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A algunos les parece un
crimen: se ha acusado a The Delgados de repetir el mismo disco.
Pero claro, si el original sobre el que estás variando es nada
menos que "The Great Eastern", a mí sinceramente
me parece muy legítimo repetirse. Porque tampoco es que se hagan
tantos discos como aquél o como éste. Con tantas canciones
perfectas, con tantas emociones a flor de piel, con ese sonido enorme,
imponente y glorioso. Quiero decir: por ahora, todo son defectos, ¿no?.
Recuerdo su actuación
en el Primavera Sound en mayo del 2.002, como una deliciosa exhibición,
tal vez el mejor momento del festival. Tocaron un repertorio estupendo
y exigente sin aspavientos, pero también sin miedos, con determinación
y fe ilimitada. Su música sonó como este disco, como aquél
disco: agridulce, clarividente, intensa, íntima y grandiosa, plena
de contrastes. En "Hate" las letras muestran de nuevo
amargura, desencanto, tristeza y desesperanza. De nuevo esa melancolía
escocesa llena de días grises y lluviosos. Una idea sobrevuela
este álbum: vivimos inmersos en el odio. Sin embargo la música
es hermosa, casi entusiasta, en las melodías. Y grandiosa en las
instrumentaciones y orquestaciones, con esa mezcla tan característica
de sintetizadores y programaciones con cuerdas y vientos, apoyadas sobre
un tradicional cuarteto de dos guitarras, bajo y batería que nunca
desaparece.
De nuevo cuentan con Dave
Fridmann en los mandos, pero la sutil diferencia con otros grupos
que se someten a su dirección (Flaming Lips o Mercury
Rev, por ejemplo) es que el cimiento de la música The Delgados
es siempre una banda tradicional de pop-rock, sobria y sólida,
con un funcionamiento preciso y contundente, con la poderosa batería
de Paul Savage como ancla. Las melodías no se alejan casi
nada del canon del pop y del rock de toda la vida, y reservan las relativas
extravagancias a los arreglos y a la producción. Es cierto que
el origen instrumental de algunas de la canciones se hace notar ("The
Light Before We Land", "Woke From Dreaming")
Pero en otras ("All You Need Is Hate"), parecen
los últimos Beatles resucitados. En realidad, todo parece estar
subordinando a la noble tarea de transmitir emociones, de crear hermosas
e intemporales piezas de música.
Las deliciosas canciones
de Emma Pollock y de Alun Woodward se alternan sistemáticamente
a lo largo del disco, complementándose de un modo perfecto. Algunas
provienen de las sesiones para las películas sobre la pintura de
Joe Coleman para las que crearon la banda sonora. Eso podría
explicar los intensos y extensos crescendos de temas como "The
Drowning Years" o "Favours". Pero
no podría explicar porqué este disco me parece tan redondo,
o porqué la voz desnuda de Emma al comienzo de "Never
Look at the Sun" me tiene hipnotizado, o porqué "All
You Need Is Hate" me produce esa extraña sonrisa interior.
Las críticas de
esta clase de discos se suelen solucionar haciendo un listado de sus canciones
más destacadas, convirtiendo esa letanía acumulada en la
principal motivación para recomendarlo. Digamos que me ahorro la
molestia y lo dejo para que leas entra líneas. Este es un disco
estupendo, y cuenta con la mayor de mis recomendaciones. Por si sirve
de algo.
ENRIQUE MARTÍNEZ
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