 
(Heavenly - EMI, 2002)
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Dos hechos se me antojan
fundamentales para explicar el actual aluvión de bandas británicas
que entremezclan la épica del rock y cierta fragilidad pop. Por
una parte la trayectoria de los RADIOHEAD pre-"Kid A" ( para
bien o para mal, referencia capital de una buena parte del actual pop
hecho en las Islas). Por otra el (glorioso) retorno de ECHO AND THE BUNNYMEN
en la segunda mitad de los 90 que en sus últimas giras ha descolocado
por completo a más de un joven fan que pensaba que TRAVIS, Richard
Ashcroft o COLDPLAY habían descubierto la pólvora. También,
ya poniéndonos cínicos, podríamos encontrar un tercer
punto para sustentar la teoría en la penosa trayectoria última
de U2 y el adiós de JAMES (o al menos de Tim Both, que viene
a ser lo mismo) y la necesidad de que algunos suplanten su hueco en el
firmamento del pop.
En medio de estos tres
vértices se situaría "The last Broadcast",
el segundo disco de DOVES tras el celebrado y notable "Lost
souls"(2000). Al contrario que en aquel, ahora DOVES apelan
más a un sonido expansivo y efectista, peligrosamente cercano al
stadium-rock y al maistream disfrazado de alternativismo. Pongamos un
ejemplo, "Pounding" el octavo corte del disco:
¿ no veis miles de gargantas adolescentes sudando, botando y a
voz en grito convirtiéndola en un himno?. Otro más, "Satellite":
palmas y mecheros al viento encarrilando la apoteosis final con blancos
focos cegadores proyectados sobre el público. Y paro ya que si
no.... Son precisamente esas imágenes las que primero me hacen
dudar de la valía de este disco a largo plazo y es que DOVES
pese a las, creo, erróneas comparaciones no son precisamente COLDPLAY
(lo confieso: una debilidad personal, crucemos los dedos ante su segundo
disco...). Mientras los autores de "Parachutes" apelaban
al intimismo, los ambientes nocturnos y el sentimentalismo acústico
con una maestría fuera de lo común, DOVES, pese a
su poso melancólico son mucho más pirotécnicos, luminosos
y, en ocasiones, sus pretensiones de alcanzar " intensidad"
llegan a cargar y sobrecargar, en parte debido a una producción
excesiva, hinchada y completamente equivocada. Luego está que los
temas no son precisamente una maravilla. A las dos citadas, sin duda su
lado más U2iano, se le puede añadir la torpe y machacota
"New York", una especie de "Bullet the Blue
Sky"(U2) interpretada a lo RADIOHEAD circa 97 y el single "There
goes the fear" el experimento resultante de infiltrar a Bono
y The Edge en la ambrosia pop del "Waterfall" de los STONE ROSES
y aplicarle un excéntrico final tropical. Tampoco se pueden decir
mejores cosas de "Sulpur man", baladón
perdido en la búsqueda de un clímax imposible probando con
todos los recursos disponibles ( cintas al revés, coros angelicales,
guitarras etereas...), ni de "Friday dust", en
esta ocasión recurriendo a instrumentos de cuerda y viento en su
particular despligue de arreglos "exquisitos" sin caer en cuenta
que una lustrosa producción no puede sustentar un disco por si
solo.
Pero bueno, algo aprovechable
se puede encontrar. Curiosamente lo más apreciable del disco se
haya en ese ramalazo a lo TRAVIS que desprenden "The last Broadcast"
o "Caught by the river", dos hermosas canciones que
demuestran que DOVES cuanto más desnudos mejor funcionan.
Y es que las cartas de amor, se escriben con el corazón no con
el diccionario de sinónimos.
JAVIER BECERRA
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