(Bip bip records, 2004)

Comentando con mis amigos las virtudes de DORIAN, cuando éstos me hicieron la inevitable pregunta de a qué sonaban, les contesté que me sugerían una mezcla entre GOLPES BAJOS y RADIOHEAD. La relación no iba tanto con la deuda directa que pueda tener con uno y otro grupo, sino con la idea de pop y rock que ambos representan. Sí, los barceloneses DORIAN tienen bastante que ver con ese pop-extraño-pero-accesible-y-con-acento-en-las-letras que practicaban ciertos grupos españoles en los primeros 80 (además de un más que razonable parecido en la dicción de Mark, su cantante, con la de Nacho García Vega de NACHA POP) y con la atmósfera fin de milenio de la electrónica empastada perfectamente en el formato rock de la banda de Thom Yorke. Pero, por encima de todo, tienen que ver consigo mismos, con su enorme personalidad como banda y el talento que han demostrado en éste su primer trabajo, a mi juicio el debut más impactante y esperanzador que uno recuerda en el pop español desde el imprescindible “Todo sigue intacto” de APEIRON.

Sorprendente desde el mismo sello que lo edita (Bip Bip, cuyo catálogo se ha venido centrando desde sus inicios en los sonidos neo-sixties y revivalistas), “10000 Metrópolis” debería ser , si en España existiera algo parecido a una cultura pop más allá que la que proponen los poderes mediáticos, un disco que caminase sobre ese endeble puente entre mainstream e indie para convertir a DORIAN en un masivo grupo de culto accesible para todo tipo de oídos. Lo cierto es que lo tienen todo: un sonido atractivo y contemporáneo, bastantes buenas canciones y hasta un cierto punto pretencioso de esos que distingue al fan, pero sobre todo un buen puñado de emociones repartidas y ensambladas con tino a lo largo y ancho de este “10000 Metrópolis” con las que cualquier persona entre los 18 y los 30 años que escuche música se puede identificar y verse reflejado en ellas de inmediato.

“Todo el mundo desea ser diferente/ Todo el mundo aspira a ser complicado” dicen de modo mecánico y desapasionado, como si se tratase de una exhortación en off en el arranque de “Todo el mundo desea ser una estrella de rock” el tema que abre el disco. Poco después el tono se humaniza y replica “entre tú y yo no es lo mismo / entre tú y yo es distinto” , para preparar la reacción: “ y del aire que respiran no guardan nada para ti / y con el tiempo que nos queda planearemos su final” . Sí, una soberbia entrada visos de cínico veneno en un mundo (el de la música: tan lleno de ambiciones descorazonadas, individualismos de cartón piedra y egos que buscan más la foto que la canción) para un tema en el que su particular nosotros-dos-contra-el-mundo podría recordar al romanticismo juvenil a los primeros discos de SUEDE o RADIOHEAD. Cuando accidentalmente me topé con el grupo interpretándola en los conciertos de Radio 3, lo tuve claro: tenía que hacerme con este disco fuera como fuera. Los buenos augurios no fallaron y “10000 Metrópolis” se ha convertido en mi disco de cabecera durante el último mes. Inquietante, bonito y dueño de un encanto a prueba de bombas, se trata de una crónica existencial de unos adolescentes tardíos con la mirada nublada y el corazón palpitante que se enfrentan a los quiebros de las relaciones personales, su lugar en el mundo e incluso su propio romanticismo, resquebrajado por momentos. Y lo hacen mediante un sonido de armazón mecánica y latido emocional, sumido en una apocalíptica atmósfera que entremezcla languidez y dolor, mientras abriga poesía urgente, sencilla y desnuda que se canta a pecho hinchado y a cara descubierta.

“A las mentiras fuimos perdedores” / con la voz rota y la guardia tan baja” ( “Solar”), “tú y yo nacimos a las sombras del imperio / qué es lo que vas a hacer de qué vas a vivir/ si en el fono eres eso y te parece importante” (“Cortometraje”),” ya casi no atiende a los consejos de la gente / y se expresa con secretos en un pacto de silencio” ( “Infinito”) o “no daría un día más si me queman las promesas / es el fuego de mi vida” ( “Teoría de un final”). Líneas así, con tal económica capacidad de comunicación y conmoción, uno no las recuerda en el panorama nacional desde los primeros discos de LOS PLANETAS: precisos trazos que pintan traiciones, ajustes de cuentas, misantropía y escapismo de un corazón quizá demasiado expuesto al daño de una edad y un momento en el que todo se vive a intensos golpes de pasión, reflejándolo de tal manera que creo no exagerar que DORIAN podrían llegar, perfectamente, a” trascender” por su universalidad. Ciertamente, uno los ve más a allá del garito indie, con muchos más medios, aguantando el tirón en esa casi inexistente clase media del pop ibérico como pudiera ser la banda de J & cia.

Pero, en fin, no pidamos peras al olmo y no intentemos corregir, sin cirugía previa, la miopía a quienes hoy dirigen un sello discográfico, mañana una empresa de calzado y pasado el departamento de marketing de una multinacional de teléfonos móviles con idéntica sensibilidad mercantilista. Mejor aprovechemos el tiempo y difundamos dentro de nuestras minúsculas posibilidades este gran trabajo. “Todo el mundo desea ser influyente” , dicen como quien replica dentro de una misa indie. Espero que no se tomen la revancha conmigo si digo que hoy el poder incitar a que alguien escuche este pequeño tesoro, es lo que más me inquieta. Señores, este disco es una joya, predestinada a capturar almas cándidas que ansíen escuchar sus pensamientos dentro de una canción. No lo dejen pasar esperando a que la prensa oficial emita su veredicto. Háganse con él hoy y ahora, disfruten con su compañía para siempre y difundan el descubrimiento a todo aquel a quien quieran de corazón. Tal cual estoy intentando hacer yo en estos momentos.

JAVIER BECERRA (julio 2004)