(Slash/Rhino/Warner,

1982/2001)

Esta reedición enmienda una injusticia ya casi histórica, al poner en circulación de nuevo el mítico álbum de debut de THE DREAM SYNDICATE, disco rodeado de una aureola de perdida obra maestra de culto del rock americano de los primeros años ochenta. Durante años algunos de nosotros hemos buscado desesperadamente una manera de hacernos con una copia y poder así participar de la leyenda de un disco en el que todos los elementos, la reverencia que mostraban por él algunos de los nombres más fiables de la crítica especializada, o incluso su peculiar portada minimalista y hermos título, y por supuesto la siempre solvente trayectoria en solitario del que fuera su líder, STEVE WYNN, contribuían a cimentar su condición de fetiche indispensable.

Como sucede siempre que estas cuestiones caen en manos de Rhino, la misión es cumplida con celo más que profesional. Esta exhaustiva reedición nos devuelve el disco original en todo su esplendor, e incluso recupera además el primer y casi clandestino E.P de los DREAM SYNDICATE, un single de 15 MINUTES (el primer grupo de Steve Wynn) y dos temas grabados caseramente en el local de ensayo en las primeras semanas de existencia del grupo, lo que implica la inclusión a veces de hasta tres versiones de la misma canción. Todo ello, como siempre, incrementa el valor añadido al propio disco, confirmado rotundamente veinte años después de su aparición como pieza esencial para cualquier amante del rock de guitarras con intensidad emocional, de ahora o de siempre.

THE DREAM SYNDICATE fueron en su momento una de las estrellas principales de la escena del Paisley Underground californiano. Un movimiento que reivindicaba como estética común el empleo a conciencia de la, por entonces declarada obsoleta, instrumentación tradicional del rock, algo de los virulentos impulsos y la ética del punk de "háztelo tu mismo", un profundo gusto por la psicodelia de los años sesenta, y por último la veneración en particular por un nombre concreto del canon del rock clásico, que contribuía finalmente a dotar de perfil propio a cada banda. Junto a otras escenas locales de diversas latitudes de la geografía estadounidense conformaron accidentalmente lo que en Europa vino en llamarse el Nuevo Rock Americano, movimiento difuso en su parámetros, pero que convendría revisar ahora para descubrir en él una colección de excelentes discos de discos (principalmente refrescantes y sólidos álbums de debut), en lo que primero se celebró como salvación del rock para después despreciarlo como un retroceso lamentable. Es decir, la historia de siempre.

THE DREAM SYNDICATE, desde estas premisas optaban por trasladar a la soleada coste Oeste californiana los efluvios de oscura intensidad eléctrica de la VELVET UNDERGROUND, su principal referencia. Las poderosas y desmedidas tormentas de guitarras que desataban en directo KARL PRECODA y Wynn, en aquel momento resultaban ya absolutamente olvidadas, y en cierto modo les hacían tal vez la banda más apreciada por la crítica. Los conciertos de THE DREAM SYNDICATE podían ser un día prodigios de síntesis, interpretando su canciones como torpedos punk, y otro todo lo contrario, dejando llevar la interpretación de un tema hasta un desarrollo cargado de inconsciente electricidad por espacio de veinte minutos.

Wynn se acompañaba en la primera formación de el Sindicato del Sueño, la que grabaría el debut en 1982, de KENDRA SMITH al bajo, DENNIS DUCK a la batería y el mencionado Precoda a la guitarra. Esta formación grabaría para la activa independiente Slash (casa también de otras luminarias del género como LOS LOBOS o THE DEL-FUEGOS, y posteriomente absorbida por Warner) en tan sólo 48 horas el rotundo disco que les consagró. La obvia precariedad de medios de grabación sin embargo es incapaz de disimular la infecciosa energía que salta de los altavoces desde el primer guitarrazo de "Tell Me When It's Over".

Sin decidirse por ninguna de las dos facetas comentadas, el disco participa de las dos. "Definitely Clean", "Then She Remembers" y "The Days Of Wine and Roses" son aceleradas y rabiosas. El resto del disco es atmosférico e intenso, con estallidos ocasionales de vertiginosa electricidad. Como providencial excepción: "Too Little, Too Late", el peculiar "After Hours" de THE DREAM SYNDICATE con Kendra Smith poniendo su hermosa voz al servicio de una miniatura delicada escrita por Wynn, tal vez buscando su Moe Tucker particular.

Este es un disco sustancioso: hay múltiples cosas con las que quedarse de él. Por ejemplo la sólida a la par que flexible química de la banda. La manera tan sorprendentemente natural de insertar la tradición del rock experimental de Nueva York en el contexto del rock más clásico. La peculiar mezcla de energía primeriza y segura madurez de un disco de debut como éste. La incendiaria habilidad de Karl Precoda, un majara equilibrista de las cuerdas de su guitarra, caminando siempre al límite de una caída sin red, dibujando insospechadas espirales que filtran influencias de gente como LOU REED, TOM VERLAINE, o NEIL YOUNG en un sonido indiscutiblemente personal.

Y, por supuesto, la increíble e innata habilidad literaria de un principiante como Wynn, preludio de su posición como uno de los mejores cantautores actuales del rock americano, que se muestra lírico, preciso y clarividente. Por ejemplo, me resulta difícil creer que en el single primerizo de 15 MINUTES (curiosamente dotado de un sonido más contemporáneo para entonces que lo que se escuha en "The Days...") incluya líneas tan maestras y precozmente maduras como: "Hay romance en el fracaso si tienes la suerte de verlo desde la distancia/ pero pregúntale a cualquiera que lo tuvo y lo perdió si disfrutó de la caída/ Porque esa es la verdadera belleza de un fracaso, todo ese honesto dolor".
Pero ésta es en realidad la brillante labor colectiva de un gran grupo. Sólo con la ayuda de sus compañeros podía Wynn transformar definitivamente "When You Smile" en esa cumbre de angustia romántica, que expresa a la perfección el amor como un cataclismo en potencia: "Cuando sonríes no sé que hacer/ lo podría perder todo en un minuto o dos/ parece el fin del mundo cuando sonríes". En escasas ocasiones la música acompña tan bien a la letra como en ésta.

Cuando Wynn fue interrogado hace bastante tiempo por el RUTA 66, e inquirido sobre si consideraba bien ubicado en una línea que partía de la VELVET UNDERGROUND y pasaba por Jonathan Richman, lo vio bien. Según él aquellas bandas hacían lo mismo que THE DREAM SYNDICATE: "tomar una fotografía hermosa y rajarla con una cuchilla de afeitar".

Tenía razón. Y de alguna extraña manera, después de todo este tiempo, la fotografía resulta más hermosa todavía.

ENRIQUE MARTINEZ