaba su credibilidad.

Si repasamos las letras nos encontramos desde un lúcido retrato de la alienación consumista ("Lost In the Supermarket") hasta una romántica visión de la Guerra Civil española ("Spanish Bombs") que tiene el mismo y escaso respeto por la Historia que por el idioma castellano. Sin embargo es la convicción la que convierte todo este disco en algo tan entrañable como auténtico. Pero sobre todo es la música y la pasión, la pasión desbordada, la que alimenta la máquina. Rock tocado con menos destreza que sentimiento, Rock precario y nervioso, urgente. Rock que bebe desde el clasicismo de la versión de "Brand New Cadillac", o el reggae de "Jimmy Can't Fail" o "Brong'Em Boyo" a la melódica belleza de "Train In Vain". De hecho la homónima "London Calling" ofrece, a mi parecer, la mejor fusión de sonido jamaicano y rock'n'roll jamás realizada mientras proclama el fin de la eterna (y "estúpida") Beatlemanía.

Se sabe ahora, si se es un poco objetivo, que el radicalismo de tierra quemada que planteaban en teoría The Clash es tan estéril a la larga como la nostalgia de monocultivo en la que vivía el pop por aquel entonces. Y sin embargo, aunque The Clash (como todo el punk) habían nacido para una combustión espontánea, "London Calling" lo había hecho para la eternidad.

ENRIQUE MARTINEZ