 
(RCA Victor - EMI, 1977)
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La máxima estrella
del momento se encuentra deprimida, abrumada por su propio éxito,
por sus glorias recientes y por el peso de las expectativas creadas, harta
de la imagen que todos tiene de él. Y responde refugiándose
en sí mismo, creando un disco repleto de referencias al avant garde,
influido por el kraut rock alemán y por las corrientes de electrónica
más avanzadas de su momento. El disco en cuestión sorprende
al gran público, pero restablece sus credenciales artísticas
entre la crítica... No sé por qué, pero creo que
esta historia ya la hemos oído antes. ¿O tal vez después?.
Claro que debemos cambiar al individuo por un colectivo, lo que sugiere
una broma cruel: ¿cuántos sesudos miembros de Radiohead
hacen falta para enroscar una bombilla, para grabar su propio “Low”?
Dejando cínicos
paralelismos históricos al margen, y reconociendo la importancia
capital que los colaboradores externos tuvieron en una de las declaraciones
estéticas más personales y atrevidas de la carrera de David
Bowie, siempre es algo más que sorprendente comprobar
la intacta modernidad de “Low”, el primero
y probablemente el mejor disco de la trilogía Berlinesa del dúo
Bowie-Eno. Inmerso de un periodo de depresión
personal, paranoia y excesos definitivamente preocupantes con la cocaína,
partiendo de Paris y rematando la faena en Berlín, Bowie
en “Low” llevó aún más
allá el concepto de funk espacial de “Station to
Station”, recogiendo por el camino nuevas e insospechadas
influencias. Reclutando a Brian Eno, recuperando a Tony
Visconti y manteniendo a Carlos Alomar como
guitarrista estrella, la gestación de “Low”
comenzó con unas intenciones radicales. Dividido el disco en una
Cara A, enmarcada en dos instrumentales dinámicos, y compuesta
de canciones vocales y dinámicas (pero para nada convencionales)
y una Cara B cais por completo instrumental, de “ambient”
extravagante y con gran influencia teutona, Bowie terminaba
de exhibir su ensimismamiento personal, pero sobre todo su temerario talento
artístico.
“Low”
abre fuego con “Speed Of Life”,
un glorioso instrumental, en el que brilla la guitarra solista de Ricky
Gardiner y las primeras intrusiones del arsenal de efectos extraterrestres
de Eno, que actúan en ocasiones como el más insospechado
de los riffs. El esquizoide nervio de la breve “Breaking
Glass” y de “What In The World”
anticipa la genial creatividad de las canciones supuestamente más
convencionales de “Low”, que pese a ser cantadas
están todas penetradas hasta la médula, hasta su estructura
profunda, por la extravagancia. Participando estas cinco joyas de un sonido
insospechado e inigualable, sin concesiones. En el que la batería
atronadora de Dennis Davis, las tremendas líneas
de bajo de George Murray y la solidez pétrea de
la guitarra de Alomar se convierten en el firme colchón que Bowie
y Eno, convertidos en inagotables multi-instrumentistas, terminan de recubrir
con una maraña sonora aparentemente fría en la superficie,
pero con una extraña capacidad adictiva, con un emocionante calor
en su interior.
Algo nunca mejor expuesto
que en “Sound And Vision”, una de
las mayores cumbres de Bowie en su papel de equilibrista,
de radical iconoclasta capaz de seducir casi infaliblemente a las masas.
Una canción irresistible, que desafía cualquier convención,
que espera minuto y medio antes de hacer aparecer las voces esquizofrénicas
de un Bowie que se pregunta y se responde a sí
mismo en tonos antagónicos. Su groove cíclico, hipnótico,
genera una de las joyas del catálogo de Bowie.
O en el medio tiempo marciano de “Always Crashing In
The Same Car” da paso a “Be My Wife”,
tal vez el momento en el que se manifiesta con mayor desnudez la turbulencia
emocional de un Bowie en pleno divorcio (“A
veces te sientes tan solo/ A veces no vas a ninguna parte/ He vivido por
todo el mundo/ He abandonado todo lugar/ Por favor sé mía/
Comparte mi vida/ Quédate conmigo/ Sé mi esposar”)
Aunque sin duda ya ha ido dejando pistas a lo largo de las extrañas
letras del disco: “Me apetece tu amor/ pero estoy un poco asustado
de ti” (“What In The World”)
“Deslizándome en mi soledad otra vez” (“Sound
And Vision”). Pero cuando cierra “Be
My Wife” abriendo en falso una nueva estrofa que no
prosigue (“A veces te sientes tan solo”) parece querer
dejar abierta la pregunta, porque en realidad ésa es la respuesta.
Cerrando la primera cara
nos encontramos con el segundo de los instrumentales “A
New Career In A New Town”, que arranca casi como techno
minimal para tomar, con la ayuda de la insospechada armónica de
Bowie, un camino más directo (y verdaderamente
melancólico) que lo que viene después. Sin embargo resulta
evidente en este corte la influencia de Kraftwerk, que termina de manifestarse
en la Cara B. En ella nos contemplan cuatro cortes instrumentales menos
opresivos y probablemente superiores a los incluidos en el posterior “Heroes”.
Tanto la obsesiva e hipnótica insistencia de “Weeping
Wall” como los cantos búlgaros de “Warzawa”
terminan de desahogar las atmósferas electrónicas de “Art
Decade” y “Subterraneans”,
en las que más patentes se hacen las influencias germánicas.
Sin duda, revisar a la
vez que “Low” obras como “Kid
A” de Radiohead o “Evil Heat”
de Primal Scream y cerciorarse de sus respectivas fechas de publicación
se convierte en un ejercicio sorprendente. Sin embargo, puede que lo más
especial a fecha de hoy puede resultar sea la primera parte, una veta
escasamente explotada por posteriores seguidores, una manera extravagante
pero seductora de concebir la canción. Porque “Low”
es finalmente un disco tan especial y diferente que, sin duda, no tiene
tiempo ni lugar. Tan moderno hoy como el ya lejano día de su creación,
es la clase de obra que reconcilia con la capacidad de algunos pocos para
hacer del rock una fuerza vital y aparentemente inmortal. En definitiva
cuando hablamos de “Low” hablamos de una
verdadera obra maestra.
ENRIQUE MARTÍNEZ (Marzo 2004)
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