 
(Sire, 1981)
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Cuando toca glosar las
cualidades positivas de un disco, raramente críticos y aficionados
entran a valorar la intensidad, concepto generalmente asimilado a la “épica
mal entendida”. Ya se sabe, esa frase tan manida sobre “grupos
que tocan como si fueran los últimos habitantes de la tierra.
Eso que está llevando a Muse a la perdición, vamos.
Pero hubo un tiempo en
el que los “grandes” se preocupaban de parecer cada vez más
“grandes”. Años de largos inviernos y largos abrigos.
De discos de los Banshees, de Psychedelic Furs, de Josef K, de Section
25, de Bauhaus. Y, sobre todo, de “Closer”,
“Heaven Up Here” y “Pornography”.
Tres álbumes de tres grupos con una trayectoria artística
muy dispar, salvo en el punto que une sus obras maestras, sus obras más
oscuras. Como una trilogía involutaria, pero no completamente casual,
en los primeros 80 fueron cayendo uno tras otro. En 1980,“Closer”
,de Joy Division; en 1981, “Heaven Up Here”,
de Echo & The Bunnymen, y en 1982, “Pornography”,
de The Cure. Todos ellos unidos por su atmósfera cuasi-apocalíptica
y su inapelable energía.
Centrándonos ya
en “Heaven Up Here”, podemos acudir al tópico
del disco en el que funciona mejor el todo que las partes, algo que queda
muy bien decirlo y casi nunca se cumple. Igual que en los casos de “Closer”
y “Pornography”, es posible que ninguna de los temas
incluídos en el LP merezca su entrada en un Top Ten de Echo
& the Bunnymen. No hay un “Rescue”,
ni un “Villers Terrace”, ni un “The
Killing Moon” ni un “Ocean Rain”.
Sin embargo, es difícil imaginar un recopilatorio que pueda combatir
con el impacto de “Heaven Up Here”.
Por si alguien no los ha
escuchado antes (en ese caso, ya va siendo hora), los Bunnymen son famosos
por tener uno de los nombres menos inspirados de la historia del pop (lo
de “Echo”es por el nombre de la caja de ritmos con la que
tocaban antes de tener batería. Lo de “The Bunnymen”
pregunténselo a otro.), una sección rítmica efectiva
y poderosa, un vocalista, Ian McCulloch, arrogante y
teatral, y un guitarrista, Will Sergeant, de la escuela
de Tom Verlaine, que combinaba lo mejor de los primeros
años de The Edge con lo que vendría a partir
de Johnny Marr y con especial predilección por
las intros con arabescos.
Imaginémonos a estos
cuatro encerrados en un estudio con Hugh Jones, llenos
de confianza tras el triunfo a todos los niveles de su debut, “Crocodiles”,
y con grandes esperanzas de hacer ese segundo gran álbum que confirme
que no son un “hype”. Imagineménoslos también
con el estudio a oscuras, encerrados, creando e interpretando las melodías
que deben hacer que vuelva la luz y que las puertas se abran. Entonces
nos aproximaremos a la sensación de claustrofobia, agorafobia y
euforia (sí, todo al mismo tiempo) que produce la fruición
de este LP.
Desde el primer zarpazo
( con “Show Of Strength”), los hombres-conejo
acatan su tarea, su misión: grabar un disco peligroso. Con la misma
función introductoria que “Going Up”
en su anterior “Crocodiles”, “Show
Of Strength” acomoda en la butaca incorrecta al oyente.
La siniestra línea de bajo, los arpegios de la guitarra de McCulloch
y la réplica en forma de punteo minimal de Sergeant marcan la pauta
que va a seguir el 80% del disco. Música al límite. Al límite
emocional y físico. No va más.
“With
A Hip”, “All I Want”, “No Dark Things” o
“Heaven Up Here” son otras afectadas muestras
de epilepsia al estilo Bunnymen. En el lado opuesto, y como “tranquilizantes”,
juegan “Turquoise Days” y, sobre
todo, “The Disease” (una de las
canciones más desasogantes jamás grabadas) dejan ver que
hay luz al final del túnel, aunque esa luz sea incluso más
dura que la penumbra conocida. Entre medias, dos himnos eternos de los
Echo, “All My Colours” (aka “Zimbo”)
y “Over The Wall”, cumbres del epicismo bien
entendido. Para la historia quedan las hostias como panes de Pete de Freitas
en la primera y la demostración de fuerza de Sergeant en el crescendo
de la segunda.
Después de esto
los Bunnymen siguieron sacando discos. Y a pesar de la rotundidad terminal
de “Heaven Up Here”, no se arredaron. Al
menos una obra maestra más (“Ocean Rain”),
y una regularidad sorprendente en el resto de sus entregas definen la
carrera posterior del grupo de Liverpool. Todos los discos de su primera
etapa, la que llega hasta 1987, acaban de ser reeditados por Warner, con
bonus tracks. En el caso de “Heaven Up Here”
los añadidos son especialmente jugosos: la enorme “Broke
My Neck”, una derivación atmosférica
de la estructura de “Over the Wall”
cuya letra suelen mezclar los Echo en sus conciertos con “Rescue”,
y tomas alternativas o en directo de “With A Hip”
o “Show Of Strength”.
Quizá no sea la
mejor forma de entrar en el duradero universo Bunnymen (más accesibles
son “Ocean Rain”, el recopilatorio “Songs
To Learn And Sing” y el directo oficial “Live
In Liverpool”), pero para aquellos que disfruten de los
sonidos oscuros y del post-punk ahora tan de moda, este es un paso adelante
imprescindible.
LUIS SOTO (febrero 2004)
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