(Pointy,2003)

La única vez que hablé con The Clientele me confesaron, entre orgullosos y avergonzados, que eran unos vagos. Lo son, pero de un tipo muy especial, de esos que marcan su vida por etapas y esperan el estado de ánimo idóneo para enfrentarse a cada una de ellas. Y las canciones salen así, y saben a tarde de domingo, a paraguas y días grises, a “ahora no me apetece hacer eso” y a resaca. “The Violet Hour”–segundo álbum tras el recopilatorio de singles “Suburban light” (pointy.2000)- no ofrece demasiadas novedades, probablemente porque ni puede ni quiere; The Clientele son un grupo con una fórmula mágica a la que no se le pueden añadir demasiadas cosas para no estropearla, sólo cabe aderezarla con una gota de colorante psicodélico y dejar espacio para brillantes piezas instrumentales. O ponerle dos videos en super 8 como complemento al CD para dejar clara la filiación a cierta estética y actitud.

El triunfo que, sin duda, merece el trío inglés, se asienta sobre ese sonido tan reconocible, ese pop añejo y cálido marca de la casa, que hace que canciones ya anticipadas en single, como “Porcelain” o “Haunted melody”, encajen perfectamente con las nuevas gemas “The violet hour” –la canción- o “The house always wins”, ocho minutos con un final tan guitarrero sin perder nunca la identidad. Lo que el mundo necesita ahora son más vagos como The Clientele.

FERNANDO CAMPELO